jueves, 23 de julio de 2015

POR SUS PALABRAS LOS CONOCERÉIS, 7: PAOLO ELEUTERI SERPIERI



TENÍA que aparecer, tarde o temprano, en esta sección del Nibelheim que hemos dedicado a recuperar entrevistas de los grandes maestros de la historieta, el italiano Paolo Eleuteri Serpieri, por cuya obra sentimos una gran admiración. Y lo hace, precisamente, con una entrevista recientísima, que Debora Becchetti le realizó el pasado día 19 de julio, con ocasión de la XIII edición del Muso Music Festival, celebrada en la ciudad calabresa de Oriolo, a la que Serpieri asistió invitado como huesped de honor, junto a Enrique Breccia. El testimonio, ciertamente, es muy breve —por lo que no descartamos la posibilidad de que el autor veneciano vuelva a protagonizar en el futuro una nueva entrada de esta serie—, pero creemos que tiene su utilidad, al contener lo que piensa ahora mismo Serpieri sobre su trabajo y su profesión.

El texto original puede leerse pinchando en el siguiente enlace. A continuación ofrecemos la versión española de lo que son únicamente las preguntas y respuestas, obviando la presentación introductoria del personaje que hace Becchetti.


ENTREVISTA (traducción española)

1. Usted ha sido alumno de Renato Guttuso, ¿qué recuerdos conserva del maestro?
Aquello fue en mi período pictórico, que me hizo precisamente estudiar con Guttuso, y de alguna manera me formó muchísimo. Tanto es así que, años después y mirando mis trabajos, alguien me acusó de que estaba realizando imitaciones del maestro y me di cuenta de que debía cambiar de camino.

2. Ha dibujado y continúa dibujando tanto historietas del Oeste como de fantaciencia. ¿Cuál de los dos géneros le gusta más?
Adoro el Western y, en particular, a los indios de América, por consiguiente siempre me ha divertido mucho dibujar historias épicas sobre ellos en un período histórico muy particular, como es el del siglo XIX, con las últimas revueltas indias. Esto me ha resultado siempre apasionante: trato de buscar la verdad histórica, aunque es muy difícil averiguar lo que sucedió realmente y, en consecuencia, utilizar correctamente los hechos ocurridos. Sin embargo, lo he intentando ofreciendo también algo entretenido, porque lo que yo hago son historietas y no desearía resultar demasiado serio con mis historias. En cuanto a lo demás, siempre he sido un lector muy desordenado de fantaciencia, aunque el género que he elegido para narrar está más centrado en un escenario negativo. Como tengo una idea algo pesimista sobre el futuro, he contado una historia apocalíptica, una especie de relato "después de la bomba"; precisamente a causa de mi poca fe en el hombre he querido contar una historia de este tipo. No obstante he insertado en ella a este personaje femenino tan carnal, muy transgresor, porque he visto y veo la salvación en la mujer; ese optimismo que no tengo para los demás, esa forma, esa imagen que me hace pensar que quizá y precisamente allí está la solución: en la mujer y en su cuerpo como protagonistas de la vida.



3. Druuna es uno de los célebres protagonistas de sus tebeos. ¿Cómo nació la idea de dibujarla y de crear sus historias?
Todo nació de este deseo de contar una historia un poco a lo femenino. Estaba tan obsesionado con esta idea que investigué mucho en la psique femenina y esto me ayudó a hacerla lo más realista posible. Aunque recibí muchas críticas, sobre todo de las feministas, pero también satisfacciones: un profesor universitario de Florida ha escrito un trabajo titulado Druuna, o el eco-feminismo que se puede encontrar en internet, en el que interpreta todas las aventuras que he contado en mis historietas en una clave extremadamente importante. Me ha impresionado muchísimo, sobre todo porque esta persona culta ha intuido perfectamente el alma del personaje y esto para mí ha sido muy hermoso y agradable de leer. Porque Druuna, precisamente, encarna la vida y la esperanza en este mundo putrefacto a causa de nosotros, los hombres, del poder, de la corrupción, de la sed de dinero... En suma, todas aquellas cosas, todos aquellos lugares comunes que desprecio. Pero ciertamente, y por volver al principio de la pregunta, más que fantaciencia mi intento era contar, como Orwell, un futuro, un futuro aterrador.



4. ¿Qué piensa del panorama historietístico italiano actual? ¿Hay algún artista sobre el que, en su opinión, deberíamos fijar nuestra atención?
Difícil responder a esta pregunta, porque se corre el riesgo de quedar mal, ¿no? (ríe). Hay muchos, jóvenes y conocidos, pero no puedo dar nombres. Por lo que respecta al panorama italiano, diré que hay altibajos, aunque no estoy muy esperanzado. La historieta es un medio que alguna vez, me temo, acabará siendo una expresión minoritaria, sólo para aquellos pocos que la aprecien. Una forma de narrar que une en su seno el cine, la literatura, el arte, la pintura, en una especie de fusión. Pero yo no la veo de manera demasiado optimista.

5. ¿Qué se puede aconsejar a los jóvenes ilustradores e historietistas que se acercan, por vez primera, a este entorno de trabajo?
Narrar, narrar teniendo presente el cine, la literatura, etc., como ya he dicho antes. Y entender que es importante la historia. Lo digo para quien es dibujante: el dibujo es sólo el 50% de todo, debe ser un soporte para contar una trama, no un simple medio para demostrar el propio talento. De otro modo algunos elementos resultan inútiles. Ciertamente narrar, leer mucho, tener una cierta cultura y no pensar en ser historietista de una forma circunstancial o improvisada. Quien piensa dedicarse a esta profesión sólo porque tiene habilidad con el lápiz, va por mal camino: el dibujo es, en efecto, importante, pero siempre en función del guión, del texto. Yo prefiero a los autores completos, que trabajan sus propios textos y son mejores (a mi entender), pero si un dibujante desea sólo narrar con su dibujo, puede confiarse al texto de cualquier otro, porque siempre y cuando esté bien escrito todo funciona. Añadiré también que no ha necesidad de buscar un estilo personal, porque éste llegará por si solo, pero ciertamente sí es fundamental aprender a dibujar bien, a mirar la realidad; un poco como en el cine, donde las imágenes son reales, aunque insertas en un mundo diferente. En efecto, cualuier sombra, cualquier luz, cualquier detalle forman parte de la historia, son fundamentales para la historia. A quien dibuje le aconsejo que no hagan trabajos esquemáticos, con sólo lo esencial, con síntesis a toda costa, pero tampoco añadir detalles inútiles, que no aportan nada a la historia y sólo valen para presumir de lo bien que se han hecho.



¡Y esto es todo, amigos!

miércoles, 22 de julio de 2015

EL MUNDANAL RUIDO. 5: FERNANDO ABRIL-MARTORELL, "THE KILLER"



LIQUIDADOR de empresas, gestionador de ERE's, campeón en eliminación de puestos de trabajo... Fernando Abril-Martorell, hijo del que fuera (entre otras cosas) Vicepresidente económico y ministro de Economía con Adolfo Suárez, es un auténtico killer dentro del sistema capitalista: con la misma asepsia (¿frialdad?) que los pistoleros empleaban con sus adversarios en las ciudades del Far West, don Fernando va "liquidando" empleos allá por donde pasa. Pero no lo hace por mala voluntad, o porque sea un inepto —como algunos ministros de Trabajo—, sino para que el engranaje de la máquina continúe funcionando sin incidentes, los empresarios y banqueros puedan seguir creando riqueza y nuestro sistema —que tanta felicidad nos da— no se venga abajo. Porque ya se sabe que eso no puede ser bajo ningún concepto...

Abril-Martorell tiene el honor, con tan sólo 53 primaveras, de haber despedido en los últimos 15 años a 14.000 personas de tres empresas distintas (Telefónica, Prisa e Indra). Con este curriculum tan impresionante, no me extraña que sea el killer o "liquidador" favorito de los bancos y las grandes fortunas, pues se asemeja al rey huno Atila, que por donde pasaba no dejaba casi yerba que llevarse a la boca. Bueno sí... En este caso queda siempre la de los jardincitos bien podados de aquellos que contratan sus servicios, claro...

No se me ocurre un trabajo más ingrato que éste, la verdad. Claro, que estará bien pagado, porque sufrir lo que este hombre tiene que sufrir cada vez que pone a cientos o miles de personas en la calle, no hay sueldo que lo pague... Aunque, quizá, afronta sus operaciones como el forense que se dispone a examinar un cadáver en la sala de autopsias: "si te he visto, no me acuerdo". O, mejor aún: "ojos que no ven, corazón que no siente". Y eso convierte la cosa en algo mucho más estremecedor, sobre todo si nos paramos a pensar que estamos hablando de personas, de vidas, de proyectos vitales destruidos por esas decisiones. En fin, Serafín... Como dijo el torero Lagartijo al enterarse de lo que era un histólogo y lo que hacía: "¡Tié q'haber gente pa'tó!" (1).

Pero lean, lean el siguiente artículo si desean ampliar información...

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(1) Otros cuentan la anécdota atribuyéndosela al matador Rafael Guerra Guerrita y otros, finalmente —la mayoría—, a Rafael Gómez el Gallo, cuando se enteró de a qué se dedicaba José Ortega y Gasset.

martes, 21 de julio de 2015

"EL CID", DE HERNÁNDEZ PALACIOS, CABALGA DE NUEVO



PUES sí, tal como lo oyen (o mejor dicho, tal como lo leen): en su perfil de Facebook (aún no lo he visto anunciado en su página web) Amiram Reuveni nos anuncia que el próximo mes de noviembre aparecerá el integral de El Cid, de Antonio Hernández Palacios editado por Ponent Mon. Un solo álbum en el que se reunirán las cuatro historias ya publicadas. El tamaño y las características: idénticas a las de los demás libros del autor madrileño que se están publicando hasta el momento. Una oportunidad única para recuperar este clásico fundamental de la historieta española, o para acercarse a él por vez primera y conocerlo ahora (si es que no lo hiciste en su momento por la razón que fuera). No dejes pasar la ocasión...

Seguiremos informando...

lunes, 20 de julio de 2015

"ESPEIN IS DIFERENT", 34: EL RETRATO DE UNAMUNO



LA polémica está de nuevo servida en nuestra crispada sociedad, y el sectarismo ideológico —cuando no el puro odio partidista— vuelve a campar a sus anchas por las redes y los medios informativos, a propósito de una cosa tan idiota como es la decisión que el nuevo ministro de Educación adoptó días atrás, a propósito de un cuadro de Miguel de Unamuno que decoraba su despacho en el Ministerio, y que llevaba allí colgado (al parecer) desde hacía 13 años, hasta ser retirado el pasado viernes día 10 de julio. En cuanto se ha sabido que una de las primeras órdenes que dio Méndez de Vigo tras tomar posesión fue mandar al ostracismo el cuadro que Joaquín Gutiérrez Solana le pintó al ilustre filósofo, catedrático y escritor bilbaíno en 1936 —el mismo año de su fallecimiento (acaecido el día de Nochebuena de ese mismo año, en tristísimas circunstancias)—, enseguida han saltado a la palestra los fanáticos de turno para lanzar propuestas sobre las verdaderas intenciones de la acción y mostrarse indignadísimos por el gesto, que se está presentando como un nuevo desprecio de la España rancia y carca contra el republicanismo y la libertad simbolizados en la persona de Unamuno (el agotador tema de las dos Españas, vamos...). Hay, incluso, quienes —arrastrados por una súbita inspiración premonitoria— ya están convencidos de que Méndez de Vigo va a colgar en el hueco que ha quedado vacío un retrato de Millán Astray o de Franco (y si creen que me lo he inventado, pinchen aquí o aquí y vean algunos comentarios)... ¡Así andamos todavía...!

La mayoría de quienes han utilizado la noticia dándole este sesgo deben haber olvidado, sin embargo —o quizá lo desconocen— que, pese a la dura y enérgica posición crítica de última hora que Unamuno mantuvo contra los militares golpistas —que terminaría escenificándose en el famoso enfrentamiento del polémico rector con el general Millán Astray, acaecido durante un acto celebrado en el claustro de la Universidad de Salamanca—, al principio había apoyado la sublevación e incluso dado dinero para que saliera adelante, pues estaba desilusionado (cuando no horrorizado) con el modo en que se había ido desarrollando la República. Esta circunstancia, desde luego, no empece en absoluto a la grandeza del contradictorio pensador, pues lo que él siempre hizo fue ser radicalmente unamuniano, huyendo de banderías y partidos y moviéndose "contra esto y aquello" cada vez que lo consideró necesario. Ello explica que tuviera que marchar exiliado durante la Dictadura de Primo de Rivera y que luego, ya en sus últimos años de vida, fuera expulsado de su cargo de rector primero por los dirigentes de la República, repuesto luego por el gobierno rebelde de Burgos y destituido finalmente también por éste cuando demostró que se oponía igualmente a sus desmanes y no se casaba con nadie, ni con nada, salvo su propia conciencia. Unamuno asistió horrorizado a lo que estaba ocurriendo en España y se opuso con firmeza a lo que él —tan amigo de los juegos de palabras— denominó una "guerra incivil". Yerran, por tanto, quienes, para atacar ahora al PP, se apropian de su persona y sus actos. Y lo mismo se equivocaron antes quienes, en otras ocasiones, lo utilizaron para arremeter contra la izquierda. Se confunden siempre quienes lo utilizan de manera interesada y torticera, pues si algo no fue Unamuno es sectario.

Sólo me quedan dos reflexiones que hacer al hilo del tema: 1ª) ¿tan imprescindible le resultaba al señor ministro cambiar el retrato de la discordia, sobre todo cuando es posible que no permanezca mucho tiempo ocupando el despacho en el que estaba colgada la obra desde hacía 13 años? Resulta increíble comprobar lo veleidosos, caprichosos y faltos de empatía con la realidad que son estos políticos nuestros... Con la que está cayendo, con todo lo que ha ocurrido, y lo primero que se le ocurre al bueno de don Íñigo es gastar dinerito y recursos públicos para algo tan idiota como cambiar este cuadro. Porque no crean que será algo gratuito (ha hecho falta emplear personal para mover el cuadro, un lugar donde depositarlo, material para tenerlo en buenas condiciones, más adelante será necesario trasladarlo al Museo Reina Sofía, si al final, no se queda en el Ministerio... En fin, Serafín); 2ª) ¿Es posible que algunos medios —y me refiero concretamente a El confidencial, que fue quien dio la "buena nueva"— tengan tan pocas noticias importantes que dar para llegar al extremo de informar in extenso de sucesos tan intrascendentes como éste...? ¿O bien será que el verano y el calor han reblandecido la sesera del personal hasta extremos preocupantes? ¿Será que cuando no disponemos de información útil para tirarnos los trastos unos a otros tenemos que sacarla de la cosas más fútiles e inconsistentes?

sábado, 18 de julio de 2015

BELFEGUS, POR RAF


REBUSCANDO, hace tiempo, en mi archivo de imágenes y revistas para averiguar dónde se publicaron un par de historias cortas de Mac Coy, tituladas Sainete madrileño y La peor Navidad de Mac Coy —que Gourmelen y Hernández Palacios realizaron a finales de los años 80 del pasado siglo (y que, confío, aparecerán incorporadas a la edición integral que Ponent Mon está realizando de este clásico del Far West)—, me topé con un trabajo de Raf del que nunca se habla al enumerar sus obras y que ahora deseo presentar aquí para difundirlo y darlo a conocer a quien no tenga noticia de él. Se trata de una plancha (¿la única realizada?) de una efimerísima serie (deduzco) que el autor barcelonés debía de tener en cartera, y de la que sólo llegó a publicar esa muestra (al menos yo no conozco más ejemplos). Apareció en el nº 8 (y último) de la extinta y maravillosa revista Rumbo Sur, y tiene toda la pinta de ser un proyecto de serie que Raf no pudo llevar a buen término, al desaparecer dicha publicación. Téngase en cuenta, por otro lado, que debió realizarse en 1991 (año de edición de la revista), sólo tres años antes del fallecimiento de Raf, por lo que parece muy probable pensar que, en el entretiempo transcurrido en ese período, éste no seguiría adelante con el personaje. He aquí la página que analizamos:



Como podrá apreciar el lector, nos hallamos ante una obra que mezcla el género de terror y el humor negro de una manera bastante salvaje, esperpéntica y muy próxima a como lo había venido haciendo el propio Raf, desde tiempo atrás, con la serie Zomby y el gato, publicada en la revista Creepy (2ª época) de Toutain, con guiones de Antonio Guiral (1). En el caso que nos ocupa, si cabe, el carácter de la historia parecía apuntar hacia formas aún más excéntricas y radicales (casi expresionistas), como se echa de ver al comprobar esos personajes tan extravagantes que aparecen dibujados al fondo de la primera gran viñeta, o en lo poco que se puede adivinar de lo que iba a ser el desarrollo de la serie, merced a la única página que conocemos. Historia extraña e inquietante, en cualquier caso, cuya presencia sorprende en Rumbo Sur, considerando que se trataba de una revista destinada a un público preferentemente infantil y juvenil.

Comencemos destacando que el nombre del protagonista de la serie —Belfegus— nos trae a la memoria, inmediatamente, el recuerdo del demonio Belfegor (Belphegor), uno de los "siete príncipes del Infierno" y de las criaturas demoníacas más fuertes, grandes y poderosas de todas las existentes, según la tratadística demonológica del siglo XVI, tan desarrollada e imaginativa. Belfegor aparece vinculado al vicio de la pereza y a todas las conductas que surgen de ella (conformismo, desidia, apatía, etc.), así como a los descubrimientos e inventos ingeniosos, que no necesitan de la constancia y permiten la obtención de riquezas fáciles, al margen del esfuerzo, el merecimiento o la honradez. Esta última característica nos hace pensar en la posibilidad de que, a lo mejor, la elección del nombre (y de la figura) de este demonio por parte de Raf no hubiera sido casual, pues en la página que comentamos se ve a su trasunto (Belfegus) enseñando a un joven con aspecto de pertenecer a la Familia Adams ciertos arcanos relativos a las diferentes existencias que tuvo a lo largo del tiempo: fue, nada más y nada menos, que Gengis Khan, Hitler, etc. Es decir: abriéndole los ojos al conocimiento.

Una maravillosa recreación de Belfegor, debida al fotógrafo William Mortensen
(a quien tengo pensado dedicar una entrada, pues su trabajo resulta fascinante)


Nuestra plancha lleva el significativo título de "Apuntes", y es muy posible que con ella quisiera Raf hacer una especie de presentación de la serie, ofreciendo a los lectores el tono general (humor negro) y el marco (fantástico-terror) por los que iba a discurrir ésta. De ahí que se nos presenten, en la misma página y con un esquema narratológico no jerarquizado —pero en el que sí se da la secuenciación tradicional de lectura occidental (de izquierda a derecha y de arriba a abajo)—, cuatro historias a la vez, con una principal y tres alternativas (de las que sólo una lleva título: "El ventrílocuo") que se superponen a la anterior, a modo de viñetas subdivididas. Parece evidente, como ya digo, que al ponerlas todas juntas y al mismo nivel, lo que el autor pretendía era mostrarnos un poco todo lo que deseaba contarnos en la serie, para que, de una sola ojeada, pudiéramos verlo.



En la gran viñeta de presentación,  y junto al personaje protagonista, encontramos claras referencias icónicas a la pintura flamenca y, más concretamente, a algunos de los extraños e intranquilizadores cuadros de El Bosco —aquellos en los que alucinadas criaturas monstruosas se mueven en abigarrados espacios oníricos (El carro de heno, El Jardín de las Delicias, El Juicio Final)— y a las minuciosas obras que los Brueghel (padre e hijo) dedicaron al tema de "La Torre de Babel", cuya estructura parece haber sido tomada por Raf de las pinturas de estos dos últimos maestros. Los personajes que pueblan y llenan todo ese espacio provienen del imaginario típico en las historias de terror —vampiros, espíritus, cuervos, seres deformes y monstruosos (freaks), un ahorcado pendiendo de la cuerda, esqueletos, personajes híbridos, etc.—, conformando un magistral mosaico del horror, pasado por el filtro de lo humorístico, que dice mucho de Raf como dibujante y como creador de gags. Podemos decir que casi no dejó ningún monstruo por enseñarnos...



En la segunda de las tres historias breves (con tres viñetas de lectura vertical) me parece identificar a Pedro Tabernero; concretamente en el personaje encapuchado que está a la izquierda y grita a la mujer con minifalda verde y medias de rejilla para que no vuelva la página. Seguramente un guiño del autor que, como ya tuvimos ocasión de ver en su momento, también llevó a la práctica Antonio Hernández Palacios en una página de su serie Drako de Gades, publicada en la misma Rumbo Sur y donde introducía al mismo Tabernero como personaje de su relato. Imaginamos que era una forma de agradecerle al famoso editor sevillano la libertad que, según se cuenta, concedía a los autores, permitiéndoles publicar lo que quisieran y como quisieran en unos tiempos en que el mercado ya estaba de capa caída (lo cual dice mucho a favor de Tabernero).



La composición de la página es bastante libre y muy infrecuente dentro de la obra de Raf, un autor que, como bien se sabe, estuvo constreñido durante la mayor parte de su carrera —al igual que otros compañeros de profesión— a indicaciones y exigencias de todo tipo procedentes de sus editores (especialmente durante sus etapas de colaboración con Bruguera). Pero tampoco puede afirmarse que sea del todo rompedora pues, con excepción de la primera gran viñeta —que incluye lo más novedoso—, el esquema compositivo de la plancha resulta bastante convencional, ya que se mantiene la estructura de tipo reticular (que es la más frecuente). Pese a ello, no falta ese dinamismo gráfico y compositivo, ese desparpajo tan propio, sobre todo, de las creaciones realizadas por Raf en su madurez y que hallamos también en trabajos como Mirlowe, o La fragata capadora. Dinamismo obtenido gracias al juego con los límites de las viñetas —que prácticamente nunca ofrecen la tradicional estructura cerrada por todos sus lados, característica de estas unidades narratológicas—, a la eficaz puesta en escena —conseguida, las más de las veces, con recursos humildísimos (la planificación y, en este caso concreto, el uso inteligente del color) y al empleo de una oblicuidad muy wellesiana en determinados planos —especialmente en aquellos donde aparece el protagonisa de la historia—, que otorga un carácter bastante onírico e irreal a lo que ocurre en las viñetas donde se emplea dicho recurso. Es muy interesante, también, el modo en que resuelve la transmisión del mensaje al lector en la última viñeta, creando una especie de bocadillo gráfico (o viñeta dentro de la viñeta) con una imagen de lo que, se supone, están viendo y leyendo los dos personajes en el libro que ha cogido el niño "Adams".

Personajes rompiendo el marco de las viñetas o ausencia de límites en las mismas son, sólo, dos de los muchos recursos
utilizados habitualmente por Raf en ésta y en otras historias para mantener la atención del espectador.
También destaca su soltura al hacerlo: tan libres, "inquietas", espontáneas y variadas son
estas viñetas suyas que, incluso, me ha costado algo más de trabajo limpiar
sus bordes para presentarlas aisladas del resto de la página,
pues están hechas todas a mano alzada, sin uso
de reglas y con una libertad absoluta


Es una lástima que la serie Belfegus no lograra salir adelante pues, a juzgar por lo único que de ella se ha conservado, podemos decir que su lectura —al menos para quien esto escribe— habría sido una verdadera gozada, pues reunía en un mismo "envase" ingredientes tan atractivos como el humor negro y el terror —que Raf ya había experimentado en Zomby y el gato—, lo sobrenatural y fantástico, el género folletinesco, etc. Elementos que, en su conjunto, sin duda habrían permitido a Raf volar a gran altura y desplegar sus enormes cualidades como historietista. Pero no pudo ser...



No he hallado en los sitios especializados de internet —la impagable Tebeosfera, el blog de la Tia, Los tebeos de nuestra infancia, Lady Filstrup, Tebeos y Tebeos, etc.) ninguna referencia a este Belfegus, así es que me siento un poco perdido, cual explorador abriendo nuevas rutas. Confío, no obstante, que en el libro sobre Raf firmado por Jordi Canyissà —cuya salida, al parecer, está ya cercana (publicado por Amaníaco Ediciones bajo el título de Raf. El "gentleman" de Bruguera)—, se incluya algún dato más detallado sobre esta interesante y abortada serie del padre de Sir Tim O'Theo y tantos otros entrañables personajes. ¡Que así sea!

La imagen del libro, como adelanto editorial, fue publicada aquí


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(1) Apareció en los números 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 11, 12, 13, 15, 18 y 19 de dicha revista. Me consta que Raf dibujó más páginas de esta serie para otras publicaciones. Servidor, de hecho, tiene un original cuyo lugar de edición no he logrado averiguar todavía. En todo caso sería bueno catalogarla por completo, para saber cuántos episodios de ella realizó el dibujante barcelonés.

viernes, 10 de julio de 2015

"GOYESCAS"/"GIANNI SCHICCHI" EN EL TEATRO REAL (O AL CÉSAR, LO QUE ES DEL CÉSAR Y A PLÁCIDO DOMINGO...)



PARTE I

Goyescas, ópera en tres cuadros, con libreto de Fernando Periquet y música de Enrique Granados.— Director musical: Guillermo García Calvo.— Intérpretes: María Bayo (Rosario), Andeka Gorrotxategi (Fernando), César San Martín (Paquiro), Ana Ibarra (Pepa), Albert Casals (El cantante).— Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real (Coro Intermezzo y Orquesta Sinfónica de Madrid).— Teatro Real de Madrid.— Viernes, 3 de julio de 2015, 20:00 horas.— Versión en concierto.

Concierto extraordinario de Plácido Domingo.— Director musical: Giuliano Carella.— Intérpretes: Plácido Domingo (tenor), Bruno Praticò, Luis Cansino y Maiter Alberola.— Orquesta Titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid).— Teatro Real de Madrid.— Viernes, 3 de julio de 2015, 20:55 horas.

PARTE II

Gianni Schicchi, ópera en un acto, con libreto de Giovacchino Forzano y música de Giacomo Puccini.— Director musical: Giuliano Carella.— Director de escena: Woody Allen.— Escenógrafo y figurinista: Santo Loquasto.— Iluminador: Mark Jonathan.— Intérpretes: Nicola Alaimo (Gianni Schicchi), Maite Alberola (Lauretta), Albert Casals (Rinuccio), Vincente Ombuena (Gherardo), Bruno Praticò (Betto di Signa), Eliana Bayón (Nella), Luis Cansino (Marco), María José Suárez (La Ciesca), Francisco Santiago (Maestro Spinelloccio), Tomeu Bibiloni (Ser Amantio di Nicolao, Valeriano Lanchas (Simone) , Federico de Michelis (Guccio), Francisco Crespo (Pinellino), Darío Barón (Gherardino), Gabi Nicolás (Buoso).— Orquesta Titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid).— Producción de Los Angeles Opera.— Teatro Real de Madrid.— Viernes, 3 de julio de 2015, 21:20 horas.


DOBLE y ecléctico programa —pensado, en principio, para el tenor Plácido Domingo— el que estaba previsto ofrecer al público en el Teatro Real durante estos caniculosos días de junio-julio de 2015. Dos obras que nada tienen en común, salvo su brevedad, el hecho de que fueron las últimas escritas por sus respectivos compositores (Turandot, como se sabe, quedó inacabada) y la circunstancia de que habría sido el divo madrileño quien, si no se hubieran dado las luctuosas circunstancias que lo han impedido, habría actuado como aglutinador de ambas: dirigiendo la orquesta en el caso de Goyescas y dando vida al protagonista homónimo en la pucciniana Gianni Schicchi. Pero la cruel Parca —que no atiende a más razones que su lógica ciega e implacable— se cruzó por medio y vino a llevarse a la hermana del tenor (María José) el pasado 8 de junio. Junto a ella, a la que se encontraba muy unido, permaneció Domingo durante el tiempo que estuvo ingresada en el Hospital General de Massachussets (Boston), cancelando las actuaciones que tenía firmadas para esas fechas. Y en esto llegó el turno de las representaciones en el Real, de modo que a mediados de junio el coliseo y el propio tenor comunicaban al público la ausencia de éste en todas las representaciones previstas, aunque contemplando la posibilidad de paliar dicha ausencia por medio de alguna solución acordada que terminó siendo el breve concierto introducido en el programa entre medias de Goyescas y Gianni Schicchi. Debo reconocer que son gestos como éste —además de la propia valía artística, por supuesto— los que hacen grandes a los artistas como Domingo. En tal sentido, dice mucho del cantante madrileño y le honra el hecho de que, pese a la desgracia personal acaecida, haya tenido el gesto para con los aficionados de ofrecer una "recompensa" alternativa, a cambio de suspender su participación en estas funciones estivales madrileñas. Máxime cuando a estas alturas de su carrera, y tras haber alcanzado el lugar privilegiado que ocupa en el Olimpo de los intérpretes líricos (y que sólo a unos pocos les está reservado), no necesitaría hacer cosas así para justificarse personalmente o consolidarse como profesional. ¡Qué diferencia con otros intérpretes que también hemos visto por estos lares! ¿O no se acuerdan, por ejemplo, del lamentable espectáculo ofrecido por el tenor argentino José Cura el 26 de diciembre del año 2000, cuando se enfrentó directamente al público que le reprochaba su prestación sobre el escenario, al finalizar una de las funciones de Il trovatore programado para esa temporada, en un incidente que fue recogido por los micrófonos de Radio Nacional de España? Pero vayamos a lo que nos interesa ahora...

Imágenes de Domingo con su única hermana en diferentes etapas de su vida, que el propio tenor
se ha encargado de difundir en días pasados por las redes sociales para rendirle
un cariñoso homenaje tras su fallecimiento


Se inició la primera parte de este extraño "tríptico" madrileño —podríamos decir emulando la obra original de Puccini, de la que forma parte Gianni Schicchi— con una función aburrida y muy sosainas de la Goyescas de Granados. En este punto considero justo recordar que el origen de la obra se encuentra en la suite pianística del mismo nombre que, entre 1909 y 1911, compuso Enrique Granados inspirándose en los trabajos de Goya (de ahí el nombre). El hecho de que posteriormente la obra acabara transformándose en ópera —tras un encargo realizado por la Opéra de París— y de que Fernando Periquet tuviera que escribir un libreto bastante flojo que hubo de acomodarse a la música ya escrita, son las razones que explican el notable desequilibrio dramático de la composición resultante. Lo cierto es que Goyescas —por mucho que el bueno de Juan Lucas nos la quiera vender en el programa de mano entregado durante estas funciones— difícilmente se sostiene como obra para la escena, y si bien es verdad que encierra momentos musicales muy bellos —los dos interludios (especialmente el que nos hace pasar del primer al segundo cuadro), o la escena solista de Rosario— no es menos cierto que resulta flojísima como ópera. Máxime cuando sobre el escenario no hay cantantes capaces de levantar el vuelo y atraer la atención del respetable con sus interpretaciones. Y tal fue lo que ocurrió en la función del pasado viernes que comento.

Enrique Granados (1867-1916) en una fotografía cercana a la fecha de su muerte (debe recordarse
que falleció, junto a su mujer Amparo, tras el hundimiento —por parte de un submarino
de la Kriegsmarine alemana durante la I Guerra Mundial—, del buque en el cual
viajaban de regreso a España, tras asistir en EE.UU
al estreno de Goyescas en la MET)


El joven Guillermo García Calvo estuvo correcto con la batuta, sacando de orquesta y coro todo lo que la partitura ofrece (que tampoco es tanto, la verdad). Bellísimo el primer interludio, hermosos momentos en la escena solista de Rosario y bien empastada, por momentos, la orquesta con el coro, cuya prestación, no obstante, resultó bastante más regulera que en otras ocasiones (pese a que destacaran del conjunto las voces masculinas). María Bayo fue una insuficiente Rosario, con voz desabrida en las alturas y de nula enjundia en los graves (donde se abría peligrosamente, hasta perder la impostación y casi parecer hablada). No obstante, de todos los intérpretes vocales fue la que mayor implicación tuvo con su personaje, y a la que mejor pudimos entender (al menos un servidor), porque lo que se dice el resto, anduvo bastante deficiente de nitidez en la dicción. Bello instrumento el de Ana Ibarra (en la piel de Pepa) —aterciopelado y con cuerpo—, pero justa de volumen e inteligibilidad (como ya he señalado). Los mismos defectos presentaron el intrascendente Paquiro de César San Martín —al que no se entendía absolutamente nada, siendo ahogado en todo momento por la orquesta— y el Fernando de Andeka Gorrochategui, un tenor de fuste por medios naturales —voz de spinto, oscura y percutiente—, pero sin la correcta proyección, con una emisión trasera, opaca, engolada, con sonidos nasales y de escasa intención expresiva. Citar, por último, a Albert Casals, en la piel de El cantante: correcto, pero poco más. En todo caso, el más interesante de la función, pese a su brevísima intervención, pues fue el único que proyectó en condiciones su voz.

Todos los responsables de Goyescas, saludando al final de la actuación


Y llegó el momento del divo: las luces se encendieron y apareció en el escenario Plácido Domingo, recibido con un fortísimo y entregado aplauso. Si por casualidad han leído ustedes algunas de mis intervenciones en el foro Una noche en la ópera (donde suelo participar), no soy precisamente lo que se dice un partidario de esta nueva etapa como "barítono" que el antaño gran tenor parece estar dispuesto a desarrollar en la actualidad. Creo, de hecho, que desde hace tiempo ya no se encuentra en buenas condiciones para cantar óperas completas, sea como tenor (para lo que ya no tiene voz), sea como barítono (que nunca ha sido). Y, desde luego, pienso que su contribución (tan sui generis) al repertorio baritonal —el propio intérprete ha confesado que él no pretende emular a un barítono, sino que canta con sus condiciones lo que fue pensado para otro tipo de voces— no pasará precisamente a la historia de las interpretaciones. Me parecieron chocantes sus primeras intervenciones en el repertorio —con aquel Simon Boccanegra del año 2009 en Berlín, (aunque antes ya había cantado el Vidal de la Luisa Fernanda en 2003)—, pero la cosa parecía que iba a ser anecdótica: el simple capricho de un artista consagrado como él de cantar un gran personaje verdiano para la cuerda baritonal. Y hasta ahí... Pero no, luego llegaron Rigoletto en el 2010 —del que existe una insufrible versión cinematográfica que puede verse en Youtube (con un Domingo apuradísimo y a punto de echar las tripas por la boca)—, el Francesco de I due Foscari en 2012 y el apoteósico año 2013, cuando decidió debutar en nada menos que cuatro roles baritonales (todos ellos verdianos): el Germont de La traviata, el Nabucco de la ópera verdiana homónima, el Giacomo de Giovanna d'Arco y el Conde de Luna de Il trovatore. Y todos ellos en unas prestaciones y con unas condiciones vocales y de adecuación a los roles que han dejado bastante que desear (y no me refiero sólo a su Conde de Luna salzburgués, donde el madrileño no pudo hacer más porque estaba enfermo).



Pero a pesar de todas mis prevenciones y dudas he de reconocer que el contraste entre lo que escuchamos cuando Domingo abrió su boca y lo que habíamos "sufrido" antes no tenía parangón. Y así, tras los soporíferos 55 minutos de Goyescas, la aparición sull palco scenico del tenor madrileño metido a barítono fue como un regalo del cielo: para empezar, desplegó él solo más voz que todos los cantantes que le habían precedido. Además, y pese a cantar en italiano, se le entendía absolutamente todo lo que decía, pudiéndose seguir su interpretación sin necesidad de sobretítulos ni nada por el estilo (que no hubo, todo sea dicho). Por no hablar de la intención dramática, del fraseo, de la expresividad, de la adecuación al estilo y de la pasión y entrega interpretativas... En fin, como de la noche al día. Además se presentó en buenas condiciones físicas y con la voz bastante a punto, de modo que todo discurrió mucho mejor de lo que yo habría podido imaginar.

Nicola Alaimo, María Bayo y Plácido Domingo en el Teatro Real de Madrid


Comenzó Domingo con una versión del "Nemico della patria", que canta Carlo Gérard en el acto III del Andrea Chénier de Umberto Giordano. He de decir que, antes de esta representación, escuché al tenor madrileño en un vídeo de televisión y mostraba un vibrato muy acentuado que no percibí en el teatro. Bien de acentos y expresivo, aunque sin nada que destacar realmente en este aria, muy bella, verdaderamente ingrata por su intenso dramatismo y poco adecuada para iniciar un concierto. Si acaso cierta dificultad en la parte más melódica de la segunda sección y en el cierre de la misma, a la que el tenor llegó ya muy justo de fiato. Su segunda prestación fue la mejor del mini-concierto: un "Pietà, rispeto, amore" del Macbeth de Verdi magníficamente escanciado, lleno de intención, variado en los acentos, con buen legato, un fraseo cuidado y un timbre bruñido que nos trajo el recuerdo de los buenos momentos del cantante (aunque sin la adecuación a nivel de tesitura, claro está). La penúltima intervención de Domingo se produjo en el dúo entre Germont y Violetta, del acto II de La traviata. Hay que comenzar diciendo, por si hubiera alguna duda, que el pasaje es, de por sí, estremecedor y bello hasta decir basta, lo cual ayuda bastante a dejar buen sabor de boca en el oyente. Pero es que, además, tanto Domingo como Alberola estuvieron bastante bien. Al menos hasta la mitad del duetto, en que el madrileño se desfondó: falta de aliento, frases entrecortadas y sin rematar... En fin, muy cansado. Por esta razón, la propina que ofreció ("Luché la fe por el triunfo", romanza que el personaje de Vidal Hernando interpreta en el acto II de Luisa Fernanda) fue servida ya con las fuerzas muy justas, casi sin fiato y mostrando bastante cansancio. Casi por contentar al respetable, que tanto le había aplaudido. En cualquier caso, y para resumir, puedo afirmar que su actuación resultó mucho más satisfactoria de lo que yo había imaginado en un principio, aunque es evidente que las limitaciones (lógicas por el paso del tiempo) están ahí y van a quedarse ya para siempre. De hecho, sólo irán agravándose: falta de aliento, reforzamiento artificial de la voz con sonidos di petto para dar enjundia, peso y oscuridad a un instrumento que, en origen, no es baritonal, falta de homogenidad en los registros por este mismo problema, entubamiento de las notas, aumento del vibrato, nasalidad excesiva...

Domingo y Allen, unidos por la ópera, en una imagen de archivo


A Domingo le acompañaron en este mini-concierto algunos de los cantantes que luego iban a intervenir en Gianni Schicchi. El primero en salir fue Bruno Praticò, que nos ofreció una paupérrima e insípida lectura de "Sia qualunque delle figlie", de La Cenerentola de Rossini. Una interpretación llena de amaneramientos y exageraciones bufonescas que pretendían suplir la ausencia de estilo, la falta de claridad en las agilidades y la inconsistencia de la voz. En cuanto al barítono Luis Cansino, se presentó con un "L'onore" del Falstaff verdiano algo estentóreo y efusivo, aunque desplegando buenos medios y muchas ganas, que transmitió en una quasi escenificación del aria... Last but not least la prestación de Maite Alberola, que fue una excelente Violetta en el duetto con el Germont de Plácido Domingo: medios estupendos, con un vibratto muy agradable y acariciador, un notable dominio técnico del instrumento y muy ajustada en estilo y expresión.

La joven y prometedora Maite Alberola


Y tras un descanso de 25 minutos llegamos a la segunda parte del programa. Un Gianni Schicchi con montaje escénico del astro del cine Woody Allen, encargado por Plácido Domingo en su día (año 2008) para la ópera de Los Ángeles que gestiona como director artístico. Debo empezar señalando que la propuesta del realizador norteamericano no resulta ni especialmente original, ni sorprendente para quienes conocemos, más o menos, su cine, sus neuras y su tipo de humor. Y es que la acción se traslada del marco original de la Florencia de finales del siglo XIII —en el libreto se especifica que todo ocurre el día 1 de septiembre de 1299— a la de los años 40, con un ambiente general que recuerda bastante a la comedia cinematográfica italiana costumbrista —uno piensa que, en cualquier momento, podría producirse la aparición en escena de Marcello Mastroianni, Vittorio De Sica, o Alberto Sordi— y donde se hace uso de algunos toques de humor característicos de Allen. Así, por ejemplo, al comienzo de la función —y mientras suena Funiculì, funiculà de Luigi Denza— se puede ver una pantalla en la que aparecen títulos de crédito de supuestos participantes en una película, con nombres fictios y llenos de guiños cómicos (Giuseppe Prosciutto, Oriana Fellatio, etc.), en un estilo muy típico del "universo Allen". En esta misma línea, el director neoyorquino también ha optado por cambiar el final de la ópera, haciendo que el personaje de Zita regrese a la casa donde se desarrolla toda la acción y mate de un navajazo a Schicchi, que se vuelve al público y dice su frase final antes de caer al suelo: «Per questa bizarria m'han cacciato all'inferno... e così sia; ma con licenza del gran padre Dante, se stasera vi siete divertiti, concedetemi voi... l'attenuante!». En fin, algo del todo innecesario, pero que estaba en línea con lo ofrecido durante el resto de la función, donde a los personajes se les presenta más cercanos a lo camorrista y lo mafioso, que a lo puramente neorrealista.



Giuliano Carella —que había dirigido también el mini-concierto previo— estuvo bien con la batuta, aunque ciertamente no pudo conseguir que la orquesta transmitiera toda la alegría, la viveza y el desenfado contenidos en una ópera tan vitalista y llena de chispa como Gianni Schicchi. Nicola Alaimo fue un protagonista de gran presencia escénica —el barítono palermitano es bastante alto y muy corpulento—, pero de escasa credibilidad dramática, pues resultó demasiado juvenil por voz y expresión. Pese a todo, desplegó buenos medios, cantó con estilo y se mostró competente en lo actoral (salvo por el defecto señalado). Cumplidor Albert Casals en su lírico y romántico papel de Rinuccio, aunque pasó alguna dificultad en la zona aguda a la hora de interpretar la bella y conocida romanza "Firenze è come un albero fiorito". Bien Elena Zilo como la madura y codiciosa Zita, muy destacable a nivel actoral. Correctos los demás intérpretes, en unos roles que tampoco son muy destacables en lo musical, dentro de una obra esencialmente coral. En mi opinión, lo mejor de esta parte de la velada fue la Lauretta de la soprano valenciana Maite Alberola —transmutada, por obra y gracia de Allen, de una joven burguesa en una casi "furciona" de tres al cuarto—, que nos ofreció un "O mio babbino caro" de estupenda factura, confirmando así la buena impresión que había dejado tras su dúo con Plácido Domingo en el concierto previo.

Alaimo/Schicchi (demasiado juvenil) y Alberola/Lauretta (intentando convencer a su padre
ficcional con la bellísima y zalamera aria que compuso Puccini para su personaje)


Y con esto concluyó una extraña y ecléctica velada que resultó relativamente satisfactoria, pese a los cambios, las cancelaciones y los imprevistos de última hora (recordemos que, al margen de la retirada de Domingo por el motivo citado, Goyescas también se iba a ofrecer escenificada, aunque recortes presupuestarios de última hora aconsejaron su presentación en versión de concierto, circunstancia que no favoreció precisamente a la obra durante estas funciones madrileñas). No es que haya sido un cierre de temporada brillante, pero tampoco podemos hablar de fiasco absoluto. Y ha de reconocerse que una buena parte del éxito se ha debido, nuevamente, a la presencia del divo madrileño en el teatro de la ciudad que le vio nacer.


lunes, 6 de julio de 2015

EL MUNDANAL RUIDO, 4: LOS GRIEGOS VOTAN "NO"



BUENO, pues ya conocemos los resultados electorales del oportunista referéndum que el primer ministro griego, Alexis Tsipras, convocó como órdago frente a la Comisión Europea y para fortalecerse en las negociaciones que se abrirán ahora con ella. Porque no duden ustedes que habrá negociación... Y acuerdo, claro. Y es que, al margen de los problemas políticos y económicos que una Grecia fuera del euro podría ocasionar (y no sólo al propio país heleno, sino al resto de socios comunitarios), tenemos a Obama presionando desde el otro lado del Atlántico. Parece evidente que, en función de la nueva política geoestratégica que EE.UU está llevando a cabo en el Magreb y Oriente Próximo para hacer frente al terrorismo yihadista y seguir controlando las regiones petrolíferas más importantes del mundo, no puede permitir que Grecia (gran aliado) acabe echándose en manos de Rusia (¿y de China, incluso?), en caso de verse obligada a obtener una liquidez crediticia que Europa le negase. De ahí las presiones que ha recibido Merkel estos días por parte de Barack Obama: "reduce la presión —le habrá dicho (en inglés, claro)—, deja de apretar tanto con la bota que se nos van...". Sería curioso que los intereses del imperialismo norteamericano terminaran siendo la razón que permita a Grecia salir adelante del atolladero en que se encuentra y facilitar a un partido comunista como Syriza el hallazgo de una solución airosa para este conflicto con la UE. Sería curioso, digo, pero no extraño, ni excepcional, porque EE.UU ya ha mostrado antes que sus intereses geoestratégicos están por delante de sus remilgos ideológicos. ¿Se acuerdan de la postguerra tras el año 1945 y de los nazis...? Pues ahora igual: la península helénica, por su situación geográfica —a un salto de Oriente Próximo y de las regiones más inestables del Magreb— juega un papel de primer orden en el tablero donde el Imperio mueve sus fichas (especialmente como refuerzo a la más inestable Turquía). Con este dato, y después del resultado obtenido ayer en el referéndum, si Tsipras y los suyos saben utilizar ambos elementos no tardaremos en ver a Merkel (¿para qué vamos a decir la UE, si es Alemania la que está llevando el control del juego en todo esto desde que empezó la crisis?) cediendo ante la presión del imperator Obama. Cosas de la globalización...

Y a continuación la imagen que, con las necesarias modificaciones, he utilizado para hacer el dibujo (pues un servidor no desea atribuirse méritos que no tiene).


viernes, 3 de julio de 2015

JOYAS DE MI BIBLIOTECA, 1: OLEGARIO, DE RAF (COLECCIÓN OLÉ, Nº 29)



NUEVA sección que abro en el blog y nuevo libro (¿incunable, debería decir, más bien?) que añado a mi colección de tebeos... ¿Se acuerdan? Año 1971 y recopilación de historias, en la "Colección Olé", de uno de los personajes menos populares del maestro Raf, aunque importante porque fue de los primeros en realizar cuando volvió a trabajar para Bruguera (a mediados de los años 60), tras su aventura extranjera por los mercados británico y escandinavo. Olegario.

Raf, hecho un pimpollo, en una foto promocional de TBO (si no estoy equivocado),
donde firmaba como Roldán


El álbum —único publicado de este personaje— sólo recopila aventuras correspondientes a su segunda etapa, cuando ya aparece más rejuvenecido y modernizado. Recordemos que, al principio, Raf lo concibió como un individuo bajito, anodino y vestido de negro, que recordaba bastante al personaje de Sixto Zabaneta interpretado por el sin par José Luis López Vázquez en la serie televisiva titulada, precisamente, Este señor de negro, con guiones de Antonio Mingote y dirección de Antonio Mercero. Y por seguir con los símiles —aunque esta vez tebeísticos—, muy parecido también al Don Pedrito de Francisco Ibáñez, o al propio Rompetechos de este mismo autor (por citar sólo personajes ibañezcos).

El Olegario primigenio


El ejemplar, que está en inmejorables condiciones y perfectamente conservado, incluye 75 historias (la mayoría de ellas de una sola página). Aparecen en la selección todos los personajes importantes de la serie: Olegario (con el cordón de uno de sus zapatos permanentemente desabrochado), su mujer, su hija, Don Jefazo, el profesor Pepinoff, la tía Filiponcia, etc.

Si desean ampliar conocimientos sobre el personaje, no dejen de visitar el blog Una miajilla de to —en una entrada con numerosas imágenes— y, sobre todo, los dos amplios estudios que Los burgomaestres de Lady Filstrup le dedicaron a Raf y al personaje de Olegario en el ya lejano año 2006. ¡Hala, a disfrutarlo...!










jueves, 2 de julio de 2015

NECROLÓGICAS: LEONARD STARR (1925-2015)



ANTEAYER, martes 30 de junio falleció el historietista norteamericano Leonard Starr, padre de la serie Mary Perkins on Stage y revitalizador de un título emblemático como fue Little Orphan Annie, creado por Harold Gray, del que se hizo cargo en 1979, relanzándolo con gran éxito. Tenía 89 años y llevaba retirado desde el año 2000.

Una imagen del Starr maduro entre sus dos creaciones principales: la espectacular Mary y la infantil Annie


Starr nació en la ciudad de Nueva York, el 28 de octubre de 1925. Tras graduarse en la High School of Music and Art de Manhattan y mientras realizaba estudios en el prestigioso Pratt Institute de Brooklyn, entre 1942 y 1943, hizo sus primeros pinitos trabajando como profesional para Harry Chesler —el primer packager de la Golden Age— y los Funnies Inc. Studios, realizando fondos y entintando lápices de Bob Oksner.

Bob Oksner en su tablero de dibujo


A lo largo de los años 40, y durante el gran apogeo de las publicaciones pulp y de los comic books, el joven Leonard trabajó para numerosas editoriales y en todo tipo de historietas (desde románticas hasta de superhéroes), llevando a cabo un rodaje profesional que sería decisivo para su carrera posterior. En 1948 entra a colaborar con EC Comics —especialmente en su cabecera War Against Crime, que desde el número 12 pasaría a llamarse The Vault of Horror—, trabajando durante dos años para la famosa casa editorial de Gaines.

The Vault of Horror #15, con portada del inefable Johnny Craig


Desde 1950 su actividad se incrementó considerablemente, realizando trabajos para DC Comics (se encargaba, sobre todo, de la realización de cubiertas y de los lápices para distintas cabeceras como Doctor 3, House of Mystery, Gang Busters, Indian Lawman, etc.), American Comics Group (en las series Adventures into the Unknown, Operation Peril y Soldiers of Fortune) y alternando su labor historietística con el trabajo publicitario.


Otras dos muestras del arte de Starr. Arriba para una historia incluida en el número 11
de la revista Young Romance (mayo 1949). Abajo plancha de apertura de
una historia publicada en el número 124 de Star Spangled Comics
 (enero de 1952), ambas cabeceras de la DC


A mediados de la década de los 50, y ante la inestable situación que produjo en la industria la "caza de brujas" contra los tebeos y la imposición del Comic Code, Starr decidió dar el salto desde el mundo de los comic books al mucho más prestigiado de las comic strips (o tiras de prensa), trabajando sin acreditar durante un par de años (1955-1956) en el Flash Gordon de King Features Syndicate. Al año siguiente —y con el enorme revuelo que dejó en el medio la prematura muerte de Alex Raymond en accidente de tráfico—, las cosas se mueven y los ejecutivos empiezan a hacer sus cálculos. Temiendo perder el ofrecimiento que Starr había hecho poco antes con dos propuestas de serie distintas (una sobre un médico misionero y otra sobre una actriz), le ofrecen un contrato para la segunda y crea el título que le ha hecho más famoso (no sin antes recomendar a su amigo John Prentice para que continuara el Rip Kirby de Raymond). Nacía así On Stage (renombrada en 1961 como Mary Perkins on Stage), que se publicaría sindicada a través del CTNYNS (Chicago-Tribune-New York News Syndicate). Se trata de una soap opera, en cuyo argumento se mezclan elementos de las telenovelas, el costumbrismo, la aventura y toques de humor. El hecho de tener una protagonista femenina, el desarrollo preferente de la acción en el marco urbano (aunque no sólo) y las situaciones cotidianas que viven los personajes, la aproximan bastante a otras creaciones más famosas, como The Heart of Juliet Jones (de Stan Drake), o la sofisticada Carol Day, del extraordinario dibujante británico David Wright.

Dominical de Mary Perkins on Stage, anterior al cambio de título de la serie


Como el propio título indica, la serie se centra en una joven actriz llamada Mary Perkins y en las peripecias de su carrera, mostrándonos el "backstage" de la profesión en lugares como el Broadway neoyorquino, Hollywood y diversos escenarios y localizaciones internacionales del mundo del cine. Al igual que otros títulos famosos de los cómics de prensa norteamericanos, Starr enriqueció su creación incluyendo una larga nómina de personajes secundarios, entre los que podríamos destacar por su antigüedad a Pete Fletcher (novio de Mary), que aparece ya a principios de 1957 y terminaría casándose con la protagonista dos años después (dominical del 13 de diciembre de 1959), en una situación muy habitual en este tipo de historietas, donde la acción fluye de manera ininterrumpida y sin solución de continuidad, con unos personajes que evolucionan y van cambiando con el tiempo. Es el caso de la propia Mary, que al principio de la serie se presenta ante nosotros como una joven llegada a la cosmopolita ciudad de Nueva York desde el medio Oeste norteamericano y termina convirtiéndose en una sofisticada mujer, que vivirá todo tipo de aventuras en los más variados escenarios.

Primera dominical de la serie, según la edición de Classic Comics Press


Al margen del alto nivel artístico que Starr desplegó en esta obra —haciendo gala de un estilo de dibujo clásico, realista y elegante, muy similar al de otros grandes cartoonist de la época, como Raymond, Drake, Foster, Tufts, Dan Barry, etc.—, en Mary Perkins on Stage destaca también el interés del autor por lo narrativo, que aparece muy acentuado en esta serie, pese al detallismo gráfico (casi preciosista de los dibujos). En este sentido, el enorme esteticismo de las planchas no es un obstáculo para el ritmo de la narración, ni empece la sorprendente capacidad de Starr para situar la cámara imaginaria en los lugares más adecuados en cada momento y según las necesidades de la acción. Por otro lado, nos gustaría destacar el realismo de las situaciones y el valor de los guiones, que también estaban firmados por el propio dibujante. De ellos podríamos destacar la calidad de sus diálogos, así como el hecho de que los personajes aparezcan perfectamente caracterizados y resulten creíbles por no ser arquetípicos. No son símbolos —tal como señala Walt Simonson hablando de la serie—, sino «individuos comprensibles y convincentes» («comprehensible and compelling individuals») (1). Un título, por tanto, de grandísima calidad, que merecería tener su buena edición en nuestro país. Quizá Manuel Caldas —el bendito Manuel Caldas— lea este consejo y se atreva a hincarle el diente. Por pedir, que no quede...

Tercera dominical (24-02-1957), en la que ya se aprecian los cambios estilísticos realizados sobre Mary
tras su llegada a Nueva York y después de caer en manos de su agente teatral, Gordon D'Avilla

Mary Perkins on Stage comenzó a publicarse el 10 de febrero de 1957, siendo el día 9 de septiembre de 1979 el de la publicación de la última Sunday strip. Aunque en 1970 el teórico e historiador del cómic Raymond Miller aseguró que ciertas evidencias internas de la primera dominical hacían pensar en la posibilidad de que la serie se hubiera iniciado al menos una semana antes bajo el formato de tiras diarias (daily strips). Sea como fuere, lo cierto es que estamos hablando de más de 22 años de continuidad en los periódicos norteamericanos, lo que muestra el grado de éxito y aceptación de la serie por parte del público. Asimismo, el hecho de haber sido premiada por la National Cartoonists Society en los años 1960 y 1963 y de que Starr obtuviera el Reuben Award en 1965, son pruebas fehacientes de que tambien fue muy apreciada por parte de la crítica y de los profesionales, compañeros del dibujante ahora fallecido.

Ficha de Starr que puede verse en la entrada que la NCS le dedica al autor en su site


En la actualidad, y desde el año 2006 en que se inició el proyecto, Classic Comics Press está reeditando la serie completa de Mary Perkins en formato de álbum. El último volumen previsto —incluyendo las dailies y sundays comprendidas entre el 19 de septiembre de 1977 y el 9 de septiembre de 1979— aparecerá en diciembre de este año 2015. Insistimos en que no estaría nada mal que algún editor se interesara en esta serie para darla a conocer en España. Creemos que lo merece.


Tras abandonar su título estrella Leonard Starr asumió el proyecto de relanzar Little Orphan Annie, célebre serie creada a principios de los años 20 por Harold Gray (fallecido en 1968), que se había publicado ininterrumpidamente entre el 5 de agosto de 1924 y finales de 1973, cuando fue suspendida tras haber pasado por las manos de un buen número de dibujantes que no lograron evitar el descenso de suscripciones por parte de los periódicos que la publicaban. La decisión de Starr no fue ajena al hecho del enorme éxito que había tenido en Broadway el musical Annie, basado precisamente en la tira de Gray. Y lo cierto es que consiguió dar un impulso considerable a la misma, remozándola y modernizándola para hacerla más atractiva al nuevo público. En primer lugar modificó el título, acortándolo hasta dejarlo como Annie (al igual que la comedia musical). También desplegó su elegante estilo, apartándose un tanto de la estética arcaizante que había tenido desde la época de Gray —dibujante estupendo, aunque algo más tosco—, pero sin renunciar completamente a ella, lo que habría supuesto una pérdida de identidad de la serie. Lo cierto es que su etapa al frente de la misma —que duró hasta el retiro de Starr en el año 2000— fue la más exitosa junto a la del propio creador. Posteriormente fue continuada por otros autores, pero terminó decayendo, hasta desaparecer el 13 de junio de 2010, día en que apareció la última tira.



En los años 70 y 80 del pasado siglo nuestro homenajeado volvió a realizar algunas colaboraciones esporádicas en el mundo del comic book, concretamente para DC. También guionizó la serie Kelly Green, dibujada por Stan Drake y editada en Francia por Dargaud, entre 1982 y 1987, primero por entregas en la revista Pilote y luego en cinco álbumes titulados, respectivamente, Le contact (1982), 1, 2, 3, mourez (1983), Cent millions, mort comprise! (1984), Do, ré, mi... Sang! (1984) y La flibuste de la B. D. (1987). Aquí tuvimos la oportunidad de conocer sólo tres de los cinco episodios originales; en concreto el primero de ellos —que apareció seriado en los números 6, 7 y 8 de la revista Totem Calibre 38 y también como álbum de Ediciones Junior, bajo el título de El contacto—, el tercero y el quinto y último que fueron publicados de manera íntegra en los números 6 y 11, respectivamente, de la revista El aventurero, publicación muy interesante, pero de efímera vida.


Dos muestras (soberbias) del arte de Stan Drake en Kelly Green


No desdeñó Starr el campo televisivo y de la animación, como lo demuestra su participación literaria en diversos guiones para series de dibujos animados como Ghost Warrior (de la productora Rankin Bass) y Thunder Cats, para la que escribió 23 episodios.

Cabecera de la segunda serie mencionada arriba, con los actores que daban vida
a los personajes y la imagen del propio Starr a la derecha del todo


En sus inicios como dibujante Leonard Starr desplegó un estilo más cercano a historietistas como Milton Caniff que al de otros a los que terminaría pareciéndose y que ya hemos mencionado arriba, caracterizados por el realismo de su dibujo. Esta circunstancia se aprecia tanto en el entintando, como en los rasgos caricaturizados de los personajes. Con el tiempo, sin embargo, dichos estilemas fueron modificándose hasta dar como resultado un dibujo elegante, clásico, de gran realismo y enorme calidad, que sitúa a Starr —pese a su menor celebridad— al mismo nivel de los mejores cartoonists de su tiempo. El propio autor confesó más de una vez que sus influencias principales en el campo de la historieta habían sido el citado Caniff, pero también Raymond y Sickles. Y afirmó que, como en el caso del maestro de Hillsboro, enseguida se dio cuenta de que no importaba tanto la simple belleza de los dibujos, cuanto las historias que estos debían contar. De ahí su significancia, también, como gran narrador de historias.

The Nighthawk, en Western Comics #21


Y a continuación una buena tanda de imágenes para apreciar el arte de Leonard Starr en lo que vale. ¡Que la disfruten!

Plancha de apertura de la serie The Nighthawk, aparecida
en el número 21 de la revista Western Comics, de DC, de 1948









Historia completa aparecida en el nº 123 de Star Spangled Comics, publicado en diciembre de 1951.
Obsérvese la calidad del trabajo de Starr para la fecha (gentileza de Ger Apeldoorn)









Otra historia completa publicada, esta vez, en el nº 204 de Detective Comics (febrero de 1954).
Aquí ya se ve que el estilo de Starr había madurado y empezaba a encaminarse
hacia lo que luego hizo (gentileza de Ger Apeldoorn)


Las siguientes imágenes en color de las dominicales de Mary Perkins on Stage son gentileza de Mike Vosburg, que las tiene publicadas en su blog Vozwords (de donde las ha tomado un servidor).










Ahora algunos originales de Mary Perkins y Annie, para apreciar el gran arte de Leonard Starr...












Y para concluir algunos detalles de viñetas, en las que podemos admirar la consumada técnica de entintado a pincel por parte de Starr.









Agradezcamos a Leonard Starr toda la belleza que dejó en este mundo cruel, los buenos momentos que ha hecho pasar a los innumerables aficionados que disfrutaron con su arte y confiemos —sinceramente— en que nos espere mucho tiempo allá donde se encuentre ahora mismo... Aquí concluye nuestro homenaje a este gran historietista.

Sit tibi terra leuis!

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(1) En la introducción al primer volumen de la edición de Mary Perkins on Stage por Classic Comics Press, Chicago, 2006, p. 4.