miércoles, 14 de mayo de 2014

"MANOS KELLY", DE ANTONIO HERNÁNDEZ PALACIOS. EDICIÓN DE PONENT MON (RESEÑA CRÍTICA)



PODEMOS afirmar, sin temor a equivocarnos, que la nueva edición del clásico español Manos Kelly por Ponent Mon ha sido una de las noticias tebeísticas más importantes del pasado año y también del que llevamos andado. La ilusión con que la recibimos la mayoría de los aficionados veteranos que acostumbramos a reunirnos en torno a los mismos lugares de la tebeosfera fue innegable, y se manifestó en forma de una avalancha de comentarios, parabienes, sugerencias y felicitaciones a la editorial, que se hicieron públicos tanto en el momento de conocer la buena nueva, como en los meses posteriores. Todos teníamos depositada nuestra confianza en que la editorial de Amiran Reuveni haría una edición como, según pensábamos, se merecía Antonio Hernández Palacios: es decir, algo que sirviera —y así lo dije en la primera entrada que dediqué a tan gran noticia— para perdurar durante un largo tiempo, pues es de imaginar que después de esta iniciativa, otra nueva para editar la misma obra no parece (y es lógico) que vaya a realizarse a corto plazo.



Pues bien, ¿podemos decir, con el libro ya entre las manos, que las expectativas planteadas se han cumplido? Es verdad que, en general, uno casi nunca ve cubiertas sus esperanzas con proyectos que le son muy deseados (bien se trate de la lectura de una novela cuya salida se aguardaba con impaciencia; bien de un viaje en el que habíamos depositado todas nuestras ilusiones; bien de una película o una obra de teatro de la que nos habían hablado positivamente; bien de un disco sobre el que teníamos magníficas referencias, etc.). Y algo de esto, debo reconocerlo, ha ocurrido con el libro de Manos Kelly. Pero, en esta ocasión, la impresión negativa no se debe sólo a que lo imaginado —como sublimación de una idea— superase a lo que luego ha sido la realidad, sino porque hay causas objetivas y cuantificables que la justifican, y voy a intentar enumeralas a continuación aportando mis argumentos.

© Ponent Mon
Empezaré haciendo algunas reflexiones sobre la "filosofía" que, a mi modesto entender, debería haber presidido esta "histórica" reedición del Manos Kelly. Precisamente por ese carácter de hito, y al tratarse de un título tan paradigmático dentro de la historia del tebeo español, la edición de Ponent Mon tendría que haberse enfocado desde un planteamiento completista, con la mirada puesta en el futuro y algo más de ambición, ofreciendo materiales artísticos y analíticos que los lectores habríamos agradecido con toda seguridad. Por ejemplo, habría sido muy deseable la inclusión en el volumen de un buen estudio introductorio, dirigido a contextualizar la historia de la creación de esta obra, así como a analizarla con detalle. Pienso que un texto de tales características no sólo habría recibido el beneplácito de los aficionados veteranos, sino que también habría sido el mejor modo de presentar la serie a los nuevos lectores que no la conocen de nada. Incluso aunque ello hubiera supuesto incrementar un poco el precio de venta del libro, ya que justificando de manera adecuada la medida, muy probablemente los "efectos colaterales" de la misma podrían haberse minimizado. ¿Pero qué se ofrece, en cambio? Pues un breve texto de presentación —firmado por Luis Alberto de Cuenca, eso sí, pero lleno de lugares comunes y de ideas repetidas por haber aparecido en otras contribuciones de este mismo autor— que resulta bastante descorazonador, pues no aporta absolutamente nada al conocimiento o disfrute de las historias incluidas en el integral. Para que entiendan los motivos de mi desilusión a este respecto, voy a hacerles la siguiente confidencia que les resultará ilustrativa: desde que tuve noticia de esta edición se me ocurrió la idea de redactar un amplio artículo en el que se estudiara la serie con el detalle que merece. Pero al enterarme de que Ponent Mon tenía pensado contar con la colaboración de De Cuenca, opté por esperar hasta que el libro estuviera en los anaqueles para utilizar lo que éste pudiera decir en su artículo. Pues bien, una vez leído dicho prólogo, ahora mismo creo que sigue siendo necesario —imprescindible, más bien— ese estudio monográfico sobre Manos Kelly, pues no tenemos nada parecido hasta la fecha. Reconozco que, en este caso, el problema reside únicamente en mí, y no en el texto a que me refiero —pues, a la postre, el trabajo de De Cuenca cumple perfectamente su función introductoria, eso es verdad—, pero a pesar de todo no puedo evitar seguir pensando que los responsables de la edición tenían que haber sido más ambiciosos, encargando ese texto analítico que aún no tenemos.

© Ponent Mon


Ahora bien, mucho peor que todo esto es el hecho de que no se hayan incluido en el integral las portadas originales de la edición española, optando por utilizar, en su lugar, una insípida selección de viñetas de la obra que hacen las veces de dichas portadas y separan las historias entre sí. ¿De verdad tanto habría costado utilizar dichas portadas o introducir, en su caso, en una especie de apéndice al final del libro, las maravillosas ilustraciones que realizó Antonio para la colección Trinca —con la excepción de la archifamosa que abre este integral—, e incluso aquellas otras que dibujó para ediciones extranjeras de la obra, así como la preciosa ilustración que se utilizó para los interiores de cubiertas en los dos primeros álbumes de la edición realizada por Doncel (en el primero con un bitono naranja/blanco, y en el segundo con el sencillo blanco/negro)? ¿Quizá no se ha hecho porque el artista no las conservaba, o había que pagar a otras editoriales por reproducirlas? En tal caso, habría bastado con una pequeña nota del editor advirtiéndonos del hecho, o incluso la reproducción testimonial de dichas portadas e ilustraciones, extraídas de publicaciones anteriores.

Tres ilustraciones, tres, de las que dibujó Antonio para algunas ediciones extranjeras de su obra.
En este caso se trata de las realizadas para la francesa de Les Humanoïdes Associés,
que fueron también utilizadas en Alemania


Y aún queda por señalar, en el "debe" de esta edición, otro aspecto que me parece tan grave o más que el anterior: me refiero, claro está, a la desafortunada decisión de imprimir en blanco y negro 37 planchas de las 46 que conforman el segundo volumen de la serie, titulado La montaña del oro. En la página con los créditos legales del libro, y a través de una breve nota, el editor se lamenta de esta circunstancia e intenta luego hacernos ver la parte positiva de este significativo contratiempo, señalando que, gracias a él, podemos apreciar el trabajo de Antonio Hernández Palacios en blanco y negro. Evidentemente es un modo, como cualquier otro, de minimizar lo que puede ser considerado el déficit más importante de esta edición. Y es que el hecho de ofrecernos en blanco y negro una cantidad tan grande de material que, en origen, se publicó en color, hace que el nuevo integral de Ponent Mon resulte no sólo incompleto, sino bastante superfluo en este sentido. ¿De verdad que no se ha podido hacer nada para paliar dicha situación? ¿No ha sido posible, en la era de la tecnología, realizar un esfuerzo y, utilizando como muestra las ediciones originales de Doncel, haber dado color a las planchas que no lo han conservando, señalándolo adecuadamente en cada una de ellas, para aviso del lector? ¿Tan caro habría resultado hacer esto? ¿Y, en caso afirmativo, no habría sido preferible arriesgarse poniendo un precio algo más elevado al libro, pero a cambio de ofrecerle al público un producto realmente duradero y definitivo? En fin, Serafín... Sus razones habrá tenido el editor para actuar como lo ha hecho, pero creemos sinceramente que se trata de una decisión errada y que se ha perdido una gran oportunidad.

© Ponent Mon


Siguiendo con el tema de la falta de color, hay otra cuestión a la que intentaré dar respuesta en cuanto tenga la menor oportunidad, y es la de averiguar si las planchas del episodio conocido como "La juventud de Manos Kelly" —que Antonio dibujó a principios de los 80 y que fueron publicadas en el nº 61 (1981) de Metal Hurlant (la revista de Les Humanoïdes Associés, que también le encargaron la adaptación de Los cantos de Maldoror, de Lautremont), así como en los números 0 y 1 de la española Saloon—, fueron pensadas para ser publicadas originalmente en color. Yo he visto los originales de dicha historia y están en blanco y negro, de eso no hay la menor duda. Pero en la revista Saloon se publicaron coloreados y con un estilo que, desde luego, permitía pensar en que el propio Antonio había sido el responsable mismo de ese color, aplicándolo —como ocurrió en buena parte de su obra— no directamente sobre los originales, sino en una prueba de azul o con otra técnica similar. En caso de que se confirmara dicha autoría, resultaría que el número de planchas carentes de color en esta edición integral de Ponent Mon ascendería, por tanto, a 53 (*).

Tres ejemplos (tomados de la revista Saloon) donde se ve el color aplicado al episodio referido: los tonos,
la audacia en su empleo, el estilo de coloreado (con pinceladas enérgicas y muy contrastadas)
invitan a pensar que el trabajo lo realizó el propio Hernández Palacios


Aunque es peccata minuta, comparado con lo que he dicho hasta el momento, tampoco veo muy acertado que se haya incluido al principio del álbum la referida historia de "La juventud de Manos Kelly". Creo que dicha ubicación dentro del libro rompe el poético inicio que Antonio realizó para la serie, con esas primeras planchas en las que vemos a un abatido Manos Kelly cabalgando por un alucinado paisaje desértico que se abrasa bajo un cielo de tonos rojos, anaranjados y amarillos, y en el que nuestro protagonista se arrastra ensimismado en sus pesimistas reflexiones sobre la guerra y la condición humana. Particularmente pienso que habría sido mejor ubicar este episodio al final del álbum o, como mucho —siguiendo un criterio de estricta ordenación cronológica— entre medias de La tumba de oro y La guerra Cayuso (episodio que publicó Ediciones García y Beá en 1984), añadiendo en cualquier caso una nota en la que se indicase cuándo se hizo, por qué y dónde se publicó. Su posición actual, a la cabeza del integral, no aporta nada y favorece el trastorno ya señalado.

La viñeta de apertura del cuarto álbum de la serie, que carecía por completo de cabecera ilustrada


Paso por alto cuestiones como el precio del libro —hubo un tiempo en que fui crítico con este aspecto de las ediciones de Ponent Mon, pero después de hacer cuentas reconozco que no son tan elevados como me parecían al principio— y el tamaño de la edición, que tampoco es, precisamente, el mejor posible. Pero esto último es algo que no debería sorprendernos, porque lo conocíamos desde hace tiempo, al haber sido difundido en la preview que lanzó Ponent Mon meses atrás. Una verdadera lástima, en cualquier caso, no haber aprovechado esta ocasión para sacar algo más grande —yo propuse, en su momento, un tamaño parecido al que utilizó Ikusager en su colección "Imágenes de la Historia"— y que le hiciera justicia a los magníficos dibujos de Antonio. Nada hemos ganado en este sentido, pues el tamaño utilizado por Ponent Mon es prácticamente el mismo que se empleó en la colección Trinca. Un pelín más grande, si me apuran, el de los álbumes de la vieja edición de Doncel, pero nada que sea realmente significativo, pues hablamos de muy pocos milímetros.

Las tres preciosas cabeceras de la serie, a las que me refiero en el siguiente párrafo


Pero no todo son cosas negativas o susceptibles de ser mejoradas en el nuevo integral de Ponent Mon. Por ejemplo, yendo de menos a más empezaré diciendo que no me parece mala decisión la idea de reproducir las cabeceras con los títulos de los álbumes sólo al principio de cada historia, pues tampoco se trataba de hacer una edición facsímil de la de Trinca. De hecho, la propia Editorial Doncel tampoco fue en esto demasiado cuidadosa, pues no en todos los casos reprodujo dicha cabecera en su edición de formato álbum. En Manos Kelly y La montaña del oro, por ejemplo, sí aparece en todas las páginas, pero en el tercero (La tumba de oro) no se reprodujo en ninguna. Y lo cierto es que existía, pero sólo se utilizo en la edición por entregas de la revista (que ha sido, precisamente, la recuperada con gran tino por Ponent Mon para incluirla en su integral sólo en la primera página de dicho álbum). Así pues, ganamos en coherencia y estética, lo que no es poco.


La primera imagen corresponde a una de las páginas de la edición en álbum de La tumba de oro (sin cabecera,
como se ve). La segunda, a la primera página de esta historia, publicada en el número 47 de Trinca (con cabecera)


Más importante aún que el aspecto señalado es el que se refiere a la reproducción propiamente dicha de los originales de Hernández Palacios. Y aquí sí que se nota que Ponent Mon ha hecho los deberes (ayudada, claro está, por la mejor técnica disponible hoy día). Basta realizar una somera comparación entre los viejos álbumes de Doncel (**) y el integral que estamos analizando para percatarse de cuánto se ha mejorado en este ámbito. No es sólo que la edición de la colección Trinca incluya algunos importantes errores de maquetación —con desajustes de planchas, que aparecen descuadradas respecto de los márgenes (por ejemplo en diferentes páginas del primer volumen) y zonas de mala impresión—, sino que todo tiene menos detalle, viéndose un conjunto más empastado e impreciso. Para empezar, la línea y el negro son, por supuesto, menos intensos. La primera, además, tiene mucha menos definición y aparece empastada en numerosos lugares, haciendo que se pierdan los detalles del trazo y de las tramas en el dibujo. En cuanto a los colores, están más saturados, son menos brillantes y además se ha perdido, en buena medida, el detalle de las pinceladas aplicadas por Hernández Palacios. En la Edición de Ponent Mon, sin embargo, todos estos fallos y defectos no se encuentran, destacándose mucho mejor el trabajo realizado por el artista madrileño, tanto en el blanco y negro como en el color. Aquí sí que hemos ganado bastante cuando lo comparamos con lo que ya había antes. Y lo mismo ocurre en lo que podríamos denominar el "apartado soporte", al tratarse de una cuidada edición en tapa dura, para la que se ha utilizado un tipo de papel con características de gramaje, cuerpo, satinado y calidad muy superiores a las de las ediciones precedentes.

Aun con todos los matices que se quieran poner al confrontar dos imágenes que ni proceden del mismo escáner,
ni son del mismo editor, en esta comparativa que les propongo creo que se pueden apreciar las mejoras
de la nueva edición (derecha) al compararla con la antigua (izquierda): mayor nitidez de línea,
más intensidad en los negros y un color bastante más equilibrado y cercano al original


En resumen: impresión agridulce la que me ha producido esta esperada edición que Ponent Mon ha hecho de uno de mis tebeos favoritos, pues si bien es cierto que hace justicia a la obra en cuanto a reproducción se refiere, en términos generales y al compararla con tentativas precedentes vemos que tampoco hemos avanzado tanto como algunos hubiéramos deseado hacia una edición definitiva. Mi consejo, si en algo vale, es que los nuevos lectores que no conozcan la serie deberían agenciarse ya mismo un ejemplar para paliar tal situación. En cuanto a los aficionados que ya tengan los viejos tebeos de Doncel y de la colección "Rambla Color" deberán decidir si les conviene gastarse el dinero en esta nueva edición para disfrutar de una impresión y un color bastante mejores que los ya existentes (con el hándicap de las páginas en blanco y negro), o si, por el contrario, prefieren seguir solazándose exclusivamente en sus viejos álbumes. En sus manos está la decisión...

--------------------------------
(*) Si en Saloon se presentaron en color es difícil pensar que Les Humanoïdes las publicaran en blanco y negro. Aunque no estoy seguro de este punto, pues no he tenido ocasión de consultar su edición francesa.

(**) En mi análisis únicamente he tomado en consideración estos, dejando de lado la edición por entregas que se publicó en la revista Trinca (que, por supuesto, cuando se estudia con detalle también tiene sus características y peculiaridades).


domingo, 11 de mayo de 2014

NECROLÓGICAS: DICK AYERS (1924-2014) Y RENATO POLESE (1924-2014)




EN lo que va transcurrido del mes de mayo han abandonado el mundo de los vivos —este perro mundo lleno de injusticias, corrupción y crisis— otros dos autores de historieta reconocidos mundialmente: el norteamericano Dick Ayers lo hizo el pasado domingo día 4; el italiano Renato Polese le siguió cinco días después y murió anteayer, viernes día 9. El primero tenía 90 años recién cumplidos (había nacido el 28 de abril); el segundo se quedó a las puertas de alcanzar tan venerable edad (pues nació el 27 de julio de 1924). De ambos queremos hablarles a continuación, para hacerles un pequeño homenaje y dedicarles nuestro recuerdo...

* * *




Richard Bache Ayers nació en New York y, como muchos otros compañeros de generación y profesión, empezó a trabajar bien pronto en el mundo de los cómics. Tenía sólo 18 años cuando publicó su primera historia, y lo hizo para un periódico militar titulado Radio Ray, mientras servía en el Cuerpo Aéreo del Ejército estadounidense durante la II Guerra Mundial.

El joven Ayers durante su servicio en el Ejército


Una vez acabada la contienda y vuelto a la vida civil, en 1947 Dick se matriculó en la New York City's Cartoonists and Illustrators School de Burne Hogarth, en la cual coincidió con Joe Shuster —co-creador de Superman junto a Jerry Siegel—, que entabló amistad con Ayers y le proporcionó contactos para conseguir su primer trabajo: una colaboración para Magazine Enterprises, que dirigía Vincent Sullivan. Allí realizó Ayers todo tipo de trabajos, encargándose también de algunas series western que publicaba la editorial, hasta llegar a crear en 1949 —junto al guionista Ray Krank— el personaje de Ghost Rider, que apareció publicado, por vez primera, en el número 11 de la revista Tim Holt e iba a gozar de bastante éxito, pasando a la Marvel cuando los derechos del título caducaron.

Cubierta de la revista donde apareció la primera aventura de Ghost Rider (con la imagen
del actor que daba nombre a la cabecera y que entonces estaba muy de moda)





Cuatro splash-pages de la serie, donde se aprecia el arte del joven Ayers


Tal y como relató el propio Ayers en alguna ocasión, la idea para la nueva serie les llegó después de que su editor, Vin Sullivan, dijera que deseaba crear un personaje similar al que aparecía en el largometraje de Disney titulado The Adventures of Ichabod and Mr. Toad, que se proyectó en 1949 y cuya segunda parte estaba basada muy libremente en la famosa leyenda de Sleepy Hollow, escrita por Washington Irving, donde aparecía un siniestro y sobrenatural jinete sin cabeza que perseguía al protagonista.



En 1952, y sin dejar de trabajar en ningún momento como freelance para Magazine Enterprises, Ayers comenzó a colaborar en las mismas condiciones con Atlas Comics, sucesora de Timely Publications —una editorial fundada y dirigida por Martin Goodman— y antecedente inmediato de la famosa Marvel Comics. Para sus revistas dibujó diferentes historias dentro del género del horror, en cabeceras como Adventures into Terror, Astonishing, Journey into Mystery, Journey into Unknown, etc., que seguían la estela de EC Comics y la moda de revitalización de esta temática llevada a cabo por la editorial de Bill Gaines. Incluso se hizo cargo del personaje de la Antorcha Humana (en su antigua versión como androide), dentro de un tímido revival llevado a cabo por Atlas Comics en torno a los superhéroes, que también incluyó a los viejos Capitán América y Namor (propiedad asimismo de Timely). Pero la intentona fue un fracaso, pues el género había perdido muchísima popularidad después de acabada la II Guerra Mundial. Durante toda la década de los 50 Ayers colaboraría, también como freelance, con Charlton Comics, participando en sus series The Thing (horror) y Eh! (humor).


La antigua Antorcha Humana, y su compañero Toro, en la versión de Ayers. Abajo otra
imagen del personaje, también por Ayers, durante la renovada etapa en Marvel,
cuando Jim Hammond se había convertido ya en Johnny Storm


Ya a comienzos de los años 60, con Atlas Comics reconvertida en Marvel por su propietario y editor, se fue reafirmando la importancia de Ayers como autor, al formar parte del importante staff de colaboradores que Martin Goodman había logrado reunir a su alrededor, y entre los cuales se encontraban —además del propio Ayers— nada menos que Stan Lee, el mítico Jack Kirby, el no menos grande Steve Ditko y otros artistas como Joe Sinnott, Paul Reinman o Don Heck. Será precisamente en esta etapa cuando nuestro homenajeado realice los mejores trabajos de la actividad por la que llegó a ser más conocido: entintador de los lápices realizados por Jack Kirby (sobre todo) y por otros autores como Gene Colan o Don Heck para series como The Fantastic Four, Thor, Iron Man, The Incredible Hulk, Ant-Man, Sgto. Fury y una gran cantidad de otros títulos menores en los que, no obstante, Ayers dejó siempre la impronta de su talento. La colaboración con Kirby se había iniciado ya en la etapa de Atlas Comics, pero sería en Marvel donde ambos artistas darían lo mejor de sí mismos, proporcionando al medio una enorme cantidad de material con gran calidad y un buen número de páginas y portadas memorables.







Una pequeña selección de originales con algunos de los trabajos
realizados en pareja por Kirby y Ayers para Marvel


Como dibujante propiamente dicho debemos a Ayers, además de la ya mencionada creación de Ghost Rider —y su continuación en Marvel, de la que él mismo se encargó—, la realización, entre otras cosas, de los lápices de Sgt. Fury durante diez años (una vez que Kirby abandonó el título), así como diversas colaboraciones a partir de los años 80 para diversas series publicadas por Archie Comics y otros trabajos de menor entidad.






Arriba portada de la nueva etapa de Ghost Rider en Marvel. A continuación cinco
muestras de la serie Sgt. Fury en la etapa post-Kirby dibujada por Ayers


Por su labor a los lápices de la serie Sgt. Fury and his Howling Commandos obtuvo Ayers el Alley Award al mejor título de guerra en 1967 y 1968. También fue premiado en 1985 con el National Cartoonists Society Award al mejor Comic Book. Y en 2007 se incluyó su nombre en el Will Eisner Comic Book Hall of Fam, de los Eisner Awards.

¡Descanse en paz!

* * *



Renato Polese nació en Roma y dio sus primeros pasos profesionales en la postguerra, colaborando en la prestigiosa revista Il Vittorioso (a uno de cuyos reportajes pertenece la fotografía superior) y en otras cabeceras menos conocidas, como Giramondo. En 1954 empezó a trabajar para el siempre necesitado mercado británico, realizando historietas de todo tipo para Fleetway, Hulton e IPC entre otras.


Dos muestras del trabajo de Polese para Il Vittorioso, correspondientes a los años 1957 y 1959, respectivamente


En 1967 dio comienzo la etapa más fructífera de su carrera, al iniciarse su colaboración con la Sergio Bonelli Editore. A este período pertenecen sus trabajos para la gran Storia del West —una larga saga, con guiones de Gino D'Antonio, que recorre toda la historia del siglo XIX americano a través de la epopeya de una familia de colonos—, así como la ilustración de diversos libros, todos ellos incluidos en la denominada "Collana Rodeo" (o "Colección Rodeo"). De la primera llegará a realizar Polese hasta treinta y dos episodios, siendo uno de los dibujantes que más números realizaría de entre todos los artistas seleccionados.




Tres planchas originales del primer número de Storia del West, pertenecientes al álbum
titulado Verso l'ignoto (Bonelli, 1967) y la cubierta (creo que por Gino D'Antonio)


Las décadas de los años 70-80 verán a nuestro autor colaborar estrecha y ampliamente con Bonelli en otras colecciones del editor italiano, como la famosa Un uomo un'avventura, para la que realiza el libro octavo titulado L'uomo di Pechino (1977), o en algunos números de la colección Rodeo (1977-1978). En 1984 comienza su participación en Bella & Bronco, un western bastante sui generis, con guiones de Gino D'Antonio, protagonizado por una simpática pareja de jóvenes formada por la independiente y hermosa Bella y el erudito nativo llamado Bronco. La serie pretendía innovar introduciendo entre los personajes de Bonelli la primera mujer protagonista (o co-protagonista), pero no obtuvo el éxito esperado y sólo se llegaron a realizar dieciséis álbumes, siendo nueve de ellos dibujados por Polese. Se cerró en 1985.







Una selección de originales (las imágenes no son demasiado buenas, la verdad)
del último álbum de la serie Bella & Bronco, titulado Mesilla (1985)


También a comienzos de los 70 se inicia su colaboración con otra de las grandes cabeceras historietísticas de Italia: la revista Il Giornalino, de Edizioni Paoline, para la que realizará una ingente cantidad de trabajos, entre los que podemos citar Babe Ford (1970), Pony Express y Mister Charade (1971), Sherif (1978), Gli angeli del West (1978), Amadeus! (1992), PGF-Pier Giorgio Frassati (1993), Cheyenne (1998), La figlia del capitano (1998) y otros títulos como Ronin, Susanna, Yello III y Marti silente. A este fructífero período de colaboración con Il Giornalino pertenecen algunos de sus trabajos más significativos, como las tres adaptaciones de novelas de Julio Verne realizadas con Raul Traverso (Viaggio al centro della Terra, en 1978, Le tribolazioni di un cinese in Cina, en 1980 y 20.000 leghe sotto i mari, en 1981) y la de Moby Dick (con guión de Giuseppe Ramello), publicada en 1992.


Portada de la edición original y de la reedición, ambas de Il Giornalino


Original con la prueba de cubierta para la adaptación de 20.000 leguas de viaje submarino


Trabajando para Bonelli era inevitable que Polese acabara colaborando en alguna de las numerosas series periódicas que el gran editor italiano lanzaba al mercado cada cierto tiempo.. Así, en junio de 1989 realizó su primer trabajo dentro de la serie Nick Raider, dibujando el episodio Una minaccia del passato, con guión de Gino D'Antonio, aunque llegaría a colaborar hasta en 32 números mensuales, en 3 especiales y en 2 almanaques, siendo uno de los dibujantes más habituales de este título bonelliano. En 1991 entró en la nómina de los ilustradores de Zagor, con el episodio titulado Caccia al lupo, que escribieron Ade Capone y Marcello Toninelli. Sus dibujos aparecen también en algunos episodios del irregular (por periodicidad, no por calidad) Ken Parker y en los álbumes Uomini senza speranza y Missione suicida de la serie Mister No, con guiones ambos de Stefano Marzorati.









Selección de originales para las series Nick Raider y Zagor

En 2006, y siempre para Bonelli, ilustra un guión de Stefano Piani para el one-shot Il legionario —una historia ambientada en el Marruecos colonial francés controlado por la Legión Extranjera donde Polese realiza un trabajo extraordinario, en mi opinión— y participa en un volumen homenaje para celebrar el cuadragésimo aniversario de Commandante Mark, personaje de aventuras creado en 1966 por el trío de autores conocidos como EsseGesse, que ha gozado de gran éxito en Italia, llegando a disponer de serie propia (Nuova Collana Araldo) dentro de las publicaciones de Bonelli Editore (Araldo fue, precisamente, uno de los nombres que tuvo la Bonelli). Para dicha ocasión, Polese dibujó los relatos titulados La sciarada del morto, con guión de Massimiliano Valentini, y Un uomo in fuga, con texto del propio Valentini y Davide Rigamonti. Ambos aparecieron publicados en los números 43 y 71 de la revista Mark, editada por IF Edizioni.






No puede afirmarse que la obra de Polese resulte demasiado conocida en España (*), ya que nuestro autor apenas fue editado entre nosotros. Al tiempo que en Italia aparecía la Storia del West de Bonelli, Eurodit publicó aquí una versión española con el título de Historia del Oeste, de la que sólo llegó a sacar diecisiete números. Y así, mientras que Polese había sido uno de los autores decisivos en la serie original —como tuvimos la ocasión de ver más arriba— en nuestro país sólo llegaría a publicarse su contribución al volumen nº 16, titulado La diligencia. De Missouri a California (1969). No obstante, he localizado una colaboración anterior suya en la antigua revista Aventurero (Ediciones Clíper, 1953), que incluyó entre sus páginas trabajos de autores italianos de la época (como el Aquila Maris de Caprioli, por ejemplo). La historia ilustrada por Polese se titula Cuatro con timonel y apareció por entregas en dicha revista, a partir de su número 3. Fuera de esto, no he sido capaz de hallar ningún otro trabajo, pero seguro que en las publicaciones periódicas españolas activas durante la etapa en que Polese estuvo dibujando puede encontrarse alguna colaboración más (**).



El trabajo de Polese se caracteriza, desde el punto de vista gráfico, por la limpieza, la corrección, la eficacia y la ortodoxia del dibujo, encajando a la perfección con la filosofía de las publicaciones de Bonelli, que pretenden llegar a la mayor cantidad de público posible. Echando una ojeada a su producción apreciamos que fue evolucionando desde un relativo barroquismo de los primeros años —con influencia de los autores clásicos norteamericanos y aplicación generosa del pincel en las tintas—, hasta la simplicidad de líneas y de formas que desplegó en sus últimos años, con un entintado suelto y espontáneo y un dibujo que a mí recuerda mucho, en ocasiones, a otros autores como Micheluzzi, Tacconi, D'Antonio o nuestro Alfonso Font. Un estilo, en definitiva, que no destaca por su enorme personalidad, pero que es perfecto desde el punto de vista gráfico y muy eficaz en lo narrativo.



¡Descanse en paz!

-----------------------
(*) Actualización realizada el 17/05/2014: después del intercambio epistolar mantenido con Mambrú en los comentarios de esta entrada se me ocurrió que sería bueno indagar un poco sobre la fortuna de Polese en España. Los resultados, sin embargo, no han sido todo lo halagüeños que hubiera querido, pero algún dato han proporcionado.

(**) Actualización realizada el 01/02/2018: en realidad, Polese dibujó dos relatos aparecidos en Aventurero (de Ediciones Futuro, y no Clíper, como escribí yo, por error, al redactar la entrada), ambos con guión de Germán Plaza: la citada Cuatro con timonel (en los números 3 a 8) y Calle Mayor (en los números 9 a 11). Debo estas precisiones —que han llegado a mí a través de Félix López— al amigo Eagza, colaborador habitual de Tebeosfera. Gracias a ambos por ayudarme a mejorar mi contribución.