La gran noticia del día —¡qué digo del día, como mínimo de nuestra reciente historia democrática!— me ha pillado lejos de mi tableta gráfica, de modo que he tenido que improvisar, con lápiz, unos rotuladores, un escáner y algo de Photoshop, una pequeña caricatura para ilustrar el acontecimiento y ofrecer mi particular homenaje al rey Juan Carlos, que hizo posible la Transición y el comienzo de la España democrática. He hecho lo que podía y confío en que resulte satisfactoria... ¡Va por ellos (y por ustedes, claro)!
lunes, 2 de junio de 2014
MOMENTO HISTÓRICO Y FIN DE UN CICLO: EL REY DON JUAN CARLOS ABDICA
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sábado, 31 de mayo de 2014
NUEVO RÉCORD MILLONARIO EN EL MERCADO DE ARTE ORIGINAL: OTRA VEZ UN TINTÍN (CÓMO NO...)
© Hergé / Moulinsart
HACE sólo unos días les hablaba yo, en el Tablón de anuncios del Nibelheim, del exorbitante precio que había alcanzado una sunday del Flash Gordon de Alex Raymond, en subasta realizada a través de Heritage Auction. Se trataba de la dominical correspondiente al 28 de agosto de 1938, un ejemplar bien reconocido por todos los aficionados, único e irrepetible y lleno de viñetas grabadas como a fuego en nuestra memoria. Una de ellas, incluso, sirvió para que el Gobierno Federal de EE. UU realizara una emisión postal de carácter especial y conmemorativo en el año 1995. ¡Con eso les digo todo!
© Hergé / Moulinsart (¡Ah, no! ¡Que esto no es de Moulinsart!)
Pues bien, si en aquella ocasión me hacía eco del revuelo que supuso para el mundillo la venta de dicho ejemplar por el módico precio de 215.100 dólares —una auténtica barbaridad, se trate de Alex Raymond o de Perico el de los Palotes (aunque ya sé que habrá quien me recuerde que el mercado es el mercado y manda)—, hoy les vengo a hablar de un nuevo récord que supera con mucho (pero muuuuuuucho, muuuuuucho) al anterior y que se ha producido en una subasta que tuvo lugar el pasado sábado 24 de mayo en París, a través de la casa Artcurial.
El objeto monográfico de la misma fue Tintín, aunque los responsables de la venta y de la exposición previa de materiales, prefirieron fijar una vez más la atención en Hergé y titularon el evento como L'univers du créateur de Tintin, haciendo gala de ese permanente y reiterado ejercicio de identificar al creador con su personaje, al que ya nos tienen acostumbrados desde Moulinsart y algunos estudiosos tintinólogos (por más que otros análisis de la vida de Hergé hayan venido a demostrar que nada tenía que ver el plácido, encantador y ordenado universo de Tintín con el atormentado, tempestuoso y conflictivo —muy humano, en fin— mundo interior del hombre que lo creó).
La verdad es que salió a la venta una enorme y variada cantidad de material tintinesco, formada por arte original (planchas, bocetos, portadas, dedicatorias, pruebas de color, etc.), distintas ediciones de los álbumes con las aventuras, un grandísimo número de lotes de merchandising (dioramas, reproducciones de viñetas en esmalte, maquetas de coches, tarjetas de felicitación, figuras, puzzles) y otras piezas muy curiosas (entre las que podríamos contar algunos cuadros abstractos pintados por el propio Hergé). En total, 455 lotes que debieron hacer las delicias de todos los coleccionistas tintinófilos que en el mundo hay, pues las piezas iban desde los 50-60 euros de una humilde invitación al cocktail de presentación de una exposición sobre Hergé (nº 445 del catálogo), hasta el precio que alcanzó la pieza objeto de esta entrada, de la que paso a hablarles inmediatamente.
Se trata de la ilustración original utilizada para confeccionar las guardas interiores de los álbumes de las aventuras más antiguas de Tintín, que fueron publicados entre 1937 y 1958. Iban impresas en papel color azul oscuro con la línea en blanco y no son demasiado frecuentes. En España sólo hemos tenido ocasión de verlas empleadas en la abortada edición facsímil que Casterman-Panini realizó de algunos álbumes en formato reducido, antes de que el pleito con Editorial Juventud —propietaria en exclusiva de los derechos de edición en España— les obligara a retirar los libros publicados hasta el momento. En la ilustración subastada el sábado en París se representa a Tintín y Milú en 34 situaciones diferentes, correspondiendo cada una de ellas con un momento importante de los álbumes dibujados en el período ya señalado. Conste la curiosidad de que uno de los dibujos —en el que ambos personajes aparecen vestidos con gruesos trajes de piel caminando por un paisaje helado— correspondería al proyecto de una aventura desarrollada en el Polo Norte que Hergé nunca llegó a realizar (más datos aquí).
La ilustración, que salió a la venta como lote nº 1, tiene unas medidas de 53 x 35 cm., está realizada a tinta china sobre cartulina de dibujo y presenta numerosos retoques de gouache blanco, así como algunas señales de arrugas y pliegues muy ligeros. Es un original muy significativo ya que, tal como se puede leer en el catálogo de la subasta, «resume él solo el período más inventivo de Hergé y lo más simbólico de todas las aventuras». Pues bien, esta pieza tan interesante y exclusiva el pasado sábado superó en las pujas la increíble (casi indecente) suma de dos millones y medio de euros. En concreto, 2.654.400 € de nada (o su equivalente en dólares = $3.621.734), que es lo que habrá pagado el anónimo coleccionista americano que pujó por ella para ganarla. ¡Sí, sí! ¡Como lo leen...! Más de dos millones y medio de euros. ¡Menos mal que en el precio ya aparecen incluidos los gastos de envío (como se encargan de precisar desde ArtCurial), que si no...! Aunque a esa gigantesca cifra habría que incluir un 23% de tasas y el IVA legal correspondiente. Aclaremos que el original estaba valorado en un precio de salida que tampoco era baladí: entre 700.000 y 900.000 euritos, una módica suma que tampoco está al alcance de cualquiera, vamos...
Hasta la fecha, el precedente inmediato en cuanto a precio de venta más elevado correspondía a otra pieza tintinesca que, curiosamente, también se subastó en ArtCurial: la ilustración para la portada de la primera edición del álbum Tintín en América, realizada en 1932 y vendida por 1.338.509 € el 2 de junio de 2012 (ver también aquí). Conviene recordar, no obstante, que menos de cuatro años antes (en marzo de 2008) esta misma ilustración se había subastado por una cantidad nada despreciable (764.000 €), pero que no tenía que ver con las dos precios alcanzados luego. Es decir, que en ese corto período de tiempo la obra se revalorizó ¡¡casi un cuarenta y cinco por ciento!! No está nada mal... Y algo parecido ocurrió con la pieza estrella de esta última subasta, pues se sabe que fue vendida en 1992 a un coleccionista particular en Drouot por 430.000 francos (unos 81.600 € de la actualidad). Así es que calculen la revalorización que ha experimentado este original en los 22 años transcurridos.
En ArtCurial, por razones obvias, están encantados con el acontecimiento del sábado pasado, pues no todos los días factura uno casi siete millones y medio de euros ocupando, además, importantes espacios en numerosos medios informativos de todo el mundo. Éric Leroy, experto en historieta de la casa de subastas parisina afirmó que estos resultados tan halagüeños son el producto de muchos años de trabajo y de una creación de conciencia en los nuevos coleccionistas, muchos de los cuales crecieron leyendo estas obras y ahora se toman en serio la historieta como objeto de arte. ¡¡Ya lo creo que se lo toman en serio...!! Yo, por mi parte, soy menos optimista que Leroy y dudo bastante que este aumento desmesurado de los precios en la venta de arte original de cómic signifique que se está produciendo, en paralelo, una mayor apreciación de la historieta como manifestación artística y medio expresivo. Creo, más bien, que todo es producto de la especulación y de la entrada en el mercado de gente con mucha pasta (legal o ilegal, en eso ya no entro) que ha visto en este tipo de obras de arte una nueva vía para invertir su dinero. Especuladores (con más o menos escrúpulos) que están dispuestos a acaparar las piezas consideradas más valiosas por los especialistas y que lo único que están consiguiendo es que los precios en el mercado de arte original de cómic se inflen y asciendan hasta ponerse por las nubes, haciendo que la mayoría de los aficionados no puedan optar, por razones obvias, a oler siquiera determinadas obras y autores, que resultan prohibitivos.
Quedarían aún por considerar los aspectos morales del problema —que los hay—, pero viendo cómo está el mundo desde que aparecimos en él y cómo se han desarrollado las cosas en los tres últimos años —con una crisis económica inmisericorde que se ha cebado en los más débiles y unos poderes públicos que sólo han velado por su propio interés y por el de los más poderosos— no parece que la cuestión ética tenga demasiado recorrido aquí. De todas formas, y aun a riesgo de parecerles el más vulgar de los demagogos, me gustaría lanzar una pregunta al aire: ¿es moralmente aceptable que un particular —no hablo de estados o instituciones oficiales, que compran para las generaciones futuras y con una finalidad pública y cultural— pague tales cantidades astronómicas para comprar una obra de arte (por más emblemática que esta sea) cuando hay gente en el mundo que con sólo un euro al día podría salvarse de morir de hambre? En fin, Serafín... Tonterías que piensa uno... Por no hablar de las sospechas, más que probables, de que la pieza objeto de esta entrada hubiera sido sustraída bien de la editorial Casterman, bien de los Estudios Hergé en 1983, tras la muerte del autor y cuando su viuda decidió liquidarlos. Un posible origen espurio, por tanto, que sin embargo no ha impedido la puesta en subasta de la pieza, su venta millonaria y el pago y cobro de muchos euros, de los que Moulinsart ha sacado su parte (pues se llevará, al parecer, un 4,5% de lo obtenido en la venta en concepto de "derecho de participación"). Algo es algo, ya que —como Nick Rodwell ha confesado en alguna ocasión— no resultaría fácil recuperar esta pieza y otras muchas que han ido saliendo a la venta.
Para quien desee conocer más detalles de cómo se desarrolló la subasta puede leer un completo resumen pinchando aquí (está en francés). En el documento se encontrará una tabla ordenada del precio al que terminaron vendiéndose los lotes más valiosos.
Como no podía ser de otro modo, la mayoría de los medios informativos se han hecho eco de esta multimillonaria subasta. Dos buenos artículos pueden verse aquí y aquí (este último en francés).
Nota: todas las imágenes de la entrada son © de Sociedad Moulinsart (¡faltaría mas!). Bueno, todas no, pero casi todas, y se han utilizado en esta entrada con una finalidad meramente informativa.
© King Features Syndicate
Pues bien, si en aquella ocasión me hacía eco del revuelo que supuso para el mundillo la venta de dicho ejemplar por el módico precio de 215.100 dólares —una auténtica barbaridad, se trate de Alex Raymond o de Perico el de los Palotes (aunque ya sé que habrá quien me recuerde que el mercado es el mercado y manda)—, hoy les vengo a hablar de un nuevo récord que supera con mucho (pero muuuuuuucho, muuuuuucho) al anterior y que se ha producido en una subasta que tuvo lugar el pasado sábado 24 de mayo en París, a través de la casa Artcurial.
El objeto monográfico de la misma fue Tintín, aunque los responsables de la venta y de la exposición previa de materiales, prefirieron fijar una vez más la atención en Hergé y titularon el evento como L'univers du créateur de Tintin, haciendo gala de ese permanente y reiterado ejercicio de identificar al creador con su personaje, al que ya nos tienen acostumbrados desde Moulinsart y algunos estudiosos tintinólogos (por más que otros análisis de la vida de Hergé hayan venido a demostrar que nada tenía que ver el plácido, encantador y ordenado universo de Tintín con el atormentado, tempestuoso y conflictivo —muy humano, en fin— mundo interior del hombre que lo creó).
Hergé, el genial creador de Tintin y fundador del emporio que ahora gestionan
férreamente sus herederos (como bien puede verse pinchando aquí)
férreamente sus herederos (como bien puede verse pinchando aquí)
La verdad es que salió a la venta una enorme y variada cantidad de material tintinesco, formada por arte original (planchas, bocetos, portadas, dedicatorias, pruebas de color, etc.), distintas ediciones de los álbumes con las aventuras, un grandísimo número de lotes de merchandising (dioramas, reproducciones de viñetas en esmalte, maquetas de coches, tarjetas de felicitación, figuras, puzzles) y otras piezas muy curiosas (entre las que podríamos contar algunos cuadros abstractos pintados por el propio Hergé). En total, 455 lotes que debieron hacer las delicias de todos los coleccionistas tintinófilos que en el mundo hay, pues las piezas iban desde los 50-60 euros de una humilde invitación al cocktail de presentación de una exposición sobre Hergé (nº 445 del catálogo), hasta el precio que alcanzó la pieza objeto de esta entrada, de la que paso a hablarles inmediatamente.
Otro de los lotes salidos a la venta en ArtCurial. Puesta en color (gouache) para la portada de
La isla negra (nº lote 3, vendido por 101.120 €). El original, en blanco y negro de esta
misma portada fue la segunda pieza más cara de la subasta de ArtCurial
(nº lote 2, vendido por 1.011.200 €) (© Hergé / Moulinsart)
misma portada fue la segunda pieza más cara de la subasta de ArtCurial
(nº lote 2, vendido por 1.011.200 €) (© Hergé / Moulinsart)
Se trata de la ilustración original utilizada para confeccionar las guardas interiores de los álbumes de las aventuras más antiguas de Tintín, que fueron publicados entre 1937 y 1958. Iban impresas en papel color azul oscuro con la línea en blanco y no son demasiado frecuentes. En España sólo hemos tenido ocasión de verlas empleadas en la abortada edición facsímil que Casterman-Panini realizó de algunos álbumes en formato reducido, antes de que el pleito con Editorial Juventud —propietaria en exclusiva de los derechos de edición en España— les obligara a retirar los libros publicados hasta el momento. En la ilustración subastada el sábado en París se representa a Tintín y Milú en 34 situaciones diferentes, correspondiendo cada una de ellas con un momento importante de los álbumes dibujados en el período ya señalado. Conste la curiosidad de que uno de los dibujos —en el que ambos personajes aparecen vestidos con gruesos trajes de piel caminando por un paisaje helado— correspondería al proyecto de una aventura desarrollada en el Polo Norte que Hergé nunca llegó a realizar (más datos aquí).
© Hergé / Moulinsart
La ilustración, que salió a la venta como lote nº 1, tiene unas medidas de 53 x 35 cm., está realizada a tinta china sobre cartulina de dibujo y presenta numerosos retoques de gouache blanco, así como algunas señales de arrugas y pliegues muy ligeros. Es un original muy significativo ya que, tal como se puede leer en el catálogo de la subasta, «resume él solo el período más inventivo de Hergé y lo más simbólico de todas las aventuras». Pues bien, esta pieza tan interesante y exclusiva el pasado sábado superó en las pujas la increíble (casi indecente) suma de dos millones y medio de euros. En concreto, 2.654.400 € de nada (o su equivalente en dólares = $3.621.734), que es lo que habrá pagado el anónimo coleccionista americano que pujó por ella para ganarla. ¡Sí, sí! ¡Como lo leen...! Más de dos millones y medio de euros. ¡Menos mal que en el precio ya aparecen incluidos los gastos de envío (como se encargan de precisar desde ArtCurial), que si no...! Aunque a esa gigantesca cifra habría que incluir un 23% de tasas y el IVA legal correspondiente. Aclaremos que el original estaba valorado en un precio de salida que tampoco era baladí: entre 700.000 y 900.000 euritos, una módica suma que tampoco está al alcance de cualquiera, vamos...
He aquí a la criaturita (© Hergé / Moulinsart)
Hasta la fecha, el precedente inmediato en cuanto a precio de venta más elevado correspondía a otra pieza tintinesca que, curiosamente, también se subastó en ArtCurial: la ilustración para la portada de la primera edición del álbum Tintín en América, realizada en 1932 y vendida por 1.338.509 € el 2 de junio de 2012 (ver también aquí). Conviene recordar, no obstante, que menos de cuatro años antes (en marzo de 2008) esta misma ilustración se había subastado por una cantidad nada despreciable (764.000 €), pero que no tenía que ver con las dos precios alcanzados luego. Es decir, que en ese corto período de tiempo la obra se revalorizó ¡¡casi un cuarenta y cinco por ciento!! No está nada mal... Y algo parecido ocurrió con la pieza estrella de esta última subasta, pues se sabe que fue vendida en 1992 a un coleccionista particular en Drouot por 430.000 francos (unos 81.600 € de la actualidad). Así es que calculen la revalorización que ha experimentado este original en los 22 años transcurridos.
© Hergé / Moulinsart
En ArtCurial, por razones obvias, están encantados con el acontecimiento del sábado pasado, pues no todos los días factura uno casi siete millones y medio de euros ocupando, además, importantes espacios en numerosos medios informativos de todo el mundo. Éric Leroy, experto en historieta de la casa de subastas parisina afirmó que estos resultados tan halagüeños son el producto de muchos años de trabajo y de una creación de conciencia en los nuevos coleccionistas, muchos de los cuales crecieron leyendo estas obras y ahora se toman en serio la historieta como objeto de arte. ¡¡Ya lo creo que se lo toman en serio...!! Yo, por mi parte, soy menos optimista que Leroy y dudo bastante que este aumento desmesurado de los precios en la venta de arte original de cómic signifique que se está produciendo, en paralelo, una mayor apreciación de la historieta como manifestación artística y medio expresivo. Creo, más bien, que todo es producto de la especulación y de la entrada en el mercado de gente con mucha pasta (legal o ilegal, en eso ya no entro) que ha visto en este tipo de obras de arte una nueva vía para invertir su dinero. Especuladores (con más o menos escrúpulos) que están dispuestos a acaparar las piezas consideradas más valiosas por los especialistas y que lo único que están consiguiendo es que los precios en el mercado de arte original de cómic se inflen y asciendan hasta ponerse por las nubes, haciendo que la mayoría de los aficionados no puedan optar, por razones obvias, a oler siquiera determinadas obras y autores, que resultan prohibitivos.
© Hergé / Moulinsart
Quedarían aún por considerar los aspectos morales del problema —que los hay—, pero viendo cómo está el mundo desde que aparecimos en él y cómo se han desarrollado las cosas en los tres últimos años —con una crisis económica inmisericorde que se ha cebado en los más débiles y unos poderes públicos que sólo han velado por su propio interés y por el de los más poderosos— no parece que la cuestión ética tenga demasiado recorrido aquí. De todas formas, y aun a riesgo de parecerles el más vulgar de los demagogos, me gustaría lanzar una pregunta al aire: ¿es moralmente aceptable que un particular —no hablo de estados o instituciones oficiales, que compran para las generaciones futuras y con una finalidad pública y cultural— pague tales cantidades astronómicas para comprar una obra de arte (por más emblemática que esta sea) cuando hay gente en el mundo que con sólo un euro al día podría salvarse de morir de hambre? En fin, Serafín... Tonterías que piensa uno... Por no hablar de las sospechas, más que probables, de que la pieza objeto de esta entrada hubiera sido sustraída bien de la editorial Casterman, bien de los Estudios Hergé en 1983, tras la muerte del autor y cuando su viuda decidió liquidarlos. Un posible origen espurio, por tanto, que sin embargo no ha impedido la puesta en subasta de la pieza, su venta millonaria y el pago y cobro de muchos euros, de los que Moulinsart ha sacado su parte (pues se llevará, al parecer, un 4,5% de lo obtenido en la venta en concepto de "derecho de participación"). Algo es algo, ya que —como Nick Rodwell ha confesado en alguna ocasión— no resultaría fácil recuperar esta pieza y otras muchas que han ido saliendo a la venta.
© Hergé / Moulinsart
Para quien desee conocer más detalles de cómo se desarrolló la subasta puede leer un completo resumen pinchando aquí (está en francés). En el documento se encontrará una tabla ordenada del precio al que terminaron vendiéndose los lotes más valiosos.
Como no podía ser de otro modo, la mayoría de los medios informativos se han hecho eco de esta multimillonaria subasta. Dos buenos artículos pueden verse aquí y aquí (este último en francés).
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Nota: todas las imágenes de la entrada son © de Sociedad Moulinsart (¡faltaría mas!). Bueno, todas no, pero casi todas, y se han utilizado en esta entrada con una finalidad meramente informativa.
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jueves, 29 de mayo de 2014
NUEVA EDITORIAL ESPAÑOLA Y MÁS CLÁSICOS DE LA HISTORIETA: TRILITA EDICIONES Y "AQUILES TALÓN"
AUNQUE la noticia de la que voy a hablarles ya ha sido debidamente anunciada en otros blogs dedicados a esto del Noveno Arte (por ejemplo aquí), un servidor ha sido incapaz de resistirse a hacerse eco también de la misma en este Nibelheim, pues creo que la cosa tiene bastante importancia. En efecto, como algunos de ustedes ya sabrán, el librero Alberto Mestre, propietario de la barcelonesa Continuará, ha decidido embarcarse en una procelosa y arriesgada aventura creando una nueva editorial llamada Trilita Ediciones que, como él mismo indica en el mensaje promocional colgado en la página web de su librería, nace «con vocación de rescate y dada al humor».
Por lo que hemos podido saber hasta el momento —la noticia se hizo pública sólo anteayer mismo— su fondo editorial estará orientado a la publicación de clásicos humorísticos de la bande dessinée que, según el citado Mestre, han sido tradicionalmente preteridos por las editoriales de nuestro país. Para reparar este lamentable descuido, y como no podía ser de otro modo tratándose de los primeros pasos de una nueva editorial, se ha decidido ir sobre seguro apostando por un título emblemático y consagrado de este género: el Aquiles Talón (Achille Talon) de Greg, cuyo integral en catorce volúmenes fue publicado por Dargaud entre los años 2007 y 2010, y del que Trilita Ediciones va a sacar ahora el primer volumen para estrenar su andadura por todo lo grande.
El libro estará a la venta el próximo mes de septiembre y, tal como he podido leer en el blog El coleccionista de tebeos, contará con la traducción española de Enrique Sánchez Abulí, una introducción (esperemos que con categoría de estudio) firmada por Joan Navarro y un prólogo de Ramón de España. Asimismo, y si nos guiamos por la ficha técnica de la edición francesa —que Trilita Ediciones respetará en términos generales, aun con las variaciones lógicas que puedan existir en su versión española—, el volumen tendrá unas 144 páginas y un precio que, esperemos, no supere los 20-25 euros. Pero ya se verá.
Desde aquí le deseamos a Albert toda la suerte del mundo y el mayor de los éxitos para su empresa, poniendo nuestras esperanzas en que se cumpla con él aquella célebre máxima latina virgiliana que reza: Audentis fortuna iuvat. Pues eso, que la diosa Fortuna dé su apoyo a nuestro aguerrido protagonista para que podamos ver a Trilita Ediciones afianzándose en el panorama editorial patrio.
Por lo que hemos podido saber hasta el momento —la noticia se hizo pública sólo anteayer mismo— su fondo editorial estará orientado a la publicación de clásicos humorísticos de la bande dessinée que, según el citado Mestre, han sido tradicionalmente preteridos por las editoriales de nuestro país. Para reparar este lamentable descuido, y como no podía ser de otro modo tratándose de los primeros pasos de una nueva editorial, se ha decidido ir sobre seguro apostando por un título emblemático y consagrado de este género: el Aquiles Talón (Achille Talon) de Greg, cuyo integral en catorce volúmenes fue publicado por Dargaud entre los años 2007 y 2010, y del que Trilita Ediciones va a sacar ahora el primer volumen para estrenar su andadura por todo lo grande.
El libro estará a la venta el próximo mes de septiembre y, tal como he podido leer en el blog El coleccionista de tebeos, contará con la traducción española de Enrique Sánchez Abulí, una introducción (esperemos que con categoría de estudio) firmada por Joan Navarro y un prólogo de Ramón de España. Asimismo, y si nos guiamos por la ficha técnica de la edición francesa —que Trilita Ediciones respetará en términos generales, aun con las variaciones lógicas que puedan existir en su versión española—, el volumen tendrá unas 144 páginas y un precio que, esperemos, no supere los 20-25 euros. Pero ya se verá.
Desde aquí le deseamos a Albert toda la suerte del mundo y el mayor de los éxitos para su empresa, poniendo nuestras esperanzas en que se cumpla con él aquella célebre máxima latina virgiliana que reza: Audentis fortuna iuvat. Pues eso, que la diosa Fortuna dé su apoyo a nuestro aguerrido protagonista para que podamos ver a Trilita Ediciones afianzándose en el panorama editorial patrio.
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jueves, 22 de mayo de 2014
QUINO, PREMIO "PRÍNCIPE DE ASTURIAS" DE COMUNICACIÓN Y HUMANIDADES 2014
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martes, 20 de mayo de 2014
MIS ORIGINALES, 2: UNA PLANCHA EN COLOR DE ARTURO DEL CASTILLO
ENTRE todos los originales que forman parte de mi colección hay uno de Arturo del Castillo por el que siento predilección y que me gusta mucho: se trata de una plancha (la nº 7) perteneciente a la historia corta de ocho páginas titulada De hombres y moscas, con guión de Guillermo Saccomanno. Por lo que he podido averiguar, dicha historia (y, por ende, la propia plancha) fue publicada, al menos, en tres revistas distintas: en el nº 26 de L'Eternauta (mayo 1984), en el nº 28, año XII, de Lanciostory (correspondiente al 25 de julio de 1986) y en el nº 121 de la argentina Super Skorpio (1986). Ignoro en qué lengua fue escrito originalmente el guión (imagino que en español, teniendo en cuenta quiénes fueron sus autores) pero, a juzgar por la cronología de las citadas revistas —y salvo que halle nuevas referencias bibliográficas anteriores—, parece que se publicó primeramente en italiano, en los lugares citados, con el título de Uomini e mosche, antes de pasar a editarse a la revista argentina ya reseñada.
Es una historia de amor, celos, traiciones y deslealtades que, como todas las que se desarrollan en el Far West acaba con un épico duelo. Su hilo argumental podría resumirse en lo siguiente: cierto hombre de edad, llamado Morris, sabe que su "hembra" se ha liado con uno de los mejores pistoleros de la región, Cobb. Un tipo duro, pero nada idiota frente a lo que pudiera parecer. Decidido a vengar su honor, y aun sabiendo el peligro que corre su vida (pues sólo es el maestro de la ciudad y no tiene práctica con las armas), Morris se enfrentará a él y terminará... Bueno, si quieren saber cómo es la historia completa vayan al final de la entrada, donde podrán leerla. Ahora, lo mejor será hablar del original al que me refiero para cantar sus excelencias. Helo aquí:
Desde el punto de vista artístico y del coleccionismo hay varios elementos de interés en esta pieza que les presento. Para empezar me gustaría señalarles que no es frecuente hallar obra original de Arturo del Castillo en color, dado que la mayor parte de la que se ve circulando por ahí está en blanco y negro exclusivamente. Hagan una búsqueda, por ejemplo, en Comic Art Fans y comprobarán cómo es verdad lo que les digo.
En segundo lugar, yo destacaría de la plancha su enorme plasticidad, derivada no sólo de los suaves tonos acuarelados aplicados por el artista chileno —que otorgan un elevado grado de onirismo a la acción—, sino de la gran fisicidad que transmite el coloreado, viéndose el trabajo casi escultórico que realizó Del Castillo con el gouache, aplicándolo ocasionalmente en gruesas capas y casi cincelando sobre él (como se echa de ver, por ejemplo en el detalle de las gafas del personaje en la primera viñeta que les muestro, o en el punto de luz que casi nos deslumbra en el tercero de los paneles).
Por otro lado, sorprende la delgadez de la cartulina empleada, sobre todo teniendo en cuenta que se utilizó un medio acuoso como la acuarela para dar el color. Esto me hace pensar si, acaso, la historia no se concibió originalmente en blanco y negro, aplicándosele luego el color por necesidades contractuales o de otro tipo. Pero esto último no son sino elucubraciones mías (en las que me encanta sumergirme cuando examino un original). De cualquier forma, en Super Skorpio sí que se publicó en blanco y negro, como puede verse en el ejemplo de abajo (que servirá, además, para que todos ustedes puedan conocer el texto de la historia), lo cual es un indicio que corrobora mi hipótesis.
Hay muy pocos rastros de lápiz y el entintado se realizó preferentemente con plumilla, obteniendo líneas de una finura y una precisión considerables, a pesar de haber sido realizadas con soltura y cierto "nervio" (lo que le otorga al entintado un carácter desmañado que le va muy bien al tipo de historia). El pincel fue usado para rellenar las grandes áreas de negro que corresponden, en todas las viñetas, con el traje del protagonista, siendo su trazo —como es habitual en este instrumento— mucho menos profundo e incisivo que el de la plumilla, por lo que deja zonas de tonalidad más clara (como se ve bien en las viñetas 1ª, 3ª y 4ª), sobre todo si no se ha cargado abundamentemente de tinta china. Obsérvese, por ejemplo, en los dos fragmentos de viñeta que pongo a continuación el delicado trabajo a la plumilla —a la vez esquemático, pero de una precisión admirable— que realizó Del Castillo en los segundos planos, y el contraste que supone con el pincel utilizado para rellenar las grandes áreas de negro del traje del protagonista, logrando una caracterización admirable de estos personajes que se han construidos con apenas unas pocas rayas, aunque muy bien puestas. En el vaquero que está a la derecha en la primera viñeta se aprecian estupendamente los restos de lápiz sin borrar (que denotan un rápido abocetado). Por último, y como pueden ver, la parte superior de la misma viñeta se dejó sin entintar, pues estaba pensada para pegar el cartucho con el texto de la cartela.
Me gusta mucho también el abundante, habilidoso, variado y sutil empleo de texturas que realizó aquí el maestro chileno para crear atmósfera y tonalidades de gris. Y es que, al margen de sus conocidas tramas manuales —de las que sólo hallamos una muestra en la primera viñeta— Del Castillo ha empleado en esta plancha dichas texturas con tal sutileza y habilidad que, a un primer golpe de vista, le hacen pensar a uno si no estamos ante una trama mecánica. Pero analizadas con detalle y bajo una buena lupa con luz, se comprueba que debió utilizar una tela (o preferiblemente una esponja o un trozo de gomaespuma, dada la más fina marca de impresión que pueden dejar éstas) para realizar los efectos que encontramos en cinco de las siete viñetas (especialmente en las números 2, 3 y 7). Maravilloso.
Otra peculiaridad que suele encontrarse habitualmente en los originales de Del Castillo, y que aquí también aparece en abundancia, es la del gouache aplicado sobre las viñetas con una finalidad que va más allá de lo puramente coyuntural. Quiero decir: no lo utilizaba el argentino sólo para tapar errores involuntarios (como suele hacerse habitualmente), sino que también aparece empleado para crear efectos de relieve (como ya hemos dicho antes) y, sobre todo, para retocar los marcos de las viñetas y los dibujos en zonas estratégicas —con la idea de crear efectos de composición— y una vez que estos se hallaban acabados por completo. De esta manera, Del Castillo ganaba tiempo y evitaba tener que ir con sumo cuidado para no salirse de los bordes de las viñetas o, en su caso, para crear esos efectos de ruptura de las mismas. Las dos viñetas paradigmáticas al respecto de esta peculiaridad son la primera y la última, que están "rotas" por sus cuatro lados.
Es una historia de amor, celos, traiciones y deslealtades que, como todas las que se desarrollan en el Far West acaba con un épico duelo. Su hilo argumental podría resumirse en lo siguiente: cierto hombre de edad, llamado Morris, sabe que su "hembra" se ha liado con uno de los mejores pistoleros de la región, Cobb. Un tipo duro, pero nada idiota frente a lo que pudiera parecer. Decidido a vengar su honor, y aun sabiendo el peligro que corre su vida (pues sólo es el maestro de la ciudad y no tiene práctica con las armas), Morris se enfrentará a él y terminará... Bueno, si quieren saber cómo es la historia completa vayan al final de la entrada, donde podrán leerla. Ahora, lo mejor será hablar del original al que me refiero para cantar sus excelencias. Helo aquí:
Desde el punto de vista artístico y del coleccionismo hay varios elementos de interés en esta pieza que les presento. Para empezar me gustaría señalarles que no es frecuente hallar obra original de Arturo del Castillo en color, dado que la mayor parte de la que se ve circulando por ahí está en blanco y negro exclusivamente. Hagan una búsqueda, por ejemplo, en Comic Art Fans y comprobarán cómo es verdad lo que les digo.
Del Castillo tras haber recogido su premio Yellow Kid en Lucca 14 (1980)
En segundo lugar, yo destacaría de la plancha su enorme plasticidad, derivada no sólo de los suaves tonos acuarelados aplicados por el artista chileno —que otorgan un elevado grado de onirismo a la acción—, sino de la gran fisicidad que transmite el coloreado, viéndose el trabajo casi escultórico que realizó Del Castillo con el gouache, aplicándolo ocasionalmente en gruesas capas y casi cincelando sobre él (como se echa de ver, por ejemplo en el detalle de las gafas del personaje en la primera viñeta que les muestro, o en el punto de luz que casi nos deslumbra en el tercero de los paneles).
Por otro lado, sorprende la delgadez de la cartulina empleada, sobre todo teniendo en cuenta que se utilizó un medio acuoso como la acuarela para dar el color. Esto me hace pensar si, acaso, la historia no se concibió originalmente en blanco y negro, aplicándosele luego el color por necesidades contractuales o de otro tipo. Pero esto último no son sino elucubraciones mías (en las que me encanta sumergirme cuando examino un original). De cualquier forma, en Super Skorpio sí que se publicó en blanco y negro, como puede verse en el ejemplo de abajo (que servirá, además, para que todos ustedes puedan conocer el texto de la historia), lo cual es un indicio que corrobora mi hipótesis.
Hay muy pocos rastros de lápiz y el entintado se realizó preferentemente con plumilla, obteniendo líneas de una finura y una precisión considerables, a pesar de haber sido realizadas con soltura y cierto "nervio" (lo que le otorga al entintado un carácter desmañado que le va muy bien al tipo de historia). El pincel fue usado para rellenar las grandes áreas de negro que corresponden, en todas las viñetas, con el traje del protagonista, siendo su trazo —como es habitual en este instrumento— mucho menos profundo e incisivo que el de la plumilla, por lo que deja zonas de tonalidad más clara (como se ve bien en las viñetas 1ª, 3ª y 4ª), sobre todo si no se ha cargado abundamentemente de tinta china. Obsérvese, por ejemplo, en los dos fragmentos de viñeta que pongo a continuación el delicado trabajo a la plumilla —a la vez esquemático, pero de una precisión admirable— que realizó Del Castillo en los segundos planos, y el contraste que supone con el pincel utilizado para rellenar las grandes áreas de negro del traje del protagonista, logrando una caracterización admirable de estos personajes que se han construidos con apenas unas pocas rayas, aunque muy bien puestas. En el vaquero que está a la derecha en la primera viñeta se aprecian estupendamente los restos de lápiz sin borrar (que denotan un rápido abocetado). Por último, y como pueden ver, la parte superior de la misma viñeta se dejó sin entintar, pues estaba pensada para pegar el cartucho con el texto de la cartela.
Me gusta mucho también el abundante, habilidoso, variado y sutil empleo de texturas que realizó aquí el maestro chileno para crear atmósfera y tonalidades de gris. Y es que, al margen de sus conocidas tramas manuales —de las que sólo hallamos una muestra en la primera viñeta— Del Castillo ha empleado en esta plancha dichas texturas con tal sutileza y habilidad que, a un primer golpe de vista, le hacen pensar a uno si no estamos ante una trama mecánica. Pero analizadas con detalle y bajo una buena lupa con luz, se comprueba que debió utilizar una tela (o preferiblemente una esponja o un trozo de gomaespuma, dada la más fina marca de impresión que pueden dejar éstas) para realizar los efectos que encontramos en cinco de las siete viñetas (especialmente en las números 2, 3 y 7). Maravilloso.
La única viñeta en la que encontramos las famosas tramas lineales de Del Castillo (y están medio tapadas
por esas manchas de pincel que, sin duda, se utilizaron para crear tres ámbitos espacio-temporales
distintos dentro del mismo panel: el de Morris, el de Cobb y nuevamente el de Morris)
¿Tela, esponja? empleadas con habilidad para crear bellas y ambientales texturas grisáceas
Otra peculiaridad que suele encontrarse habitualmente en los originales de Del Castillo, y que aquí también aparece en abundancia, es la del gouache aplicado sobre las viñetas con una finalidad que va más allá de lo puramente coyuntural. Quiero decir: no lo utilizaba el argentino sólo para tapar errores involuntarios (como suele hacerse habitualmente), sino que también aparece empleado para crear efectos de relieve (como ya hemos dicho antes) y, sobre todo, para retocar los marcos de las viñetas y los dibujos en zonas estratégicas —con la idea de crear efectos de composición— y una vez que estos se hallaban acabados por completo. De esta manera, Del Castillo ganaba tiempo y evitaba tener que ir con sumo cuidado para no salirse de los bordes de las viñetas o, en su caso, para crear esos efectos de ruptura de las mismas. Las dos viñetas paradigmáticas al respecto de esta peculiaridad son la primera y la última, que están "rotas" por sus cuatro lados.
En la parte superior de la página hay dos manchas con restos de celofán, indicio de que, en su momento, quizá se superpuso una hoja (¿de papel cebolla o de acetato?) con los textos. También se encuentran restos de pegamento en zonas estratégicas de algunas viñetas, que sirvieron —según puede verse al comparar la foto del original con la imagen de la página editada en blanco y negro— para sujetar trozos de cartulina con el texto rotulado. De hecho, en los originales de Del Castillo lo más habitual es encontrarse con los textos de bocadillos y cartelas pegados sobre las viñetas, y no rotulados en la cartulina, como ocurre en otros casos (todo ello, sin duda, con la finalidad de publicar las páginas en diferentes países). Asimismo, en los márgenes superior y derecho de la página encontramos una serie de números (algunos de los cuales también fueron escritos en las viñetas) que, quizá, indicasen al montador la posición ocupada por los textos.
Y concluyo ofreciéndoles los datos técnicos de la pieza:
Algunas peculiaridades relativas a los textos que hubo en esta plancha:
anotaciones a lápiz y restos de pegamento de los cartuchos
Y concluyo ofreciéndoles los datos técnicos de la pieza:
Tinta china (aplicada fundamentalmente con plumilla) sobre una delgada cartulina de dibujo. Color directo con acuarela. Uso de gouache (para correciones y creación de efectos). Empleo de materiales (trapos, esponja) para obtener texturas. Dimensiones: 39,3 x 27,7 cm. Sin firmar (esto último es una pena, la verdad, pero tampoco resulta infrecuente en los originales de Del Castillo, que solía firmar sus trabajos en la última página).
Para cerrar la entrada les pongo la historia completa. Que la disfruten:
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