ENTRE todos los originales que forman parte de mi colección hay uno de Arturo del Castillo por el que siento predilección y que me gusta mucho: se trata de una plancha (la nº 7) perteneciente a la historia corta de ocho páginas titulada De hombres y moscas, con guión de Guillermo Saccomanno. Por lo que he podido averiguar, dicha historia (y, por ende, la propia plancha) fue publicada, al menos, en tres revistas distintas: en el nº 26 de L'Eternauta (mayo 1984), en el nº 28, año XII, de Lanciostory (correspondiente al 25 de julio de 1986) y en el nº 121 de la argentina Super Skorpio (1986). Ignoro en qué lengua fue escrito originalmente el guión (imagino que en español, teniendo en cuenta quiénes fueron sus autores) pero, a juzgar por la cronología de las citadas revistas —y salvo que halle nuevas referencias bibliográficas anteriores—, parece que se publicó primeramente en italiano, en los lugares citados, con el título de Uomini e mosche, antes de pasar a editarse a la revista argentina ya reseñada.
Es una historia de amor, celos, traiciones y deslealtades que, como todas las que se desarrollan en el Far West acaba con un épico duelo. Su hilo argumental podría resumirse en lo siguiente: cierto hombre de edad, llamado Morris, sabe que su "hembra" se ha liado con uno de los mejores pistoleros de la región, Cobb. Un tipo duro, pero nada idiota frente a lo que pudiera parecer. Decidido a vengar su honor, y aun sabiendo el peligro que corre su vida (pues sólo es el maestro de la ciudad y no tiene práctica con las armas), Morris se enfrentará a él y terminará... Bueno, si quieren saber cómo es la historia completa vayan al final de la entrada, donde podrán leerla. Ahora, lo mejor será hablar del original al que me refiero para cantar sus excelencias. Helo aquí:
Desde el punto de vista artístico y del coleccionismo hay varios elementos de interés en esta pieza que les presento. Para empezar me gustaría señalarles que no es frecuente hallar obra original de Arturo del Castillo en color, dado que la mayor parte de la que se ve circulando por ahí está en blanco y negro exclusivamente. Hagan una búsqueda, por ejemplo, en Comic Art Fans y comprobarán cómo es verdad lo que les digo.
En segundo lugar, yo destacaría de la plancha su enorme plasticidad, derivada no sólo de los suaves tonos acuarelados aplicados por el artista chileno —que otorgan un elevado grado de onirismo a la acción—, sino de la gran fisicidad que transmite el coloreado, viéndose el trabajo casi escultórico que realizó Del Castillo con el gouache, aplicándolo ocasionalmente en gruesas capas y casi cincelando sobre él (como se echa de ver, por ejemplo en el detalle de las gafas del personaje en la primera viñeta que les muestro, o en el punto de luz que casi nos deslumbra en el tercero de los paneles).
Por otro lado, sorprende la delgadez de la cartulina empleada, sobre todo teniendo en cuenta que se utilizó un medio acuoso como la acuarela para dar el color. Esto me hace pensar si, acaso, la historia no se concibió originalmente en blanco y negro, aplicándosele luego el color por necesidades contractuales o de otro tipo. Pero esto último no son sino elucubraciones mías (en las que me encanta sumergirme cuando examino un original). De cualquier forma, en Super Skorpio sí que se publicó en blanco y negro, como puede verse en el ejemplo de abajo (que servirá, además, para que todos ustedes puedan conocer el texto de la historia), lo cual es un indicio que corrobora mi hipótesis.
Hay muy pocos rastros de lápiz y el entintado se realizó preferentemente con plumilla, obteniendo líneas de una finura y una precisión considerables, a pesar de haber sido realizadas con soltura y cierto "nervio" (lo que le otorga al entintado un carácter desmañado que le va muy bien al tipo de historia). El pincel fue usado para rellenar las grandes áreas de negro que corresponden, en todas las viñetas, con el traje del protagonista, siendo su trazo —como es habitual en este instrumento— mucho menos profundo e incisivo que el de la plumilla, por lo que deja zonas de tonalidad más clara (como se ve bien en las viñetas 1ª, 3ª y 4ª), sobre todo si no se ha cargado abundamentemente de tinta china. Obsérvese, por ejemplo, en los dos fragmentos de viñeta que pongo a continuación el delicado trabajo a la plumilla —a la vez esquemático, pero de una precisión admirable— que realizó Del Castillo en los segundos planos, y el contraste que supone con el pincel utilizado para rellenar las grandes áreas de negro del traje del protagonista, logrando una caracterización admirable de estos personajes que se han construidos con apenas unas pocas rayas, aunque muy bien puestas. En el vaquero que está a la derecha en la primera viñeta se aprecian estupendamente los restos de lápiz sin borrar (que denotan un rápido abocetado). Por último, y como pueden ver, la parte superior de la misma viñeta se dejó sin entintar, pues estaba pensada para pegar el cartucho con el texto de la cartela.
Me gusta mucho también el abundante, habilidoso, variado y sutil empleo de texturas que realizó aquí el maestro chileno para crear atmósfera y tonalidades de gris. Y es que, al margen de sus conocidas tramas manuales —de las que sólo hallamos una muestra en la primera viñeta— Del Castillo ha empleado en esta plancha dichas texturas con tal sutileza y habilidad que, a un primer golpe de vista, le hacen pensar a uno si no estamos ante una trama mecánica. Pero analizadas con detalle y bajo una buena lupa con luz, se comprueba que debió utilizar una tela (o preferiblemente una esponja o un trozo de gomaespuma, dada la más fina marca de impresión que pueden dejar éstas) para realizar los efectos que encontramos en cinco de las siete viñetas (especialmente en las números 2, 3 y 7). Maravilloso.
Otra peculiaridad que suele encontrarse habitualmente en los originales de Del Castillo, y que aquí también aparece en abundancia, es la del gouache aplicado sobre las viñetas con una finalidad que va más allá de lo puramente coyuntural. Quiero decir: no lo utilizaba el argentino sólo para tapar errores involuntarios (como suele hacerse habitualmente), sino que también aparece empleado para crear efectos de relieve (como ya hemos dicho antes) y, sobre todo, para retocar los marcos de las viñetas y los dibujos en zonas estratégicas —con la idea de crear efectos de composición— y una vez que estos se hallaban acabados por completo. De esta manera, Del Castillo ganaba tiempo y evitaba tener que ir con sumo cuidado para no salirse de los bordes de las viñetas o, en su caso, para crear esos efectos de ruptura de las mismas. Las dos viñetas paradigmáticas al respecto de esta peculiaridad son la primera y la última, que están "rotas" por sus cuatro lados.
Es una historia de amor, celos, traiciones y deslealtades que, como todas las que se desarrollan en el Far West acaba con un épico duelo. Su hilo argumental podría resumirse en lo siguiente: cierto hombre de edad, llamado Morris, sabe que su "hembra" se ha liado con uno de los mejores pistoleros de la región, Cobb. Un tipo duro, pero nada idiota frente a lo que pudiera parecer. Decidido a vengar su honor, y aun sabiendo el peligro que corre su vida (pues sólo es el maestro de la ciudad y no tiene práctica con las armas), Morris se enfrentará a él y terminará... Bueno, si quieren saber cómo es la historia completa vayan al final de la entrada, donde podrán leerla. Ahora, lo mejor será hablar del original al que me refiero para cantar sus excelencias. Helo aquí:
Desde el punto de vista artístico y del coleccionismo hay varios elementos de interés en esta pieza que les presento. Para empezar me gustaría señalarles que no es frecuente hallar obra original de Arturo del Castillo en color, dado que la mayor parte de la que se ve circulando por ahí está en blanco y negro exclusivamente. Hagan una búsqueda, por ejemplo, en Comic Art Fans y comprobarán cómo es verdad lo que les digo.
Del Castillo tras haber recogido su premio Yellow Kid en Lucca 14 (1980)
En segundo lugar, yo destacaría de la plancha su enorme plasticidad, derivada no sólo de los suaves tonos acuarelados aplicados por el artista chileno —que otorgan un elevado grado de onirismo a la acción—, sino de la gran fisicidad que transmite el coloreado, viéndose el trabajo casi escultórico que realizó Del Castillo con el gouache, aplicándolo ocasionalmente en gruesas capas y casi cincelando sobre él (como se echa de ver, por ejemplo en el detalle de las gafas del personaje en la primera viñeta que les muestro, o en el punto de luz que casi nos deslumbra en el tercero de los paneles).
Por otro lado, sorprende la delgadez de la cartulina empleada, sobre todo teniendo en cuenta que se utilizó un medio acuoso como la acuarela para dar el color. Esto me hace pensar si, acaso, la historia no se concibió originalmente en blanco y negro, aplicándosele luego el color por necesidades contractuales o de otro tipo. Pero esto último no son sino elucubraciones mías (en las que me encanta sumergirme cuando examino un original). De cualquier forma, en Super Skorpio sí que se publicó en blanco y negro, como puede verse en el ejemplo de abajo (que servirá, además, para que todos ustedes puedan conocer el texto de la historia), lo cual es un indicio que corrobora mi hipótesis.
Hay muy pocos rastros de lápiz y el entintado se realizó preferentemente con plumilla, obteniendo líneas de una finura y una precisión considerables, a pesar de haber sido realizadas con soltura y cierto "nervio" (lo que le otorga al entintado un carácter desmañado que le va muy bien al tipo de historia). El pincel fue usado para rellenar las grandes áreas de negro que corresponden, en todas las viñetas, con el traje del protagonista, siendo su trazo —como es habitual en este instrumento— mucho menos profundo e incisivo que el de la plumilla, por lo que deja zonas de tonalidad más clara (como se ve bien en las viñetas 1ª, 3ª y 4ª), sobre todo si no se ha cargado abundamentemente de tinta china. Obsérvese, por ejemplo, en los dos fragmentos de viñeta que pongo a continuación el delicado trabajo a la plumilla —a la vez esquemático, pero de una precisión admirable— que realizó Del Castillo en los segundos planos, y el contraste que supone con el pincel utilizado para rellenar las grandes áreas de negro del traje del protagonista, logrando una caracterización admirable de estos personajes que se han construidos con apenas unas pocas rayas, aunque muy bien puestas. En el vaquero que está a la derecha en la primera viñeta se aprecian estupendamente los restos de lápiz sin borrar (que denotan un rápido abocetado). Por último, y como pueden ver, la parte superior de la misma viñeta se dejó sin entintar, pues estaba pensada para pegar el cartucho con el texto de la cartela.
Me gusta mucho también el abundante, habilidoso, variado y sutil empleo de texturas que realizó aquí el maestro chileno para crear atmósfera y tonalidades de gris. Y es que, al margen de sus conocidas tramas manuales —de las que sólo hallamos una muestra en la primera viñeta— Del Castillo ha empleado en esta plancha dichas texturas con tal sutileza y habilidad que, a un primer golpe de vista, le hacen pensar a uno si no estamos ante una trama mecánica. Pero analizadas con detalle y bajo una buena lupa con luz, se comprueba que debió utilizar una tela (o preferiblemente una esponja o un trozo de gomaespuma, dada la más fina marca de impresión que pueden dejar éstas) para realizar los efectos que encontramos en cinco de las siete viñetas (especialmente en las números 2, 3 y 7). Maravilloso.
La única viñeta en la que encontramos las famosas tramas lineales de Del Castillo (y están medio tapadas
por esas manchas de pincel que, sin duda, se utilizaron para crear tres ámbitos espacio-temporales
distintos dentro del mismo panel: el de Morris, el de Cobb y nuevamente el de Morris)
¿Tela, esponja? empleadas con habilidad para crear bellas y ambientales texturas grisáceas
Otra peculiaridad que suele encontrarse habitualmente en los originales de Del Castillo, y que aquí también aparece en abundancia, es la del gouache aplicado sobre las viñetas con una finalidad que va más allá de lo puramente coyuntural. Quiero decir: no lo utilizaba el argentino sólo para tapar errores involuntarios (como suele hacerse habitualmente), sino que también aparece empleado para crear efectos de relieve (como ya hemos dicho antes) y, sobre todo, para retocar los marcos de las viñetas y los dibujos en zonas estratégicas —con la idea de crear efectos de composición— y una vez que estos se hallaban acabados por completo. De esta manera, Del Castillo ganaba tiempo y evitaba tener que ir con sumo cuidado para no salirse de los bordes de las viñetas o, en su caso, para crear esos efectos de ruptura de las mismas. Las dos viñetas paradigmáticas al respecto de esta peculiaridad son la primera y la última, que están "rotas" por sus cuatro lados.
En la parte superior de la página hay dos manchas con restos de celofán, indicio de que, en su momento, quizá se superpuso una hoja (¿de papel cebolla o de acetato?) con los textos. También se encuentran restos de pegamento en zonas estratégicas de algunas viñetas, que sirvieron —según puede verse al comparar la foto del original con la imagen de la página editada en blanco y negro— para sujetar trozos de cartulina con el texto rotulado. De hecho, en los originales de Del Castillo lo más habitual es encontrarse con los textos de bocadillos y cartelas pegados sobre las viñetas, y no rotulados en la cartulina, como ocurre en otros casos (todo ello, sin duda, con la finalidad de publicar las páginas en diferentes países). Asimismo, en los márgenes superior y derecho de la página encontramos una serie de números (algunos de los cuales también fueron escritos en las viñetas) que, quizá, indicasen al montador la posición ocupada por los textos.
Y concluyo ofreciéndoles los datos técnicos de la pieza:
Algunas peculiaridades relativas a los textos que hubo en esta plancha:
anotaciones a lápiz y restos de pegamento de los cartuchos
Y concluyo ofreciéndoles los datos técnicos de la pieza:
Tinta china (aplicada fundamentalmente con plumilla) sobre una delgada cartulina de dibujo. Color directo con acuarela. Uso de gouache (para correciones y creación de efectos). Empleo de materiales (trapos, esponja) para obtener texturas. Dimensiones: 39,3 x 27,7 cm. Sin firmar (esto último es una pena, la verdad, pero tampoco resulta infrecuente en los originales de Del Castillo, que solía firmar sus trabajos en la última página).
Para cerrar la entrada les pongo la historia completa. Que la disfruten:





















