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lunes, 9 de enero de 2012

¡¡¡CON USTEDES... "THE CISCO KID" (DE CALDAS, CLARO)!!!




BUENO, pues ya está aquí lo que muchos aficionados esperábamos con impaciencia. Frótense las manos, babeen como tiernos infantes, dilaten los ojos hasta parecerse a Marty Feldman, porque de los tórculos bracarenses acaba de salir el volumen de The Cisco Kid que Manuel Caldas nos había anunciado el pasado mes de julio. Ochenta y ocho páginas en las que el benemérito portugués nos ofrece, primorosamente editados, los nueve primeros meses de la serie que, con guión de Rod Reed, el gran maestro argentino José Luis Salinas realizó para los periódicos norteamericanos entre los años 1951 y 1968. En concreto, este primer volumen incluye todo el material publicado entre el 15 de enero y el 13 de octubre del primero de estos años, comprendiendo las tres historias —la aventura de Lucy Baker, la de la princesa india Flor Roja y la de Silver Belle— que dan sentido al subtítulo del libro.

Salinas en 1951, durante la fase promocional de la nueva serie (la tira que sujeta en la mano,
fechada el 24 de enero de ese año, es la número 9 y está reproducida en la página 12 de la edición de Caldas)


La tira de The Cisco Kid está basada en el personaje del mismo nombre, que se hizo muy célebre en los años 30 y 40 del pasado siglo gracias al cine y a los seriales televisivos y radiofónicos. Esta circunstancia influyó de manera importante en el trabajo de José Luis Salinas, pues se vio obligado a cambiar los rasgos con que había imaginado al protagonista para ponerle las facciones de Duncan Renaldo, el actor que encarnaba a Cisco en los seriales. Aunque después de pasar por los pinceles del maestro argentino, lo cierto es que el modelo original resultó francamente mejorado, dando lugar a un héroe guaperas, musculoso y de largas pestañas —arquetipo del latin lover que trae por el camino de la amargura a las numerosas (y bellísimas) mujeres que pululan por la serie.

Duncan Renaldo, "arbiter elegantiae" de la frontera tejano-mejicana:
¿qué diria el estirado de Petronio al respecto?


El personaje original había aparecido, por vez primera, en un relato corto de O. Henry —pseudónimo del escritor William Sydney Porter— titulado The Caballero's Way que estaba incluido, como capítulo XI, en su libro Heart of the West. Se trataba de un individuo camorrista y pendenciero que era presentado de la siguiente manera: «El Cisco Kid había matado a seis hombres en enfrentamientos más o menos justos, se había ventilado al doble (la mayoría mexicanos), y había dejado heridos a un número aún mayor cuya cuenta había modestamente pasado por alto [...]. Mataba por gusto, porque tenía un temperamento fuerte [...]. Había conseguido que no lo pillaran porque era capaz de disparar una fracción de segundo más rápido que cualquier sheriff o ranger en activo» (1).

William Sydney Porter, creador de "el Cisco Kid"


En King Feature Syndicate vieron el potencial del personaje, pero decidieron suavizarlo hasta convertirlo en una especie de gentleman latino y bueno, lo suficientemente musculoso, moreno y "macho" como para traer por el camino de la amargura a las féminas que aparecían en la tira. Con estas premisas, Rod Reed y los directivos de KFS imaginaron un western amable, lleno de aventuras, con ciertas dosis de romanticismo, salpicado de un humor bastante inerme que se concentra, casi por completo, en la figura de Pancho, el inseparable compañero del protagonista, y sazonado con ese toque "exótico" que parecía obligado en todo lo que tuviera que ver con lo latino. En su momento es posible que los guiones de Reed fueran resultones y entretenidos, pero hoy día han quedado ya muy anticuados (aunque siguen leyéndose gratamente). Los personajes son de una pieza, monocordes, sin apenas matizaciones psicológicas o morales —aunque la galería de secundarios es numéricamente apabullante—, los arcos argumentales resultan demasiado previsibles, hay cierta insistencia en explicarle al lector lo que ya nos cuentan los dibujos y en dejarle bien claro los pasos que, a cada momento, dan los personajes. Por último, toda la serie está teñida con un fuerte tufillo de paternalismo machista que difícilmente superaría los cánones actuales de lo políticamente correcto (2).

Las tres féminas que protagonizan las tiras durante el primer año de su existencia:
la indomable Lucy Baker, la dulce Flor Roja y la "amenazada" Silver Belle


De todas formas, el guión de Reed fue lo suficientemente eficaz como para mantener el interés de los lectores durante los dieciocho años que se publicó la serie y para inspirar a José Luis Salinas uno de las creaciones gráficas más impresionantes que se han dado nunca en el mundo de las tiras de prensa. Y es que el auténtico valor de esta obra reside, sobre todo, en el trabajo realizado por el dibujante argentino, que se encontraba por aquellos años en plena madurez creativa y deseaba, a toda costa, hacerse un hueco en el mundo de los populares e influyentes cartoonist norteamericanos. Por ello, les aconsejo que sean comprensivos con las numerosas carencias del guión y que concentren su atención casi exclusivamente en el prodigioso arte de Salinas, pues nos abre la puerta a un universo de belleza, elegancia y virtuosismo como pocas veces se ha visto en el Noveno Arte. Es verdad que, a veces, Salinas resulta un poco relamido, ¡¡¡pero vaya mano que tenía!!! No se trata sólo de lo bien dibujado que está todo, sino de la "verdad" que respira cada viñeta: por composición, por puesta en escena, por resolución técnica... Además, todos los elementos característicos del género se encuentran en esta serie maravillosamente representados: hermosas mujeres, intrépidos indios, curtidos malvados, interminables praderas, desiertos implacables, reconocibles ciudades del Far West, bulliciosos saloons llenos de animación y de güisqui, veloces diligencias recortando el paisaje, estampidas de bisontes, manadas de ganado vacuno, los caballos más creíbles y realistas que se hayan dibujado nunca... Un festín visual que no deben perderse por nada del mundo.

Una muestra del virtuosismo gráfico de Salinas, que podemos volver a disfrutar
gracias al trabajo de Manuel Caldas (más ejemplos en El blog de los 300)


Recibí mi ejemplar de esta nueva edición de The Cisco Kid hace ya unos diez días y, tras examinar con detenimiento su contenido y compararlo con otras ediciones españolas previas, puedo asegurarles que nunca antes se había visto editado por estos lares dicho material en condiciones similares. Y es que el bueno de Caldas lo ha vuelto a hacer de nuevo: su trabajo de restauración ha recuperado la nitidez de la línea hasta un punto que nos permite apreciar con absoluta precisión los menores detalles del soberbio trabajo realizado por el grandísimo Salinas, por muy en segundo plano de la viñeta que estos se hallen. Y para que se hagan una idea precisa de lo que quiero decir les pondré un solo ejemplo bastante ilustrativo: estoy seguro de que quienes se hagan con un ejemplar van a quedarse alucinados al comprobar cómo se ven de bien los adornos blancos de la peculiar camisa que viste Cisco Kid. Da igual el plano en que éste haya sido dibujado, o la distancia a que se encuentre: la labor de Caldas ha sido tan fina, tan meticulosa y tan límpida que dichos adornos aparecen blancos y nítidos en todos los casos. Incluso donde menos lo esperaríamos.

En esta edición los negros son negros (intensamente negros), los blancos, blancos
y las tramas grises tienen una claridad como si las hubieran aplicado hoy mismo


Esta limpieza, esta nitidez —siempre deseable en cualquier edición de tiras de prensa— adquiere un valor especial tratándose de The Cisco Kid, pues aquí el dibujante argentino —que estaba muy interesado en su triunfo norteamericano y puso toda la carne en el asador para que la serie fuera un éxito— da muestras de su madurez creativa desplegando ya un estilo primoroso y típico de orfebre, en el que predomina la línea sobre la mancha, y donde los volúmenes aparecen realizados casi siempre por medio de un cuidadoso modelado hecho a base de tramas trabajadas con gran variedad, enorme sabiduría y aprovechando toda la ductilidad que el pincel —instrumento con el que trabajaba mayoritariamente— le proporcionaba. No es que antes el estilo de Salinas fuera muy distinto, pero es cierto que dicha peculiaridad empezará a descollar, sobre todo, durante estos años de realización de The Cisco Kid. En este sentido, al dibujar esta tira José Luis Salinas se encontraba mucho más cerca del maravilloso (y un tanto ignorado) Frank Godwin de Rusty Riley que de Alex Raymond o Harold Foster, dos de los artistas por los que más admiración sentía el argentino. Yo lo pondría, también, en relación con la prestigiosa escuela de ilustradores norteamericanos en la que bebieron los autores citados, y que está encabezada por nombres tan ilustres y legendarios como Charles Dana Gibson, Franklin Booth o Joseph Clement Coll. Lo cual no es poco decir del artista argentino, que se sitúa así entre los más grandes de su profesión.



Seis tiras originales para apreciar las similitudes en el tratamiento de las formas y en el estilo de
entintado con pincel: las tres primeras son de Cisco Kid; las otras tres son del Rusty Riley de
Frank Godwin (otra maravilla que el bueno de Caldas debería plantearse editar)


En resumen: una maravillosa tarea restauradora que coloca esta edición a años luz de cualquiera de las que, en el pasado, se hicieron en nuestro país, pero que también queda muy lejos de la reciente que está llevando a cabo la editorial norteamericana Clasic Comics Press. Yo no he tenido la oportunidad de examinar esta última, pero por la aclaración que ha hecho el propio Manuel Caldas en lo que viene siendo el órgano de comunicación de sus publicaciones —esto es, El blog de los 300— y, sobre todo, por algunos comentarios que se leen en otros blogs, la diferencia debe de ser abismal (en favor del portugués, claro está). Y todo ello a un tamaño estupendo, pues Caldas ha decidido editar las tiras a 23,5 x 7 cm., dentro de un libro que mide 27,7 x 23,4 cm. y donde caben tres tiras por página. Además se ha respetado el formato original, cosa que no ocurrió, por ejemplo, en la última edición de este mismo material que hizo Mariano Ayuso, allá por los años 80 del pasado siglo. En aquel entonces no sólo se imprimió un material que al ser comparado con el actual de Caldas nos parece francamente deleznable —¿cómo pudimos admirarnos con aquellas ediciones de entonces?—, sino que la mayoría de las tiras se utilizaron recortadas, como se echa de ver a través de una simple comparación entre ediciones y al ver las tiras originales. En fin, Serafín.... Aconsejo, a quienes tengan las dos, que cotejen ambas versiones para sacar sus propias conclusiones. ¡Quedarán alucinados (y además llegarán a la conclusión de que vivimos una época magnífica en la reedición de clásicos)!

Ilustración de portada (página 1)


Junto a las tiras restauradas, propiamente dichas, el nuevo libro incluye, además, algo de material gráfico —en concreto tres reproducciones de originales a buen tamaño— y un "Prólogo" en el que Manuel Andrés —responsable y propietario del blog Deskartes Mil— da un breve repaso a la historia de la serie, su creación y sus principales características, siguiendo muy de cerca el testimonio del propio Rod Reed (3). Además, todo aquel que pida directamente un ejemplar al editor para que se lo envíe por correo en lugar de comprarlo en tiendas, recibirá como regalo la reproducción de una tira de The Cisco Kid a tamaño original.



Pero la novedad más significativa —al margen de la propia edición de las tiras— creo que consiste en el anuncio que el mismo Caldas hace en un breve texto titulado "Información al lector" (p. 2), señalando que este volumen es sólo el primero de una nueva serie que tiene pensado poner en marcha y que arranca con este título. Se titula "Cómics de prensa" y si los hados son propicios —es decir, si ustedes, potenciales compradores, colaboran en el proyecto adquiriendo los libros que vayan saliendo— nuestro portugués favorito tiene pensado editar en el futuro no sólo más libros de The Cisco Kid, sino otros títulos tan suculentos e imprescindibles como Cassey Ruggles, Scorchy Smith, Gasoline Alley (dominicales), Dickie Dare, Drago, Jed Cooper, etc. Todo un festín, como pueden ver, que con toda seguridad Caldas irá sirviendo con la calidad a la que nos tiene acostumbrados. Y todo ello, imagino, por un precio más que asequible. Aunque esto último es algo que digo por aproximación y considerando que este maravilloso primer volumen de la nueva colección sólo cuesta 16,50 (gastos de envío incluidos). ¿Se puede pedir más?

Imagen de la contracubierta del libro, con el anagrama de la nueva serie anunciada
por Caldas (a la izquierda) y las huellas de mis torpes dedazos (a la derecha)


Y para finalizar, unas últimas observaciones sobre otros aspectos de la edición: la portada se debe a Jesús Yugo, colaborador habitual del editor portugués en estas lides, y aunque personalmente no puedo decir que me guste mucho (yo habría elegido otro color distinto al fucsia empleado), lo cierto es que cumple a la perfección con su finalidad: da lugar a un diseño bastante clásico —me parece muy efectivo la idea de emplear el bitono combinándolo con el negro— e imagino que el uso de dicho color tendrá alguna finalidad (¿quizá diferenciar, en el futuro, los distintos títulos de las series que vayan formando parte de la nueva colección caldiana?). La rotulación —debida a Manuel y a Maria do Rosario Caldas— es estupenda y no sólo imita los caracteres originales, sino que respeta el uso de negritas para destacar determinadas palabras del texto. Es cierto que he visto alguna errata —por ejemplo, falta alguna tilde y dentro de los textos explicativos, el bueno de Manuel ha confundido el artículo determinado "the" con un pronombre personal—, pero son cuestiones de poca monta que apenas tienen importancia. En cuanto a la traducción —realizada por Rocío de la Maya— resulta más que correcta —desde luego es muy superior a la realizada para Ediciones Eseúve—, pero me parece que la responsable ha optado por una literalidad excesiva, que da lugar a frases poco estéticas en español ("¡El juez Hook!... Siempre me he negado a servirle a ese cretino"; "¡Ya me he bajado [en lugar de "agachado"], Cisco, solo [sic] espero no rebotar"). Asimismo se han empleado algunas palabras con un sentido incorrecto ( vgr. "rayones", p. 35, tira 2ª, viñeta 1ª), hay cierta indecisión en el modo de tratarse los personajes (que unas veces se tutean y otras se llaman de "usted") y no entiendo muy bien por qué —salvo que pensemos, de nuevo, en esa excesiva literalidad respecto del inglés original— los indios de la segunda aventura hablan con el posesivo "mi" ("¿Conoce a Cisco Kid? ¡Mi estarlo buscando mucho!"), en lugar de utilizar el pronombre personal "yo", como se ha hecho toda la vida por estos lares. Pero son menudencias que no empañan, en absoluto, una edición primorosa y sorprendentemente asequible.



En fin, Serafín. Si la nueva colección "Cómics de Prensa" sigue adelante y los volúmenes de The Cisco Kid continúan apareciendo habrá llegado la hora de jubilar las viejas ediciones del personaje aparecidas en la revista Chito, en Ediciones Vértice, así como los siete volúmenes monográficos que publicara después Mariano Ayuso en la colección Comics Art de Editorial Eseúve. Pueden ustedes conservarlos como reliquias de otro tiempo, ponerlos a la venta, o donarlos a alguna biblioteca, porque su lugar lo habrán venido a ocupar los nuevos libros de Manuel Caldas. Y es difícil que estos acaben siendo desbancados, en el futuro, por alguna nueva edición. En el cambio, desde luego, salimos ganando los aficionados y la propia obra, que se ve dignísimamente editada.

Así es que ya lo saben: ¡¡demasiado están tardando en pedir su ejemplar de The Cisco Kid's Caldas Edition!! Les aseguro que no se arrepentirán. ¡¡¡Y además a ese precio!!! El sistema para conseguirlo es idéntico al de otras ocasiones: ponerse en contacto con Manuel Caldas, a través del siguiente correo electrónico: mcaldas59@sapo.pt

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(1) Testimonio de Rod Reed, publicado en el volumen nº 5 de la edición de Cisco Kid por Ediciones Eseúve, Madrid, 1990, p. 1.
(2) Lo cual no fue óbice, todo sea dicho, para que la serie se iniciara, precisamente, poniendo en el centro de la acción —propiciándola incluso— a tres mujeres, en torno a las cuales ese héroe sin mácula que es Cisco Kid se pavonea como un palomo en época de apareamiento.
(3) En el texto que ya he citado supra, en la nota 1.