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sábado, 27 de julio de 2019

NECROLÓGICA: JACK DAVIS (1924-2016)


[ADVERTENCIA: Compromisos profesionales que no admitían demora, primero, y una sensación de que la cosa había quedado desactualizada, después, hicieron que abandonara esta entrada cuando ya casi la tenía prácticamente concluida. Vuelvo a releerla ahora, transcurridos justo tres años desde su primera redacción, y creo que merece la pena que salga adelante, coincidiendo precisamente con el tercer aniversario de la desaparición de Davis, que se cumple hoy mismo, 27 de julio de 2019. De modo que la publico —ya saben: "nunca es tarde, si la dicha es buena"—, aunque haya pasado demasiado tiempo desde que ocurrió el luctuoso acontecimiento que da razón de ser al texto. Creo que el personaje y su obra se merecen este humilde homenaje que no llegué a hacer en su momento].


ACIAGO día, el pasado miércoles 27 de julio, en que supimos que había muerto el grandísimo Jack Davis, uno de los más geniales, influyentes, prolíficos y ácidos dibujantes satíricos que hayamos tenido la fortuna de conocer los aficionados a esto del dibujo y la ilustración. Tenía 91 años y desde hace ya bastante tiempo se encontraba retirado de la profesión (de hecho, su última portada para la mítica MAD, donde colaboró muchísimo tiempo, la realizó en 1995). Conocimos la noticia a través de un comunicado de la propia revista que el mismo Davis contribuyó a fundar en 1952, en la que no dejó de publicar y para la que realizó la mayoría de sus trabajos. Como declaró, de manera muy expresiva, el director actual de la publicación (John Ficarra): «Jack fue uno de los miembros fundadores de la revista [...]. Un artista con enorme talento y muy versátil. El trabajo de Davis apareció en el primer número de MAD y prácticamente en todos los demás números de las cuatro décadas siguientes».

Primera aparición pública de Alfred E. Neuman, el hombre mascota de MAD
(en una publicación de 1954, donde se recopilaban los dos primeros años de la revista satírica)


Es una lástima que la edad de nuestro homenajeado lo haya impedido, pero habría sido una gozada poder disfrutar de sus dibujos satíricos en estos últimos meses, cuando EE.UU. se encuentra inmerso en la vorágine de la campaña electoral americana, y ver cómo retrataba a los candidatos presidenciables, especialmente al peculiar candidato republicano de dorado tupé (cuyo apellido, por cierto, coincide con el nombre de una revista de Harvey Kurtzman, en la que el propio Davis colaboró muy activamente hasta el momento de su desaparición).



John Burton Davis, Jr, más conocido como Jack Davis, nació en la sureña ciudad de Atlanta (Georgia), el 2 de diciembre de 1924. Su primer trabajo publicado —de carácter no profesional, pero muy precoz— fue realizado cuando el futuro artista tenía sólo 12 años, y apareció en el número 8 de la revista Tip Top Comics (diciembre de 1936), que editaba United Features, una empresa editorial especializada en la publicación de cómics de prensa, como lo demuestra el contenido de sus índices. Nuevos trabajos amateurs realizados para las publicaciones periódicas de su instituto y para el Navy News durante su servicio militar en la Marina estadounidense —donde publicará una serie titulada Boondocker— completan esta primera etapa creativa del que habría de ser gran artista de la caricatura y la sátira dibujada.

 Cubiertas de los números 8 y 9 de esta revista en la que hizo sus pinitos nuestro homenajeado


A lo largo de la década de los cuarenta Davis colaboró también en el periódico de la Universidad de Georgia (donde estudiaba) y en una publicación de carácter humorístico (Bullsheet), aunque lo más cercano a un trabajo profesional fue su actividad como dibujante en The Atlanta Journal y como entintador de la tira Mark Trail de Ed Dodd, que el propio Davis parodiaría años más tarde en MAD con el título de Mark Trade.


El joven Davis en la época de sus primeros trabajos profesionales


En 1949 encontramos su firma en un manual técnico de formación para Coca-Cola, encargo que le reportaría dinero suficiente para comprarse un coche y marchar hasta Nueva York, donde iba a matricularse en la Art Students League para seguir con su perfeccionamiento. Allí logró encontrar trabajo en el New York Herald Tribune Syndicate, donde colaboraría como entintador en la tira The Saint, de Leslie Charteris y Mike Roy. Al parecer, también colaboró en la del Flash Gordon que dibujada Dan Barry, aunque en ambos casos lo hizo sin acreditar, como era costumbre en la época.



Quizá la mano de Davis se encuentre en alguna de las siguientes tiras de The Saint, 
que pertenecen a 1950, aunque es imposible saberlo


Al año siguiente, y tras ser rechazado por diferentes editoriales de comic books —conviene recordar que estamos en la década de los 50, verdadero momento de apogeo de tales publicaciones—, Davis entró a colaborar como artista independiente con la renovada EC Comics de Bill Gaiman y Al Feldstein, donde iba a dar comienzo la primera etapa realmente significativa de su carrera. Su primera historia en la "casa de los horrores" sería The Living Mummy (Haunt of Fear, #4, 1950), aunque para la mítica editorial habría de realizar numerosas contribuciones en los diversos géneros que abordaban las publicaciones de EC, apareciendo su firma en cabeceras tan célebres como Tales from the Crypt, The Haunt of Fear, Frontline Combat, Two-Fisted Tales, The Vault of Horror, Piracy, Incredible Science Fiction, Crime Suspenstories, Shock Suspenstories y Terror Illustrated.

Plasmación de un momento histórico: viñeta de apertura de la primera historia realizada por Davis para EC


Es el momento en que empieza a despuntar su inconfundible estilo, de trazo enérgico, gran detalle, minuciosa composición y enorme versatilidad expresiva, con unas formas a caballo entre el dibujo realista puro y la insinuada caricatura, elemento este último muy característico de Davis —sobre todo en su vena satírica—, que a mí siempre me ha llamado poderosamente la atención y que, con las lógicas diferencias, hallamos también en otros artistas como Mort Drucker, Angelo Torres, o Sam Viviano, todos ellos dibujantes asimismo de MAD. Quienes fueron sus amigos y editores —Bill Gaines, Al Feldstein y Harvey Kurtzman— no dejaron de señalar que Davis era el artista más rápido de los que trabajaban para EC, siendo capaz de completar tres páginas o más al día, incluyendo el entintado de las mismas. Una marca que sorprende, ciertamente, sobre todo cuando se observa en las planchas originales la enorme calidad del trabajo, con un empleo admirable del pincel para crear texturas (son famosos, en este sentido, su delicados tramados superpuestos y cruzados, así como el control en el grosor de la línea para crear un efecto de profundidad admirable).



Realismo y rasgos caricaturescos en su dosis justa se amalgaman en el arte de Jack Davis,
para dar como resultado obras con un magnífico e inconfundible estilo, lleno de fuerza y expresividad


Sus trabajos para EC de los primeros años 50 —los que corresponden a la etapa inicial de la denominada New Trend (o "nueva dirección" adoptada por la empresa bajo la férula de Bill Gaines)— nos muestran ya a un Davis pletórico y absoluto dominador del oficio: trazo untuoso, resolución técnica magistral (con el pincel como instrumento predominante), gran expresividad en los personajes, dominio de la figura humana, trabajo de trama muy cuidado, sabio manejo de las masas de negro... Con estas características —y, en especial, gracias a su pasmosa facilidad para representar todo lo grotesco y deforme— nuestro homenajeado brillaría especialmente en los relatos de terror, a los que aportó este personalísimo e inconfundible estilo, que iba a ser imitado por otros dibujantes de las empresas rivales y por sucesivas generaciones de artistas (¿hace falta recordar aquí a Bernie Wrightson, por ejemplo?).

Primera página del relato Model Nephew (The Haunt of Fear, #22, 1953)

Ojos desorbitados y sanguinolentos, boca desencajada, gotas de sudor,
sombras fuertemente contrastadas, monstruos escalofriantes... El espanto hecho dibujo

En este ámbito son dignos de recordar su contribución para Tales from the Crypt, una de las tres revistas que EC dedicó al género del horror, y en la que Davis dibujaría no sólo historias interiores, sino también la mayoría de las portadas (las de los números 29-46, concretamente). Puede afirmarse, por tanto, que fue la verdadera estrella de esta cabecera, mientras que Graham Ingels lo era de The Haunt of Fear y Johnny Craig de The Vault of Horror. En ella publicó títulos como Tain't the Meat... It's the Humanity (Tales from the Crypt, #32, 1952) —siniestro relato, con tintes de crítica social, donde se nos muestran los tejemanejes de cierto carnicero que, aprovechándose de la escasez de carne en época de guerra, hace de las suyas hasta el momento en que todo le sale mal—, Lower Berth! (Tales from the Crypt, #33, 1953) —donde el personaje de Crypt Keeper (anfitrión de dicha revista), relata la historia de su origen, cuando sus padres (una momia egipcia hembra y un cadáver de dos cabezas) se conocieron 4000 años atrás—, Mirror, Mirror, on the Wall (Tales from the Crypt, #34, 1953) —historia contada en primera persona que explota el mito de Frankenstein desde una perspectiva muy al estilo EC—, By the Fright of the Silvery Moon! (Tales from the Crypt, #35, 1953) —aventura que tiene al hombre-lobo como protagonista—, Fare Tonight, Followed by Increasing Clottines (Tales from the Crypt, #36, 1953) —un intranquilizador relato de vampiros, médicos locos y siniestros experimentos—, Tight Grip! (Tales from the Crypt, #38, 1953) —donde un asesino acaba teniendo problemas con un extraño baúl—, Food for Thought (Tales from the Crypt, #40, 1954) —siniestra historia que tiene como marco el sugerente mundo del circo y el vampirismo—, Operation Friendship (Tales from the Crypt, #41, 1954) —un relato de médico loco, no exento de ironía y crítica social contra el matrimonio (o, mejor dicho, contra la rutina del mismo)—, o Telescope (Tales from the Crypt, #50, 1955), angustiosa historia de naufragios con final sorprendente.

Impactante página de presentación para la historia Lower Berth!, que mencionamos en el texto


De todas formas, Jack Davis también trabajó bastante para las otras dos revistas de terror de la casa, siendo especialmente reseñables historias como la ya citada The Living Mummy (The Haunt of Fear, #4, 1950) —en la que se echa mano del mito de la momia revivida por unos arqueólogos que acaban escarmentados—, The Basket (The Haunt of Fear, #7, 1951) —con el tema de la doble personalidad stevensoniana de por medio—, Bum Steer! (The Haunt of Fear, #10, 1951) —curiosa historia protagonizada por un torero fracasado y vengativo—, The Beast of the Full Moon (The Vault of Horror, #17, 1951) —sobre el tema de la licantropía—, Lend Me a Hand! (The Vault of Horror, #18, 1951) —que, sin duda, se inspira en la novela Les Mains d'Orlac, de Maurice Renard, que conoció dos adaptaciones cinematográficas en 1924 y 1935—, The Reluctant Vampire! (The Vault of Horror, #20, 1951) —sobre las andanzas de un vampiro (llamado Mr. Drink) que trabaja como vigilante nocturno en un banco de sangre—, Kickin' the Gong A Round! (The Vault of Horror, #25, 1952) —una terrible historia de cadáveres resucitados que se enmarca en el mundo del boxeo—, Wolf Bait! (The Haunt of Fear, #13, 1952) —relato de ambientación histórica, cuya acción transcurre en la nevada estepa rusa del siglo XIX, y en el que Davis realiza uno de sus más bellos trabajos de esta época, lleno de fuerza y de dinamismo—, Death of Some Salesman (The Haunt of Fear, #15, 1952) —donde cierto vendedor a domicilio tiene un encuentro con una parejita de ancianos—, Garden Party (The Haunt of Fear, #17, 1953) —donde la acción gira en torno a un objeto tan cotidiano como una barbacoa—, The Black Ferris (The Haunt of Fear, #18, 1953) —un ingenioso relato de viajes en el tiempo que concluye con el típico final inesperado propio de la EC (el llamado "final O'Henry")—, Model Nephew (The Haunt of Fear, #22, 1953) —sobre un malvado sobrino que después de asesinar a su tío recibe el típico merecido de las historias EC—, Out of His Head! (The Vault of Horror, #32, 1953) —sobre la historia de un hombre que asesina a su socio y es incapaz de sobrellevar dicha carga, con las consecuencias que esto acarrea para él—, Tombs-Day (The Vault of Horror, #35, 1954) —que se desarrolla en el sugestivo y claustrofóbico ambiente de una pirámide egipcia, dando la oportunidad a Davis de ofrecernos un auténtico recital de ambientación y suspense—, Coffin Spell (The Vault of Horror, #38, 1954) —una lúgubre historia de bodysnatchers, en la que Davis nos ofrece un trabajo de altísimo nivel gráfico, desplegando una maravillosa, filigranesca y delicadísima labor de sombreado y tramas—. Aunque una de sus aportaciones más significativas y conocidas para estas otras revistas de horror, quizá sea la delirante Foul Play (The Haunt of Fear, #19, 1953), donde un grupo de jugadores de beisbol psicópatas desmembran a un adversario y usan luego sus partes del cuerpo para seguir el partido. Una historia que llegaría a ser citada expresamente por el infausto Dr. Wertham en su particular cruzada contra los comic books, como ejemplo de lo perniciosos que estos podían ser para los jóvenes, merced a sus contenidos violentos.

Original (2ª plancha) de la historia Coffin Spell


Pero no piense el lector que Davis sólo se centró en los relatos de horror. Aunque sus colaboraciones fueron menos frecuentes en otros géneros abordados por EC, también contamos con magníficos ejemplos de su labor en el terreno de la ciencia ficción, o de la temática militar, especialmente la relativa a la Guerra de Secesión americana, tema que apasionaba a nuestro homenajeado y que revisitó con cierta frecuencia a lo largo de su carrera, como veremos luego.

No es infrecuente, en absoluto, encontrar dibujos de Davis dedicados a la Guerra Civil de su país.
He aquí un ejemplo soberbio de soldado "rebell" —así lo certifican las siglas de la cartuchera
y el cinturón: Confederate States of America—, trabajado con el primor propio de nuestro
artista, a base de una trama sabiamente dosificada, que va dando forma a la figura
y unas masas de negro que le proporcionan volumen. Sencillamente magnífico.


Para dichos géneros realizó portadas y numerosas historias, cuyo contenido no podemos glosar también aquí en todos los casos, pues alargaríamos en exceso este artículo, pero algunas de las cuales sí podemos enumerar por su interés. Entre ellas estarían: Enemy Assault! (Frontline Combat, #1, 1951), Bouncing Bertha (Frontline Combat, #2, 1951), Conniver! (Crime SuspenStories, #4, 1951), Mr. Biddy... Killer! (Crime SuspenStories, #5, 1951), Phonies (Crime SuspenStories, #7, 1951), Ambush (Two-Fisted Tales, #21, 1951), Enemy Contact (Two-Fisted Tales, #22, 1951), Death Stand (Two-Fisted Tales, #23, 1951), Hill 203 (Two-Fisted Tales, #24, 1951), Yellow! (Sock SuspenStories, #1, 1952), The Patriots! (Shock SuspenStories, #2, 1952) —una valiente y sensacional historia, que se cuenta entre las más famosas de las publicadas por EC durante la New Trend, pues hace una crítica abierta al falso patriotismo fanático (lo cual era muy arriesgado en aquella época)— Uppercut (Shock SuspenStories, #4, 1952) —con una primera página de enorme fuerza dramática y gran belleza plástica—, Chickamauga! (Frontline Combat, #8, 1952), Cut! (Crime SuspenStories, #9, 1952), Abe Lincoln! (Frontline Combat, #9, 1952), Missed by Two Heirs! (Crime SuspenStories, #10, 1952), Mud (Two-Fisted Tales, #25, 1952), Hagaru-Ri (Two-Fisted Tales, #26, 1952), Shanghaied (Piracy, #1, 1954), Kismet (Piracy, #2, 1955 Vengeful Sioux! (Frontline Combat, #15, 1954), The Welchers (Crime SuspenStories, #20, 1954), Gunfire (Two-Fisted Tales, #36, 1954), Last of the Mohicans (Two-Fisted Tales, #40, 1955), etc.



Con el fracaso de la New Trend, tras la campaña de acoso y derribo a la que se vio sometida EC —ofensiva que en 1954 ya puede considerarse concluida con total (y vergonzoso) éxito—, Bill Gaines tuvo que dar un golpe de timón en su política editorial para buscar salida en otro tipo de publicaciones. Y lo mismo se vieron obligados a hacer todos sus artistas, acomodándose a las nuevas series que habrían de surgir. Desaparecidas las cabeceras más importantes, influyentes y populares de la empresa, se pusieron en marcha otras nuevas que tendrían una corta vida y que sólo iban a servir para prolongar la agonía, hasta el momento en que MAD —merced a su éxito— vino a mostrarse como la tabla salvadora para todos los problemas de la casa editorial. Una de esas revistas efímeras, Piracy, ya había aparecido en el mercado editorial antes del fatídico "hundimiento" de EC —quizá como consecuencia de lo que Gaines veía que se estaba avecinando, y en un intento de acomodarse a las exigencias morales que el Comics Code iba a terminar imponiendo—, pero otras surgieron ex novo como resultado de lo que se ha denominado la New Direction. Fueron éstas (1): Impact (temática cercana al suspense), Valor (género bélico y de aventuras), Psychoanalisis (con historias de suspense, pero dotadas de un toque más psicológico), Aces High (sobre aviación), M.D. (sobre el mundo médico y de los hospitales), Extra (sobre el periodismo) e Incredible Science Fiction (ciencia ficción).


Las siete cabeceras de la New Direction (con Incredible Science Fiction se optó
por seguir la numeración a partir de Weird Science Fantasy)


Para casi todas ellas dibujó algo Jack Davis, mostrando también aquí su enorme versatilidad como artista y una gran capacidad de adaptación, lo que dio como resultado unos trabajos de altísimo nivel, según lo demuestran todas las portadas de Impact y de Incredible Science Fiction (que son suyas, menos la última de este segundo título, dibujada por Wally Wood), y relatos como The New C. O. (Aces High, #1, 1955), Divorce (Impact, #2, 1955), Footnote (Aces High, #2, 1955), The Debt (Impact, #3, 1955), The Case of Champagne (Aces High, #3, 1955), The Lonely One (Impact, #4, 1955), Home Again (Aces High, #4, 1955), Iron Man! (Aces High, #5, 1955), Barrier (Incredible Science Fiction, #30, 1955), Marked Man (Incredible Science Fiction, #32, 1955), Kaleidoscope (Incredible Science Fiction, #33, 1956), Screenplay for Murder y Head Man (en estos dos últimos casos se trata de ilustraciones para los magazines de relatos ilustrados Crime Illustrated, #2 y Terror Illustrated, #2, ambos de 1956. Un trabajo de menor enjundia, como puede verse, pero en absoluto insignificante.



Entre el final de la New Trend (1954-1955) y lo que aún quedaba para concluir la década de los 50, Davis se fue alejando paulatinamente de los comics books, aunque aún habría de dibujar algunas historias del género western para Atlas Comis (la antigua Marvel). En general se trata de trabajos bastante buenos —por ejemplo la historia Luke Barker he was bad clean thru! (con guión de Stan Lee y publicada en el # 5 de Frontier Western, 1956)—, aunque en la que iba a ser su última incursión en los tebeos de estilo más o menos realista —la serie Rawhide Kid (de la propia Marvel), aparecida ya en 1963— se ve que el artista ha perdido interés (2). Parece más un trabajo de tipo alimenticio y se nota que Davis no dedicó mucha atención al mismo pues, a pesar de su relativa calidad, el producto resultante queda bien lejos de las excepcionales planchas que firmara durante la época dorada de EC: hay una ausencia casi total de fondos, la puesta en escena es bastante pobre y reiterativa, el grafismo en general resulta poco refinado, las figuras están realizadas con correción, aunque de modo bastante expeditivo...


Compárense las dos planchas superiores con las de abajo
y el lector comprenderá enseguida a qué nos referimos en el texto


Pero la actividad de Davis durante esos años que podríamos llamar "de transición" no se limitó exclusivamente al terreno de los comics books. Con la mirada puesta en las tiras de prensa —que en aquella época estaban consideradas como la aristocracia de la profesión (por su mayor reconocimiento y mejor remuneración para los artistas)—, nuestro homenajeado llegó a realizar en 1961 una serie propia bajo la sindicación de McClure Syndicate, aunque no iba a tener demasiada fortuna y disfrutaría de una vida muy breve (tan sólo cuatro meses). Se titulaba Beauregard —aunque el nombre sufrió cambios, a medida que su autor fue perfilando la idea original— y la acción transcurría en el marco de la Guerra de Secesión norteamericana (que, como ya dijimos arriba, fue un tema recurrente en la trayectoria profesional de un sudista convencido como Davis). El protagonismo recaía sobre un joven confederado, bastante bobo y patoso, que daba nombre a la serie y al que le ocurrían todo tipo de peripecias, siempre en un ambiente amable y lleno de humor y sarcasmo. Pero, tal como se ha destacado irónicamente, y a juzgar por el escaso interés que la serie despertaba en los periódicos a los que servía su material, el McClure Syndicate debió percatarse enseguida de que los sureños no consideraban la Guerra Civil un asunto para tomar a broma.



A pesar del fracaso del proyecto, la idea iba a ser reutilizada posteriormente por Davis, apareciendo publicada (¿y recopilada?) con diferentes títulos (Bo Reargard, Bo Rearguard, Beau Rearguard) en otros lugares como la longeva Sick Magazine, o la revista Help! (esta última una creación de Harvey Kurztman durante su aventura en solitario, y en la que nuestro hombre colaboraría hasta su extinción).

Cubierta para el nº 25 de Sick Magazine, con una acuarela maravillosa de Davis
(el original puede verse en la galería de imágenes que hemos incluido al final del artículo)


Al contrario de lo que había ocurrido con Rawhide Kid, en Bo Reargard se advierte que estamos ante un trabajo por el que Davis sentía verdadero interés: la realización gráfica es soberbia, con un dibujo caricaturesco de extraordinaria factura, muchísima fuerza y un acabado muy minucioso, a base de esas cuidadas tramas tan características en el autor, que van dando forma y volumen a todos los elementos de la viñeta. Tanto personajes como ambientes están sumamente trabajados y hay una caracterización de secundarios en verdad importante, con esos tipos desaliñados que estamos acostumbrados a ver en las películas del género cuando se recorren tierras del Sur. Por cierto: a la hora de hablar de referencias iconográficas, no descartaría del todo la posible influencia de un clásico del cine como El maquinista de la General (The General, 1926, Clyde Bruckman y Buster Keaton), no sólo por la temática, sino también por el tratamiento humorístico dado a la misma.




A partir de los años 60 todo el trabajo de Davis se orientará ya, mayoritariamente, hacia el dibujo no realista, comprendiendo el grueso de la producción de este período lo realizado para MAD. Desde el primer número de ésta y en los 12 que logró sobrevivir Panic —la otra publicación satírica de EC— estuvo colaborando Jack Davis en la famosa cabecera, explotando así su vena más humorística, que iba a ser por la que los aficionados le conocerían mejor en el futuro. En MAD se convirtió en uno de sus dibujantes estrellas —por la enorme facilidad que tenía para el dibujo caricaturesco—, encargándose de parodiar allí las mismas historias de terror que antes había dibujado en otras revistas de la compañía.



Cuando en 1956 Kurtzman abandonó la EC —posiblemente por discrepancias con Gaines—, Davis le siguió y colaboró con él en todos las revistas (no demasiado exitosas) que el genial neoyorquino puso en marcha: Humbug, Help!, Trump... En esta epoca (1961) sacó también adelante un proyecto para Dell Comics, que pretendía ser una alternativa a la exitosa MAD: me refiero a la revista satírica Yak Yak (subtitulada A Pathology of Humor), de la que sólo se publicarían unos pocos números, pero en la que nuestro artista dejó cabal muestra de su buen hacer.

Cubierta del primer número de Yak (1961)


No obstante, Davis terminaría regresando a MAD —ya bajo la dirección de Al Feldstein—, para no abandonarla de manera definitiva hasta mediados de los años 90, momento en que se jubiló, tal como señalamos más arriba. En todo ese largo período de treinta y tantos años, dibujó centenares de cubiertas, ilustraciones interiores y páginas de historieta, especializándose en adaptaciones paródicas y caricaturescas de famosas series de televisión y de películas. Una cantidad enorme de trabajos que, por desgracia, es imposible del todo enumerar siquiera, aunque sí nos gustaría mencionar que entre los más destacables se encuentran —además de las numerosas portadas— sus parodias de las series televisivas The Lone Ranger (El Llanero Solitario, 1949-1957) y M*A*S*H (1972-1983), así como de las películas High Noon (Solo ante el peligro, Fred Zinnemann, 1952), En busca del arca perdida (Indiana Jones: Raiders of the Lost Ark, Steven Spielberg, 1981) y Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, varios directores, aunque sólo figura en los créditos Victor Fleming, 1939). En MAD, Davis terminó especializándose, hasta llegar a ser el dibujante de masas de la revista, merced a las grandes ilustraciones en las que aparecía una multitud de personajes en las más variadas actitudes.


Ilustraciones como estas dos de arriba eran de lo más habituales en Jack Davis: cartel para la película
It's a Mad, Mad, Mad, Mad World (1963) y original de la portada del nº 27 de MAD (abril de 1956)


A partir de los 60 —con el descenso de su producción para los comic boosk— cuando la actividad artística de Davis se fue diversificando progresivamente, para centrarse cada vez más en la ilustración y el diseño de cubiertas de discos, portadas de libros, carteles de películas, colaboración en guías de televisión, en productos de merchandising y para el ocio (barajas de cartas), etc.



Algunos títulos de filmes (ciertamente menores) para los que Davis realizó maravillosos trabajos de ilustración fueron A Mad, Mad, Mad, Mad World (El mundo está loco, loco, loco, Stanley Kramer, 1963), Dear Brigitte (Querida Brigitte, Henry Koster, 1965), Arrivederci, Baby (Cáete muerta, cariño, Ken Hugues, 1966), Eight on the Lam (Ocho en fuga, George Marshall, 1967), A Guide for the Married Man (Guía para el hombre casado, Gene Kelly, 1967), Waterhole #3 (El Oeste loco, William A. Graham, 1967), Salt & Pipper (Sal y pimienta, Richard Donner, 1968), The Impossible Years (Los años imposibles, Michael Gordon, 1968), Inspector Clouseau (El rey del peligro, Bud Yorkin, 1968), Un largo adiós (The Long Goodbye, Robert Altmann, 1973), El loco, loco asalto a un banco (Bank Shot, Gower Champion, 1974), Crime Busters (Dos superpolicías, Enzo Barboni aka E. C. Clucher, 1977), o Animal House (Desmadre a la americana, John Landis, 1978). Y entre los títulos más conocidos tenemos Los violentos de Kelly (Kelly's Heroes, Brian G. Hutton, 1970), Bananas (Woody Allen, 1971), o American Graffiti (George Lucas, 1973) (5).



Son también muy destacables las cubiertas que realizó para ilustrar discos de algunos cantantes country de la época, como Jonny Cash, Jerry Reed, Ben Colder (llamado, en realidad, Shelby F. Wooley) y muy especialmente el dúo Homer & Jethro, en cuyas portadas Davis dio rienda suelta a su inmenso talento como caricaturista, ofreciendo unas deliciosas ilustraciones llenas de tipos pintorescos y desaliñados, muy característicos de la iconografía de ese "viejo Sur" —la "tierra de Dixie"—, a la que él mismo pertenecía, que conocía como nadie y de la que se río como casi de todo.



También dibujó para otros intérpretes como Jonathan & Darlene Edwards, el actor, cantante y presentador John Zacherle —muy popular en EE.UU por su larga carrera como anfitrión e introductor televisivo en las películas de terror emitidas en las televisiones de Filadelfia y Nueva York durante los años 50 y 60—, el comediante Charlie Manna, el grupo musical The Cowsills —precursores del denominado bubblegum pop—, el actor y comediante Johnatan Winters, el dúo cómico Bob & Ray, Spike Jones —especializado en los arreglos satíricos de canciones populares—, la banda canadiense de rock The Guess Who, o para bandas sonoras como la de la película Inspector Clouseau (que ya hemos citado antes).



Nada despreciables son, asimismo, sus colaboraciones en publicaciones periódicas como la TV Guide —para la que, desde mediados de los 60, llegó a realizar casi dos docenas de portadas, así como numerosos dibujos interiores (6)— y la prestigiosa Time, que también contó con su arte en bastantes cubiertas que se han convertido en icónicas para una buena parte del mundo, y algunas de las cuales ha publicado dicho magazine como homenaje al artista fallecido.

La primera portada para la revista televisiva TV Guide y su estudio preliminar


En la década de los 70, y alternándola con su ya abundante trabajo para otras publicaciones, Davis iba a crear una nueva serie para la revista deportiva Pro Quarterback, dedicada al fútbol americano (3). Los guiones eran de Nick Meglin —colaborador habitual de MAD— y el título de la misma creo que resulta lo bastante indicativo de su contenido: Superfan. En efecto, se trata de una historia que toma todos los elementos propios del mítico primer superhéore de la historia de los tebeos y los convierte en una parodia protagonizada por un enclenque y torpe geek —lo que nosotros llamaríamos friqui— «al que un día, durante un partido de su equipo (los Smoggers), un misterioso vagabundo le echa algo en su perrito caliente (una mezcla de condimentos llamada PSCWPLB que proporcionan las habilidades de siete clásicos de la NFL) que le convierte en el jugador definitivo. Enclenque, pesado y repipi, pero capaz de que los Smoggers empiecen a ganar todos los partidos, de chiripa. A partir de ahí, la trama se dispersa y a menudo se aleja curiosamente del mundo del football, o al menos así le parece a alguien completamente ajeno (Superfan monta un restaurante para adolescentes, se ve inmerso en una larga operación de rodilla, se convierte en héroe del cine de moteros salvajes, se va a vivir a una comuna hippie...), pero como alocada narración de los agitados años sesenta en EEUU, resulta muy simpático y lleno de invitados especiales al estilo MAD» (4). Este curioso trabajo fue recopilado en un libro publicado por Signet Books en 1972, que aún puede encontrarse con cierta facilidad.



En la actualidad, la fórmula argumental de Superfan no nos parece ya demasiado novedosa, pues han ido surgiendo parodias similares dentro del mundo de la historieta. Sin ir más lejos, me vienen a las entendederas, por ejemplo, los casos inmediatamente posteriores de Superdupont (del genial Gotlib, aparecido, por vez primera, el 21 de septiembre de 1972) y de nuestro Superlópez (creado por Jan en 1973). Pero en el momento en que Davis y Meglin crearon este personaje se trataba de algo realmente original y, además, en sus guiones solían tratarse temas de actualidad en la época (el feminismo, por ejemplo), que eran abordados con el sarcasmo y el humor que siempre caracterizó a las publicaciones satíricas en las que colaboró Davis a lo largo de su vida.



La producción de Jack Davis, empero, no se acaba ahí, pues siguió dibujando hasta muy mayor e hizo todo lo imaginable y mucho más: creó un logo para la línea de autobuses Bee-Line, que iba de Westchester a New York City —y que el propio artista tenía la satisfacción de ver varias veces al día desde la ventana de su estudio, pues los vehículos pasaban por delante de su casa—, hizo diversas mascotas para el College of Coastal Georgia de Brunswick (en su tierra natal de Georgia), entre las que destaca el marino Captain Jack, dejó su huella en numerosos productos de merchandising y en juguetes, fue el encargado por el United States Postal Service de diseñar en 1989 el sello de 25 centavos, que terminó circulando sin ningún problema, pese a que muchas personas —conociendo la trayectoria satírica de Davis— llegaron a temer que hubiera problemas y su trabajo despertara las suspicacias, por informal e irrespetuoso...

Un nonagenario Davis posa orgulloso y risueño junto a su creación del Captain Jack, en el otoño de 2015


Una trayectoria tan fructífera como importante no podía carecer de premios y reconocimientos (la mayoría de ellos, por cierto, algo tardíos). Y, en efecto, Davis era depositario de galardones como el Advertising Award de la National Cartoonists Society para 1980 y el Reuben Award de la misma institución para el año 2000; el de finalista a la inclusión en el Jack Kirby Hall of Fame de los años 1990, 1991 y 1992; el Milton Caniff Lifetime Achievement, concedido por la National Cartoonist Society en 1996. En 2003 fue incluido en el prestigioso Will Eisner Hall of Fame y en 2005 en el Society of Illustrators Hall of Fame.

Caricatura del maestro Will Eisner, realizada cuando Davis tenía la friolera de 81 añitos...


Con su muerte ha desaparecido, sin duda, uno de los más grandes artistas que ha dado el mundo de la ilustración, la historieta y la caricatura. Vaya para él, allá donde se encuentre, este recuerdo, lleno de admiración, cariño y respeto. Y que nos espere muchos años, por cierto... (6).



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(1) Vid. Fco.-José CERREJÓN ARANDA y Jesús JIMÉNEZ VAREA, Historia de la E. C., Ediciones Veleta, Armilla (Granada), 1999, p. 35.

(2) Algunas de las fuentes que he consultado señalan sólo que Davis dibujó los números 33-35, pero creo que hizo alguno más, como puede comprobarse por determinadas imágenes que ilustran este artículo.

(3) Jack Davis fue un gran aficionado a dicho deporte, circunstancia bien conocida en la vida de nuestro autor, que además está suficientemente documentada en su obra, pues realizó muchas caricaturas de jugadores de fútbol americano.

(4) Vid. el texto citado en el siguiente enlace.

(5) El famoso cineasta neoyorquino colaboró en MAD durante su etapa como showman y escritor de guiones cómicos, de ahí, quizá, la vinculación con Davis.

(6) Más información pinchando en el siguiente enlace, que es de donde he tomado la mayoría de las imágenes publicadas en TV Guide. Recordar que esta revista tuvo entre sus colaboradores al prestigioso dibujante británico Ronald Searle.

(6) Interesante este artículo de Ivan Manuppelli, pues se trata de una semblanza de Davis en la que lo personal juega un importante papel. Asimismo, en el siguiente enlace, el lector interesado encontrará una enorme cantidad de imágenes con la obra de Jack Davis. Bonita presentación en el siguiente site francés
.

lunes, 5 de mayo de 2014

NECROLÓGICAS: AL FELDSTEIN (1925-2014)



A través de afNews supe, hace unos días, que el pasado 29 de abril falleció en su casa de Livingston (Montana) el guionista, dibujante, editor y pintor norteamericano Albert B. Feldstein, más conocido como Al Feldstein, que pasó a la historia del Noveno Arte por sus trabajos para EC Comics y, sobre todo, por su actividad al frente de la mítica revista satírica MAD, que dirigió entre 1956 (tras la marcha de Harvey Kurtzman) y 1984, convirtiéndola —tal como han señalado las agencias de noticias— en una fuerza cultural y una publicación de referencia internacional. Tenía 88 años (1).

El redactor jefe de MAD, debidamente caracterizado, haciendo el ganso en un anuncio promocional
de suscripciones a la revista. ¡Para que vean ustedes cómo se las gastaban en EC!


Feldstein vino al mundo en el neoyorkino condado de Brooklyn, un 24 de octubre de 1925. Desde bien joven mostró una inclinación hacia las actividades artísticas, pues antes de haber cumplido los 15 años ya había ganado un par de premios en concursos convocados en su ciudad: con tan sólo 8 años el tercer puesto en una competición de carácter local (la Annual John Wanamaker Art Competition) y con 14 otro premio más por su participación en el concurso de carteles de la Feria Mundial de Nueva York de 1939. Estos primeros "éxitos" le llevaron a matricularse en la High School of Music and Art, ubicada en Manhattan (cerca del Lincoln Center y de la Juilliard School), y a iniciar sus primeras colaboraciones profesionales para la firma Eisner & Iger, un servicio packager de comic books que había sido creado por Will Eisner y Samuel Maxwell "Jerry" Iger, con el objeto de proveer de este tipo de material a los editores de tebeos, que en las décadas de 1930 y 1940 dieron lugar a la denominada Golden Age. Allí realizó Feldstein, como aprendiz, todo tipo de tareas, desde el reparto y entrega de paquetes, hasta el borrado del lápiz de las planchas, pasando por el enmarcado de las viñetas o el entintado de los fondos de algunas historietas.

Iger y Eisner


Tras su graduación y el posterior disfrute de una beca que le permitió compaginar estudios en la Art Students League con la matriculación en el universitario Brooklyn College, a los 17 años Feldstein decidió alistarse como voluntario en las Fuerzas Aéreas de su país, siendo destinado a una unidad de servicios especiales en las que hizo todo tipo de trabajos gráficos (creación de señales para los campamentos, de insignias para los escuadrones, dibujo de historietas para los periódicos de campaña, etc.). Allí permaneció durante toda la guerra y hasta su licenciamiento, tras el cual empezó a ejercer como dibujante freelance y guionista, realizando comic books para el Fox Feature Syndicate, una editorial también conocida con el nombre de Fox Publications y, sobre todo, con el de Fox Comics, que produjo títulos como Blue Bleetle, Fantastic Comics, Green Mask,Mystery Men Comics, entre otros muchos. Durante este período entabló contacto Feldstein, por vez primera, con el mítico editor William Maxwell Gaines —más conocido como Bill Gaines—, iniciándose una amistad que habría de resultar fundamental para la joven historia del Noveno Arte y de los comic books.

Gaines y Feldstein en sus años mozos, pero tiempo después de haberse conocido


Efectivamente, Gaines acababa de hacerse cargo de Educational Comics (E. C.), una empresa editorial que había heredado de su padre, el también famoso editor Max Gaines, fallecido prematuramente en 1947, a consecuencia de un accidente (2). Sin embargo, deseaba dar un giro radical a la línea editorial que aquél había venido practicando hasta ese momento, consistente en la publicación de libros de carácter pedagógico para niños e historias infantiles, distribuidos a través de dos series tituladas Picture Stories from the Bible y Pictures Stories from the American History. Bill tenía claro que, tras la experiencia traumática de la II Guerra Mundial, el público ya estaba preparado para recibir otro tipo de productos de entretenimiento y lo demandaba. Algo más adulto y orientado hacia temáticas muy trabajadas en la literatura popular, que habían triunfado ya en otros formatos, como las revistas pulp y los seriales de radio. Así, al poco de hacerse cargo del negocio heredado, el joven Gaines lanzó en paralelo con sus series ya tradicionales otras orientadas hacia los géneros del terror, el suspense, la ciencia ficción, la ficción militar, el romance y la novela negra, sacando al mercado una nueva línea de títulos como Crime Patrol, Gunfighter, Modern Love, Saddle Justice, War against Crime, etc. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados desde el punto de vista creativo (o así lo creyó Bill), por lo que decidió renovar sus ideas al respecto. Para entonces Feldstein ya estaba trabajando con él como dibujante, pues se había incorporado a E. C. en 1948. Su estilo gráfico se caracterizó siempre por una cierta rigidez y estatismo (especialmente en las figuras), producto de un tipo de entintado que daba a los dibujos un aspecto algo falto de soltura y con un acabado excesivo. Esta sensación se acentuaba, además, por el hecho de emplear gruesas líneas que bordeaban el dibujo y un tipo de tramado tan preciso, regular y limpio que casi parecía hecho con elementos fotomecánicos. De este modo, al mirar el conjunto se obtenía, a veces, la impresión de estar ante un grabado. En cualquier caso, y salvando las distancias, a mí me recuerda mucho al dibujo del italiano Magnus y al de ciertos autores del underground menos "crumberizados", como Charles Burns.



Tres ejemplos de originales donde se aprecian las características del estilo de Feldstein


Pero pronto empezaría a asumir Feldestein otras responsabilidades más graves, como la de escribir los guiones de la mayor parte de las series que iba a publicar la editorial, o la de dirigir dichos títulos como editor, marcando su línea editorial y contenidos. Nadie pudo suponer entonces la importancia que iba a adquirir Feldstein dentro de la empresa, siendo responsable principal, junto al propio Gaines —y posteriormente a Harvey Kurtzman, que desembarcó en la editorial en 1950—, de dar el pistoletazo de salida al nacimiento de uno de los experimentos editoriales y creativos más fascinantes, transgresores e insolentes que se hayan producido nunca en toda la historia de los cómics.

Kurtzman frente a un buen puñado de las publicaciones de EC


Llegados al año 1950 se produjo el gran cambio de línea editorial que propiciaría el nacimiento de esa EC de la que todos los aficionados hemos oído hablar alguna vez. Fue lo que Bill Gaines denominó la New Trend —para diferenciarla de la Old Trend, que correspondería a la etapa previa iniciada por su padre Max y ya abandonada—, pero cuya idea motriz había partido, al parecer, del propio Al Feldstein: crear tendencias, en lugar de imitar lo que otros hacían. Con el objetivo de conseguirlo se dieron una serie de pasos decisivos, que supusieron el sello de marca o fábrica de EC (3).

Los dos editores de EC caricaturizados por el propio Feldstein
en la última viñeta de "7 Year Old Genius" (Weird Fantasy, #7)


Para empezar, Gaines y Feldstein decidieron poner en marcha un conjunto de nuevas publicaciones en las que pretendían recoger ciertas ideas que les rondaban por la cabeza. Surgieron así títulos como Weird Science, Weird Fantasy, Tales from the Crypt, The Haunt of Fear, The Vault of Horror, Shock SuspenStories, Crime SuspenStories, Weird Science, o Weird Fantasy. La estructura y el contenido de dichas cabeceras —dedicadas al horror y a lo policíaco— respondían, en primer lugar, al gusto y a las preferencias personales de sus dos creadores. En efecto, tanto Gaines como Feldstein eran muy aficionados al género de terror y desde niños habían seguido algunos seriales radiofónicos de esta temática, así es que el segundo propuso a su editor y amigo reproducir ese estilo en sus cómics (4). Asimismo, el interés de Gaines por ciertos géneros difundidos a través de la literatura pulp (como la ciencia ficción) les llevó a crear otra línea de revistas centradas en dicha temática. A finales de 1950 el joven editor decide ampliar el número de títulos y de temáticas, creando nuevas cabeceras dedicadas al género bélico y a la aventura (Two-Fisted Tales, Frontline Combat), así como al humor (Panic, MAD), encargando a Kurtzman —que se había incorporado recientemente a EC— la dirección de esas nuevas líneas y la elaboración de la mayoría de sus guiones.

Gaines y Feldstein en el año 1950, cuando ya habían iniciado la New Trend (como puede verse)


Pero, por encima de todo, lo que el "trío fantástico" de EC deseaba ofrecer era algo distinto, unos productos que fueran más allá del mero entretenimiento instrascendente y de esa orientación básicamente juvenil que tenían los tebeos de superhéroes de aquellos años (cuyas ventas, por cierto, habían empezado a entrar en declive después de II Guerra Mundial). Había, además, un interés por transmitir cierta conciencia social, algo de crítica contra las costumbres y algunas instituciones de la época, así como su presentación en forma de sátira. Tal como confesó el propio Feldstein en una entrevista de los años 70:
«estar concienciado socialmente no es algo que sólo suceda hoy en día. Salíamos de la Segunda Guerra Mundial y todos teníamos grandes esperanzas sobre el maravilloso mundo del mañana. Y cuando empezamos a escribir nuestros cómics, supongo que una de las cosas que había en nuestra cabeza era hacer un poco de proselitismo en términos de conciencia social. De manera que Bill y yo tratamos de incluir, sobre todo en nuestros cómics de ciencia ficción pero creo que también lo hicimos en los de horror, lo que llamábamos historias con moralina, nuestro propio término para una historia que incluía una especie de llamamiento para mejorar nuestros estándares sociales» (5).

Estos cambios en el contenido del nuevo material que EC pretendía ofrecer al público se materializaron también en la estructura de los relatos, dando lugar así a su segundo gran rasgo distintivo: en lugar de historias largas con buen número de páginas o que se continuaban de un número a otro, lo que Gaines, Feldstein y Kurtzman iban a hacer es construir relatos cortos (de entre seis y ocho páginas, dependiendo de su posición en la revista), sin personajes fijos (lo que permitía abordar un mayor número de situaciones sin crear dependencias o limitaciones de ningún tipo) y con un estilo que hacía uso de la primera o la segunda persona, buscando así una mayor implicación del lector (6). Con este mismo objetivo, y con la idea de que el público tuviera un punto de referencia concreto, Feldstein ideó un mecanismo narrativo consistente en la creación —para las revistas de horror— de unos personajes fijos que actuaban como presentadores de dichas historias, repitiéndose invariablemente un número tras otro y dando lugar, con ello, a la aparición de tres de las criaturas más emblemáticas de la historia de los comic books: El Guardián de la Cripta (The Crypt-Keeper), en Tales from the Crypt, El Guardian de la Bóveda (The Vault-Keeper), en The Vault of Horror y La Vieja Bruja (The Old Withc), en Haunt of Fear (7). A todas estas medidas, tenidas en cuenta a la hora de redactar los guiones, se vino a añadir el hecho de que Gaines y Feldstein crearon una verdadera especialización dentro de su editorial, encargando la ilustración de cada uno de los relatos a los dibujantes que, por su estilo, se adecuaban mejor a la historia concreta de que se tratara:
«Así, Jack Kamen obtiene aquellos trabajos en los que se requiere dibujar mujeres bellas y el elemento sobrenatural es mínimo. Con Graham Ingles o Jack Davis sucede exactamente lo contrario. El dibujo altamente atmosférico, oscuro e inquietante del primero es óptimo para las historias protagonizadas por seres enfermizos y deformes, y el estilo caricaturesco y grotesco del segundo también se adecua con facilidad a lo monstruoso» (8).



En tercer lugar, se inició una política de colaboración con magníficos profesionales freelance, entre los que podríamos mencionar a Wally Wood, Jack Davis, Will Elder, Gene Colan, Russ Heath, Al Williamson, Johnny Craig, Reed Crandall, Bernard Krigstein, John y Marie Severin, Joe Orlando, Alex Toth, Frank Frazetta y otros más, cuya fama en buena medida se debe a la etapa en que formaron parte de esta apasionante aventura que fue EC. A todos ellos se les animaba a desarrollar al máximo su estilo y capacidades, al contrario de lo que exigían otras empresas de la época (Walt Disney, por ejemplo, sería paradigmático a este respecto), en las que se pedía a los dibujantes que adaptaran su estilo al de la casa. Además firmaban sus trabajos y eran tratados y reconocidos como auténticos artistas por Gaines y Feldstein, dentro de una política editorial que resultaba absolutamente novedosa a este respecto. Este énfasis en la individualidad artística de los colaboradores otorgó una dimensión única a EC y sus productos. Los lectores no sólo eran capaces de localizar inmediatamente —merced a las atractivas e impactantes portadas de sus revistas— las publicaciones de EC en medio de la vorágine de títulos similares que inundaban los quioscos de prensa de la época, sino que, una vez con el ejemplar en la mano, también diferenciaban clara y fácilmente a sus dibujantes favoritos.

Algunos de los principales artistas de EC (de izquierda a derecha): Jack Davis, Reed Crandall,
Johnny Craig, Joe Orlando, Bernie Krigstein (en una caricatura de Drew Friedman) y Graham Ingels


No es menos destacable y definitorio de la "Nueva Tendencia" puesta en marcha por Gaines y Feldstein, así como importante por lo que suponía de novedad, el hecho de que las condiciones laborales para los profesionales que trabajaron con ellos fueron únicas en la época y de las mejores que jamás se hayan ofrecido en el mundo editorial de los cómics. Y no sólo porque se pagaba el trabajo nada más entregarlo, sino porque además se reconocían "derechos" a los autores sobre sus creaciones y se les pagaban royalties por la republicación de las mismas. Desde luego, nada que ver con lo que se hacía por entonces en Marvel o DC Comics, donde los creadores no tenían absolutamente ningún control sobre su obra una vez entregada (9). En definitiva: era tan peculiar y exclusivo el trato que Gaines como editor otorgaba a sus dibujantes y guionistas que en los estudios sobre EC siempre se ha destacado dicho aspecto, hablando incluso de "una familia feliz".

El staff de EC. Observen cómo se ha representado a Feldstein


Como puede verse por lo dicho hasta el momento, el papel de Feldstein en el desarrollo de la New Trend resultó crucial, y puede afirmarse que estuvo al mismo nivel que el del propio Gaines. De hecho, la experiencia de EC no habría sido posible sin la interactuación de ambos (y de Kurtzman posteriormente). Lo cierto es que, desde el mismo instante en que se pusieron manos a la obra, Feldstein tuvo que ir abandonando progresivamente su faceta como dibujante e ilustrador (que reservó en exclusiva sólo para algunas portadas), centrándose de lleno en los guiones y en la actividad editora, que fue quitándole cada vez más tiempo. Así, ya desde el mismo año 1950 y hasta 1953 se encontró escribiendo historias para todas las series —excepto para las bélicas y de MAD (que recaerían en Kurtzman)—, al tiempo que coordinaba la labor de los dibujantes y aportaba nuevas ideas para guiones futuros.

Nadie estaba a salvo de las garras de EC: en la imagen una parodia de
la temida y odiada periodista de espectáculos y cotilleos Louella Parson


Como editor y guionista, Feldstein —y por extensión la EC en su conjunto— desarrolló una línea literaria que buscaba el equilibrio de géneros y hurgaba en aquellos aspectos más vulnerables o discutibles de la vida americana, para ponerlos en solfa. Cuestiones como el matrimonio, el patriotismo, las actitudes racistas, el imperialismo belicista de los diferentes gobiernos norteamericanos de la época, la pena de muerte, el aborto, la brutalidad policial, la violencia doméstica, la drogadicción, el abuso de menores, etc. —que no eran contempladas por otros medios más precavidos y pacatos como la radio, el cine o la televisión— fueron abordadas, de una u otra manera, en las revistas de EC. Razón más que suficiente para explicar, en parte y en buena medida, la persecución a la que se vio sometida la editorial a partir de 1954, cuando se desató la campaña contra los comic books que terminó derivando en la constitución de una comisión de investigación en el Senado y en la ruina de la New Trend, que obligó a Bill Gaines a dar un giro de timón drástico en la línea de publicaciones de su editorial, iniciando una nueva etapa, denominada New Direction (10).



Desde el punto de vista técnico los guiones de Feldstein como escritor se caracterizaban por unos rasgos definitorios bien acusados y concretos (11). El primero de ellos era su minuciosa planificación, que le llevaba a entregar a los dibujantes historias perfectamente delimitadas en todas sus partes, con textos muy abundantes e, incluso, indicaciones precisas sobre la planificación, el montaje y el ritmo de cada página. Ello, además de a un modo personal de hacer las cosas, respondía a la necesidad de ceñirse estrictamente a las características técnicas de las revistas de la casa, sobre las cuales —extensión de las historias, número de páginas, etc.— ya hemos dicho algo antes. Esta última cuestión quedará perfectamente ejemplificada recordando lo que sucedió cuando Bernard Krigstein leyó el guión que Feldstein le había entregado para que dibujara la historia de seis páginas titulada Master Race, mítica entre todas las que se publicaron en EC (12). Krigstein intuyó unas posibilidades extraordinarias en el argumento y pensó que era imprescindible alargar la historia. Por ello se puso en contacto con Feldstein y le pidió permiso para aumentar el número de páginas a doce, consiguiendo sólo que lo fuera a ocho. Pero será mejor que dejemos hablar al propio Feldstein, recordando dicho episodio, para comprender las consecuencias que un cambio, en principio tan insignificante, podía tener sobre el vertiginoso ritmo de producción que se daba en EC:
«Master race, que escribí como historia de 6 páginas, estaba programada para Crime SuspenStories #26. Se la di a Bernie, se va a casa y recibo una llamada: “Al, me gusta esta historia y quiero hacerla a manera. Estoy cansado de trabajar con tus límites y quiero expandirla a 8 páginas.” Y yo me cagué. Ya sabes, tenemos una programación en marcha, y si vas a hacer una historia de 8 páginas, ¿dónde demonios voy a ponerla? ¡No puedo ponerla en el mismo cómic porque ya tengo una historia de 8 páginas! (Al principio quería 12 páginas, pero le dije que era imposible). Jack Kamen ya había hecho una portada de Master Race —¡era una completa idiotez! Ahora bien, tienes que entender que yo era un poco rígido en aquella época porque tenía una programación muy apretada —¡estaba haciendo 7 cómics cada dos meses! Así que me enfadé cuando hizo eso, porque jodió mi programación» (13).



Otra característica del "estilo Feldstein" a la hora de guionizar consistía en el manejo inteligente y manipulador de la intriga, así como en la utilización, prácticamente invariable en todas las historias, de un final inesperado que dejaba al lector sorprendido y con ganas de más lectura. Fue lo que se ha venido conociendo como el "final O. Henry" (an O. Henry ending), en referencia al escritor norteamericano William Sydney Porter, que firmaba sus obras con ese apodo y se caracterizaba por la enorme habilidad con que componía sorpresivos finales para sus relatos (14).

Como ya hemos señalado más arriba, junto a las series del género horror, bélico, policíaco/crimen y aventuras —tan definitorias del primer EC—, se introdujo también una línea humorística y satírica, que se materializó en las revistas MAD y Panic. La cosa no debe sorprender, toda vez que el humor era uno de los rasgos más característicos en el trabajo de los dos editores-guionistas estrella de EC: Feldstein y Kurtzman. El primero de ellos solía introducirlo, a veces, incluso en sus historias más truculentas, dándoles un toque irónico que les otorgaba personalidad. En cuanto a Kurtzman —fundador de MAD junto a Gaines en agosto de 1952 y editor jefe de la misma hasta 1956, en que abandonó el puesto— prefería dar a sus trabajos una orientación más satírica, que iba a ser la marca de fábrica principal de la popular revista.

Portada del número 1 de MAD, con ilustración de Kurtzman


Tras la debacle subsiguiente a la persecución de los comics books —y aunque la New Direction dio aún algunos magníficos resultados artísticos, pues el talento y la creatividad del equipo permanecían inalterados pese al triunfo de la "caza de brujas" (14 bis)— Feldstein abandonó temporalmente EC dedicándose a otros menesteres. Pero después de la marcha de Kurtzman regresó a la editorial para hacerse cargo de MAD, que pudo seguir publicándose porque había quedado a salvo de las restricciones impuestas por la Comics Code Authority, al haberse realizado un cambio en su formato, pasando de comic-book a revista. Feldstein estuvo al frente de la cabecera durante 29 años (de 1956 a 1984), incorporando a algunos de los más importantes dibujantes satíricos de todos los tiempos, como Don Martin, Mort Drucker, el cubano Antonio Prohias, Angelo Torres, o Dave Berg. De este modo, consiguió elevar la revista a los niveles de venta y éxito más altos de toda su historia, salvando a la compañía de una quiebra casi segura tras el desastre de 1954. Y es que, en su período más álgido (1974) MAD llegó a vender más de dos millones de ejemplares, convirtiéndose en la publicación más influyente e imitada de EE. UU. La verdad es que no podemos sino alegrarnos de su creación, pues sería precisamente a través de ella como se iba a mantener vivo el espíritu irreverente y revulsivo que EC había imprimido a sus publicaciones y transmitido a la sociedad norteamericana y, por extensión, a todo el mundo. Por otra parte, y tal como se ha señalado con acierto, no deja de resultar paradójico que la compañía que impulsó el auge del cómic de terror fuera salvada, precisamente, por el humor (15).

Feldstein y dos colaboradores en la redacción de MAD, en 1972


A principios de la década de los 60 Bill Gaines vendió su compañía a la empresa Parking Kinney, que también era propietaria de National Periodicals (propietaria, a su vez, de DC Comics) y la Warner Bros. Feldstein se jubiló en 1984, recuperando su afición por la pintura, que no había vuelto a practicar desde la juventud. Se trasladó a Jackson Hole (Wyoming) donde pasó tres años realizando cuadros sobre la vida salvaje de la región, temática a la que se iba a dedicar ya el resto de su vida (junto a la costumbrista, centrada en la población indígena de Norteamérica). En 1992 se mudó a su última casa, en Paradise Valley, cerca de Livingston (Montana). Allí siguió profundizando en los temas explorados previamente y dio una nueva orientación a su obra, centrándose en el acrílico. Feldstein desplegó en su pintura —que ha merecido numerosos reconocimientos de sus compatriotas— un estilo hiperrealista y tan rígido y frío como el que había desarrollado durante su etapa dibujando historietas. Sus cuadros de animales y de indígenas americanos, bastante idealizados ambos, destilan una perfección casi fotográfica, pero les hacen ser algo impersonales. Aun sin conocer toda su obra pictórica, en este Nibelheim podemos decir que nos quedamos, más bien, con lo que hizo en el campo tebeístico, tarea por la que recibió el Will Eisner Award Hall of Fame, en 2003, y el Bram Stoker Award for Lifetime Achievement, en 2011, entregado por la Horror Writers Association.




Cuatro muestras del arte pictórico de Feldstein


En los cinco años que se mantuvo activa la New Trend, los responsables y creadores de EC —con Feldstein en un lugar de primer orden— consiguieron dar una vuelta de tuerca y llevar adelante una de las aventuras creativas más catárticas que se han dado en la historia del tebeo. Tal y como señaló Jordi Costa en la introducción el estudio firmado por Cerrejón y Jiménez Varea, al que ya hemos remitido más de una vez:
«El legado creativo de la E. C. nos sigue pareciendo, hoy en día, de una modernidad sin fisuras: ahí estaba el germen de muchas audacias que aún hoy nos seducen. Y, en efecto, había algo peligroso encerrado en los grotescos trazos de Jack Davis, John Severin o Wally Wood: las primeras claves de un discurso transgresor, irreverente y dinamitero cuyas ondas de choque, tras fertilizar los campos de cultivo de la contracultura, llegan hasta nuestros días vitaminizando las creaciones de artistas tan dispares como Daniel Clowes, Frank Miller, Mike Allred o Jay Stephens. El pelotón de linchamiento de la liofilizada América de los 50 creyó matar, en su día, al monstruo... pero sólo  consiguió que resucitara, mutado y más fuerte, para seguir expandiendo sus ideas gratificantemente nocivas por los siglos de los siglos. Amén» (16).



No estaría mal, tampoco, recordar las palabras que los propios Cerrejón y Jiménez Varea dedicaron en exclusiva a Feldstein en el estudio ya citado, para destacar su figura y resumir cuál fue su decisiva aportación al mundo del Noveno Arte:
«Si en la EC Gaines puso su enorme capacidad como editor y Kurtzman su genialidad, Feldstein fue el que desarrolló como escritor todo el grueso de la producción de la EC, los títulos más significativos y los más comerciales, añadiendo además su enorme talento. Las historias de Feldstein se convirtieron en el santo y seña de esta editorial, su labor en las series de terror renovó el género, tanto dentro como fuera de los comics, tras Feldstein, el terror no ha vuelto a ser lo mismo, quizás algún día alguien se preocupe de analizar su figura en relación con los escritores de terror anteriores y posteriores, y entonces podrá empezar a reconocerse su contribución a este género. Y casi lo mismo se podría decir de su labor como escritor de ciencia ficción, donde dejó algunas de las mejores historias de este género jamás presentadas en medio alguno, siendo además uno de los autores que mejor han adaptado a Ray Bradbury fuera de la literatura. Su vena humorística tampoco queda atrás pues es el responsable de la mejor revista de humor durante más de 20 años. Quizás Feldstein tiende a ser eclipsado por el genio de Kurtzman o la labor editorial de Gaines, pero lo cierto es que su contribución a la EC está a la altura de estos» (17).



La aventura de EC —¿o más bien deberíamos hablar de "odisea", a juzgar por lo que tuvo que pasar la editorial de Gaines al final de su camino?— sorprende y nos deja admirados al comprobar la cantidad de buenas ideas e innovaciones que introdujeron sus protagonistas en el mundo del Noveno Arte. Y lo hace mucho más cuando recordamos que todo ello se produjo en el corto y escaso período de cinco años. Un solo lustro. Ahora bien, lo que más nos gustaría destacar en este Nibelheim es que los hombres de EC, con Gaines, Feldstein y Kurtzman a la cabeza, fueron capaces de revolucionar un medio y de mostrar que, en buenas manos, éste —incluso en su forma más humilde y denostada (la de los comic-books)— no sólo resultaba ameno, divertido e innovador desde el punto de vista artístico, sino que podía ser tan válido y eficaz en sus críticas y denuncias como el más prestigioso drama de Arthur Miller o Tennessee Williams, el artículo periodístico más vitriólico que llegara a publicarse, o el programa televisivo más beligerante de Edward R. Murrow que pudiéramos imaginar. Y encima llegando a una mayor y más heterogénea cantidad de público, con lo que de contribución a su conciencia crítica y social había. He ahí uno de los mayores méritos de EC y de sus creadores, entre los que se contó nuestro homenajeado.

Sit tibi terra leuis Al!

* * *

Como cierre de la entrada pongo una selección de imágenes de originales dibujados por Feldstein. Les invito, no obstante, a que exploren por la blogosfera para encontrar muchas más, pues merece la pena verlas. En el blog Pecios & Tangencias, sin ir más lejos, encontrarán una buena selección de portadas impresas para las diversas revistas de EC.




















Enlace a la página web de Feldstein.

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(1) Buscando material para redactar esta necrológica he visto que también en Entrecómics se publicó el pasado día 30 un interesante obituario de Feldstein, muy completo porque añade numerosos enlaces para ampliar información. Para la redacción de esta entrada hemos utilizado, al margen de numerosa información dispersa por la blogosfera (empezando por la Wikipedia), los dos trabajos siguientes: la monografía de Francisco José CERREJÓN ARANDA y Jesús JIMÉNEZ VAREA, Historia de la E. C., Granada, 1999, y el completo y enjundioso artículo de Alberto GARCÍA, «EC, paradigma del horror pre-Code», en Tebeosfera 2ª época, nº 5, Madrid, 2009 publicado en Tebeosfera. Se verá también, con gran provecho y como complemento de los anteriores, el trabajo de Eduardo MARTÍNEZ-PINNA, «Harvey Kurtzman. La cara alternativa de la industria», en Tebeosfera 2ª época, nº 2 [publicado previamente en Mundaiz, 71 (Deusto), pp. 83-126], que puede verse en la imprescindible Tebeosfera.

(2) Max, fallecido prematuramente en un desafortunado accidente náutico, había creado EC Comics con los enormes beneficios que le proporcionó la venta a National Comics de All-American Publications, una empresa anterior que había fundado con financiación de Harry Donenfeld y cuya fusión con la National Allied Publications —creada en 1934 por el Mayor Malcolm Wheeler-Nicholson (quien la perdió en beneficio del citado Donenfeld, con quien el primero tenía importantes deudas)— dio lugar al nacimiento, en 1944, de la conocidísima DC Comics, una de las editoriales de comic books más grandes, importantes y duraderas del mundo.

(3) Frente a lo que pudiera creerse, el cambio de nombre de la compañía (que empezó a denominarse Entertaining Comics) al parecer no se debió a una línea estratégica más de la New Trend, sino a un incidente aislado pero de bastante trascendencia que se produjo en marzo de 1951 cuando el diario New Yorker denunció en un irónico artículo que Educational Comics tuviera ese nombre cuando publicaba series de gusto muy dudoso y nulo carácter pedagógico (cf. F. J. CERREJÓN ARANDA y J. JIMÉNEZ VAREA, Op. cit., p. 19). A. GARCÍA, «EC, paradigma...» ofrece, sin embargo, otra explicación y señala que el cambio de nombre de la compañía fundada por Max se realizó ya en vida de éste, ante el fracaso de la línea editorial basada en los relatos bíblicos y la necesidad de diversificar su oferta al público, presentándole otro tipo de productos (como los llamados Funny Animals).

(4) Cf. F. J. CERREJÓN ARANDA y J. JIMÉNEZ VAREA, Op. cit., p. 11; Albert GARCÍA, art. cit.

(5) En Squa Tront, nº 8 (1978), p. 22. Citado por A. GARCÍA, art. cit. Esta marcada orientación crítica y su vehiculización a través de la sátira y la ironía, sumadas al gusto por los excesos, han hecho que muchos consideren a EC como el antecedente o inspirador más directo de la corriente contracultural del cómic underground (el también llamado comix), que iba a desarrollarse a partir de finales de los años 60 del pasado siglo. A través de Feldstein, pero sobre todo de Kurtzman —que durante su aventura en solitario fue poniendo las bases de lo "alternativo" en las distintas aventuras editoriales que protagonizó tras su marcha de EC y junto a sus colaboradores más fieles (Elder, Davis, Wolverton)— se fue abriendo una línea de interpretación de la realidad que iban a hacer suya (y desarrollarían hasta límites insospechados) autores como Gilbert Shelton, Robert Crumb, Art Spiegelman, Manuel "Spain" Rodríguez y otros, que colaboraron con Kurtzman en cabeceras como Trump, Humbud o Help! (vid. E. MARTÍNEZ-PINNA, art. cit.).

(6) A. GARCÍA, art. cit. nos enumera otras tácticas empleadas por Gaines y Feldstein para obtener la fidelización de los lectores.

(7) La idea, en verdad, no era nueva —ya había sido utilizada con éxito en otras publicaciones (como, por ejemplo, en la celebérrima Crime Not Does Pay, donde aparecía un personaje llamado Mr. Crime como anfitrión de los lectores)—, pero debemos reconocer que cuajó especialmente a partir de EC, siendo copiada luego también por la Warren, con su Uncle Creepy. Hablamos de Mr. Crime, señalándolo como precursor de este tipo de recurso narrativo —que, a su vez, se basó en otros anteriores—, en una entrada que dedicamos hace tiempo a Milton Caniff y el género de las Advertising Strips.

(8) A. GARCÍA, art. cit.

(9) Ver en F. J. CERREJÓN ARANDA y J. JIMÉNEZ VAREA, Op. cit., pp. 14-15, donde dan detalles sobre tales condiciones.

(10) No podemos abordar aquí toda la problemática de lo que fue la gran purga llevada a cabo contra la industria de los comic books desde las instituciones políticas norteamericanas, con las actividades del nefasto "Subcomité del Senado de los EE. UU. sobre la delincuencia juvenil" (United States Senate Subcommittee on Juvenile Delinquency), las vergonzosas audiencias llevadas a cabo por sus miembros (a imagen y semejanza de las que el macarthismo desató contra la industria del cine), la penosa actuación del Dr. Wertham —de infausta memoria para los aficionados de todas las épocas—, la creación de las diversas asociaciones profesionales que surgieron para buscar soluciones a la crisis, la imposición del Comics Code —a través del cual las propiaseditoriales se autocensuraron para evitar, en lo posible, nuevos embates de los sectores más mojigatos y conservadores de la sociedad norteamericana—, el patético papel que algunos sectores de la prensa jugaron en todo el proceso —echando más leña al fuego contra los cómics—, el desasistimiento que los dibujantes de prensa mostraron hacia sus colegas del mundo del comic book, etc. Todo ello puede verse en las dos fuentes principales que venimos utilizando, así como en estudios específicos sobre el tema. Entre otros, Amy Kiste NYBERG, Seal of Approval: History of the Comics Code, Jackson: University Press of Mississippi, 1998.

(11) Sobre las diferencias esenciales en el modo de trabajar los guiones entre Feldstein y Kurtzman, vid. F. J. CERREJÓN ARANDA y J. JIMÉNEZ VAREA, op. cit., pp. 40-41 y 86-87 y E. MARTÍNEZ-PINNA, art. cit.

(12) De hecho creó una de las mejores historias de la EC. Tanto que dio lugar a la realización de un valioso y completísimo artículo firmado por John Benson, David Kasakove y Art Spiegelman, donde se analizaba con todo lujo de detalles el trabajo de Krigstein. El texto apareció publicado en el número 6 del fanzine Squa Tront, de 1975, bajo el título «An Examination of Master Race».

(13) Todos estos datos relativos a Master Race, incluida la traducción con las palabras de Feldstein pueden consultarse en un estupendo artículo aparecido en Entrecómics.

(14) Porter fue, por cierto, el autor del breve relato que dio pie a la creación del personaje de Cisco Kid. Hablamos de ello, hace ya algún tiempo, en esta entrada.

(14bis) Enumerados por F. J. CERREJÓN ARANDA Y J. JIMÉNEZ VAREA, op. cit., pp. 34-37. Un ejemplo de ello sería la referida Master Race, que fue realizada y publicada, precisamente, durante la New Direction, lo cual constituye una prueba indubitable de que las ganas de superarse y de buscar el desarrollo del medio no habían descendido ni un ápice en los artistas de EC, a pesar de la persecución sufrida.

(15) A. GARCÍA, art. cit.

(16) En F. J. CERREJÓN ARANDA y J. JIMÉNEZ VAREA, Op. cit., p. 2.

(17) Op. cit., p. 83.