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sábado, 21 de marzo de 2015

PAOLO SERPIERI ILUSTRA TEX



PUES sí, como lo oyen. El maestro veneciano, conocido en todo el mundo por su creación de la bella y sensual Druuna, ha realizado un álbum para la serie Tex de la editorial Bonelli. Se trata de la primera colaboración que el conocido historietista hace con la gran casa editora italiana —circunstancia que sorprende bastante, dado el enorme prestigio de Serpieri como dibujante, y el hecho de que otros artistas extranjeros (entre ellos varios españoles como Blasco, De la Fuente, Sommer, Ortiz, Font o Bernet) ya han colaborado en el pasado acrecentando con sus contribuciones la fama de esta mítica serie del fumetto— y para ello la Bonelli ha decidido tirar la casa por la ventana, creando una nueva colección anual dedicada al personaje. Se llama Tex d'Autore, y como explica el editor jefe de Bonelli en este vídeo (que se oye bastante mal, por cierto), estará caracterizada por otorgar predominio al artista frente al formato. Así, mientras que el habitual en las publicaciones Bonelli es el de un comic book de tamaño variable (según se trate de la serie regolare, de los maxi, de los speciali, de los almanacci, de los texoni) y, sobre todo, con un gran número de páginas (que suele sobrepasar las 200), los Tex d'Autore adoptarán el formato tradicional de álbum europeo, característico de la bande dessinée. Esto es: tapa dura, gran tamaño (30,5 x 22,5 cm), encuadernación cosida, buen papel, 48 páginas (52 con el estudio introductorio) e interior a todo color. Ello ha supuesto un cambio considerable en la filosofía de la serie y en el ritmo narrativo de las historias, que suele ser bastante detallado y preciso en los álbumes tradicionales de la Bonelli, pues los guionistas disponen de espacio más que suficiente para desarrollarlas en todos sus aspectos. Por contra, en el libro firmado por Serpieri —que él mismo ha guionizado y se titula Tex, l'eroe e la leggenda— toda la acción aparece más concentrada y se desarrolla a un ritmo algo más vertiginoso.



La idea de colaborar en la serie viene de lejos, y le fue propuesta a Serpieri por el propio Sergio Bonelli. Pero la cosa no cuajó y, tras la muerte del gran editor italiano, quedó en suspenso. Finalmente ha podido salir adelante, para alegría de todos los aficionados, dando lugar a una nueva colección dentro de la Bonelli, en la cual se quiere dar cabida a la interpretación que del célebre personaje puedan hacer determinados autores muy alejados de la línea estética y narrativa predominante en esta serie desde su creación, a finales de los años 40 del siglo pasado. Digamos que en la editorial italiana se ha querido abrir un camino exploratorio para historietas con un carácter más autoral.



Por lo que he podido ver en vídeos y reseñas, Serpieri ha optado por ofrecer una imagen bastante ortodoxa y respetuosa del personaje insignia de Bonelli, aunque presentándolo más joven, en una etapa de su vida anterior a las aventuras que todos conocemos (de ahí, por ejemplo, que aparezca con el pelo algo más largo y caracterizado como un fogoso joven, algo alejado del héroe maduro y sosegado al que estamos acostumbrados) y con una acción que tiene lugar hacia 1850, antes de la Guerra de Secesión. La historia, que narra la génesis del famoso ranger, se inicia con la visita de un joven periodista al manicomio en el que reside cierto anciano que dice llamarse Kit Carson (como el famoso compañero de aventuras de Tex Willer). Allí es entrevistado y termina hablando de su supuesto amigo. A través de las preguntas y de los recuerdos del viejo se dará paso (en un flashback) al relato propiamente dicho, que gira en torno a la persecución de una banda de comanches y kiowas que han asesinado a miembros de la tribu Navajo —pueblo adoptivo de Tex—, y contra los cuales habrá de luchar el joven ranger y un explorador al servicio del ejército norteamericano llamado Kit Carson. Todo muy en la línea aventurera de las publicaciones Bonelli. Al final, no obstante, Serpieri ha introducido una plancha que da un giro inesperado a la historia y que ha dejado muy gratamente sorprendido a los aficionados italianos. Pero no digo más, porque es un spolier en toda regla.



El libro salió a la venta el pasado 17 de febrero y ha estado circulando, como es tradicional en las otras publicaciones Bonelli, a través de quioscos (in edicola, que dicen los italianos). El precio es de 6,90 EUR. (aunque ya hay listos que han empezado a venderlo a casi el triple de su valor) y, en nuestra modesta opinión, merece mucho la pena, incluso aunque no entiendan el italiano. Sólo por ver los magníficos dibujos de Serpieri el precio ya estaría bien pagado. Confiemos, de todas formas, en que Aleta incluya en su lista de publicaciones Bonelli pendientes esta nueva colección y nos traiga pronto a España el álbum dibujado por Serpieri, un autor cuya obra al margen de Druuna —lo menos interesante que, en mi opinión, ha hecho Serpieri— habría que recuperar cuanto antes y en unas condiciones de calidad suficiente como para apreciar su prodigioso arte.

Serpieri durante el acto de presentación del álbum realizado
en la librería Mondadori Megastore de Milán, el pasado 27 de febrero


Transcribo a continuación (debidamente traducidas) unas palabras de Mauro Boselli, el responsable de la serie Tex desde hace años (y guionista ocasional de la misma), que ha firmado la introducción de este libro y una parte de cuyo texto puede leerse aquí:
¿El Tex que conocemos y sobre el que leemos todos los meses las aventuras es ciertamente el de la leyenda? ¿Y la figura que, no obstante, aparece ante nosotros en esta historia según el recuerdo de un sedicente Kit Carson anciano, quién será? ¿El verdadero y auténtico Tex original, del que todo ha partido? ¿U otra versión del personaje legendario, llegado hasta nosotros a través de otras fuentes y otros recuerdos desaparecidos, hasta llegar a asumir proporciones igualmente épicas y fabulosas? Sobre esta ambigüedad se asienta el fulminante y genial relato de Paolo Eleuteri Serpieri. Un relato nacido del inesperado encuentro-desencuentro entre dos leyendas de la historieta italiana. Os aclararé inmediatamente, para que no haya equívocos, un importante detalle: el personaje que aparece en estas páginas no es el Tex canónico, el héroe western invariable e inmutable del que se os habla, desde hace casi sesenta años, en los quioscos italianos. Es otro posible Tex, visto a través de la lente deformante de la leyenda. En efecto, Tex es un héroe solar, protagonista de una serie de historietas, pero carismático e invencible como sólo sueles serlo los héroes de la mitología, del folclore, del epos. El western es un género popular y épico al mismo tiempo. Y se sabe que los héroes épicos y mitológicos adquieren aspectos diversos. No hay un solo Ulises. No hay un solo Orlando. No hay, ni siquiera, una sola Calamity Jane. Hay varios. Sin embargo son siempre ellos, siempre los mismos, porque el héroe por antonomasia es variable e indestructible. Lo que importa es el núcleo profundo, el corazón que late dentro de esas figuras; fantásticas, sí, pero más verdaderas y necesarias que la propia verdad. En esta aventura Tex se comporta como Tex, sobre el fondo de las salvajes praderas tejanas, recorridas por los comanches y es también jefe de los navajos.

El autor se ha tomado algunas libertades cronológicas, situando el relato en un período anterior al canónico. Pero quizá el viejo Carson, después de tantos años, ha perdido la noción precisa del tiempo. A cambio, naturalmente, de creer que sea precisamente Kit Carson, que no se trate de un simpático impostor. ¿Y el periodista que recoge la historia? ¿Es él auténtico? Las historias más estimulantes son, en el fondo, aquellas que buscan la complicidad del lector, que lo invitan a entrar en el relato, a formar parte de él, a interrogarse. Aquellas que no dan una respuesta precisa, pero que emocionan y abruman con la fuerza de los sentimientos, de las acciones, de la palabras y de las imágenes. Aquí hay de todo esto. Y también hay Tex. Un Tex que no habíamos visto nunca antes. Pero que siempre es Tex.





domingo, 9 de octubre de 2011

SERGIO BONELLI EN EL RECUERDO




LOS homenajes a Sergio Bonelli se suceden en Italia, lo que por otro lado parece lógico. A través de afNews he podido ver el que Bruno Brindisi le ha hecho al gran editor, recientemente fallecido. Es muy original e ingenioso, como pueden comprobar. Se trata de un encargo realizado por Il Corriere della Sera, y consiste en un hermoso dibujo que toma como base (y aprovecha) las antiguas portadas de la colección Un uomo un'avventura, que el propio Bonelli publicó entre 1976 y 1980. Una prestigiosísima edición —sobre la que ya hemos dicho algo en el Nibelheim— que constituyó todo un acontecimiento en el mundo del fumetto y de la historieta en general.

Todos los pormenores del proyecto pueden leerse aquí (incluso con algunas aclaraciones del propio autor del diseño). Debo señalar, para concluir, que el resultado final me parece francamente bueno y muy efectivo. ¿Ustedes qué piensan?

martes, 27 de septiembre de 2011

NECROLÓGICAS: SERGIO BONELLI (1932-2011)



ME entero a través de afNews —aunque veo que los blogs nacionales y amigos también han dado ya la noticia (por ejemplo, aquí y aquí)— de que ayer por la mañana falleció en Monza el editor italiano Sergio Bonelli, después de una breve enfermedad. Con él desaparece una de las figuras más trascendentales e importantes del mundo del fumetto, y no sólo por su labor editorial al frente de la gran empresa que desarrolló a partir de las levantadas por sus padres, sino también por su decisiva actividad como guionista y creador de célebres personajes muy populares en Italia, como Zagor, o Mister No.

Hijo de Gian Luigi Bonelli (creador de Tex Willer y de la editorial Audace) y de Tea Bonelli (directora de la casa editora CEPIM), Sergio vino al mundo en Milan el 2 de diciembre de 1932 (es estricto coetáneo, por tanto, de su tocayo y amigo Sergio Toppi, nacido un par de meses antes y también en la ciudad lombarda). Merced al negocio de sus progenitores, el joven Bonelli creció y vivió siempre unido al mundo editorial y del fumetto, llegando a realizar todo tipo de trabajos dentro de la empresa familiar: desde mensajero que iba a recoger a casa de los dibujantes algunas entregas, hasta editor encargado de responder a las cartas de los lectores.

 Los Bonelli: Gian Luigi, Sergio y Tea


A partir de principios de los años 60, Sergio tomará el relevo a sus padres y se hará cargo de la empresa familiar, que desde ahora iba a adoptar el nombre definitivo de Sergio Bonelli Editore, convirtiéndose bajo su hégira en la empresa editorial más importante de Italia, con unas cifras de ventas de ejemplares que, a día de hoy, alcanzan los 25 millones anuales. A partir del primer gran éxito —representado por el personaje de Tex Willer (personaje creado por Gian Luigi en 1948 y dibujado por Aurelio Galeppini)—,  el joven Bonelli no hará sino incrementar la nómina de personajes de la casa.

 Galeppini, Sergio y Gian Luigi, en una imagen de los años 60


Así, en 1961 aparece Zagor, con guiones del propio Sergio (que iba a firmar, tanto aquí como en otras creaciones suyas, con el pseudónimo de Guido Nolitta). En 1975 crea la serie Mister No y dos años después aparece uno de los western más interesantes que se han realizado en la historieta europea, por su originalidad y el modo de enfocar las historias: Ken Parker (de Berardi y Milazzo), que a día de hoy y con altibajos sigue publicándose todavía (aunque de forma irregular). En 1982 inicia su andadura Martin Mystère (de Castelli y Alessandrini), que marca una transición entre las series clásicas de la casa (Tex, Zagor, Mister No) y las de la nueva época que están por venir. En 1986 aparece la otra serie insignia de la "escudería" Bonelli: Dylan Dog (creada por Tiziano Sclavi), que combina el género del terror tradicional con lo paranormal y con elementos procedentes de ciertos mitos de la cultura popular, como Jack el Destripador y otros. En el año 2000 apareció la interesante serie de Dampyr, con guiones de Mauro Boselli y Maurizio Colombo y dibujada por diferentes autores, entre los que me gustaría destacar a Nicola Genzianella y a Lucca Rossi (aunque el creador gráfico fue Mario Rossi, alias Majo). En ella se nos ofrece una actualización del mito vampírico, pues Boselli y Colombo rompen con esa tradición romántica que va desde el Drácula de Stoker a los vampiros "señoriales" de Anne Rice. Por otra parte, llevan a cabo una condensación de todos y cada uno de los aspectos, temas y facetas que están relacionados con dicho mito, sin dejarse ninguno en el tintero (vampiros alienígenas, Nosferatu, vampirismo y fenómeno zombie, ocultismo, etc.). Otro aspecto original es el del protagonista que da nombre al título de la serie: un individuo, hijo de vampiro y de humano, que porta consigo el poder para eliminar a los terribles señores de la noche. La serie, además, está llena de referencias a la cultura popular, especialmente el cine y la literatura, y sus guiones hacen continuos guiños al género de terror, en sus más diversas formas. Como muy bien ha señalado Ricardo Vigueras en un excelente artículo sobre la serie, publicado en Tebeosfera: «Dampyr es metaficción de máxima calidad, una serie de ficción sobre la ficción de los vampiros donde casi ninguno de los elementos que la integran son originales en sí mismos, sino originales en su nueva combinación, que es la de Boselli y Colombo para un público del siglo XXI que quiere una nueva visión de los mitos del vampirismo adaptados a nuestros tiempos». Otros personajes, no tan existosos como los anteriores, pero igualmente importantes para Sergio Bonelli Editore, han sido Nick Raider, Jonathan Steele, Nathan Never y Julia (que ahora ha empezado a publicarse en nuestro país, gracias al esfuerzo de Aleta Ediciones, que también ha comercializado entre nosotros otros títulos de la todopoderosa editora italiana).

 Los personajes de la factoría "Bonelli" en una foto de familia


Todavía me queda mencionar una de las iniciativas editoriales más importantes llevadas a cabo por mi homenajeado: la publicación de la serie Un uomo, un'avventura, cuyo objetivo principal fue conseguir que la historieta empezara a ser vista como algo más que un mero producto de consumo y entretenimiento de niños, alcanzando así la consideración artística que el medio se merecía. El proyecto era arriesgado, desde luego, pues se alejaba de la línea tradicional de publicaciones de la casa y, además, Bonelli lo había planteado por todo lo grande, proponiendo unos libros que —pese a distribuirse y venderse a través de los quioscos (in edicola, como dicen en Italia)— iban a adoptar el prestigioso formato del álbum franco-belga (tapa dura, color, buen papel, gran tamaño, etc.) y estarían realizados por los artistas más importantes de Italia (Battaglia, Toppi, Manara, Crepax, Gattia, Micheluzzi, Tacconi, Bonvi, etc.) y algunos otros extranjeros (Siò, Oliveira, Fernández, Gigi, etc.). La colección, formada por 30 volúmenes, sacó su primer número en noviembre de 1976 y concluyó el mismo mes de 1980, habiendo conseguido un ritmo de aparición algo irregular pero continuo. De todas formas, el deseo (y el objetivo) de conjugar un producto de mayor calidad con el acercamiento a lo popular se vieron plenamente satisfechos, dando como resultado, además, una obra que ha dejado una huella indeleble en el recuerdo de los aficionados italianos y del mundo entero (pues la serie fue traducida a diversos países, entre otros España, y sigue siendo muy buscada hoy día).



Me gustaría decir algo también para recordar la gran amistad que unió al joven Bonelli con uno de los dibujantes que más admiramos en este Nibelheim: Dino Battaglia (1923-1983). Puede afirmarse que fue uno de sus más íntimos y que formó parte de su reducido grupo de amistades durante prácticamente toda la vida, hasta el fallecimiento del maestro veneciano, acaecido prematuramente en 1983. Hay que tener en cuenta que fue en Audace, y bajo la dirección de Gian Luigi y luego de Tea cuando Battaglia empezó a publicar sus primeros trabajos de historieta, entre los que estaba El Kid, uno de los personajes de la casa. Recordemos, también, las adaptaciones que el dibujante realizó —siempre con guiones de Bonelli padre— de algunos clásicos de la literatura, como Peter Pan o La isla del tesoro (trabajo, este último, del que ya hemos hablado en este Nibelheim). Dino y Sergio se llevaban nueve años de diferencia, pero esto no fue obstáculo para que establecieran una profunda y duradera amistad, de la que han quedado numerosos testimonios. Por ejemplo, Laura Vescovi di Battaglia, viuda del dibujante, recuerda que Dino —al que le desagradaba especialmente la realización de historias largas— aceptó colaborar en la colección Un uomo, un'avventura sólo por su amistad con Bonelli, realizando esas dos maravillas que se titulan El hombre de New England y El hombre de la legión (que algún editor patrio debería encargarse de reeditar cuanto antes, por cierto). Por otro lado, fue Sergio Bonelli quien introdujo a Dino en la revista Linus, llevando él mismo —y sin que el dibujante lo supiera— los originales de éste para que los vieran sus responsables. Con ese gesto —que denota la intimidad de la relación y la confianza existente entre los dos hombres—, Bonelli contribuyó de manera decisiva a dar ese giro definitivo que necesitaba la carrera de su amigo, pues fue en Linus donde Battaglia iba a encontrar, por vez primera, toda la libertad creativa que necesitaba para desarrollar definitivamente su estilo y lenguaje tan personales. Recordemos que fue en las páginas de esta revista donde el veneciano publicaría sus históricas adaptaciones de Poe y Maupassant, entre otras. Y fue también el editor milanés quien, cuando el dibujante ya estaba enfermo, suspendió sus vacaciones de verano —recordemos que Battaglia falleció en el mes de octubre— para permanecer junto a él y su mujer.



Por lo que toca a España, hay que reconocerle a nuestro homenajeado otro mérito de los muchos que acumuló en su larguísima trayectoria profesional: haber sido responsable de introducir en Italia, y por la "puerta grande", a través de colaboraciones importantes en la serie Tex, a algunos de nuestros mejores dibujantes y algún que otro guionista: Jesús Blasco, Víctor de la Fuente, Alfonso Font, Manfred Sommer, Jordi Bernet, José Ortiz, Antonio Segura...



En definitiva: la muerte de este gran hombre y perspicaz editor constituye una pérdida irreparable para el mundo de la historieta. Quizá sea bueno acabar esta entrada-homenaje haciendo nuestras las palabras que la propia casa editora hizo públicas ayer en una nota de prensa para referirse a Bonelli: «fue el principal artífice del paso de la historieta de simple instrumento de entretenimiento popular a producto con dignidad cultural, creando, en el curso de una carrera cincuentenaria, una de las casas editoras de tebeos más importantes del panorama nacional e internacional». Lo que no es poco, ciertamente.

Sit tibi terra levis, Sergio!