Mostrando entradas con la etiqueta Western. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Western. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de junio de 2014

PONENT MON ANUNCIA EL COMIENZO DE LA PUBLICACIÓN DE "MAC COY"



BUENO, pues ya lo tenemos aquí... En la página de Facebook de Ponent Mon aparece anunciada, para el próximo mes de octubre, la publicación del primer volumen del integral de Mac Coy, una edición que, a juzgar por el número de álbumes que dibujó Antonio Hernández Palacios (21) y por la extensión habitual de los integrales de Ponent Mon, debería constar de seis o siete volúmenes con tres o cuatro aventuras por tomo. Pero todo esto son especulaciones de este nibelungo que les informa, porque aún no he visto ningún dato específico y claro al respecto.



La presentación de este primer volumen se muestra muy sobria y clásica, con una ilustración recortada sobre base completamente negra y sin ningún tipo de adorno o filigrana (como sí ocurría en las ediciones precedentes), ofreciéndonos una imagen que nunca vimos editada en España y que es una evidente reinterpretación de la que se publicó en su momento por parte de Dargaud y de Grijalbo para ilustrar el segundo álbum de la serie, Un nommé Mac Coy (aquí traducido como Un tal Mac Coy). Yo no recuerdo haber visto nunca este dibujo, pero me consta que es una variante de portada que Antonio seguramente dibujó para una nueva edición de la historia. Al menos es la que utilizó Dargaud, por vez primera, en su reedición de 1977 (ver abajo) y la que empleó en otras sucesivas (1988, etc.), aunque con algunas características diferentes, pues el color, por ejemplo, presenta notables diferencias, como puede verse al comparar la ilustración utilizada por Ponent y la portada que pongo a continuación.



Por cierto: habrá que esperar a tener más noticias o ver los créditos bibliográficos del libro, pero seguramente se trate de esa edición de carácter internacional de la que ya tuvimos ocasión de hablar aquí mismo hace ya casi un año, adelantando la noticia referida a esta edición que ahora se anuncia.

Esperamos ansiosos la aparición del nuevo integral y, previamente, la publicación de más datos que amplíen todo lo relativo a las características de esta edición.

martes, 20 de mayo de 2014

MIS ORIGINALES, 2: UNA PLANCHA EN COLOR DE ARTURO DEL CASTILLO



ENTRE todos los originales que forman parte de mi colección hay uno de Arturo del Castillo por el que siento predilección y que me gusta mucho: se trata de una plancha (la nº 7) perteneciente a la historia corta de ocho páginas titulada De hombres y moscas, con guión de Guillermo Saccomanno. Por lo que he podido averiguar, dicha historia (y, por ende, la propia plancha) fue publicada, al menos, en tres revistas distintas: en el nº 26 de L'Eternauta (mayo 1984), en el nº 28, año XII, de Lanciostory (correspondiente al 25 de julio de 1986) y en el nº 121 de la argentina Super Skorpio (1986). Ignoro en qué lengua fue escrito originalmente el guión (imagino que en español, teniendo en cuenta quiénes fueron sus autores) pero, a juzgar por la cronología de las citadas revistas —y salvo que halle nuevas referencias bibliográficas anteriores—, parece que se publicó primeramente en italiano, en los lugares citados, con el título de Uomini e mosche, antes de pasar a editarse a la revista argentina ya reseñada.





Es una historia de amor, celos, traiciones y deslealtades que, como todas las que se desarrollan en el Far West acaba con un épico duelo. Su hilo argumental podría resumirse en lo siguiente: cierto hombre de edad, llamado Morris, sabe que su "hembra" se ha liado con uno de los mejores pistoleros de la región, Cobb. Un tipo duro, pero nada idiota frente a lo que pudiera parecer. Decidido a vengar su honor, y aun sabiendo el peligro que corre su vida (pues sólo es el maestro de la ciudad y no tiene práctica con las armas), Morris se enfrentará a él y terminará... Bueno, si quieren saber cómo es la historia completa vayan al final de la entrada, donde podrán leerla. Ahora, lo mejor será hablar del original al que me refiero para cantar sus excelencias. Helo aquí:



Desde el punto de vista artístico y del coleccionismo hay varios elementos de interés en esta pieza que les presento. Para empezar me gustaría señalarles que no es frecuente hallar obra original de Arturo del Castillo en color, dado que la mayor parte de la que se ve circulando por ahí está en blanco y negro exclusivamente. Hagan una búsqueda, por ejemplo, en Comic Art Fans y comprobarán cómo es verdad lo que les digo.

Del Castillo tras haber recogido su premio Yellow Kid en Lucca 14 (1980)


En segundo lugar, yo destacaría de la plancha su enorme plasticidad, derivada no sólo de los suaves tonos acuarelados aplicados por el artista chileno —que otorgan un elevado grado de onirismo a la acción—, sino de la gran fisicidad que transmite el coloreado, viéndose el trabajo casi escultórico que realizó Del Castillo con el gouache, aplicándolo ocasionalmente en gruesas capas y casi cincelando sobre él (como se echa de ver, por ejemplo en el detalle de las gafas del personaje en la primera viñeta que les muestro, o en el punto de luz que casi nos deslumbra en el tercero de los paneles).




Por otro lado, sorprende la delgadez de la cartulina empleada, sobre todo teniendo en cuenta que se utilizó un medio acuoso como la acuarela para dar el color. Esto me hace pensar si, acaso, la historia no se concibió originalmente en blanco y negro, aplicándosele luego el color por necesidades contractuales o de otro tipo. Pero esto último no son sino elucubraciones mías (en las que me encanta sumergirme cuando examino un original). De cualquier forma, en Super Skorpio sí que se publicó en blanco y negro, como puede verse en el ejemplo de abajo (que servirá, además, para que todos ustedes puedan conocer el texto de la historia), lo cual es un indicio que corrobora mi hipótesis.


Hay muy pocos rastros de lápiz y el entintado se realizó preferentemente con plumilla, obteniendo líneas de una finura y una precisión considerables, a pesar de haber sido realizadas con soltura y cierto "nervio" (lo que le otorga al entintado un carácter desmañado que le va muy bien al tipo de historia). El pincel fue usado para rellenar las grandes áreas de negro que corresponden, en todas las viñetas, con el traje del protagonista, siendo su trazo —como es habitual en este instrumento— mucho menos profundo e incisivo que el de la plumilla, por lo que deja zonas de tonalidad más clara (como se ve bien en las viñetas 1ª, 3ª y 4ª), sobre todo si no se ha cargado abundamentemente de tinta china. Obsérvese, por ejemplo, en los dos fragmentos de viñeta que pongo a continuación el delicado trabajo a la plumilla —a la vez esquemático, pero de una precisión admirable— que realizó Del Castillo en los segundos planos, y el contraste que supone con el pincel utilizado para rellenar las grandes áreas de negro del traje del protagonista, logrando una caracterización admirable de estos personajes que se han construidos con apenas unas pocas rayas, aunque muy bien puestas. En el vaquero que está a la derecha en la primera viñeta se aprecian estupendamente los restos de lápiz sin borrar (que denotan un rápido abocetado). Por último, y como pueden ver, la parte superior de la misma viñeta se dejó sin entintar, pues estaba pensada para pegar el cartucho con el texto de la cartela.




Me gusta mucho también el abundante, habilidoso, variado y sutil empleo de texturas que realizó aquí el maestro chileno para crear atmósfera y tonalidades de gris. Y es que, al margen de sus conocidas tramas manuales —de las que sólo hallamos una muestra en la primera viñeta— Del Castillo ha empleado en esta plancha dichas texturas con tal sutileza y habilidad que, a un primer golpe de vista, le hacen pensar a uno si no estamos ante una trama mecánica. Pero analizadas con detalle y bajo una buena lupa con luz, se comprueba que debió utilizar una tela (o preferiblemente una esponja o un trozo de gomaespuma, dada la más fina marca de impresión que pueden dejar éstas) para realizar los efectos que encontramos en cinco de las siete viñetas (especialmente en las números 2, 3 y 7). Maravilloso.

La única viñeta en la que encontramos las famosas tramas lineales de Del Castillo (y están medio tapadas
por esas manchas de pincel que, sin duda, se utilizaron para crear tres ámbitos espacio-temporales
distintos dentro del mismo panel: el de Morris, el de Cobb y nuevamente el de Morris)


¿Tela, esponja? empleadas con habilidad para crear bellas y ambientales texturas grisáceas


Otra peculiaridad que suele encontrarse habitualmente en los originales de Del Castillo, y que aquí también aparece en abundancia, es la del gouache aplicado sobre las viñetas con una finalidad que va más allá de lo puramente coyuntural. Quiero decir: no lo utilizaba el argentino sólo para tapar errores involuntarios (como suele hacerse habitualmente), sino que también aparece empleado para crear efectos de relieve (como ya hemos dicho antes) y, sobre todo, para retocar los marcos de las viñetas y los dibujos en zonas estratégicas —con la idea de crear efectos de composición— y una vez que estos se hallaban acabados por completo. De esta manera, Del Castillo ganaba tiempo y evitaba tener que ir con sumo cuidado para no salirse de los bordes de las viñetas o, en su caso, para crear esos efectos de ruptura de las mismas. Las dos viñetas paradigmáticas al respecto de esta peculiaridad son la primera y la última, que están "rotas" por sus cuatro lados.



En la parte superior de la página hay dos manchas con restos de celofán, indicio de que, en su momento, quizá se superpuso una hoja (¿de papel cebolla o de acetato?) con los textos. También se encuentran restos de pegamento en zonas estratégicas de algunas viñetas, que sirvieron —según puede verse al comparar la foto del original con la imagen de la página editada en blanco y negro— para sujetar trozos de cartulina con el texto rotulado. De hecho, en los originales de Del Castillo lo más habitual es encontrarse con los textos de bocadillos y cartelas pegados sobre las viñetas, y no rotulados en la cartulina, como ocurre en otros casos (todo ello, sin duda, con la finalidad de publicar las páginas en diferentes países). Asimismo, en los márgenes superior y derecho de la página encontramos una serie de números (algunos de los cuales también fueron escritos en las viñetas) que, quizá, indicasen al montador la posición ocupada por los textos.

Algunas peculiaridades relativas a los textos que hubo en esta plancha:
anotaciones a lápiz y restos de pegamento de los cartuchos


Y concluyo ofreciéndoles los datos técnicos de la pieza:
Tinta china (aplicada fundamentalmente con plumilla) sobre una delgada cartulina de dibujo. Color directo con acuarela. Uso de gouache (para correciones y creación de efectos). Empleo de materiales (trapos, esponja) para obtener texturas. Dimensiones: 39,3 x 27,7 cm. Sin firmar (esto último es una pena, la verdad, pero tampoco resulta infrecuente en los originales de Del Castillo, que solía firmar sus trabajos en la última página).

Para cerrar la entrada les pongo la historia completa. Que la disfruten:









miércoles, 14 de mayo de 2014

"MANOS KELLY", DE ANTONIO HERNÁNDEZ PALACIOS. EDICIÓN DE PONENT MON (RESEÑA CRÍTICA)



PODEMOS afirmar, sin temor a equivocarnos, que la nueva edición del clásico español Manos Kelly por Ponent Mon ha sido una de las noticias tebeísticas más importantes del pasado año y también del que llevamos andado. La ilusión con que la recibimos la mayoría de los aficionados veteranos que acostumbramos a reunirnos en torno a los mismos lugares de la tebeosfera fue innegable, y se manifestó en forma de una avalancha de comentarios, parabienes, sugerencias y felicitaciones a la editorial, que se hicieron públicos tanto en el momento de conocer la buena nueva, como en los meses posteriores. Todos teníamos depositada nuestra confianza en que la editorial de Amiran Reuveni haría una edición como, según pensábamos, se merecía Antonio Hernández Palacios: es decir, algo que sirviera —y así lo dije en la primera entrada que dediqué a tan gran noticia— para perdurar durante un largo tiempo, pues es de imaginar que después de esta iniciativa, otra nueva para editar la misma obra no parece (y es lógico) que vaya a realizarse a corto plazo.



Pues bien, ¿podemos decir, con el libro ya entre las manos, que las expectativas planteadas se han cumplido? Es verdad que, en general, uno casi nunca ve cubiertas sus esperanzas con proyectos que le son muy deseados (bien se trate de la lectura de una novela cuya salida se aguardaba con impaciencia; bien de un viaje en el que habíamos depositado todas nuestras ilusiones; bien de una película o una obra de teatro de la que nos habían hablado positivamente; bien de un disco sobre el que teníamos magníficas referencias, etc.). Y algo de esto, debo reconocerlo, ha ocurrido con el libro de Manos Kelly. Pero, en esta ocasión, la impresión negativa no se debe sólo a que lo imaginado —como sublimación de una idea— superase a lo que luego ha sido la realidad, sino porque hay causas objetivas y cuantificables que la justifican, y voy a intentar enumeralas a continuación aportando mis argumentos.

© Ponent Mon
Empezaré haciendo algunas reflexiones sobre la "filosofía" que, a mi modesto entender, debería haber presidido esta "histórica" reedición del Manos Kelly. Precisamente por ese carácter de hito, y al tratarse de un título tan paradigmático dentro de la historia del tebeo español, la edición de Ponent Mon tendría que haberse enfocado desde un planteamiento completista, con la mirada puesta en el futuro y algo más de ambición, ofreciendo materiales artísticos y analíticos que los lectores habríamos agradecido con toda seguridad. Por ejemplo, habría sido muy deseable la inclusión en el volumen de un buen estudio introductorio, dirigido a contextualizar la historia de la creación de esta obra, así como a analizarla con detalle. Pienso que un texto de tales características no sólo habría recibido el beneplácito de los aficionados veteranos, sino que también habría sido el mejor modo de presentar la serie a los nuevos lectores que no la conocen de nada. Incluso aunque ello hubiera supuesto incrementar un poco el precio de venta del libro, ya que justificando de manera adecuada la medida, muy probablemente los "efectos colaterales" de la misma podrían haberse minimizado. ¿Pero qué se ofrece, en cambio? Pues un breve texto de presentación —firmado por Luis Alberto de Cuenca, eso sí, pero lleno de lugares comunes y de ideas repetidas por haber aparecido en otras contribuciones de este mismo autor— que resulta bastante descorazonador, pues no aporta absolutamente nada al conocimiento o disfrute de las historias incluidas en el integral. Para que entiendan los motivos de mi desilusión a este respecto, voy a hacerles la siguiente confidencia que les resultará ilustrativa: desde que tuve noticia de esta edición se me ocurrió la idea de redactar un amplio artículo en el que se estudiara la serie con el detalle que merece. Pero al enterarme de que Ponent Mon tenía pensado contar con la colaboración de De Cuenca, opté por esperar hasta que el libro estuviera en los anaqueles para utilizar lo que éste pudiera decir en su artículo. Pues bien, una vez leído dicho prólogo, ahora mismo creo que sigue siendo necesario —imprescindible, más bien— ese estudio monográfico sobre Manos Kelly, pues no tenemos nada parecido hasta la fecha. Reconozco que, en este caso, el problema reside únicamente en mí, y no en el texto a que me refiero —pues, a la postre, el trabajo de De Cuenca cumple perfectamente su función introductoria, eso es verdad—, pero a pesar de todo no puedo evitar seguir pensando que los responsables de la edición tenían que haber sido más ambiciosos, encargando ese texto analítico que aún no tenemos.

© Ponent Mon


Ahora bien, mucho peor que todo esto es el hecho de que no se hayan incluido en el integral las portadas originales de la edición española, optando por utilizar, en su lugar, una insípida selección de viñetas de la obra que hacen las veces de dichas portadas y separan las historias entre sí. ¿De verdad tanto habría costado utilizar dichas portadas o introducir, en su caso, en una especie de apéndice al final del libro, las maravillosas ilustraciones que realizó Antonio para la colección Trinca —con la excepción de la archifamosa que abre este integral—, e incluso aquellas otras que dibujó para ediciones extranjeras de la obra, así como la preciosa ilustración que se utilizó para los interiores de cubiertas en los dos primeros álbumes de la edición realizada por Doncel (en el primero con un bitono naranja/blanco, y en el segundo con el sencillo blanco/negro)? ¿Quizá no se ha hecho porque el artista no las conservaba, o había que pagar a otras editoriales por reproducirlas? En tal caso, habría bastado con una pequeña nota del editor advirtiéndonos del hecho, o incluso la reproducción testimonial de dichas portadas e ilustraciones, extraídas de publicaciones anteriores.

Tres ilustraciones, tres, de las que dibujó Antonio para algunas ediciones extranjeras de su obra.
En este caso se trata de las realizadas para la francesa de Les Humanoïdes Associés,
que fueron también utilizadas en Alemania


Y aún queda por señalar, en el "debe" de esta edición, otro aspecto que me parece tan grave o más que el anterior: me refiero, claro está, a la desafortunada decisión de imprimir en blanco y negro 37 planchas de las 46 que conforman el segundo volumen de la serie, titulado La montaña del oro. En la página con los créditos legales del libro, y a través de una breve nota, el editor se lamenta de esta circunstancia e intenta luego hacernos ver la parte positiva de este significativo contratiempo, señalando que, gracias a él, podemos apreciar el trabajo de Antonio Hernández Palacios en blanco y negro. Evidentemente es un modo, como cualquier otro, de minimizar lo que puede ser considerado el déficit más importante de esta edición. Y es que el hecho de ofrecernos en blanco y negro una cantidad tan grande de material que, en origen, se publicó en color, hace que el nuevo integral de Ponent Mon resulte no sólo incompleto, sino bastante superfluo en este sentido. ¿De verdad que no se ha podido hacer nada para paliar dicha situación? ¿No ha sido posible, en la era de la tecnología, realizar un esfuerzo y, utilizando como muestra las ediciones originales de Doncel, haber dado color a las planchas que no lo han conservando, señalándolo adecuadamente en cada una de ellas, para aviso del lector? ¿Tan caro habría resultado hacer esto? ¿Y, en caso afirmativo, no habría sido preferible arriesgarse poniendo un precio algo más elevado al libro, pero a cambio de ofrecerle al público un producto realmente duradero y definitivo? En fin, Serafín... Sus razones habrá tenido el editor para actuar como lo ha hecho, pero creemos sinceramente que se trata de una decisión errada y que se ha perdido una gran oportunidad.

© Ponent Mon


Siguiendo con el tema de la falta de color, hay otra cuestión a la que intentaré dar respuesta en cuanto tenga la menor oportunidad, y es la de averiguar si las planchas del episodio conocido como "La juventud de Manos Kelly" —que Antonio dibujó a principios de los 80 y que fueron publicadas en el nº 61 (1981) de Metal Hurlant (la revista de Les Humanoïdes Associés, que también le encargaron la adaptación de Los cantos de Maldoror, de Lautremont), así como en los números 0 y 1 de la española Saloon—, fueron pensadas para ser publicadas originalmente en color. Yo he visto los originales de dicha historia y están en blanco y negro, de eso no hay la menor duda. Pero en la revista Saloon se publicaron coloreados y con un estilo que, desde luego, permitía pensar en que el propio Antonio había sido el responsable mismo de ese color, aplicándolo —como ocurrió en buena parte de su obra— no directamente sobre los originales, sino en una prueba de azul o con otra técnica similar. En caso de que se confirmara dicha autoría, resultaría que el número de planchas carentes de color en esta edición integral de Ponent Mon ascendería, por tanto, a 53 (*).

Tres ejemplos (tomados de la revista Saloon) donde se ve el color aplicado al episodio referido: los tonos,
la audacia en su empleo, el estilo de coloreado (con pinceladas enérgicas y muy contrastadas)
invitan a pensar que el trabajo lo realizó el propio Hernández Palacios


Aunque es peccata minuta, comparado con lo que he dicho hasta el momento, tampoco veo muy acertado que se haya incluido al principio del álbum la referida historia de "La juventud de Manos Kelly". Creo que dicha ubicación dentro del libro rompe el poético inicio que Antonio realizó para la serie, con esas primeras planchas en las que vemos a un abatido Manos Kelly cabalgando por un alucinado paisaje desértico que se abrasa bajo un cielo de tonos rojos, anaranjados y amarillos, y en el que nuestro protagonista se arrastra ensimismado en sus pesimistas reflexiones sobre la guerra y la condición humana. Particularmente pienso que habría sido mejor ubicar este episodio al final del álbum o, como mucho —siguiendo un criterio de estricta ordenación cronológica— entre medias de La tumba de oro y La guerra Cayuso (episodio que publicó Ediciones García y Beá en 1984), añadiendo en cualquier caso una nota en la que se indicase cuándo se hizo, por qué y dónde se publicó. Su posición actual, a la cabeza del integral, no aporta nada y favorece el trastorno ya señalado.

La viñeta de apertura del cuarto álbum de la serie, que carecía por completo de cabecera ilustrada


Paso por alto cuestiones como el precio del libro —hubo un tiempo en que fui crítico con este aspecto de las ediciones de Ponent Mon, pero después de hacer cuentas reconozco que no son tan elevados como me parecían al principio— y el tamaño de la edición, que tampoco es, precisamente, el mejor posible. Pero esto último es algo que no debería sorprendernos, porque lo conocíamos desde hace tiempo, al haber sido difundido en la preview que lanzó Ponent Mon meses atrás. Una verdadera lástima, en cualquier caso, no haber aprovechado esta ocasión para sacar algo más grande —yo propuse, en su momento, un tamaño parecido al que utilizó Ikusager en su colección "Imágenes de la Historia"— y que le hiciera justicia a los magníficos dibujos de Antonio. Nada hemos ganado en este sentido, pues el tamaño utilizado por Ponent Mon es prácticamente el mismo que se empleó en la colección Trinca. Un pelín más grande, si me apuran, el de los álbumes de la vieja edición de Doncel, pero nada que sea realmente significativo, pues hablamos de muy pocos milímetros.

Las tres preciosas cabeceras de la serie, a las que me refiero en el siguiente párrafo


Pero no todo son cosas negativas o susceptibles de ser mejoradas en el nuevo integral de Ponent Mon. Por ejemplo, yendo de menos a más empezaré diciendo que no me parece mala decisión la idea de reproducir las cabeceras con los títulos de los álbumes sólo al principio de cada historia, pues tampoco se trataba de hacer una edición facsímil de la de Trinca. De hecho, la propia Editorial Doncel tampoco fue en esto demasiado cuidadosa, pues no en todos los casos reprodujo dicha cabecera en su edición de formato álbum. En Manos Kelly y La montaña del oro, por ejemplo, sí aparece en todas las páginas, pero en el tercero (La tumba de oro) no se reprodujo en ninguna. Y lo cierto es que existía, pero sólo se utilizo en la edición por entregas de la revista (que ha sido, precisamente, la recuperada con gran tino por Ponent Mon para incluirla en su integral sólo en la primera página de dicho álbum). Así pues, ganamos en coherencia y estética, lo que no es poco.


La primera imagen corresponde a una de las páginas de la edición en álbum de La tumba de oro (sin cabecera,
como se ve). La segunda, a la primera página de esta historia, publicada en el número 47 de Trinca (con cabecera)


Más importante aún que el aspecto señalado es el que se refiere a la reproducción propiamente dicha de los originales de Hernández Palacios. Y aquí sí que se nota que Ponent Mon ha hecho los deberes (ayudada, claro está, por la mejor técnica disponible hoy día). Basta realizar una somera comparación entre los viejos álbumes de Doncel (**) y el integral que estamos analizando para percatarse de cuánto se ha mejorado en este ámbito. No es sólo que la edición de la colección Trinca incluya algunos importantes errores de maquetación —con desajustes de planchas, que aparecen descuadradas respecto de los márgenes (por ejemplo en diferentes páginas del primer volumen) y zonas de mala impresión—, sino que todo tiene menos detalle, viéndose un conjunto más empastado e impreciso. Para empezar, la línea y el negro son, por supuesto, menos intensos. La primera, además, tiene mucha menos definición y aparece empastada en numerosos lugares, haciendo que se pierdan los detalles del trazo y de las tramas en el dibujo. En cuanto a los colores, están más saturados, son menos brillantes y además se ha perdido, en buena medida, el detalle de las pinceladas aplicadas por Hernández Palacios. En la Edición de Ponent Mon, sin embargo, todos estos fallos y defectos no se encuentran, destacándose mucho mejor el trabajo realizado por el artista madrileño, tanto en el blanco y negro como en el color. Aquí sí que hemos ganado bastante cuando lo comparamos con lo que ya había antes. Y lo mismo ocurre en lo que podríamos denominar el "apartado soporte", al tratarse de una cuidada edición en tapa dura, para la que se ha utilizado un tipo de papel con características de gramaje, cuerpo, satinado y calidad muy superiores a las de las ediciones precedentes.

Aun con todos los matices que se quieran poner al confrontar dos imágenes que ni proceden del mismo escáner,
ni son del mismo editor, en esta comparativa que les propongo creo que se pueden apreciar las mejoras
de la nueva edición (derecha) al compararla con la antigua (izquierda): mayor nitidez de línea,
más intensidad en los negros y un color bastante más equilibrado y cercano al original


En resumen: impresión agridulce la que me ha producido esta esperada edición que Ponent Mon ha hecho de uno de mis tebeos favoritos, pues si bien es cierto que hace justicia a la obra en cuanto a reproducción se refiere, en términos generales y al compararla con tentativas precedentes vemos que tampoco hemos avanzado tanto como algunos hubiéramos deseado hacia una edición definitiva. Mi consejo, si en algo vale, es que los nuevos lectores que no conozcan la serie deberían agenciarse ya mismo un ejemplar para paliar tal situación. En cuanto a los aficionados que ya tengan los viejos tebeos de Doncel y de la colección "Rambla Color" deberán decidir si les conviene gastarse el dinero en esta nueva edición para disfrutar de una impresión y un color bastante mejores que los ya existentes (con el hándicap de las páginas en blanco y negro), o si, por el contrario, prefieren seguir solazándose exclusivamente en sus viejos álbumes. En sus manos está la decisión...

--------------------------------
(*) Si en Saloon se presentaron en color es difícil pensar que Les Humanoïdes las publicaran en blanco y negro. Aunque no estoy seguro de este punto, pues no he tenido ocasión de consultar su edición francesa.

(**) En mi análisis únicamente he tomado en consideración estos, dejando de lado la edición por entregas que se publicó en la revista Trinca (que, por supuesto, cuando se estudia con detalle también tiene sus características y peculiaridades).


sábado, 10 de marzo de 2012

NECROLÓGICAS: JEAN GIRAUD/MOEBIUS (1938-2012)



POR diversas razones que no vienen al caso llevo unos días algo alejado del "mundanal ruïdo" —como dijera poéticamente fray Luis de León en su oda a la Vida retirada— y, por tanto, del blog y de todo lo que tiene algún tipo de relación con los medios informativos de nuestra sociedad civilizada (periódicos, telediarios, etc.). Por ese motivo, mi sorpresa y disgusto han sido mayúsculos al encender nuevamente hace un rato el ordenador y encontrarme con la terrible noticia del fallecimiento de uno de los más grandes creadores de toda la historia del Arte occidental (y digo bien). Me refiero, claro está, al francés Jean Giraud, conocido también con el sobrenombre de Moebius.

Giraud, en la mesa de trabajo hace muchos, muchos años, entintando una plancha
de la serie Blueberry, a cuyo protagonista puede verse al lado


Impactado por la noticia —como le ha ocurrido a otros aficionados—, he repasado algunos blogs, he leído los titulares de aquellos periódicos digitales que la han cubierto y termino confirmando, enormemente apenado, que el gran Giraud ha fallecido esta mañana, tras una larga enfermedad —imagino cuál podía ser— de la que estaba aquejado hace algún tiempo. Con él desaparece, insisto, uno de los historietistas más grandes, admirados, versátiles e influyentes de todos los tiempos. Y es que sólo pocos (muy pocos) dibujantes —por no decir ningún otro— han sido capaces de desarrollar más de un estilo, de alternarlos indistintamente durante decenas de años y de convertirlos en realidades gráficas indiscutibles, fecundas, exitosas y con la suficiente entidad como para querer ser imitadas por otros artistas.


¿Giraud o Moebius? ¿Moebius o Giraud? ¿Tanto monta...?


Esta es la principal característica que yo destacaría de Giraud/Moebius: su capacidad para crear "escuela" desde el punto de vista gráfico, y hacerlo con idéntico éxito en las dos vías que exploró: la más convencional de su faceta como ilustrador de la serie Blueberry y la onírica, transgresora, un tanto underground y vanguardista de su personalidad como Moebius, que dio lugar a obras maestras como El Incal, El garaje hermético, Arzach, o a proyectos tan decisivos y renovadores como el de Les Humanoïdes Associés. Y ello revolucionando los códigos del lenguaje historietístico en esos dos géneros que nuestro autor transitó con absoluta maestría: el western y la ciencia ficción. En cualquier caso, toda su trayectoria terminó confluyendo en esa obra de síntesis artística y vital —convertida, por desgracia, en una especie de testamento artístico— que es su Inside Moebius.
Con razón, el ministro de Cultura francés, Frédéric Miterrand ha escrito a propósito de su fallecimiento: «son, por así decir, dos grandes artistas los que hemos perdido [...]. Estaba el que, bajo su propio nombre, o el de Gir, creó la maravillosa serie western Blueberry, desde hace mucho tiempo situada en el panteón de los grandes clásicos de la historieta. Y había otro Jean Giraud, también talentoso pero muy diferente del primero, un Giraud que se hacía llamar Moebius».



En definitiva: un artista que, como los más grandes y poderosos creadores de la Historia, trascendió las barreras de su propio arte para terminar influyendo en otros cercanos a la historieta. El caso más conocido es el del cine, donde la impronta de Giraud/Moebius quedó marcada profundamente, a través de su colaboración como director artístico y dibujante conceptual en diversos proyectos fílmicos tan prestigiosos y reconocidos como Alien, el octavo pasajero (1979), Tron (1982), Los amos del tiempo (1982), Masters del Universo (1987), Abyss (1989) o El quinto elemento (1997), entre otros.



En fin, Serafín... Giraud/Moebius ha muerto..., pero vivirá para siempre en su arte y en nuestro recuerdo. O, por mejor decir, en el recuerdo de las sucesivas generaciones, pues su obra quizá no sea eterna, pero tiene asegurada la supervivencia por mucho, muchísimo tiempo. ¡¡¡Gracias, maestro, por todo ello y au revoir...!!!


* * *

Como conclusión, y a modo de homenaje para con el maestro recientemente fallecido, les dejo con una selección de imágenes de sus trabajos, seguida de una de las historias más famosas e influyentes que llegara a dibujar. No es demasiado larga y posee un marcado tono gamberro que parece invitar a minusvalorarla, y a verla como algo menor dentro de su producción tebeística. Sin embargo, está considerada como una de las mejores historietas de ciencia ficción que se hayan escrito (y dibujado) nunca y, según opinión autorizada, habría marcado un punto de inflexión en el modo de concebir, ilustrar y narrar dicho género en el cómic. Lo cual demuestra una vez más, por si hiciera falta, la grandeza de Giraud como artista. Que la disfruten.











* * *


Sit tibi terra leuis, Iohannes!