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domingo, 22 de mayo de 2016

"THE WITCH", O UNA HISTORIA DE QUIERO Y NO PUEDO...




AYER tuve ocasión de ver, por fin, The Witch, la celebrada película del debutante Robert Eggers que tantos parabienes ha ido recabando en los últimos meses, desde que su director recibiera el premio a la mejor dirección en la categoría de Drama Estadounidense, en el Festival de Cine de Sundance. Pues bien, tras el visionado de la cinta he quedado tan perplejo que sólo tengo fuerzas para preguntarme: ¿cómo es posible que se haya dicho de ella que es una de las mejores películas de terror que se han hecho? ¿Cómo se puede acumular sobre un film así todos los halagos y parabienes que yo he leído en las críticas, cuando sólo se trata de una producción curiosa e interesante, como mucho, con cierto regusto a documental etnográfico y folclórico? Y todo ello con una historia que utiliza la idea del terror —más bien una de las múltiples caras que éste ofrece en la tradición occidental: la de la brujería y el diablo— para profundizar en una serie de temas —la familia, la sexualidad, la represión, la religiosidad, la intolerancia, la superstición, la soledad— que poco o nada tienen que ver con el terror, propiamente dicho.



¿Acaso nos hemos vuelto locos? Siguiendo el principio de proporcionalidad, y si se ha dicho todo eso de esta película, ¿dónde tendríamos que situar, entonces, títulos como Häxan, The Rosemary's Baby o The Believers (por citar sólo tres de temática brujeril), estos sí, auténticas obras maestras del género? ¿Tan poco exigentes nos hemos vuelto con el cine actual que colocamos sobre un pedestal lo que no es sino una película estimable (con hallazgos visuales interesantes y alguna que otra idea aprovechable)? Debe ser el resultado, sin duda, de lo que podríamos denominar el "efecto erial", según el cual, dada la escasa calidad (generalizada) del cine de hoy día, cuando aparece una película algo más interesante que las demás, nos parece que ésta, por contraste con la mayoría, se acerca a la categoría de obra maestra. Porque de otro modo no me lo puedo explicar.



Ya digo que visualmente The Witch es estupenda; la fotografía de Jarin Blaschke —que es lo mejor de la película— da como resultado un ambiente onírico y sobrecogedor que consigue crear atmósfera (mucha atmósfera). Hay referencias y guiños constantes a la pintura holandesa y, más en concreto, a la pintura de género o costumbrista —tanto en su vertiente lumínica, como en la temática propiamente dicha—; el sublimado esteticismo de las imágenes da como resultado un goce visual indiscutible para el espectador. Hay también numerosas ideas buenas (que, sin embargo, no terminan de estar suficientemente desarrolladas) y la película no aburre en absoluto, pese a lo moroso del tempo empleado por el director. Pero le falta algo... Y, desde luego, está a años luz de otras películas de terror psicológico que se han hecho (especialmente de El resplandor, que es con la que más se la ha comparado). ¡Ni de coña, vamos...! Con la película de Kubrik te cagas las patas abajo de miedo y, sin embargo, The Witch se podría emitir perfectamente durante una sobremesa por La 2, en lugar de los documentales sobre ñúes y cocodrilos a que nos tienen acostumbrados...



Sabor agridulce, pues, el que le ha quedado a este servidor suyo después de ver la celebrada película de Eggers. Habrá que esperar a mejor ocasión para conocer esa obra maestra del terror que todos los aficionados llevamos aguardando, como agua de mayo desde hace muuuuuuuuuucho tiempo.

martes, 1 de marzo de 2016

NECROLÓGICAS: GEORGE KENNEDY (1925-2016)



HA muerto, a los 91 años de edad, George Kennedy, el que fuera eterno actor secundario de numerosos filmes y series televisivas, rodados mayoritariamente en las décadas de los 60 y los 70. Falleció el domingo pasado, en la ciudad de Boise, estado de Idaho, donde residía desde hace tiempo.

Rostro conocidísimo de todos los aficionados al cine, merced a su participación en un buen número de series televisivas La ley del revólver (1960-1966), Doctor Kildare (1963-1966), El Virginiano (1964-1966), Sarge (1971-1972), El caballero de azul (1975-1976), Dallas (1988-1991), etc.— y en populares películas de catástrofes —como la interminable saga de los Aeropuertos, donde daba vida al jefe de mecánicos Joe Patroni (1970, 1975, 1977, 1979), o Terremoto (Earthquake, Mark Robson, 1973)—, Kennedy dio un importante impulso a su carrera en 1967, al obtener el Óscar como mejor actor de reparto (supporting character o role) por el papel del entrañable grandullón Dragline, en el inolvidable film La leyenda del indomable (Cool Hand Luke, Stuart Rosemberg, 1968).

Junto al simpático Luke de Paul Newman: genio y figura hasta la sepultura
(y nunca mejor dicho)


Pero la carrera de nuestro actor había comenzado bastante antes, como lo demuestra su participación en títulos tan prestigiosos como Espartaco (Spartacus, Stanley Kubrik, 1960), Los valientes andan solos (Lonely are the Brave, David Miller, 1962), Charada (Charade, Stanley Donen, 1963), Canción de cuna para un cadáver (Hush... Hush, Sweet Charlotte, Robert Aldrich, 1964), Primera victoria (In Harm's Way, Otto Preminger, 1965), Los cuatro hijos de Katie Elder (The Sons of Katie Elder, Henry Hathaway, 1965), o Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, Robert Aldrich, 1967), títulos todos ellos a los que Kennedy aportó su solidez profesional y la rotundidad de su inconfundible físico para dar vida, generalmente, a papeles de hombre duro (y rudo) en muy diversas facetas (constructor, militar, matón, pistolero, etc.), aunque siempre transmitiendo cierta afabilidad, pese a lo desagradable que pudiera ser el personaje en cada momento. Y al decir esto último pienso, por ejemplo, en el matón que Kennedy interpreta en Charada, cuyo sombrío carácter aparece matizado, no obstante, por un toque humorístico innegable.

Como el Mayor Max Armbruster en Doce del patíbulo


A finales de la década de los 80 y principios de los 90 Kennedy volvió a dar un importante impulso a su carrera, interviniendo en una serie de comedias protagonizadas por Leslie Nielsen que tuvieron bastante éxito y cuyo arranque se encuentra en Agárralo como puedas (The Naked Gun: From the Files of Police Squad!, David Zucker, 1988), a la que siguieron Agárralo como puedas 2 ½: el aroma del miedo (The Naked Gun 2½: The Smell of Fear, David Zucker, 1991) y Agárralo como puedas 33 ⅓: el insulto final (Naked Gun 33 1/3: The Final Insult, Peter Segal, 1994), donde Kennedy siempre interpretó —como antes había hecho en la saga de los Aeropuertos con el personaje de Patroni— al capitán Ed Hocken, superior del desastroso agente secreto al que daba vida el citado Nielsen.

Como el agente William A. "Bumper" Morgan en la serie televisiva El caballero de azul


George Kennedy siguió trabajando hasta el último momento, como lo demuestra su aparición en Another Happy Day (Sam Levinson, 2011) y El jugador (The Gambler, Ruppert Wyatt, 2014), remake de una película de 1974, en el que daba vida al padre del protagonista (Mark Wahlberg), al lado de otras estrellas como Jessica Lange o John Goodman.

Nuestro recuerdo para George Kennedy y el deseo, francamente, de que nos espere muchos años allá donde esté.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

¡FELICIDADES, KIRK DOUGLAS!



HOY, 9 de diciembre de 2015, el inconmensurable e irrepetible Issur Danilovich Demsky —más conocido por el nombre artístico de Kirk Douglas— cumple 99 añitos de nada. Este "hijo del trapero" —como él mismo se definió en su autobiografía publicada en 1988— es una de las pocas leyendas aún vivas del Hollywood clásico (junto a Olivia De Haviland y algún otro artista cuyo recuerdo se me pueda escapar).

A lo largo de su extensa trayectoria profesional —que se inició en el lejanísimo 1941, debutando en Broadway, gracias al apoyo de Lauren Bacall, que también comenzaba su carrera— nos permitió disfrutar de su presencia en títulos tan recordados y paradigmáticos como Carta a tres esposas, El ídolo de barro, El gran carnaval, Brigada 21, Cautivos del mal, Veinte mil leguas de viaje submarino, El loco del pelo rojo, Duelo de titanes, Senderos de gloria, Los vikingos, el último tren de Gun Hill, Siete días de mayo, Los héroes de Telemark y tantas otras películas.



Hombre de marcadas convicciones políticas de izquierda —circunstancia, esta última, que fue un hándicap para el desarrollo pleno de su carrera en el Hollywood del Macarthismo—y de fuerte carácter personal, transmitió a sus papeles este último rasgo —ayudado por su peculiar y notable físico—, ofreciéndonos siempre interpretaciones de gran intensidad y absoluta verosimilitud dramática. Personajes, los suyos, muy temperamentales, vitalistas, entregados, intensos, pasionales... Nadie agarraba las cosas —con esa vehemencia y premura— o bebía güisqui —de un solo trago, vertiendo el contenido directamente en el gaznate— como lo hacía Kirk Douglas, cuyas manos —tan expresivas como todo él— parecían tener vida propia y se agarraban a las cosas (¡y a la vida, por lo que se ve!) con especial pasión y fuerza.



Un intérprete que logró salir airoso del encasillamiento al que los grandes estudios habitualmente sometieron a sus hiperestrellas —otro de ellos, por ejemplo, sería su gran amigo Burt Lancaster—, y que con igual solvencia, garra, entrega y credibilidad hizo de profesor (Carta a tres esposas), de ambicioso boxeador (El ídolo de barro), de mítico músico de jazz (El trompetista), de digno militar (Senderos de gloria, Siete días de mayo), de héroe épico (Ulises, Espartaco), de arribista con irresistible encanto (Cautivos del mal), de envidioso pero noble caudillo nórdico (Los vikingos), de atormentado artista (El loco del pelo rojo), de atribulado padre (La furia), de turbador villano (El último de la lista), o de simpático bribón (El día de los tramposos), ofreciendo casi siempre una ambigüedad moral muy característica y presente en casi todos sus personajes. Un actorazo, en definitiva, que, por fortuna, aún sigue entre nosotros.

Lancaster y Douglas haciendo el ganso


Por ello, desde este Nibelheim —donde se le admira no sólo por su prodigiosa carrera, sino también por su venerable edad— le envío un fuerte abrazo y le deseo que cumpla, al menos, otros 99 años más...


¡¡¡HAPPY BIRTHDAY, KIRK...!!!

Con Lana Turner, en Cautivos del mal


Con la bellísima y señorial Eleanor Parker en Brigada 21


Con su amigo y compañero Burt Lancaster en Duelo de titanes


Impresionante caracterización para uno de sus papeles más célebres: Van Gogh en El loco del pelo rojo


Mítico Espartaco


Impresionante como el rey Einar, en Los vikingos


El impactante y digno Coronel Dax de Senderos de gloria (un papel que muchos
le reprochan, pero en el que a mí me parece que está soberbio)


Como curioso Mr. Hyde (seguramente en alguna producción teatral o televisiva)

domingo, 25 de octubre de 2015

NECROLÓGICAS: MAUREEN O'HARA (1920-2015)



AYER, 24 de octubre, se nos fue para siempre —con 95 años cumplidos— Maureen FitzSimons, más conocida con el nombre artístico de Maureen O'Hara. La mítica actriz de los ojos verdes y el pelo de fuego; la del firme y poderoso mentón; la de la sonrisa franca y luminosa; la indómita irlandesa por la que bebió los vientos el rudo John Wayne, con el que formó inolvidable pareja cinematográfica en un buen puñado de títulos.



Descubierta para el mundo del cine por el británico Charles Laughton  —con quien realizaría tres películas estupendas (La Posada Jamaica, Esmeralda la Zíngara y Esta tierra es mía— O'Hara cruzó el Atlántico a finales de los años 30 y enseguida se consolidó como actriz protagonista en Hollywood, donde llegaría a ser considerada la "reina del technicolor", cuando dicha técnica fotográfica se hizo habitual en el cine.



Actriz fetiche del genial e inimitable John Ford, O'Hara compartió cartel con otros notables actores como Henry Fonda, James Stewart, Tyrone Power o Errol Flynn. Pero fue junto a John "Duke" Wayne con quien realizaría sus papeles más recordados y paradigmáticos —siempre de mujeres fuertes, con carácter, de una sola pieza—, entre los que se cuentan mi favorito: el de la salvaje y temperamental Mary Kate Donaher, en esa obra absolutamente maestra que es El hombre tranquilo (The Quiet Man, 1952).




Amiga íntima de ambos John (Wayne y Ford), se mantuvo fiel a ellos en todo momento. Especialmente con el primero, al que siempre admiró públicamente y a quien reivindicó tras su muerte (ocurrida en 1979), consiguiendo que el Congreso de los EE.UU emitiera una moneda conmemorativa en su nombre.



Protagonizó un buen número de obras maestras cinematográficas —La posada de Jamaica, Esmeralda la zíngara, ¡Qué verde era mi valle!, El cisne negro, Esta tierra es mía, Río Grande, El hombre tranquilo—, pero sólo obtuvo un Oscar honorífico —como reconocimiento a toda su carrera— el pasado año 2014. ¡Al menos se lo dieron cuando aún estaba viva! En todo caso, no deja de ser significativo el hecho, teniendo en cuenta quiénes han conseguido luego la codiciada estatuilla dorada.

Clint Eastwood y Liam Neeson entregan el Oscar honorífico a Maureen O'Hara

Maureen O'Hara se ha ido para siempre y con ella perdemos también una parte de nuestro pasado como aficionados al cine de la época dorada de Hollywood. A partir de ahora nos mirará, entre divertida y cómplice, desde las onduladas y verdes colinas del Innisfree celeste. Y junto a ella, seguramente, estará Duke. Que nos esperen ambos muchos años allí, y que entretanto sigan haciéndonos disfrutar con sus magníficas interpretaciones.



Y ahora unas cuantas imágenes para recordar (y homenajear) a esta brillante actriz:

En La posada de Jamaica (Jamaica Inn, 1939), junto a Robert Newton



Como una rutilante Esmeralda, en la segunda adaptación del clásico de Victor Hugo para la
pantalla grande (Esmeralda la zíngara - The Hunchback of Notre Dame, 1939)


Como Esmeralda, junto al impactante Quasimodo de Charles Laughton


Con Walter Pidgeon, en ¡Qué verde era mi valle! (How Green Was My Valley, 1941)



Con Tyrone Power en El cisne negro (The Black Swan, 1942)


Con Charles Laughton en Esta tierra es mía (This Land is Mine, 1943)






Con su adorado John Wayne en varias escenas y fotos promocionales de Río Grande (Rio Grande, 1950)



Con Errol Flynn, como mujer pirata de armas tomar, en la entretenida
 La isla de los corsarios (Against all Flags, 1952)





Imágenes de la única, la imperecedera, la sensacional, la inolvidable,
la encantadora El hombre tranquilo (The Quiet Man, 1952)


Imagen promocional de Lady Godiva (Lady Godiva, 1955), con una sensual O'Hara


Foto promocional con una impresionante Maureen vestida de calle


Con James Stewart en Un optimista de vacaciones (Mr. Hobbs Takes a Vacation, 1961)


Con Henry Fonda en Fiebre en la sangre (Spencer's Mountain, 1963)


Con John Wayne en El gran McLintok (McLintok!, 1963)


Con su amigo Duke en El gran Jack (Big Jake, 1971)