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sábado, 3 de septiembre de 2011

NECROLÓGICAS: JOSÉ SANCHÍS (1932-2011)



ACABO de visitar el blog del impaciente amigo PAblo y me percato de que, a estas alturas, yo tampoco había dedicado una entrada a Sanchís en su momento (cosa que, por el contrario, sí hice luego con Solano López y Tabary, fallecidos todos el pasado mes de agosto). ¡Eso hay que enmendarlo de inmediato! —he pensado muy resuelto—, y a ello me he puesto. Aunque el resultado final parezca más un cuento del célebre abuelo Cebolleta, que un recuerdo-homenaje al dibujante fallecido (pues he redactado la entrada tras venirme a la memoria cierta anécdota personal que ahora les cuento, relacionada con una de sus creaciones).

Nunca fui un lector asiduo de Sanchís, y reconozco que sus trabajos tampoco me atraían demasiado, pues su estilo no acababa de gustarme. Pero en mi memoria siempre mantendré grabado, como a fuego, el recuerdo de cierta tarde en la que, al volver del médico y mientras esperaba el autobús junto a mi madre, leía con cierta fruición, y mientras merendaba, una revista que ella me había comprado. Pumby (o Super Pumby) se titulaba, en honor del personaje más célebre que Sanchís creara. Pues bien, aún recuerdo la gratificante sensación que me embargó entonces. La felicidad derivada de esa merienda, de saber que no tenían que hacerme más pruebas (creo que la consulta médica era por algo de la garganta o de los oídos, no recuerdo bien), la seguridad de estar junto a la persona que más me quería, la lectura gozosa de aquellas viñetas... Todo eso continúo percibiéndolo ahora como si se hubiera producido ayer mismo. Incluso sigo visualizando esa escena perfectamente. ¡Qué curioso!



Por esta razón —¡fíjense ustedes lo complejos y extraños que somos los seres humanos!— le guardo un gran cariño a este autor español que nos abandonó el pasado día 2 de agosto. Creador de un buen número de personajes —el citado Pumby, Robín Robot, El soldadito Pepe— que hicieron soñar y disfrutar a multitud de niños durante varias generaciones.

Autorretrato de Sanchís con algunos de sus creaciones más célebres


En fin, Serafín. Son los misterios (y la magia) de la memoria, unidos a la capacidad de los tebeos para transformarse —como ocurre con una melodía o una canción— en el eje sobre el que se construye el recuerdo perenne de un efímero instante de nuestra corta vida.

¡Snif!

Y ahora les dejo con una pequeña muestra del trabajo de Sanchís. Se trata de una historia corta de su personaje más popular, aparecida en el extra de Navidad y Reyes de la revista infantil Pumby de 1975. Un año que bien podría haber sido el de mi anécdota.