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miércoles, 14 de mayo de 2014

"MANOS KELLY", DE ANTONIO HERNÁNDEZ PALACIOS. EDICIÓN DE PONENT MON (RESEÑA CRÍTICA)



PODEMOS afirmar, sin temor a equivocarnos, que la nueva edición del clásico español Manos Kelly por Ponent Mon ha sido una de las noticias tebeísticas más importantes del pasado año y también del que llevamos andado. La ilusión con que la recibimos la mayoría de los aficionados veteranos que acostumbramos a reunirnos en torno a los mismos lugares de la tebeosfera fue innegable, y se manifestó en forma de una avalancha de comentarios, parabienes, sugerencias y felicitaciones a la editorial, que se hicieron públicos tanto en el momento de conocer la buena nueva, como en los meses posteriores. Todos teníamos depositada nuestra confianza en que la editorial de Amiran Reuveni haría una edición como, según pensábamos, se merecía Antonio Hernández Palacios: es decir, algo que sirviera —y así lo dije en la primera entrada que dediqué a tan gran noticia— para perdurar durante un largo tiempo, pues es de imaginar que después de esta iniciativa, otra nueva para editar la misma obra no parece (y es lógico) que vaya a realizarse a corto plazo.



Pues bien, ¿podemos decir, con el libro ya entre las manos, que las expectativas planteadas se han cumplido? Es verdad que, en general, uno casi nunca ve cubiertas sus esperanzas con proyectos que le son muy deseados (bien se trate de la lectura de una novela cuya salida se aguardaba con impaciencia; bien de un viaje en el que habíamos depositado todas nuestras ilusiones; bien de una película o una obra de teatro de la que nos habían hablado positivamente; bien de un disco sobre el que teníamos magníficas referencias, etc.). Y algo de esto, debo reconocerlo, ha ocurrido con el libro de Manos Kelly. Pero, en esta ocasión, la impresión negativa no se debe sólo a que lo imaginado —como sublimación de una idea— superase a lo que luego ha sido la realidad, sino porque hay causas objetivas y cuantificables que la justifican, y voy a intentar enumeralas a continuación aportando mis argumentos.

© Ponent Mon
Empezaré haciendo algunas reflexiones sobre la "filosofía" que, a mi modesto entender, debería haber presidido esta "histórica" reedición del Manos Kelly. Precisamente por ese carácter de hito, y al tratarse de un título tan paradigmático dentro de la historia del tebeo español, la edición de Ponent Mon tendría que haberse enfocado desde un planteamiento completista, con la mirada puesta en el futuro y algo más de ambición, ofreciendo materiales artísticos y analíticos que los lectores habríamos agradecido con toda seguridad. Por ejemplo, habría sido muy deseable la inclusión en el volumen de un buen estudio introductorio, dirigido a contextualizar la historia de la creación de esta obra, así como a analizarla con detalle. Pienso que un texto de tales características no sólo habría recibido el beneplácito de los aficionados veteranos, sino que también habría sido el mejor modo de presentar la serie a los nuevos lectores que no la conocen de nada. Incluso aunque ello hubiera supuesto incrementar un poco el precio de venta del libro, ya que justificando de manera adecuada la medida, muy probablemente los "efectos colaterales" de la misma podrían haberse minimizado. ¿Pero qué se ofrece, en cambio? Pues un breve texto de presentación —firmado por Luis Alberto de Cuenca, eso sí, pero lleno de lugares comunes y de ideas repetidas por haber aparecido en otras contribuciones de este mismo autor— que resulta bastante descorazonador, pues no aporta absolutamente nada al conocimiento o disfrute de las historias incluidas en el integral. Para que entiendan los motivos de mi desilusión a este respecto, voy a hacerles la siguiente confidencia que les resultará ilustrativa: desde que tuve noticia de esta edición se me ocurrió la idea de redactar un amplio artículo en el que se estudiara la serie con el detalle que merece. Pero al enterarme de que Ponent Mon tenía pensado contar con la colaboración de De Cuenca, opté por esperar hasta que el libro estuviera en los anaqueles para utilizar lo que éste pudiera decir en su artículo. Pues bien, una vez leído dicho prólogo, ahora mismo creo que sigue siendo necesario —imprescindible, más bien— ese estudio monográfico sobre Manos Kelly, pues no tenemos nada parecido hasta la fecha. Reconozco que, en este caso, el problema reside únicamente en mí, y no en el texto a que me refiero —pues, a la postre, el trabajo de De Cuenca cumple perfectamente su función introductoria, eso es verdad—, pero a pesar de todo no puedo evitar seguir pensando que los responsables de la edición tenían que haber sido más ambiciosos, encargando ese texto analítico que aún no tenemos.

© Ponent Mon


Ahora bien, mucho peor que todo esto es el hecho de que no se hayan incluido en el integral las portadas originales de la edición española, optando por utilizar, en su lugar, una insípida selección de viñetas de la obra que hacen las veces de dichas portadas y separan las historias entre sí. ¿De verdad tanto habría costado utilizar dichas portadas o introducir, en su caso, en una especie de apéndice al final del libro, las maravillosas ilustraciones que realizó Antonio para la colección Trinca —con la excepción de la archifamosa que abre este integral—, e incluso aquellas otras que dibujó para ediciones extranjeras de la obra, así como la preciosa ilustración que se utilizó para los interiores de cubiertas en los dos primeros álbumes de la edición realizada por Doncel (en el primero con un bitono naranja/blanco, y en el segundo con el sencillo blanco/negro)? ¿Quizá no se ha hecho porque el artista no las conservaba, o había que pagar a otras editoriales por reproducirlas? En tal caso, habría bastado con una pequeña nota del editor advirtiéndonos del hecho, o incluso la reproducción testimonial de dichas portadas e ilustraciones, extraídas de publicaciones anteriores.

Tres ilustraciones, tres, de las que dibujó Antonio para algunas ediciones extranjeras de su obra.
En este caso se trata de las realizadas para la francesa de Les Humanoïdes Associés,
que fueron también utilizadas en Alemania


Y aún queda por señalar, en el "debe" de esta edición, otro aspecto que me parece tan grave o más que el anterior: me refiero, claro está, a la desafortunada decisión de imprimir en blanco y negro 37 planchas de las 46 que conforman el segundo volumen de la serie, titulado La montaña del oro. En la página con los créditos legales del libro, y a través de una breve nota, el editor se lamenta de esta circunstancia e intenta luego hacernos ver la parte positiva de este significativo contratiempo, señalando que, gracias a él, podemos apreciar el trabajo de Antonio Hernández Palacios en blanco y negro. Evidentemente es un modo, como cualquier otro, de minimizar lo que puede ser considerado el déficit más importante de esta edición. Y es que el hecho de ofrecernos en blanco y negro una cantidad tan grande de material que, en origen, se publicó en color, hace que el nuevo integral de Ponent Mon resulte no sólo incompleto, sino bastante superfluo en este sentido. ¿De verdad que no se ha podido hacer nada para paliar dicha situación? ¿No ha sido posible, en la era de la tecnología, realizar un esfuerzo y, utilizando como muestra las ediciones originales de Doncel, haber dado color a las planchas que no lo han conservando, señalándolo adecuadamente en cada una de ellas, para aviso del lector? ¿Tan caro habría resultado hacer esto? ¿Y, en caso afirmativo, no habría sido preferible arriesgarse poniendo un precio algo más elevado al libro, pero a cambio de ofrecerle al público un producto realmente duradero y definitivo? En fin, Serafín... Sus razones habrá tenido el editor para actuar como lo ha hecho, pero creemos sinceramente que se trata de una decisión errada y que se ha perdido una gran oportunidad.

© Ponent Mon


Siguiendo con el tema de la falta de color, hay otra cuestión a la que intentaré dar respuesta en cuanto tenga la menor oportunidad, y es la de averiguar si las planchas del episodio conocido como "La juventud de Manos Kelly" —que Antonio dibujó a principios de los 80 y que fueron publicadas en el nº 61 (1981) de Metal Hurlant (la revista de Les Humanoïdes Associés, que también le encargaron la adaptación de Los cantos de Maldoror, de Lautremont), así como en los números 0 y 1 de la española Saloon—, fueron pensadas para ser publicadas originalmente en color. Yo he visto los originales de dicha historia y están en blanco y negro, de eso no hay la menor duda. Pero en la revista Saloon se publicaron coloreados y con un estilo que, desde luego, permitía pensar en que el propio Antonio había sido el responsable mismo de ese color, aplicándolo —como ocurrió en buena parte de su obra— no directamente sobre los originales, sino en una prueba de azul o con otra técnica similar. En caso de que se confirmara dicha autoría, resultaría que el número de planchas carentes de color en esta edición integral de Ponent Mon ascendería, por tanto, a 53 (*).

Tres ejemplos (tomados de la revista Saloon) donde se ve el color aplicado al episodio referido: los tonos,
la audacia en su empleo, el estilo de coloreado (con pinceladas enérgicas y muy contrastadas)
invitan a pensar que el trabajo lo realizó el propio Hernández Palacios


Aunque es peccata minuta, comparado con lo que he dicho hasta el momento, tampoco veo muy acertado que se haya incluido al principio del álbum la referida historia de "La juventud de Manos Kelly". Creo que dicha ubicación dentro del libro rompe el poético inicio que Antonio realizó para la serie, con esas primeras planchas en las que vemos a un abatido Manos Kelly cabalgando por un alucinado paisaje desértico que se abrasa bajo un cielo de tonos rojos, anaranjados y amarillos, y en el que nuestro protagonista se arrastra ensimismado en sus pesimistas reflexiones sobre la guerra y la condición humana. Particularmente pienso que habría sido mejor ubicar este episodio al final del álbum o, como mucho —siguiendo un criterio de estricta ordenación cronológica— entre medias de La tumba de oro y La guerra Cayuso (episodio que publicó Ediciones García y Beá en 1984), añadiendo en cualquier caso una nota en la que se indicase cuándo se hizo, por qué y dónde se publicó. Su posición actual, a la cabeza del integral, no aporta nada y favorece el trastorno ya señalado.

La viñeta de apertura del cuarto álbum de la serie, que carecía por completo de cabecera ilustrada


Paso por alto cuestiones como el precio del libro —hubo un tiempo en que fui crítico con este aspecto de las ediciones de Ponent Mon, pero después de hacer cuentas reconozco que no son tan elevados como me parecían al principio— y el tamaño de la edición, que tampoco es, precisamente, el mejor posible. Pero esto último es algo que no debería sorprendernos, porque lo conocíamos desde hace tiempo, al haber sido difundido en la preview que lanzó Ponent Mon meses atrás. Una verdadera lástima, en cualquier caso, no haber aprovechado esta ocasión para sacar algo más grande —yo propuse, en su momento, un tamaño parecido al que utilizó Ikusager en su colección "Imágenes de la Historia"— y que le hiciera justicia a los magníficos dibujos de Antonio. Nada hemos ganado en este sentido, pues el tamaño utilizado por Ponent Mon es prácticamente el mismo que se empleó en la colección Trinca. Un pelín más grande, si me apuran, el de los álbumes de la vieja edición de Doncel, pero nada que sea realmente significativo, pues hablamos de muy pocos milímetros.

Las tres preciosas cabeceras de la serie, a las que me refiero en el siguiente párrafo


Pero no todo son cosas negativas o susceptibles de ser mejoradas en el nuevo integral de Ponent Mon. Por ejemplo, yendo de menos a más empezaré diciendo que no me parece mala decisión la idea de reproducir las cabeceras con los títulos de los álbumes sólo al principio de cada historia, pues tampoco se trataba de hacer una edición facsímil de la de Trinca. De hecho, la propia Editorial Doncel tampoco fue en esto demasiado cuidadosa, pues no en todos los casos reprodujo dicha cabecera en su edición de formato álbum. En Manos Kelly y La montaña del oro, por ejemplo, sí aparece en todas las páginas, pero en el tercero (La tumba de oro) no se reprodujo en ninguna. Y lo cierto es que existía, pero sólo se utilizo en la edición por entregas de la revista (que ha sido, precisamente, la recuperada con gran tino por Ponent Mon para incluirla en su integral sólo en la primera página de dicho álbum). Así pues, ganamos en coherencia y estética, lo que no es poco.


La primera imagen corresponde a una de las páginas de la edición en álbum de La tumba de oro (sin cabecera,
como se ve). La segunda, a la primera página de esta historia, publicada en el número 47 de Trinca (con cabecera)


Más importante aún que el aspecto señalado es el que se refiere a la reproducción propiamente dicha de los originales de Hernández Palacios. Y aquí sí que se nota que Ponent Mon ha hecho los deberes (ayudada, claro está, por la mejor técnica disponible hoy día). Basta realizar una somera comparación entre los viejos álbumes de Doncel (**) y el integral que estamos analizando para percatarse de cuánto se ha mejorado en este ámbito. No es sólo que la edición de la colección Trinca incluya algunos importantes errores de maquetación —con desajustes de planchas, que aparecen descuadradas respecto de los márgenes (por ejemplo en diferentes páginas del primer volumen) y zonas de mala impresión—, sino que todo tiene menos detalle, viéndose un conjunto más empastado e impreciso. Para empezar, la línea y el negro son, por supuesto, menos intensos. La primera, además, tiene mucha menos definición y aparece empastada en numerosos lugares, haciendo que se pierdan los detalles del trazo y de las tramas en el dibujo. En cuanto a los colores, están más saturados, son menos brillantes y además se ha perdido, en buena medida, el detalle de las pinceladas aplicadas por Hernández Palacios. En la Edición de Ponent Mon, sin embargo, todos estos fallos y defectos no se encuentran, destacándose mucho mejor el trabajo realizado por el artista madrileño, tanto en el blanco y negro como en el color. Aquí sí que hemos ganado bastante cuando lo comparamos con lo que ya había antes. Y lo mismo ocurre en lo que podríamos denominar el "apartado soporte", al tratarse de una cuidada edición en tapa dura, para la que se ha utilizado un tipo de papel con características de gramaje, cuerpo, satinado y calidad muy superiores a las de las ediciones precedentes.

Aun con todos los matices que se quieran poner al confrontar dos imágenes que ni proceden del mismo escáner,
ni son del mismo editor, en esta comparativa que les propongo creo que se pueden apreciar las mejoras
de la nueva edición (derecha) al compararla con la antigua (izquierda): mayor nitidez de línea,
más intensidad en los negros y un color bastante más equilibrado y cercano al original


En resumen: impresión agridulce la que me ha producido esta esperada edición que Ponent Mon ha hecho de uno de mis tebeos favoritos, pues si bien es cierto que hace justicia a la obra en cuanto a reproducción se refiere, en términos generales y al compararla con tentativas precedentes vemos que tampoco hemos avanzado tanto como algunos hubiéramos deseado hacia una edición definitiva. Mi consejo, si en algo vale, es que los nuevos lectores que no conozcan la serie deberían agenciarse ya mismo un ejemplar para paliar tal situación. En cuanto a los aficionados que ya tengan los viejos tebeos de Doncel y de la colección "Rambla Color" deberán decidir si les conviene gastarse el dinero en esta nueva edición para disfrutar de una impresión y un color bastante mejores que los ya existentes (con el hándicap de las páginas en blanco y negro), o si, por el contrario, prefieren seguir solazándose exclusivamente en sus viejos álbumes. En sus manos está la decisión...

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(*) Si en Saloon se presentaron en color es difícil pensar que Les Humanoïdes las publicaran en blanco y negro. Aunque no estoy seguro de este punto, pues no he tenido ocasión de consultar su edición francesa.

(**) En mi análisis únicamente he tomado en consideración estos, dejando de lado la edición por entregas que se publicó en la revista Trinca (que, por supuesto, cuando se estudia con detalle también tiene sus características y peculiaridades).