MENOS mal que he podido terminar la reseña prometida sobre el volumen primero del nuevo coleccionable de
Prince Valiant (PV) que ha sacado Planeta DeAgostini (PdA). ¡¡Creía que no la acabaría nunca!! ¡¡Un poco más y me junto con la salida a la calle de los dos tomos siguientes! ¡Por Wotan (que es como decir por mi enemigo)! ¡Si es que estoy más liado que la trenza de un germano con la cabeza sin lavar! En fin, Serafín. La verdad es que la cosa ha terminado convirtiéndose, por una u otra razón, en un verdadero análisis del color en la serie (quizá al dejarme llevar por los comentarios que los visitantes han ido publicando en la última entrada que dediqué al tema). Pero bueno, una cuestión interesantísima, en cualquier caso.
Lo cierto es que desde hace más de una semana tengo el dichoso volumen de la nueva edición "planetoide" (que, en adelante, también llamaré Planeta 2011). Lo he leído con detenimiento, lo he visto y revisto, lo he olido repetidas veces —¡ah, ese aroma a tinta de todo libro recién salido de imprenta!—, lo he tocado y ahora me propongo realizar un análisis del mismo, comparándolo con las otras dos ediciones más recientes. Hablo, por supuesto, de la de Manuel Caldas y de la norteamericana de Fantagraphics (aunque mencionaremos, también, alguna otra).

Para ser justos, quizá debería haberlo cotejado únicamente con esta última —puesto que estamos hablando de dos ediciones en color (la de Caldas, ya saben, es en glorioso blanco, negro y grises)—. Pero como el portugués hace las cosas de manera fetén, pues su trabajo siempre es referencial por muchos aspectos. En este sentido, nunca me cansaré de repetir que si tanto Fantagraphics como Planeta hubieran tomado como base la línea y el negro de la edición "caldiana" todos habríamos ganado considerablemente. Pero bueno, vamos ya a lo que importa.
1º) TAMAÑO
Comencemos por lo que más llama la atención del nuevo coleccionable: me refiero claro está, a su tamaño, que es considerablemente más pequeño que el de las ediciones de Fantagraphics (la mayor) y de Caldas. Ya sabíamos, ciertamente, que la de Bocola —reproducida por Planeta— es más reducida que sus hermanas norteamericana y luso-española, pero ¡no vean ustedes cómo cambia la idea que uno se hace de las cosas cuando se tiene el volumen delante y entre las manos! Por otro lado, no se trata única y exclusivamente de la dimensión total del libro, sino de lo que mide la mancha; esto es, del tamaño al que se ha reproducido la parte dibujada por Foster. He aquí lo verdaderamente importante. En este sentido, y aunque los libros de Fantagraphics son los mayores por tamaño general (36 x 26,5), sin embargo es la edición de Caldas —cuyo libro mide 35 x 26,8— la que se lleva el gato al agua y ofrece una reproducción mayor de las viñetas, pues los márgenes empleados son menores que en el caso de la norteamericana: así, frente a los 30,5 x 23,5 cm. de mancha en Fantagraphics, tenemos los 33 x 25 cm. de Caldas. En cuanto a Planeta —cuyo libro mide 32 x 23,5 cm.—, ha optado —ignoro si en el caso de Bocola ocurre igual (aunque a juzgar por algunas imágenes que pueden rastrearse por la red parece que sí)— por utilizar unos márgenes algo más amplios que reducen la posibilidad de aumentar el tamaño de la plancha. De ahí resulta una reproducción de las viñetas bastante reducida respecto de las dos ediciones anteriores: 26,5 x 20 cm. (o 29 x 19 cm., para el caso de aquellas planchas —de la 1 a la 17— basadas en reproducciones de periódicos que introdujeron añadidos en las partes superiores e inferiores de las viñetas, tal como muestra Caldas en el volumen primero —p. XII—, al hablar de la plancha primera).

Comparativa de tamaños (escala 1:10) entre las portadas de Fantagraphics, Caldas y Planeta 2011
Voy a resumir un poco lo dicho hasta ahora utilizando un cuadro comparativo, pues la explicación quizá haya quedado algo liosa:
A pesar de todo, a pesar de este menor tamaño, la edición de PdA se ve francamente bien y puede leerse cómodamente. Hay, por tanto, una gran diferencia (a mejor) con respecto de la última edición en color que teníamos en España: esto es, la propia (y tan criticable) que sacara la misma Planeta en el año 2006. Primer punto positivo, por tanto, para la nueva.
2º) MANEJABILIDAD
Es una consecuencia directamente relacionada con la cuestión del tamaño. Casi todos los aficionados desearíamos que las ediciones de
Prince Valiant fueran más grandes de lo que han sido por regla general. ¿Pero se han parado a pensar ustedes en lo incómodo que resultaría manejar un libro rígido del tamaño estándar de los viejos periódicos norteamericanos en donde aparecía publicada la serie fosteriana? Es decir, un volumen de 54x40 cm., con 104 páginas —algunos, incluso, proponen que debería reunirse en cada uno de ellos el material de cuatro años—, en tapa dura y con un papel de buena calidad que, sin duda, tocaríamos con sumo cuidado para no arrugarlo, ni ocasionarle dobleces. Un coñazo, vamos. Por no hablar del precio que dicha edición alcanzaría. Sería de todo, menos económica.
Achim Dressler, editor de Bocola, ante una de las enormes páginas dominicales de periódico norteamericano.
Una preciosidad, pero de incomodísimo manejo en caso de no querer arrugarla (© Fritz Jörn)
Es evidente que todas esas características no se le pueden exigir a Planeta, por la sencilla razón de que su propuesta editorial con este último coleccionable va dirigida a un público generalista. Y éste no sólo rechazaría, casi con toda seguridad, el encarecimiento consiguiente, sino que cabe la posibilidad de que el lector que se acerque por vez primera a la obra de Foster viera incluso incómodo un formato excesivamente grande e inmanejable, pues su objetivo no es admirar embelesado las planchas, sino leer la historia. En resumen: creo que la presente edición "planetoide" está bastante bien y puede cumplir, con creces, las expectativas de todos sus potenciales compradores (incluso la de los más forofos). Quizá los volúmenes podrían haber sido un poquitín más grandes —hasta llegar al tamaño de Fantagraphics o de Caldas, que siguen siendo manejables—, pero debemos reconocer que son muy aceptables por tamaño, precio y manejabilidad.
3º) COLOR Y LÍNEA
El problema del color en las planchas de
Prince Valiant ha sido analizado brillantemente y con la suficiente atención por mis amigos de
Cómic, Historietas, Tebeos, en el número extra y monográfico que dedicaron a la serie (pp. 65-89). Asimismo pueden ver un completo artículo en su blog del mismo nombre, pinchando en el siguiente
enlace. Y también hallarán suficientes datos sobre el tema en el capítulo 3º (pp. 67ss.) del libro de Manuel Caldas,
Foster y Val. Los trabajos y los días del creador de "Prince Valiant". A pesar de todo, me gustaría decir algunas cosas al respecto, especialmente después del interesante y largo debate que se ha originado en la
anterior entrada que dediqué al nuevo coleccionable de PdA.
Portadas de las ediciones de Zenda, Splitter, Bocola y Fantagraphics
Para empezar, creo que existe un elemento indiscutible del que partir en cualquier discusión sobre el tema: ninguna de las ediciones en color más recientes ahora mismo de
Prince Valiant —Zenda, Splitter, Bocola, Fantagraphics y Planeta 2011 (que sigue a la tercera)— puede considerarse como definitiva. En este sentido, ni aún la mejor de todas ellas (Fantagraphics) ha logrado satisfacer por completo a los aficionados y seguidores de la serie. Se podrá arguir que esto es así porque dichos aficionados son unos tiquismiquis, unos pirados y unos maniáticos, que se fijan en menudencias y se ofenden por tonterías. Es posible, pero lo cierto es que ninguna de tales ediciones ofrece el color adecuado, según la información que proporcionan las pruebas de color
(color proofs) conservadas en la Universidad de Syracuse, bien porque utilizan como única base las páginas dominicales de los periódicos —tal es el caso de Zenda y Bocola (esta última, además, ha suavizado demasiado los colores)—, bien porque pese a haber empleado las citadas pruebas —como ha ocurrido con la última edición de Fantagraphics—, se ha hecho a partir de unos escaneados muy defectuosos (realizados por la Universidad, y no por la editorial), en los que la línea aparece bastante desvaída y los colores demasiado subidos de tono (posiblemente por no haber tenido en cuenta que el papel en el que se iba a imprimir tiene unas cualidades distintas al de los periódicos de la época de Foster). Al menos esto es lo que podemos decir de los tres volúmenes publicados hasta la fecha. Ya veremos qué ocurre en los siguientes.
La plancha 199 (del 12 de enero de 1940) en la edición de Fantagraphics
Todas estas cuestiones, la complejidad técnica implícita en la tarea de restauración, las elucubraciones de lo más variopintas que pueden leerse en la red hacen que el tema del color en
Prince Valiant acabe despertando —como bien sabemos los muy aficionados— todo tipo de pasiones y visceralidades. Las posturas van desde quienes proponen una reconstrucción completa del color —partiendo, en ocasiones, de planteamientos bastante discutibles—, hasta quienes se conforman con la simple reimpresión de las páginas de los viejos periódicos en que apareció publicada la saga de Foster sin una sola corrección. Hay también quienes consideran que basta con editar la serie en blanco y negro, puesto que así habría sido, casi con total seguridad, como la concibió su creador (aunque se viera obligado por la coyuntura del momento a publicarla en un color bastante malo). Y por último están quienes no dicen nada al respecto. En fin, Serafín: opiniones de todos los gustos, como pueden ver.
Condiciones irrenunciables para un buen color de PV
Yo también tengo la mía, por supuesto, aunque quizá no esté tan prefijada como la de otros aficionados y expertos. Es decir, soy relativamente flexible en esta cuestión del color y me dejaría guiar por el criterio de un buen editor (pongan aquí, por favor, el nombre de Manuel Caldas, pues me ha demostrado —en numerosas conversaciones privadas sobre éste y otros temas— que hace las cosas no sólo con pasión, amor y entrega, sino también con argumentos y sentido común). Ahora bien, ello no significa que no tenga mis propias ideas al respecto. Y además hay unas cuantas de ellas que considero irrenunciables para tomar en serio cualquier edición de
Prince Valiant que se tenga por "definitiva". Son las siguientes:
1º) La edición tiene que ser en color, antes que en blanco y negro, puesto que así fue realizada la serie original. Se podrá arguir que Foster estaba obligado a ello por los condicionantes de la época. De acuerdo. Es muy posible que fuera así. Pero lo cierto es que pensó sus planchas para que numerosos detalles de las mismas —especialmente en los paisajes, los cielos y los fondos— quedaran acabados con el propio color. Así pues, es un elemento que, nos guste o no, está ahí y forma parte de la tradición histórica de la serie. De manera que en cualquier lectura o recuperación "filológica" que se quiera hacer de ella debe ser tomado en cuenta y considerado como una realidad a la que no se debería renunciar. Ello no es óbice, desde luego, para que existan ediciones como la de Caldas (sólo en blanco, negro y grises). Es otra manera de contemplar la obra y, en todo caso, el punto de partida ineludible para obtener la línea y el negro de lo que sería una edición en color definitiva.
2º) Me parecen inaceptables aquellas propuestas restauradoras que van más allá del intento de recuperar, con mayor o menor fidelidad, los colores originales, tal como se reprodujeron en la época. Al hablar así pienso, evidentemente, en el caso de Adolfo García, a quien Planeta DeAgostini le hizo una verdadera jugarreta, arruinando su versión en color de PV y mostrando el grado de chapucería al que puede llegar una gran editorial cuando se lo propone. Inadmisible, ciertamente. Pero incluso viendo las páginas que García pone como muestra de lo que él habría querido que saliera publicado (y algunas son
buenas), su propuesta sigue sin convencerme. Va demasiado lejos —y no lo digo sólo porque haya reconocido que estaba dispuesto a retocar dibujo si hiciera falta (como
afirmó burlándose de quienes apuntaron esa posibilidad), o porque se permita reinterpretar un color que, con sus defectos y carencias, fue el que aprobó Foster—, sino porque la filosofía con la que ha abordado su labor es errónea, a mi entender. He aquí —y cito literalmente— lo que desea hacer García con su restauración:
«El dibujo y la historia [de PV] no ha envejecido lo más mínimo, es tan bueno como hace 70 años, pero el color si, considero que aplicarlo de nuevo con una paleta de colores más extensa, con más riqueza de matices, con fidelidad a la realidad de las cosas, un color actual, que contente a los puntillosos de siempre, (cosa complicada), y que interese a nuevos lectores. Esa es mi idea de como actualizar la serie, ya que en realidad se trata de eso».
La negrita, evidentemente, es mía, y está ahí para señalar lo más grave de todo el párrafo. O sea, que García no desea "restaurar"
Prince Valiant, sino "actualizarlo". Pues bien, a servidor le interesa más lo que hizo y pensó Foster, antes que las propuestas renovadoras de mi compatriota. ¿Qué le vamos a hacer? ¿Pero cómo que "actualizar" la serie? ¿Es eso lo que tiene que hacer un "restaurador"? Porque yo pensaba que su tarea consistía en conservar lo existente y, seleccionando entre lo mejor que hay, ofrecer al público la versión más cercana posible a lo que se publicó en su momento. No hace falta que nadie "rejuvenezca"
Prince Valiant. En todo caso, a quienes afirman que Foster habría estado satisfecho con esta restauración tan "renovadora" de García se les puede responder que nadie puede saber ya (por desgracia) cuál sería su opinión. Ni siquiera el propio García, claro. Y, por tanto, habrá que limitarse a recuperar lo mejor de aquello que ha llegado hasta nosotros.
A
PV no hay que darle ningún color moderno. ¿Quiénes somos nosotros —¿quién es Adolfo García?— para llevar a cabo esa actualización "modernizadora"?
PV es un clásico, y se tiene que tomar (o dejar) tal y como fue hecho. Es decir, aceptarlo con sus bondades y sus limitaciones. En todo caso, lo que hoy día hay que hacer con la saga fosteriana es publicarla intentando obtener un color lo más aproximado posible al que se ve en los periódicos (pues siempre será el más cercano a lo aprobado originalmente por Foster), pero nunca enmendarle la plana al autor haciendo propuestas actualizadoras (por muy basadas que estén en los colores originales).
En las tres imágenes siguientes pueden ver un ejemplo del exceso restaurador de García. En primer lugar he puesto una plancha de la última edición de Fantagraphics (sacada de la
preview proporcionada por la editorial como promoción y bien subida de colores, como ya he señalado). A continuación, la misma plancha en su versión "actualizadora" de
García y, por último, una imagen del original en blanco y negro (sin trama), tal como se ha conservado.
Al examinar con detalle la página restaurada por García y compararla con las otras dos debemos preguntarnos: ¿de dónde han salido esos bancos de niebla flotante, los cielos de
Photoshop que no existen en la página escaneada de las
color proof, o los cambios de colores que pueden verse? Y, por último, ¿cómo es que aparecen elementos que ni siquiera están en el original dibujado por Foster —me refiero, concretamente, al número de plancha y a la fecha completa de ésta, que podemos ver en la parte inferior de la antepenúltima viñeta—, y otros han sido cambiados de lugar (como es el caso de la firma del artista en la última viñeta)? Por no hablar de otros elementos, como la organización de los textos y la traducción (que parece bastante libre).
En fin, Serafin. Se podrá argumentar —y de hecho lo hacen quienes se muestran partidarios de ese tipo de "actualización"— que el color original de
Prince Valiant es irrecuperable. Bueno, esto quizá sea así para el caso puntual de algunas planchas —se habla de 17—, pero ¿qué ocurre con aquellas otras de las que se han conservado las
color proofs en Syracuse? Pruebas que, por cierto, procedían del propio archivo particular de Foster, que fue quien las donó. ¿Dirían esos
novatores que no guardan el color que el padre de la serie había aprobado (de acuerdo, ciertamente, que con las técnicas y las limitaciones de la época)?
Color proof de la plancha 1768 (27-12-1970), una de las últimas realizadas por Foster.
Éste debería ser el material base sobre el que "restaurar" los colores de Prince Valiant
3º) Pues bien, pese a las dificultades existentes —y aquí ya paso a otra de las condiciones ineludibles que yo exigiría de una edición considerada "definitiva"—, yo sí creo que podríamos llegar a una especie de
entente cordiale —bueno, más que nosotros, lectores y aficionados, los editores y especialistas—, merced a la cual se consiguiera una edición muy cercana a la original. Para ello haría falta recopilar la mayor cantidad de páginas de periódico con las dominicales de
PV, cotejarlas, seleccionar las mejores y más homogéneas de entre ellas y terminar comparándolas con las pruebas de color —aprobadas por Foster, no lo olvidemos—, para ver si ha habido variaciones en las tonalidades y si es necesario retocar la intensidad del color presente en dichas páginas o en las propias pruebas de color (pues hay algunas de ellas que están muy subidas de tono). El resultado obtenido quizá le seguiría pareciendo "anticuado" a una buena parte de lectores —pues, de hecho, ahí permanecerían los colores más o menos planos del huecograbado, así como las tramas que tanto molestan a algunos—, ¿pero no es cierto que, en ese caso, estaríamos ante algo muy cercano a lo que se hizo originalmente, en época de Foster? Yo creo, desde luego, que sí. Claro, que quizá sea porque me siento más partidario de la conservación, que de la revolución propugnada por Adolfo García.


Dos pruebas de color más, en las que se pueden ver las líneas horizontales que, a media altura, atraviesan
cada uno de los ejemplares, como resultado de haber doblado la cartulina por la mitad para su manejo o envío
4º) Para apreciar como se debe esta gran creación de Foster —con un color lo más cercano al original y sin que haya necesidad de eliminar algunos elementos como las tramas— hace falta un tamaño de edición grande, pero tampoco excesivo. El de Caldas, por ejemplo, no estaría nada mal, pues supera (en mancha) al de Fantagraphics y, a pesar de todo, sigue siendo cómodo y manejable. Algo aún más grande, al estilo de la edición de Splitter —no digamos ya el caso de Manuscripts Press, o el de la gigantesca
Camelot Edition de Bocola (portafolio), hechas al tamaño original de los periódicos de la época—, resultaría más incómodo de utilizar, por las razones ya expuestas en el epígrafe sobre "manejabilidad", incluso para los más forofos de la serie. ¡Reconózcanmelo!
La edición de Bocola en su versión tamaño tabloide (libro) y periódico (Camelot Edition) (© Fritz Jörn)
¿Colores suaves? ¿Colores fuertes?
Ya dije
en su momento, y esta impresión ha quedado confirmada en otros foros y en los sucesivos comentarios que han ido dejando en el blog mis amables visitantes, que los colores del nuevo coleccionable de PdA son apagados y de tonalidades suaves. Seguro que hay quien ve en esta peculiaridad un problema, pero a mí no me disgustan. Es verdad que en este primer volumen se les ha quedado la mano un poco corta, y algunas páginas se nos muestran tan desvaídas que casi parecen no tener color. Pero aun a riesgo de que me llamen "
zoquete" por ello, les confieso que prefiero este tipo de tonalidades suaves y difuminadas a las demasiado intensas y vívidas de Fantagraphics (cuyos tres volúmenes presentan, como ya he dicho antes, unos tonos en exceso saturados, especialmente los amarillos y los rojos). Aunque, pese a todo, reconozco que en ninguno de los dos casos estamos ante el color adecuado.
Planchas primera y segunda en PdA 2011
Las mismas planchas en la edición "subida" de color de Fantagraphics
Siempre he creído que esas tonalidades más apagadas eran las propias de los viejos cómics de prensa, y derivaban de un proceso de envejecimiento y descomposición de los colores originales, debidos al tiempo y a la mala calidad de los papeles empleados. Por otra parte, el visionado del único material relativo a las planchas que conserva un coloreado personal de Foster —me refiero, claro está, a las guías de color
(color guides)— parecía abundar en dicha idea. Estas
color guides eran las fotocopias que el genial artista coloreaba con acuarelas y entregaba al fotograbador como referencia para realizar las pruebas de color compuesto de que ya hemos hablado (las
color proofs), y que eran las utilizadas para realizar las tiradas definitivas. A pesar del mal estado de conservación de tales "guías de color" —consecuencia directa de la mala calidad de su papel (se pueden ver dos ejemplos en el extra de
CHT, p. 77, además del que pongo yo a continuación)— comprobamos que Foster parecía preferir una gama de tonalidades suave y un tipo de color matizado, capaz de realzar las ya suficientes cualidades intrínsecas del dibujo, aunque al entrar en juego la fotomecánica y las técnicas de impresión de la época, el resultado pudiera ser algo distinto al ideado por el dibujante en un principio (que, en todo caso, daba el visto bueno al resultado final).
Guía de color que puede verse en la página 67 del extra de CHT y ahora, también, aquí
Color guide realizada por Foster (o por un colorista encargado por él) con las
indicaciones de los códigos de color para el fotograbador escritas a mano
Esa es la idea que uno saca al ver estas imágenes. Pero en conversaciones con Manuel Caldas, éste me ha explicado que la realidad podría ser bien diferente. Para empezar, y en su opinión, nada autoriza a pensar que Foster prefiriera colores suaves como los que aparecen en las
color guides. Cree el portugués que esas tonalidades apagadas responderían únicamente al hecho de que el dibujante apenas empleaba tiempo en realizarlas, dando sólo pequeños toques que sirvieran como indicación al fotograbador. Y lo mismo cabría decir de los ejemplos que conservamos de viñetas coloreadas que dedicaba y entregaba a admiradores: la intención de Foster era atender dichas peticiones, pero sin perder demasiado tiempo con ese trabajo, de modo que le bastaba con dar algunas pinceladas ligeras y suaves, sin llegar a un gran acabado. Por el contrario, continúa afirmando Caldas, cuando examinamos dibujos que Foster realizó y coloreó para ser imprimidos en
offset —una técnica que sí permitía la reproducción de originales coloreados directamente—, entonces vemos que el artista empleó tonos mucho más fuertes e intensos. Es decir (y cito literalmente a Caldas en uno de sus correos): «Se ve claramente que el color es tal y cual como salió de los pinceles de Foster (o sea, que no fue "construido" como el de los periódicos)». Esto se echa de ver, por ejemplo, en las portadas que el dibujante realizó para las adaptaciones literarias de su saga, publicadas por Hastings Press, y en algunas otras ilustraciones conservadas, tal como la que pongo a continuación (que el bueno de Caldas utilizó hace un par de años para felicitar a sus 300 fieles por Navidad).
Ilustración navideña impresa en offset y reproduciendo, según Caldas, el color dado por Foster
Debo confesarles que, en realidad y pese a las
sólidas y argumentadas razones del editor portugués, no termino de estar
convencido del todo en lo que se refiere al proceso de envejecimiento
de los colores y al hecho de que, por fuerza, estos tenían que cambiar
su intensidad al imprimirlos sobre un papel de peor calidad que aquél otro en el que
se reproducían las pruebas de color (generalmente muy blanco y de buena
calidad). En este sentido, y con el objeto de agotar todas las vías de
conocimiento posible —aunque Caldas considera que esto es ir demasiado
lejos (y así me lo dejó dicho en otro correo electrónico)—, no me parece
descabellado que se llevara a cabo un estudio de los materiales,
similar al que propuso Álvaro Pons
en su blog La cárcel de papel,
a través del cual se pudiera simular —según él, que es físico
especialista en colorimetría, existen elementos para ello— el proceso de
envejecimiento, para llegar a deducir cuáles pudieron ser los colores
originales (tanto en los periódicos como en las pruebas de color, que
también han sufrido una degradación con el paso del tiempo). Imagino,
además, que realizar este estudio sobre las dominicales de los
periódicos, para aclarar si se producía en ellas una suavización del
color —respecto de las pruebas de color— merced a la peor calidad del
papel
(pulp) para el huecograbado, tampoco sería demasiado dificultoso. Es posible, incluso, que ya existan investigaciones en este sentido. Otra cosa es que se llevaran a cabo alguna vez en nuestro país.
El encantador color de las dominicales de los periódicos:
¿simple consecuencia del envejecimiento o resultado del proceso de impresión?
En fin, Serafín. Pero mientras esta posibilidad llega —téngase en cuenta que estamos hablando de algo que casi parece ciencia ficción, y que ninguna editorial asumiría posiblemente nunca—, el mejor modo de recuperar
Prince Valiant con su antiguo esplendor pasa por el camino que ya he señalado antes: utilizar las pruebas de color conservadas en Syracuse y trabajar con ellas para combinarlas con los
mejores ejemplares de las dominicales de periódicos conservadas.
Otra dominical de periódico junto a un ejemplar de la edición alemana de Splitter Verlag. Aprecien la diferencia
de tamaño (y consideren que la de Splitter es una de las ediciones de mayor dimensión: 37,7 x 30 cm.)
El problema (peliagudo) de las tramas
Hay otra cuestión importante, relacionada con el color en
Prince Valiant, a la que ya me he referido antes con brevedad. Se trata de las tramas. Éstas se hallan presentes absolutamente en todas las pruebas de negro y línea que se tiraron a partir de los originales de Foster, pues su presencia respondía a la necesidad de proporcionar mayor volumen y riqueza a los dibujos originales —con vistas a la publicación, en solo blanco y negro, que algunos periódicos hacían de la serie—, y por el hecho de que en cuatricromía —que era la técnica empleada en el huecograbado— algunos colores se obtenían a base de mezclarlos con dicha trama (es el caso del marrón, derivado del gris de la trama, del magenta y del amarillo). Así pues, se trataba de una limitación —¿una más?— impuesta por las condiciones técnicas de la época.
Original (arriba) y copia con trama (en un montaje de mis amigos de CHT)
Muchos aficionados consideran innecesario este aditamento de las tramas por varias razones. Primero por el hecho de que era una limitación de la época, como ya he señalado, y hoy día todos los colores pueden obtenerse con facilidad, sin necesidad de utilizarlas. Segundo, porque piensan que su empleo da como resultado unos tonos sucios o manchados, faltos de pureza y brillantez. En tercer lugar, porque estorban a la nitidez de la línea negra (que sí es bien precisa en los originales). Hay que recordar, a este respecto, que Foster no aplicaba él mismo la trama sobre sus planchas originales, al contrario de lo que hicieron otros autores como Alex Raymond (en
Rip Kirby, por ejemplo). Todo ello lleva a pensar a los detractores de este recurso gráfico que el tramado es un apéndice añadido, en el que no tenía participación la mano de Foster y que, por tanto, podría ser eliminado sin problema. Entre quienes defienden dicha postura se encuentra el citado Adolfo García —cuyas restauraciones se ofrecen sin trama—, así como mis amigos de
CHT, con los que suelo estar casi siempre en sintonía, pues entre ellos y un servidor hay bastante afinidad de gustos y pareceres en esto de la historieta (debe de ser por cuestiones de la edad). Sin embargo, no estoy muy seguro de que en este caso también pudiera seguirles. No sé, no sé...
La trama y el gris en PV: ¡ahora los ves, ahora no los ves! (gentileza, otra vez, de CHT)
Y es que en esta última cuestión —la de suprimir las tramas, digo— no tengo una idea bien formada del todo, ya que se trata de un tema de gran complejidad técnica y directamente relacionado con el trabajo sobre el material (cosa en la que, verdaderamente, carezco por completo de experiencia). De modo que, si por un lado pienso que la trama y las "limitaciones" que ésta impone deberían ser tomadas en cuenta en cualquier buena restauración que se llevara a cabo —pues al tratarse de un elemento que se encuentra en la edición original tendría que conservarse, aunque reduciendo en lo posible sus efectos negativos (por ejemplo, con una nítida base de negro, suavizando un poco los colores y ofreciendo una edición de buen tamaño, de manera que fuera visible tanto la línea como la trama)—, por otro, sin embargo, me dejo seducir un tanto por los efectos "pictóricos" que se obtienen al eliminar la trama y pienso que quizá podria resultar interesante una edición restaurada, en la que ésta hubiera sido suprimida con ciertas garantías. Vean, como ejemplo de lo que digo, una de las propuestas que, sobre este particular, hicieron mis amigos de
CHT en su extra dedicado al
Príncipe Valiente:
Como pueden comprobar, sobre un original proporcionado por Caldas (arriba) y utilizando (centro) el color de la edición francesa de Zenda —que figura entre las primeras de mi preferencia para el color—, los muchachos de
CHT proponen esa interesante, mesurada y bonita restauración sin tramas (abajo). ¿Qué opinan ustedes? El resultado no está mal, desde luego, pero debe tenerse en cuenta que se ha hecho sobre un dibujo original y sin tramar. En otros casos más complicados hay que andarse con cuidado a la hora de suprimir el tramado, pues junto a los puntitos que lo forman podemos "llevarnos", sin querer, algo más de lo deseado. Al hablar de esta cuestión, Manuel Caldas me indicó que no siempre es posible hacerlo con éxito. Y cito literalmente de otro correo electrónico:
«Con las tramas de puntitos más pequeños eso [quitar la trama] es fácilmente posible, pero con las tramas de puntos grandes, muchas en que ellos casi se tocan, es imposible hacerlo sin afectar seriamente la línea [...]. La solución de borrar unas tramas y dejar otras no hará con que, inevitablemente, en una visión global de la plancha, los colores resulten con un tono diferente del original. Yo defiendo que la forma correcta, la ABSOLUTAMENTE correcta, de restaurar el color no es recolorear pero simplemente escanear cuidadosamente las pruebas en color que existen y corregir los defectos de impresión que, como se ve en la edición de Fantas, tienen (sí, los tienen: por exemplo, en la plancha 57, en el vestido de Morgan el verde tiene manchas, un defecto que se encuentra en otras zonas de color; y en muchas planchas algunos colores se sobreponen a las líneas, un efecto que no era lo pretendido)».
A continuación muestro un par de ejemplos, en los que puede comprobarse que la eliminación de las tramas se ha llevado, también, una parte de la línea y ha supuesto el abigarramiento de ciertos detalles del dibujo, así como el empastado, la pérdida de nitidez en la línea y el apelmazamiento de los sutiles tramados realizados por Foster con su pincel. Siento haber elegido para ello el material restaurado por Adolfo García —no querría dar, en absoluto, la sensación de que tengo algo contra este dibujante y colorista (nada más lejos de mi intención, la verdad)—, pero es que es el único que he podido conseguir, gracias a su blog, donde ha hecho públicas estas imágenes que ahora utilizo (y por lo cual le doy las gracias).

Se trata de dos viñetas extraídas de la plancha 231 (del 4 de abril de 1943). A la izquierda están las viñetas con trama, procedentes de la edición de Caldas. En el centro, las mismas viñetas, pero con la trama suprimida por García. Finalmente, a la derecha, tenemos su versión coloreada y también sin trama. Un análisis detallado y en profundidad de las dos series de viñetas nos revela detalles muy significativos. Observándolas con atención, lo primero que se aprecia y llama la atención es que en las viñetas retocadas por García se ha perdido nitidez y parte de los detalles que sí hay en las de Caldas. Empecemos por la tira superior.
(Ampliar la imagen para ir comparando con las explicaciones que se dan a continuación, en el texto)
Si la recorremos, de izquierda a derecha y de arriba a abajo, analizando con detalle a cada uno de los personajes, veremos lo siguiente: 1º) Los tramados que representan los destellos de la antorcha que está fuera del encuadre iluminando la escena han quedado simplificados en las dos últimas viñetas. Como consecuencia de ello, hay un menor efecto de transición entre la zona iluminada y la oscura. Cerca del foco de luz se han perdido líneas y, a medida que nos alejamos de éste, el apelmazamiento de las mismas crea manchas de negro, en lugar de tramado; 2º) A las sutiles tramas del brazo levantado del personaje que sujeta la antorcha les ha ocurrido lo mismo. También ha desaparecido el pequeño pliegue en la parte superior y delantera de la capucha de este mismo personaje; 3º) El personaje que apunta con el dedo ha perdido detalle en las líneas que perfilan su rostro (especialmente a la altura de la barba, que estaba hecha con trama y ha sido suprimida, llevándose el resto de líneas). Otro tanto ocurre con la suave trama que une las dos sombras producidas por el bícep y el tríceps: en la versión restaurada por García dicha trama se ha convertido en una mancha negra. Y lo mismo podemos decir del sombreado que producen las arrugas de su túnica en la parte delantera (especialmente la más grande de todas, que es un simple manchón). 4º) Si nos fijamos ahora en el personaje de la derecha que está delante del que sujeta la antorcha, comprobaremos que todos los sutiles tramados dibujados por Foster para crear el efecto de claroscuros en su cabello han desaparecido en la "restauración" de García y se han convertido en una simple masa negra. Y algo similar ocurre con los sombreados de su túnica, que parecen haber sido rehechos por completo, ante la imposibilidad de discernir con claridad qué parte era línea y cuál trama (pues se trata de una zona muy oscurecida por esta última); 5º) Cuando pasamos al desaseado personaje de la izquierda (el que tiene cara de triste), vemos que García no ha podido evitar la pérdida de precisión en las finas líneas que simulan el brillo del pelo, así como en los diferentes tramados que realizó Foster en el pómulo, el esternocleidomastoideo y el bíceps del personaje. Incluso se han eliminado las pequeñas marquitas que se ven en el bigote y la barba emulando el vello, seguramente pensando en sustituirlas luego con el color (cosa que, sin embargo, no ha hecho García, de manera que el personaje, por arte de su birlibirloqueña versión, pasa de estar sucio y sin afeitar a quedar perfectamente rasurado). Como en el proceso de "restauración", además, ha desaparecido la fina línea que va bordeando su tabique nasal, la expresión final de dicho personaje es bastante distinta a la que había dibujado Foster. Y así, de parecer un patibulario, pasa a tener cara de tonto; 6º) Al personaje calvo y narigudo de la derecha se le han apelmazado los pelos de la barba y el bigote, así como todas las sutiles líneas que dibujan sus formas redondeadas: pómulos, mejilla, parte occipital de la cabeza, cuello y área del músculo trapecio...). Además, le han surgido, como por ensalmo, tres rayas en toda la cocorota que no aparecen en el original fosteriano; 7º) Por último, el personaje de primer plano ha experimentado esta misma falta de nitidez en la línea y los tramados, ha visto redibujadas algunas arrugas de su chaleco y ha perdido parte de la línea del cuello de la camisa.

(Ampliar la imagen para ir comparando con las explicaciones que se dan a continuación, en el texto)
Algo idéntico ocurre con la tira inferior, aunque aquí, al tratarse de un soberbio primerísimo plano y ser el tramado de un tamaño más grande, la nitidez perdida es menor. Pero los problemas detectados anteriormente también los encontramos ahora. Basta fijarse, por ejemplo, en la falta de sutileza de la trama que recrea los brillos en el flequillo de Val (sobre todo, en esas tres gruesas líneas que García ha trazado —justo sobre el ojo izquierdo del personaje— para sustituir las finas y delicadas que había dibujado Foster). Y algo parecido ocurre en su bucle izquierdo, donde se ha reducido esa parte de brillo y se ha perdido nitidez en el tramado (convirtiéndose éste en una mancha negra).
Una de las páginas del extra de CHT, donde se explicaba el proceso de color en Prince Valiant,
que ahora puede verse también en el blog del mismo nombre
En fin, que no sé. No lo tengo nada claro, la verdad. Esta cuestión de la trama es, para mí, casi tan peliaguda como la del color propiamente dicho. Más complicada aún, si cabe, pues si bien es cierto que la presencia y la utilidad del color no la niega nadie —aunque haya aficionados que aseguren preferir una versión en blanco y negro de
Prince Valiant—, en el caso de las tramas no es, ni mucho menos, así. Pero tengo para mí que lo más correcto, que la lectura más "filológica", que lo más fiel a la obra original consistiría en editarla con las tramas incluidas, pues fue con ellas como apareció publicada la serie en los periódicos de la época. Sobre todo, si los efectos de quitarlas son tan deformantes como los que acabo de señalar hace un instante.
Conclusiones sobre el color
Basándonos en todo lo dicho hasta el momento, pienso que la mejor edición de
Prince Valiant
será aquella que empiece por respetar, ante todo, la integridad de la
línea y la intensidad del negro (pues son los únicos elementos que, con
toda seguridad, fueron realizados por Harold Foster). En cuanto al
color, el objetivo a alcanzar creo yo que se encontraría a medio camino
entre las ediciones de Zenda o Splitter y la norteamericana de
Fantagraphics, pero siempre que se evitaran los defectos que aparecen en
las dos primeras —falta de nitidez en la línea, transparencia del
reverso en ciertas páginas, amarilleamiento de algunas de las planchas
escaneadas, etc.— y retocando la segunda para reducir la intensidad de
los tonos y corregir ciertos errores que aparecen ya en las pruebas de
color originales, y que en la edición norteamericana se han dejado sin
modificar. El tantas veces mencionado Caldas pone un ejemplo concreto de
este último problema: el vestido verde que Morgan Le Fey lleva puesto
en la plancha 57 presenta una serie de manchas que no se han corregido.
Otros fallos pueden leerse
aquí.
Un par de planchas (dominicales 553 y 590, de 14-09-1947 y 30-05-1948) tomadas del que es
considerado mejor volumen por color de la edición de Zenda (procedentes del blog de Mariano Bayona)
Dos ejemplos del color, menos cálido pero igualmente destacable, que ofrece
la edición de Splitter (procedentes del blog de Mariano Bayona)
En cuanto a la nueva edición de PdA poco más hay que decir a este respecto. Insisto en lo que ya señalé días atrás en
entradas precedentes: es un color suave y apagado pero muy aceptable. Desde luego, si lo comparamos con las anteriores ediciones españolas existentes —incluida la de la propia Planeta del año 2006— indudablemente se ha dado un paso adelante. E imagino que se irá ganando en calidad a medida que avance la colección y vayamos llegando a las planchas de las que se han conservado mejores copias en los periódicos, y en donde ya aparece afianzado el formato básico que Foster adoptaría en adelante (con pequeñas variaciones) para narrar las andanzas de su personaje: tres tiras de tres viñetas cada una. Sin embargo, y al contrario de lo que Planeta dice en su publicidad, no podemos considerar en absoluto que se trate de una edición definitiva: hemos ganado mucho —pues está bien lejos de lo hecho con anterioridad—, pero nada de "definitiva". Que nadie se lleve a engaño, ni se rasgue las vestiduras. Se trata de promoción y publicidad, nada más. De todas formas hay que esperar a ver cómo evoluciona el coleccionable y cómo se trata el asunto del color en los próximos volúmenes. En este sentido, las semanas que están por venir resultarán decisivas para ver si hay continuidad.
Como adelanto, a continuación pongo un par de ejemplos (sacados de la edición de Bocola) de planchas de
Prince Valiant que están por venir. Así podrán hacerse ustedes una idea de por dónde deberían de ir los tiros y tener una referencia para verificar, en los dos nuevos tomos que ya están a punto de salir, si PdA va a ser fiel a la fuente de la que bebe su propia edición
Dominicales 53 (12-02-1938) y 86 (2-10-1938) (procedentes del blog de Mariano Bayona)
El negro y la línea
Parece innegable, y hay cierta unanimidad al respecto en todos los foros, que el trabajo llevado a cabo por Manuel Caldas en su edición ha puesto el listón de la restauración de
Prince Valiant en el punto más alto de lo que se puede hacer en blanco y negro con esta obra. Si exceptuamos la posibilidad —contemplada por algunos, pese a las dificultades— de recuperar sólo la línea sin tramas, es innegable que nadie superará en muchos años (si es que lo hace) el resultado obtenido por el portugués, quien nos ha dado una base de trabajo insustituible sobre la que partir en las futuras ediciones en color.
Viñeta 5 de la plancha 213 (9 de marzo de 1941) y un detalle de la misma donde se ve
la calidad de la línea en la restauración de Caldas (pulsar sobre la imagen para ampliar)
Desde este punto de vista, cualquier otra edición que se compare con la de Caldas —que además tiene un buen tamaño— saldrá perdiendo. Y eso es lo que le ocurre, efectivamente, al nuevo coleccionable de PdA (y a la edición de Bocola que le sirve de base): no tienen nada que hacer con el negro y la línea de la anterior. Pero aunque la cosa no sea como para tirar cohetes, ambas están bien reproducidas y ofrecen una calidad más que aceptable, sobre todo si las comparamos con las ediciones que hemos conocido antes en España (recuerdo, ahora mismo, por ejemplo, la realizada por B. O. a finales de los años 70, cuya calidad era realmente ínfima). En este sentido, como el color además está menos saturado que en la edición de Fantagraphics, pues la línea negra aparece menos empastada que allí, aunque el tamaño sea bastante más pequeño que la edición del portugués. En resumen: impresión bastante positiva, aunque PdA 2011 queda a mucha distancia de la nitidez ofrecida por Caldas en sus volúmenes en blanco, negro y grises.