POR diversas razones que no vienen al caso llevo unos días algo alejado del "mundanal ruïdo" —como dijera poéticamente fray Luis de León en su oda a la Vida retirada— y, por tanto, del blog y de todo lo que tiene algún tipo de relación con los medios informativos de nuestra sociedad civilizada (periódicos, telediarios, etc.). Por ese motivo, mi sorpresa y disgusto han sido mayúsculos al encender nuevamente hace un rato el ordenador y encontrarme con la terrible noticia del fallecimiento de uno de los más grandes creadores de toda la historia del Arte occidental (y digo bien). Me refiero, claro está, al francés Jean Giraud, conocido también con el sobrenombre de Moebius.
Impactado por la noticia —como le ha ocurrido a otros aficionados—, he repasado algunos blogs, he leído los titulares de aquellos periódicos digitales que la han cubierto y termino confirmando, enormemente apenado, que el gran Giraud ha fallecido esta mañana, tras una larga enfermedad —imagino cuál podía ser— de la que estaba aquejado hace algún tiempo. Con él desaparece, insisto, uno de los historietistas más grandes, admirados, versátiles e influyentes de todos los tiempos. Y es que sólo pocos (muy pocos) dibujantes —por no decir ningún otro— han sido capaces de desarrollar más de un estilo, de alternarlos indistintamente durante decenas de años y de convertirlos en realidades gráficas indiscutibles, fecundas, exitosas y con la suficiente entidad como para querer ser imitadas por otros artistas.
Esta es la principal característica que yo destacaría de Giraud/Moebius: su capacidad para crear "escuela" desde el punto de vista gráfico, y hacerlo con idéntico éxito en las dos vías que exploró: la más convencional de su faceta como ilustrador de la serie Blueberry y la onírica, transgresora, un tanto underground y vanguardista de su personalidad como Moebius, que dio lugar a obras maestras como El Incal, El garaje hermético, Arzach, o a proyectos tan decisivos y renovadores como el de Les Humanoïdes Associés. Y ello revolucionando los códigos del lenguaje historietístico en esos dos géneros que nuestro autor transitó con absoluta maestría: el western y la ciencia ficción. En cualquier caso, toda su trayectoria terminó confluyendo en esa obra de síntesis artística y vital —convertida, por desgracia, en una especie de testamento artístico— que es su Inside Moebius.
Con razón, el ministro de Cultura francés, Frédéric Miterrand ha escrito a propósito de su fallecimiento: «son, por así decir, dos grandes artistas los que hemos perdido [...]. Estaba el que, bajo su propio nombre, o el de Gir, creó la maravillosa serie western Blueberry, desde hace mucho tiempo situada en el panteón de los grandes clásicos de la historieta. Y había otro Jean Giraud, también talentoso pero muy diferente del primero, un Giraud que se hacía llamar Moebius».
En definitiva: un artista que, como los más grandes y poderosos creadores de la Historia, trascendió las barreras de su propio arte para terminar influyendo en otros cercanos a la historieta. El caso más conocido es el del cine, donde la impronta de Giraud/Moebius quedó marcada profundamente, a través de su colaboración como director artístico y dibujante conceptual en diversos proyectos fílmicos tan prestigiosos y reconocidos como Alien, el octavo pasajero (1979), Tron (1982), Los amos del tiempo (1982), Masters del Universo (1987), Abyss (1989) o El quinto elemento (1997), entre otros.
En fin, Serafín... Giraud/Moebius ha muerto..., pero vivirá para siempre en su arte y en nuestro recuerdo. O, por mejor decir, en el recuerdo de las sucesivas generaciones, pues su obra quizá no sea eterna, pero tiene asegurada la supervivencia por mucho, muchísimo tiempo. ¡¡¡Gracias, maestro, por todo ello y au revoir...!!!
Como conclusión, y a modo de homenaje para con el maestro recientemente fallecido, les dejo con una selección de imágenes de sus trabajos, seguida de una de las historias más famosas e influyentes que llegara a dibujar. No es demasiado larga y posee un marcado tono gamberro que parece invitar a minusvalorarla, y a verla como algo menor dentro de su producción tebeística. Sin embargo, está considerada como una de las mejores historietas de ciencia ficción que se hayan escrito (y dibujado) nunca y, según opinión autorizada, habría marcado un punto de inflexión en el modo de concebir, ilustrar y narrar dicho género en el cómic. Lo cual demuestra una vez más, por si hiciera falta, la grandeza de Giraud como artista. Que la disfruten.
Sit tibi terra leuis, Iohannes!
Giraud, en la mesa de trabajo hace muchos, muchos años, entintando una plancha
de la serie Blueberry, a cuyo protagonista puede verse al lado
Impactado por la noticia —como le ha ocurrido a otros aficionados—, he repasado algunos blogs, he leído los titulares de aquellos periódicos digitales que la han cubierto y termino confirmando, enormemente apenado, que el gran Giraud ha fallecido esta mañana, tras una larga enfermedad —imagino cuál podía ser— de la que estaba aquejado hace algún tiempo. Con él desaparece, insisto, uno de los historietistas más grandes, admirados, versátiles e influyentes de todos los tiempos. Y es que sólo pocos (muy pocos) dibujantes —por no decir ningún otro— han sido capaces de desarrollar más de un estilo, de alternarlos indistintamente durante decenas de años y de convertirlos en realidades gráficas indiscutibles, fecundas, exitosas y con la suficiente entidad como para querer ser imitadas por otros artistas.
¿Giraud o Moebius? ¿Moebius o Giraud? ¿Tanto monta...?
Esta es la principal característica que yo destacaría de Giraud/Moebius: su capacidad para crear "escuela" desde el punto de vista gráfico, y hacerlo con idéntico éxito en las dos vías que exploró: la más convencional de su faceta como ilustrador de la serie Blueberry y la onírica, transgresora, un tanto underground y vanguardista de su personalidad como Moebius, que dio lugar a obras maestras como El Incal, El garaje hermético, Arzach, o a proyectos tan decisivos y renovadores como el de Les Humanoïdes Associés. Y ello revolucionando los códigos del lenguaje historietístico en esos dos géneros que nuestro autor transitó con absoluta maestría: el western y la ciencia ficción. En cualquier caso, toda su trayectoria terminó confluyendo en esa obra de síntesis artística y vital —convertida, por desgracia, en una especie de testamento artístico— que es su Inside Moebius.
Con razón, el ministro de Cultura francés, Frédéric Miterrand ha escrito a propósito de su fallecimiento: «son, por así decir, dos grandes artistas los que hemos perdido [...]. Estaba el que, bajo su propio nombre, o el de Gir, creó la maravillosa serie western Blueberry, desde hace mucho tiempo situada en el panteón de los grandes clásicos de la historieta. Y había otro Jean Giraud, también talentoso pero muy diferente del primero, un Giraud que se hacía llamar Moebius».
En definitiva: un artista que, como los más grandes y poderosos creadores de la Historia, trascendió las barreras de su propio arte para terminar influyendo en otros cercanos a la historieta. El caso más conocido es el del cine, donde la impronta de Giraud/Moebius quedó marcada profundamente, a través de su colaboración como director artístico y dibujante conceptual en diversos proyectos fílmicos tan prestigiosos y reconocidos como Alien, el octavo pasajero (1979), Tron (1982), Los amos del tiempo (1982), Masters del Universo (1987), Abyss (1989) o El quinto elemento (1997), entre otros.
En fin, Serafín... Giraud/Moebius ha muerto..., pero vivirá para siempre en su arte y en nuestro recuerdo. O, por mejor decir, en el recuerdo de las sucesivas generaciones, pues su obra quizá no sea eterna, pero tiene asegurada la supervivencia por mucho, muchísimo tiempo. ¡¡¡Gracias, maestro, por todo ello y au revoir...!!!
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Como conclusión, y a modo de homenaje para con el maestro recientemente fallecido, les dejo con una selección de imágenes de sus trabajos, seguida de una de las historias más famosas e influyentes que llegara a dibujar. No es demasiado larga y posee un marcado tono gamberro que parece invitar a minusvalorarla, y a verla como algo menor dentro de su producción tebeística. Sin embargo, está considerada como una de las mejores historietas de ciencia ficción que se hayan escrito (y dibujado) nunca y, según opinión autorizada, habría marcado un punto de inflexión en el modo de concebir, ilustrar y narrar dicho género en el cómic. Lo cual demuestra una vez más, por si hiciera falta, la grandeza de Giraud como artista. Que la disfruten.
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Sit tibi terra leuis, Iohannes!

















































































