martes, 6 de marzo de 2012

SOBRE LA CONTINUIDAD DE CIERTAS OBRAS MAESTRAS: EL CASO DE "PRINCE VALIANT"


RECIENTEMENTE se ha sabido —yo lo he hecho gracias al comentario de un amigo que participa en este blog— que, a partir del próximo domingo 1 de abril, el ilustrador y dibujante Thomas Yeates tomará el relevo de Gary Gianni y será el encargado de seguir alargando —junto a Mark Schultz (que continúa al frente de los guiones)— la agonía de la llamada "the greatest adventure strip of all time"; esto es, de Príncipe Valiente. Y digo bien, aunque con cierta ironía, pues lo cierto es que la serie no ha hecho sino descender en interés y calidad desde que su creador, el genial Harold Foster, la abandonara definitivamente, allá por el lejano año de 1980.

Foster, junto a Gil Kane, en una convención de cómics celebrada en el año 1970


Hasta entonces, y pese a que 1978 ya había dejado en manos de John Cullen Murphy toda la responsabilidad sobre la parte gráfica —recordemos que desde 1971 Foster venía haciendo sólo los bocetos de cada plancha—, el título mantuvo cierto interés y así fue mientras el maestro se mantuvo al frente del guión y continuó insuflando en la historia esa genial mezcla de épica y cotidianeidad que la había caracterizado. Pero desde que las riendas fueron asumidas enteramente por la familia Murphy  —John al frente de la parte gráfica, su hijo Cullen en los guiones y su hija Mairead en la rotulación y el coloreado— la saga del príncipe de Thule ha ido hundiéndose, de manera progresiva e inexorable, en el pozo de la rutina y la medianía.

Cullen Murphy en dos momentos de su vida. En la fotografía de la izquierda
(fechada en 1956) parece estar trabajando en unas tiras de Big Ben Bolt


Y lo cierto es que Murphy era un magnífico cartoonist, como dejó demostrado con su serie Big Ben Bolt. Pero es evidente que hacía falta algo más que talento como dibujante para enfrentarse a Prince Valiant y salir airoso, pues estamos ante una de las sagas más hermosas y mejor acabadas que hayan existido en la historia del Noveno Arte. No bastaba con saber dibujar, sino que era preciso hacer gala también del sentido poético y literario que desplegó Foster durante todo el tiempo que estuvo al mando de su creación. Y esto, desde luego, no lo han conseguido ninguno de los continuadores de la serie (seguramente porque el listón se había puesto demasiado alto).



Tres muestras del trabajo realizado por Murphy al frente de la serie. Si se analizan objetivamente, al margen
de comparaciones con las inefables planchas de Foster, vemos que el resultado no es, en absoluto malo


Se suele acusar a Cullen Murphy de ser un chapucero y de haber arruinado la creación fosteriana de toda una vida. Sin embargo, creo que tal reproche es del todo injusto y no está fundamentado. Resulta indudable que si de algo sabía Foster era de dibujo y que si eligió a Murphy fue por algún motivo. Se ha debatido mucho a propósito de la razón o razones que llevaron al maestro a tal elección. Yo no voy a entrar en ellos aquí, pero sí recordaré que el estilo del padre de Ben Bolt siempre había sido más o menos el mismo (con la evolución obvia que experimenta cualquier artista) y que nunca tuvo mucho que ver con el de Foster. El dibujo de Cullen Murphy era suelto, espontáneo, con escaso tramado y figuras que aparecen construidas a base de fuertes contrastes entre las luces y las sombras. Un dibujo donde el pincel —manejado con absoluta maestría— adquiere gran importancia expresiva. Por otro lado, justo antes de hacerse cargo de Prince Valiant los estilemas desarrollados por Murphy ya eran exactamente los mismos (con sus virtudes y defectos) que veríamos aplicar al artista en la serie que le dejó en herencia el gran Foster, tal como puede verse en el último ejemplo que pongo a continuación. Es cierto que entre el comienzo de su actividad con Big Ben Bolt y el momento de hacerse cargo de Prince Valiant la calidad media del dibujo de Murphy había descendido considerablemente. Pero esto lo sabía Foster, de eso no cabe duda, y no lo consideró un hándicap especialmente reseñable.




Cuatro muestras donde puede verse el magnífico trabajo de Murphy para su Big Ben Bolt


Si tuviéramos que establecer comparaciones, aunque salvando las lógicas distancias que vienen dadas por la mayor estilización y elegancia en las formas, podríamos decir que el estilo de Cullen Murphy se hallaba mucho más cerca del que desplegó Alex Raymond en su etapa de Rip Kirby (sintético, muy impresionista), que del minucioso, puntillista y opulento de Foster, procedente directamente de la tradición ilustradora y que el autor de Halifax no dejaría de perfeccionar a lo largo de su longeva carrera. Por esta razón, siempre he creído —y en ello coincido con otros muchos aficionados— que el gran sucesor natural de Foster al frente de Prince Valiant bien podría haber sido el argentino José Luis Salinas, cuyo estilo poseía todas las características necesarias para conservar esa esencia de regusto clasicista tan "fosteriano", aunque resultara algo más remilgado (incluso ñoño) que el padre de Val. ¿Pero se imaginan cuál podría haber sido el resultado? Por soñar que no sea...






Impresionantes muestras del trabajo realizado por Salinas en su Hernán el Corsario y en Cisco Kid. Obra
personal y obra de encargo, respectivamente, en la que el genio del argentino brilla a similar altura.
Con razón algunos aficionados dicen preferirle al propio Foster como dibujante


Otro candidato que también me viene a las entendederas al pensar en posibles sucesores de Foster al frente de Prince Valiant es el chileno Arturo del Castillo, extraordinario artista y auténtico mago del tramado. Es indudable que su estilo opulento, barroco e hiperrealista también le habría dado un enorme empaque a la saga del príncipe de Thule. Pero bueno... Todas estas especulaciones ya se alejan demasiado del objeto de nuestra entrada, porque lo cierto es que Foster no quiso que ninguno de estos artistas le sucedieran al frente de su creación. Y sus razonas tendría.


¿Y qué me dicen de estas maravillas "cinceladas" por Arturo del Castillo? Para quitar el hipo


Después de los Murphy, y a partir del año 2004, el relevo fue tomado por Mark Schultz (guión) y Gary Gianni (dibujo), autores que han terminado de convertir lo que había sido una epopeya medieval au pied de la lettre en una historia más de espada y brujería, retomando un tanto el carácter pseudofantástico que tuvo la saga en sus orígenes, cuando Foster aún parecía dudar sobre el camino que debía seguir la historia y nos mostró a su joven héroe conviviendo con monstruos prehistóricos, seres imaginarios o demoníacos y todo tipo de fenómenos paranormales, en un mundo donde la magia era moneda de cuenta habitual.

Mark Schultz (izquierda) y Gary Gianni


Pues bien, seguramente por influencia de los gustos personales de Schultz —que, no lo olvidemos, es el autor completo de los extraordinarios Xenozoic Tales (donde en un mundo post-apocalíptico los dinosaurios y otros seres prehistóricos aparecen conviviendo con los seres humanos actuales)—, el moderno Valiente ha ido haciendo frente a un auténtico catálogo teratológico en el que se incluyen todo tipo de seres (desde extraños vampiros voladores, a hombres de neanderthal redivivos), y donde han vuelto a cobrar considerable importancia los reptiles gigantescos y otros monstruos por el estilo, abandonando la serie el tono cotidiano, historicista y épico que tuvo desde el momento en que Foster encontró "su" camino.

Un ejemplo paradigmático de los nuevos derroteros que ha tomado la serie en la actualidad


Por cierto: muchos aficionados se preguntan por qué motivo un dibujante tan bien dotado como Schultz no se ha decidido nunca a tomar él mismo los lápices (o no ha sido tenido en cuenta para ello), asumiendo la autoría total de la tira y dando ese placer a la numerosa legión de seguidores que le admiran. Estoy seguro de que el resultado podría ser impresionante desde el punto de vista gráfico. Aunque, por otro lado, no sé yo si las voluptuosas mujeres de Schultz y sus musculosos varones tendrían razón de ser en el universo creado por Foster, donde todos los personajes son más épicos que trepidantes y humanos que temerarios. No en balde tan sólo han de luchar con la vida, en lugar de contra feroces dinosaurios. Pero bueno, es indudable que el resultado gráfico en manos del historietista de Filadelfia podría ser, cuando menos, curioso e impactante. De eso estoy absolutamente convencido.



 
 Impresionante el trabajo de Schultz, pero del todo ajeno a la estética fosteriana y de Prince Valiant


Pero dejemos las ucronías y vayamos a lo que cuenta. Y lo que ha estado contando entre los años 2004 y la actualidad es el trabajo realizado por ese magnífico ilustrador que es Gary Gianni, autor al que debemos estupendas interpretaciones de algunos de los más famosos personajes de la literatura pulp (Solomon Kane, Tarzán, Conan, Bran Mak Morn, The Shadow, Doc Savage, etc.).

Ilustración para el libro The Savage Tales of Solomon Kane


El universo de Solomon Kane, magníficamente recreado por Gianni


Solomono Kane, un cruzado contra las fuerzas del Mal


Solomon Kane

Bran Mak Morn, en un dibujo original de Gianni, realizado como ex-libris para un aficionado


The Shadow


Plancha original de una historia de Tom Strong. Las reminiscencias de Charles Dana Gibson
son algo más que tangenciales. Es como si estuviéramos, casi, ante un homenaje declarado


Lo cierto es que su trayectoria profesional y el estilo realista y ampuloso de que hace gala Gianni —anclado en la vieja y prestigiosa escuela de ilustración nortemericana (muy especialmente, en los trabajos de Charles Dana Gibson y Joseph Clement Coll)— hacían pensar que sería capaz de recuperar para la parte gráfica del "nuevo" Prince Valiant el tono monumental y la opulencia que la serie había tenido en época de Foster. Pero al final, sin embargo, se ha demostrado que la cosa no era para tanto, y Gianni no ha podido reproducir, siquiera de lejos, la belleza y la perfección formal de las historias originales. Y aunque ciertamente ha producido escenas y viñetas muy destacables, la mayor parte de su trabajo en Prince Valiant es simplemente aseado y decoroso, como hemos tenido ocasión de comprobar recientemente los aficionados españoles, gracias a la edición española que Panini realizó de Far from Camelot, recopilación de dominicales publicada previamente en EE. UU por Andrews McMeel. Una cosa de lo más normalita, la verdad.

Francamente para llorar...


Quizá haya influido en tan modesto nivel de calidad el cambio de formato de la tira, que ha ido sufriendo una paulatina reducción, con la consiguiente pérdida de detalle en los dibujos. Aunque lo fundamental, a mi entender, consiste en que ninguno de los autores que han sucedido a Foster han puesto el cariño, el tesón, la maestría y las horas de trabajo que éste dedicaba a "su" querida criatura. Esta circunstancia es, para mí, la fundamental, y no tanto el mayor o menor talento de cada uno de ellos respecto del maestro, pues tanto Cullen Murphy como Gianni pueden ser considerados grandísimos artistas. Desgana, falta de interés, por tanto, que si se hubiera evitado quizá habría dado como resultado unas páginas bastante más interesantes y dignas de su glorioso pasado artístico.




Cuatro muestras, bastantes significativas, del Prince Valiant de Gary Gianni: los resultados, en mi opinión,
están bastante lejos de las expectativas que pudo despertar el talento derrochado por el autor en otras obras


¿Y Yeates? ¿Qué puede aportar Thomas Yeates a la serie? Bueno, reconozco que no estoy muy ducho en la obra de este autor —la verdad es que ni siquiera le conocía—, pero por lo poco que he podido ver estos días se comprueba que estamos ante un artista bastante canónico y ortodoxo en sus planteamientos, aunque no descuelle por una personalidad artística y un estilo muy marcados.

 Tom Yeates en una imagen reciente


Se trata de un dibujante que parece cambiar de registro con bastante facilidad y que, por ende, debe poder adaptarse a los diferentes tipos de encargo. Trabaja bien el pincel y domina el dibujo impresionista, de marcados claroscuros y sombras. Sin embargo, su estilo parece hallarse aún más lejos que el de sus predecesores del que caracterizó a Harold Foster, por lo cual le veo más incapaz, aún, que a Gianni de recuperar (o mantener) la gloria pasada del personaje.



 Tres ejemplos de la faceta ilustradora de Yeates


De hecho, las pocas muestras que he podido ver de su trabajo para la serie no invitan precisamente al optimismo. En resumen: no creo que la entrada de Yeates en la honrosa nómina de autores de Prince Valiant vaya a mejorar el camino de declive en que la vieja saga fosteriana se encuentra desde que su creador la abandonara, hace ya la friolera de 41 años. Pero ojalá me equivoque.




 Esto es lo que hay


¿Y ustedes qué piensan? ¿Creen que las grandes series historietísticas deberían fenecer con sus creadores —al estilo de lo que ocurrió con el Tintín de Hergé— o, por el contrario, están más de acuerdo con esa forma de actuar y de ser tan norteamericana, que ve en los títulos un vehículo para perpetuar los personajes y seguir ganando dinero —muchas veces a costa de un descenso en la calidad global—, como ocurre con muchas tiras de prensa estadounidenses, o como ha hecho en tierras europeas el discutido Uderzo con Astérix? A ver, hablen o callen para siempre...

sábado, 25 de febrero de 2012

EL NUEVO "JEREMIAH" DE PLANETA: DECEPCIÓN ABSOLUTA



ANTEAYER tuve entre mis manos el primer volumen del integral de Jeremiah, de Hermann, que Planeta DeAgostini ha comenzado a publicar y bueno... Si esto no fuera una reseña, con voluntad más o menos crítica, que pretende informar al personal sólo diría una cosa de él: quedé absolutamente decepcionado. E intentaré justificar esta impresión tan negativa.

Ya creíamos saber, porque se había anunciado en el preview, cuáles iban a ser las características físicas de la edición (que yo mismo celebré en su momento): tapa dura, color, buen papel, tamaño no ideal, pero sí aceptable... Y lo cierto es que teniendo en mente el magnífico trabajo que esta misma editorial realizó hace unos años con el Comanche del propio Hermann, yo particularmente estaba muy ilusionado y me había hecho la idea de que en esta ocasión también íbamos a tener una gran edicion de Jeremiah.



Pero mis expectativas han quedado truncadas del todo, por la sencilla razón de que Planeta no ha respetado la que puede ser considerada principal de tales características: esto es, el tamaño del libro. Y así, mientras en el preview referido se indicaba que el volumen iba a medir 220 x 295 mm. —dimensiones que no eran las ideales, pero tampoco estaban mal—, finalmente el producto que el aficionado encontrará en las estanterías no supera unas medidas bastante más reducidas, cuales son 208 x 281 mm., aproximadamente. Y esto no es lo peor de todo, pues sólo estamos hablando del tamaño total del libro. Lo verdaderamente importante reside en las dimensiones utilizadas para la mancha —que es donde se reproduce lo que de verdad importa: esto es, el trabajo de Hermann—, y aquí el resultado es, por razones obvias, aún peor: un formato de sólo 183 x 240 mm., aproximadamente. Una canijería, vamos, que nos retrotrae a los tiempos de la vieja edición de Junior y que está bastante alejado de lo que hizo Dólmen hace sólo unos años (que tampoco fue para tirar cohetes, pero sí ofrecía mayores dimensiones generales, de mancha y de libro). A partir de aquí, casi todo lo bueno que se pueda decir de esta nueva edición quedará empañado por tan inadmisible "punto negro", que no sólo muestra una ausencia de "visión" en los responsables del gigante editorial, sino su absoluta falta de respeto hacia los potenciales lectores (pues se anunció una cosa y se está ofreciendo otra distinta y... peor).



En cuanto a la reproducción, puedo afirmar que poco o nada ha mejorado si comparamos esta última edición con las anteriores. Algunas páginas, incluso, han salido peor reproducidas en ésta, al presentar menor nitidez en el negro y, por tanto, una pérdida de línea que se aprecia, sobre todo, en el último álbum de los tres incluidos, precisamente el primero que Hermann entintó enteramente con rotring (instrumento que da como resultado un tipo de línea muy uniforme y bastante más fina que la del pincel). Estos "errores" —sobre todo la falta de nitidez de algunas planchas— estaban presentes en los seis ejemplares que cotejé y debo decir que, sin embargo, no aparecen en la vieja edición de Junior (al menos en el ejemplar que yo tengo), de modo que no hemos ganado mucho. De todas formas, y para ser ecuánimes, habría que examinar (y comparar) la nueva edición con más cuidado para dar por seguro que se trata de un fallo propio de la misma, y no de errores puntuales en ejemplares concretos.

En cuanto a la rotulación y la traducción —ambas nuevas— no puedo decir mucho, pues mi opinión se apoya en un análisis de urgencia realizado a pie de estantería, así es que no he tenido ocasión de comparar con detenimiento ambos aspectos (ni creo que pueda hacerlo en el futuro, salvo que me regalen un ejemplar, pues no tengo intención de comprar el libro). El papel de la nueva edición "planetoide" no está mal. Yo diría que se halla en igualdad de condiciones con el de Dólmen (que también presentó el material en un buen soporte) y que supera con creces al más poroso de Junior (que, con el paso de los años, se ha vuelto amarillento y friable o quebradizo).



Resumiendo: si son ustedes nuevos aficionados y quieren conocer esta magnífica serie, o bien si contándose entre los veteranos fueron incapaces de hacerse en su momento con todos los volúmenes publicados por Junior o Dolmen, deberían sopesar muy seriamente la posibilidad de adquirir esta nueva edición de Planeta, pues se trata de un título imprescindible que debe figurar en la biblioteca de todo tebeófilo que se precie. Pero si ya conocen el material, o si lo tienen en cualquiera de las dos últimas ediciones mencionadas, entonces no ganarán nada agenciándose los nuevos libros, pues bien poco se ha avanzado con su aparición. Y es una verdadera lástima, la verdad, porque si el gigante editorial español hubiera optado por reproducir la edición Grand Public de Dupuis, todos habríamos salido beneficiados y podríamos decir que en España ya existía una edición "definitiva" de este clásico imprescindible de la bande dessinée (como es posible decirlo de Comanche, insisto). Incluso si solamente se hubiera limitado a reproducir la edición más pequeña que la misma editorial belga ha denominado Magnum, utilizando para ello el tamaño que anunciaron en el preview, algo habríamos ganado. Pero nada de esto se ha cumplido. En fin, Serafín... Una nueva oportunidad perdida. ¿Y van...?



Yo, por si acaso, creo que dejaré pasar un poco el tiempo con la idea de ver si PdA —siguiendo la costumbre habitual de nuestros editores— se anima y saca más adelante una nueva edición basada en el formato Grand Public, después de habernos colocado esta canijada. Lo veo difícil, pero no imposible, sobre todo considerando que en el caso de Prince Valiant ahora mismo tiene en el mercado un coleccionable y ya hay quien habla de otra futura edición para librerías del mismo título. En cualquier caso, no sería la primera vez que ocurre algo parecido, y como ya me han tomado el pelo alguna que otra vez —no los de Planeta, ciertamente, sino otros editores— pues no deseo que en esta ocasión me ocurra lo mismo, así es que esperaré.



lunes, 20 de febrero de 2012

CUESTIÓN DE INTERESES...



Jacinto Benavente, Los intereses creados. Comedia de polichinelas en dos actos, tres cuadros y un prólogo.— Dirección: José Sancho.— Intérpretes: José Sancho (Crispín), José Montesinos (Leandro), Alicia Ramírez (Doña Sirena), Manolo Ochoa (Arlequín), Ángel Fígols (Capitán), Elena Seguí (Colombina), Juansa Lloret (Hostelero), Nuria Herrero (Silvia), Paco Alegre (Polichinela), Cesca Salazar (Sra. de Polichinela), Paula Bares (Laura), Estela Martínez (Risela), Paco Vila (Sr. Pantalón), Carles Rosselló (Doctor), Jorge San Félix (mozo).— Producción del Centre Teatral de la Generalitat Valenciana.- Estrenada en el Teatro Lara de Madrid el día 9 de diciembre de 1907.— Teatros del Canal de Madrid.— Viernes 10 de febrero de 2012.

Jacinto Benavente

«CREEDLO. Para salir adelante con todo, mejor que crear afectos es crear intereses...». Con esta frase lapidaria, sentenciosa y rebosante de conocimiento sobre el ser humano, el avispado personaje de Crispín pone fin a Los intereses creados, esa "farsa" que don Jacinto Benavente estrenó en el ya lejano año de 1907, con un sorprendente éxito de crítica y de público. Una frase premonitoria que, pese al tiempo transcurrido, parece haber sido escrita para aplicar a los tiempos de crisis que vivimos, pues resume a la perfección lo que está ocurriendo. Y es que, en efecto, para salir del atolladero en que nos han metido, los responsables del mismo —esto es, banqueros, grandes empresarios y políticos— han fortalecido sus "intereses" mutuos preexistentes y han "creado" otros nuevos, haciendo que todo el coste de la llamada "recuperación" caiga implacable sobre los hombros y las espaldas de los indefensos ciudadanos, que no tienen culpa alguna, pues ni crearon la crisis ni se beneficiaron especialmente de las condiciones económicas que llevaron a ella. De modo que, sin mostrar el menor "afecto" o comprensión hacia los más débiles y con la connivencia de un poder político entregado por completo, están aplicando todo tipo de recortes sociales y económicos que van a empeorar nuestras condiciones generales de vida, haciéndonos retroceder décadas en nuestro estado de bienestar. Y lo harán, además, tras salir indemnes de la situación en que nos han metido por causa de su codicia, incompetencia y falta de previsión, y dando un trato exquisito y deferente a las grandes empresas y la banca, que han sido las principales responsables de la crisis. En definitiva, señores: es indudable que la máxima de Crispín se ha cumplido a rajatabla en nuestro tiempo.



Sin embargo, no parece que haya sido esta lectura en clave abiertamente "política" del texto benaventino lo que ha impulsado a José Sancho a llevarlo a escena, aunque tampoco falta del todo algo de exégesis en esta dirección (a juzgar por las palabras del propio actor, incluidas en una entrevista que le han realizado con motivo de la presentación de la obra en Madrid): «Individualmente los afectos son muy importantes y, a la hora de la verdad, los necesitas, pero para sobrevivir en este maremágnum de esta profesión y de este mundo de política y de economía, ¡claro! No he visto aún ningún gobierno ni ningún ministerio de finanzas que cree afectos»(1). Sea de una u otra manera, lo cierto es que la obra de Benavente ha llegado a la ciudad que viera su estreno hace más de un siglo, después de haber estado la pasada temporada durante cinco meses en las salas de Teatres de la Comunitat de Valencia, con el cartel de "No hay localidades" y un absoluto éxito de público.



A pesar de haber escrito más de 170 obras de teatro, puede afirmarse que Los intereses creados es, junto a La malquerida, la más famosa, reconocida y representada de Benavente. Se trata de un texto que combina hábilmente la sátira con el humor y donde el dramaturgo madrileño homenajea expresamente una tradición escénica de tan rancio abolengo como es la Commedia dell'arte italiana. Pero no lo hace de manera servil, sino que asimila esta influencia, la utiliza y la transforma para otorgar a todos los personajes —algunos tan conocidos como Polichinela, Arlequín o Colombina— una psicología española indubitable, detrás de la cual hallamos ecos de nuestro teatro del Siglo de Oro y del género novelístico de la picaresca. Así, junto a los caracteres ya citados, nos encontramos con otros personajes, como los vividores Crispín y Leandro —verdaderos protagonistas de la pieza—, que nos remiten a esa rica tradición literaria barroca hispana.



Para poner en escena este divertimento benaventino José Sancho —que lo dirige y protagoniza— ha optado por la fidelidad absoluta al texto y al marco geográfico y temporal en que se desarrolla la acción: una ciudad italiana indeterminada a principios del siglo XVII. A ella llegan dos pícaros impenitentes —Crispín y Leandro— dispuestos a sobrevivir como sea. Gracias a la habilidad retórica y a los buenos oficios del primero de ellos, conseguirán hacer creer que Leandro es un gran señor, tejiendo toda una red de "intereses creados" en la que se terminarán viendo envueltos diversos habitantes de la ciudad: un poeta (Arlequín), un capitán, una rica viuda que está en apuros económicos (Doña Sirena), un mesonero, uno de los hombres más ricos de la villa (Polichinela), su joven hija (Silvia), etc. De esta manera, y apoyándose cada uno de ellos en sus miserias y conveniencias (debidamente manipuladas por el habilidoso Crispín), se llegará al extremo de intentar casar a Leandro con Silvia. Pero ambos jóvenes acabarán enamorándose de verdad y el primero estará dispuesto a desvelar públicamente su engaño, echando a perder el edificio de engaños levantado por Crispín. No obstante, al final éste hará ver que es mucho más ventajoso para todos que la boda se lleve a cabo y que Polichinela asuma los gastos derivados de ella, así como aquellos otros que ambos pícaros han ido contrayendo a lo largo de sus andanzas, de manera que se evite el escándalo por el dudoso pasado de quien ha de convertirse en su futuro yerno.



Unos sencillos decorados y el eficaz e imaginativo vestuario del modisto Francis Montesinos —que da un toque actualizador y fresco a los trajes de época— son los únicos elementos necesarios para que el plantel de actores haga pasar al público un rato muy agradable. Y al frente de todo ello José Sancho, actuando como deus ex machina y factotum de las funciones. En mi opinión, el valenciano es uno de los intérpretes que mejor dice y actúa de todo el panorama actoral español. Y lo viene haciendo —si mi memoria no me falla— desde los tiempos en que era "El Estudiante", de la exitosa serie de Televisión Española Curro Jiménez. ¿Se acuerdan ustedes? Luego vinieron otros muchos papeles en cine y teatro —recuerdo ahora mismo su presencia en El Dorado de Saura—, hasta llegar al don Pablo de Cuéntame lo que pasó, que acaba de abandonar recientemente y tanta fama le ha dado. Esta brillante (y longeva) trayectoria profesional se percibe en escena, donde Sancho actúa como maestro de ceremonias desde el principio al fin de la obra. Magnífica la interpretación del valenciano; magnífica y fiel al texto de Benavente, lo que no fue óbice para que dejara caer algunas improvisaciones que se vieron premiadas con la sonrisa del público (pues de todos son conocidos el desparpajo y la lenguaraz soltura del popular actor).



En el resto del elenco yo destacaría muy especialmente las actuaciones de Alicia Ramírez, que construye una Doña Sirena muy bien dicha y convicente en lo gestual —con gran autoridad, como requiere el personaje, a pesar de la juventud de la intérprete—, así como la Colombina de Elena Seguí, que da perfecta réplica a la anterior. Muy correctas, asimismo, la Silvia de Nuria Herrero y la Sra. de Polichinela de Cesca Salazar y simpatiquísimas la Laura de Paula Bares y la Risela de Estela Martínez, como quedó demostrado en su alocada escena conjunta con Alicia Ramírez. El balance masculino, empero, fue algo más flojo: un Leandro muy sosito, retórico y declamatorio el que construyó José Montesinos, y un mesonero en exceso gritón y destemplado, el de Juansa Lloret. Interesantes el Arlequín y el Capitán de Manolo Ochoa y Ángel Fígols —el primero un poco exagerado, aunque el tono le iba bien al papel— y más que correcto el resto del reparto.

En definitiva: una velada muy agradable que sirvió para recuperar en las tablas madrileñas un texto que hizo época en su momento. Y es que, no en balde, el día de su estreno en la Villa y Corte Jacinto Benavente fue llevado en volandas desde el Teatro Lara hasta su domicilio. No ha sido tanta la efusión en estas funciones madrileñas. Pero es que tal y como andan las cosas, y con lo que llevamos visto desde 1907, la gente ya no se deja impresionar tan fácilmente. Además, antes que llevar en volandas a nuestros actores, lo que muchos preferirían es correr a boinazos a nuestros políticos y banqueros. Así están las cosas en nuestra descreída y vapuleada época.


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(1) En la revista Teatros, año XIII, nº 118 febrero 2012, p. 29.

viernes, 17 de febrero de 2012

REIVINDICANDO (OTRA VEZ) A ANTONIO HERNÁNDEZ PALACIOS


PERO esta vez, con la ayuda inestimable de Manuel Darias, y haciéndolo a través de un artículo firmado por éste, aparecido en la sección que viene publicando desde hace años en el diario Avisos. Junto a sus reflexiones sobre el gran maestro madrileño —entre otras, la queja de que sólo once años después de su fallecimiento parece estar completamente olvidado—, el añadido de una breve entrevista que Darias le realizó al dibujante en el ya lejano año de 1976 (cuando todo parecía estar por hacer en este país nuestro que empezaba a desperezarse). Y para ilustrar el conjunto, una hermosa, rotunda y muy conocida imagen del personaje más internacional de Antonio: la de Alexis Mac Coy. Aquí tienen ustedes el documento. ¡A disfrutarlo!



Por cierto, el “copiraig” de la imagen y del texto contenido en ella es de Manuel Darias (e ignoro si también del diario Avisos).