martes, 27 de noviembre de 2012

LA ENCRUCIJADA DE MONTEVERDI: "LES ARTS FLORISSANTS" Y EL "QUARTO LIBRO DE MADRIGALI"



Concierto de Les Arts Florissants.— Ciclo Universo Barroco.— Auditorio Nacional de Música de Madrid. Sala de Cámara. — Martes, 13 de noviembre de 2012, 19:30 horas.


UNA nota rápida, somera y fugaz —tal que la belleza de una flor recién cortada— para dar noticia del segundo recital incluido en el apartado de cámara del ciclo Universo Barroco, desarrollado en el Auditorio Nacional.



Volvieron a Madrid los integrantes del prestigioso grupo Les Arts Florissants, dirigidos por el tenor Paul Agnew, para deleitarnos con un nuevo libro de madrigales de Monteverdi. El concierto, como se indicaba en el programilla de mano, forma parte de la gira que esta prestigiosa formación —creada por William Christie en 1979— está haciendo por toda Europa para presentar, entre los años 2011-2015, el ciclo completo de los madrigales del compositor de Cremona. El programa, no obstante, se completó con cuatro composiciones más, dos extraídas del VI libro de madrigali a cinque voci de Benedetto Pallavicino (publicado en 1600), y otras dos procedentes del XI libro de madrigali a cinque voci de Giaches de Wert (publicado en 1595).



Un tipo de composición para música profana —el madrigal polifónico a cinco voces— que despertó, como se ve por los títulos de las obras mencionadas, un enorme interés entre los compositores de la época, convirtiéndose en el predilecto de los maestros italianos y del público europeo en su conjunto. Esta circunstancia, unida a la abundancia de piezas y la frecuencia de su circulación, hicieron que no tardaran en desarrollarse toda una serie de rígidas normas que debían respetarse a la hora de su composición. Pero desde finales del siglo XVI empezaron a surgir ya tendencias más aperturistas y renovadoras —lo que terminó denominándose seconda pratica, nuove musiche o stile moderno—, que propugnaban una revisión de los cánones impuestos, con el objeto de dar un paso adelante desde el punto de vista estético-musical y abrir el camino a una nueva sensibilidad con mayor pathos y expresividad, que fue considerada de mal gusto por los más puristas. Como puede leerse en el programa de mano del concierto:
«a las anteriores expansiones líricas y descriptivas, empezaron a añadirse elementos patéticos y graves que, apoyados en un concepto mucho más audaz de la armonía, en el empleo heterodoxo de la interválica y, en ocasiones, en el recurso a la homorritmia y la declamación, condujeron a la música a una tensión expresiva cada vez mayor que iba a ser blanco de las críticas de los conservadores».
Conviene destacar que, dentro de este agitado contexto histórico-artístico, Claudio Monteverdi (1567-1643) se vio envuelto activamente en las disputas habidas por causa de la renovación del género y jugó, de hecho, un papel que iba a resultar decisivo, hasta el punto de que algunas de sus composiciones incluidas en el Quarto libro de madrigali a cinque voci —eje de este concierto— aparecieron mencionadas en un texto crítico dirigido contra la seconda pratica y escrito por el clérigo y teórico Giovanni Maria Artusi (1540-1613), siendo utilizadas como ejemplo de lo que, en su opinión, no debía hacerse a la hora de componer. En dicho tratado, aparecido con el título de L'Artusi, overo della imperfettioni della moderna musica (Venecia, 1600), su autor hablaba de las "groserías" y las "licencias" que el compositor —no mencionaba explícitamente a Monteverdi— se había tomado a la hora de pergeñar sus madrigales siguiendo los nuevos principos. En realidad, Monteverdi iba muy por delante de sus detractores y el citado Quarto libro de madrigali (así como el Quinto, que aparecería publicado en 1605) es un ejemplo de ello, pues en las veinte piezas que lo integran —interpretadas en su totalidad por Les Arts Florissants durante este concierto encontramos, además de la potenciación de la palabra, una serie de libertades armónicas y contrapuntísticas, de acentos en la declamación del canto, de búsqueda de disonancias expresivas que se alejan notoriamente de las rigurosas limitaciones impuestas por la prima pratica y denotan cómo el cremonense había empezado a explorar ya un camino de nuevas sonoridades que le llevaría a la composición de sus más grandes creaciones vocales, dentro de ese nuevo género —la ópera— aparecido sólo unos años antes (1), y al que tanto iba a aportar él mismo con sus tres conocidas obras de L'Orfeo (1607), Il ritorno d'Ulisse in patria (1640) y L'incoronazione di Poppea (1642).

Artusi
Todas estas circunstancias fueron expuestas al público de manera resumida por el bajo Lisandro Abadie, que actuó como improvisado (¿o no?) maestro de ceremonias, introduciéndonos en los vericuetos de lo que íbamos a escuchar. Luego, ya en el terreno de lo musical la velada transcurrió como estaba previsto: excepcionalmente bien. Y no podía ser de otro modo, puesto que Les Arts Florissants es un grupo con el suficiente bagaje y dominio de este repertorio como para dar sorpresas desagradables o decepcionar.

Una interpretación exquisita, delicada —hay que oír con qué suavidad atacan el sonido los componentes del grupo en aquellas composiciones que arrancan en piano—, llena de matices y dotada de un equilibrio y una homogeneidad admirables. Resulta sorprendente comprobar el íntimo grado de compenetración establecido entre Agnew y sus compañeros y cómo un conjunto de cantantes puede llegar a fundir sus voces hasta el extremo de hacernos creer que estamos escuchando un solo y único instrumento politonal de múltiples irisaciones y colores. Predominio casi absoluto de las voces agudas —con dos tenores ligeros y dos sopranos— para un repertorio que Monteverdi escribió pensando en el gusto que su época mostró por las fioriture y los melismas. Y unificándolo todo, desde la línea del bajo, la oscuridad del instrumento del citado Lisandro Abadie y la aterciopelada voz de la contralto Lucile Richardot.



En resumen: otra agradable velada la que esta nueva convocatoria del ciclo Universo Barroco proporcionó a los aficionados madrileños. Esperamos con impaciencia la siguiente (que está al caer en el mes de diciembre).


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(1) Con la Dafne (1597) y la Euridice (1600) de Jacopo Peri (1561-1633). La primera se ha perdido en parte, pero la segunda se conserva íntegra.

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