sábado, 16 de noviembre de 2013

¡¡UNA VERDADERA LOCURA!! AVALANCHA DE NOVEDADES EDITORIALES



HAY que reconocer que el mercado historietístico español está que arde. Y es que, a pesar de la dura crisis que nos azota, resulta verdaderamente abrumador y acogotante —por cantidad, calidad y precios— el enorme número de novedades interesantes que pueden encontrarse habitualmente (y estos días de manera especial) en los anaqueles de las librerías especializadas. Ayer me dí una vuelta por el establecimiento que venía siendo mi proveedor habitual de tebeos y libros hasta hace un año —sustituido desde entonces casi de manera definitiva por ese monstruo devorador y lleno de tentaciones que es Amazon España— y no dejé de hojear (y ojear) cosas a cada cual más interesantes. Les cuento: en menos de veinte minutos o media hora pasaron por mis manos los siguientes tebeos:

1º) El Folies Bergère: un precioso libro, editado exquisitamente por Norma, cuyo guión debemos al prolífico Zidrou (Benoît Drousie). En la parte gráfica está el granadino Francis Porcel, firmando un trabajo de estupenda factura y magnífica ambientación. Primera Guerra Mundial, trincheras, crueldad a tope y un toque de preternaturalidad, misterio y algo de surrealismo. No lo he leído aún, y tampoco lo vi anunciado en su momento por ningún sitio como novedad (aunque no faltaron los anuncios y entrevistas con su autor: por ejemplo, aquí, aquí o aquí), pero puedo decirles que tiene una pinta estupendísima. La obra posee su propia entrada en Wikipedia y hay un completo site sobre ella en la web de Dargaud, que fue quien publicó originalmente el trabajo.



2º) Los dos primeros volúmenes del integral de Barbarroja, de Charlier y Hubinon, por la imparable (e impagable) Ponent Mon.



3º) El diablo de los siete mares: una nueva muestra del soberbio arte de Hermann Huppen, y de su savoir faire en la historieta, que nos viene servida, como edición integral, por el sello Yermo Ediciones (publicada originalmente por Dupuis en un par de álbumes). Dos aventuras de lo más clásicas, presentadas en tapa dura y muy buena impresión para dar cobertura a un dibujo extraordinario y un colorido manejado con la maestría que sólo Hermann puede asegurarnos. Lástima que al frente del guión esté Yves Huppen y no el propio Hermann. No cabe duda de que el maestro belga es uno de los últimos "monstruos" sagrados que quedan en activo dentro de este mundo y del cual deseamos seguir recibiendo nuevas obras en el futuro. ¡Larga vida al belga!



3º) Myetzko/Ogoniok: de Sergio Toppi. Una obra de la que ya hablamos con más detalle en otra entrada de este mismo Nibelheim y que ya puede encontrarse en las estanterías. Buena edición realizada a un precio asequible. Esperemos que sea la primera de una nueva colección dedicada al maestro milanés, fallecido el pasado año 2012 y merecedor de mucha más atención por parte de nuestros editores.



4º) Bruno Brazil: primer volumen del integral que Ponent Mon (¡de nuevo!) va a publicar de este clásico de la bande dessinée, realizado por Greg (guión) y Willliam Vance (dibujo). Una verdadera tentación que más de uno no dejará pasar por nada del mundo (y hará bien).



5º) Yo, René Tardi, 1. Prisionero de guerra en Stalag IIB: nueva obra de Tardi, en la que el francés vuelve por sus fueros para contarnos otra historia de guerra. En este caso concreto la que se esconde tras la experiencia personal de su padre en la II Guerra Mundial. Cambia de conflicto, pues, el maestro galo, pero continúa obsesionado por el tema bélico. Se trata de un buen libraco con ciento y pico páginas y promete seguir sorprendiéndonos en el futuro, pues éste es sólo la primera parte. La edición, de Norma, es estupenda (por lo poco que he podido ver): tamaño grande, buen papel, magnífica impresión... Mimando, como debe ser, a uno de sus autores estrella.



6º) Jeremiah: tercera entrega de esta mítica serie futurista, que nos llega de la mano de un Hermann pletórico como autor completo y a través de la decepcionante edición de Planeta DeAgostini, que optó por sacarla en un formato relativamente pequeñito (en lugar del magnífico que eligió para ofrecernos el Comanche de este mismo autor). Menos da una piedra, también es cierto...



7º)  Canoe Bay y Frenchmen: dos bonitas obras firmadas por Tiburce Oger (guión en la primera) y Patrick Prugne (dibujo en la primera y autor completo en la segunda de ellas). Evocadoras aventuras en la Norteamérica de los siglos XVIII y XIX, durante la época de las colonias y las guerras entre indios, franceses y británicos. Extraordinario trabajo gráfico de Prugne en ambas obras, con un color maravilloso que les otorga un fuerte sabor pictórico y recrea de forma muy evocadora ambientes y paisajes. ¿Quién dijo que sólo Hugo Pratt sabía dibujar bien a los indios de los regiones nororientales de Norteamérica?



8º) Popeye: Ediciones Kraken prosigue la tarea que Planeta DeAgostini dejó a medias. ¿Se acuerdan? Este sería el tercer volumen de la edición que Fantagraphics realizó de la famosa serie creada por E. C. Segar. Abarca un período que llega hasta 1933 (si no recuerdo mal por la rápida ojeada que eché al libro). Una oportunidad única para poder continuar lo que quedó incompleto en su momento y hacerse, así, con los seis volúmenes de que constaba la edición norteamericana original.



9º) Little Sammy Sneeze: y otra joya de los cómics de prensa norteamericanos, recuperada por una pequeña editorial española. La evocadora Reino de Cordelia nos trae una preciosa edición de esta serie del genial Winsor Mac Cay —la segunda en importancia dentro de su producción después del celebérrimo Little Nemo in Slumberland— que incluye todas las dominicales en color de los años 1904-1905. Las aventuras del pequeño Sammy, incapaz de controlar sus apocalípticos estornudos, servidas en una estupenda edición que, esperemos, sea sólo la primera entrega de otras muchas dedicadas al famoso historietista norteamericano (o a otros cartoonists contemporáneos de éste, que también son bien interesantes y fundamentales para la historia del medio).



Y esto sólo dentro del ámbito que a mí me interesa. Dejo de lado las novedades que se han producido en el mundo del mainstream y de los superhéroes y en el manga, universos comiqueros por los que no siento especial simpatía y que desconozco bastante, pero que copan la mayor parte del mercado historietístico en nuestro país.

En fin, Serafín... Estaremos en crisis —no seré yo quien niegue tal realidad, desde luego—, pero lo cierto es que las editoriales patrias lanzan al mercado cada mes (unos más que otros, claro está) la mayor cantidad de novedades interesantes que uno recordaba desde los tiempos gloriosos de los quioscos y el boom de las revistas. ¡Qué digo! ¡Ni siquiera en aquella época había cosas tan interesantes, apetitosas y tentadoras en las estanterías de tiendas y almacenes. ¡Y además editadas en magníficos formatos de tapa dura y buen papel! Nada de grapa y reproducción tipo fanzine, como antaño... Es uno de los misterios de este sector que los especialistas y teóricos intentan desentrañar cada cierto tiempo, sin acertar muy bien a explicar dónde está el misterio. Es cierto que las tiradas hoy día son irrisorias (no es que fueran mucho mayores hace veinte o treinta años, con la excepción de Bruguera y alguna otra), pero este motivo no puede explicar, por sí solo, la superabundancia de títulos y de oferta que encontramos cada mes. Debe de ser la magia de los tebeos...

lunes, 11 de noviembre de 2013

REFLEXIONES SOBRE LOS DERECHOS DE AUTOR: A PROPÓSITO DEL TINTIN DE HERGÉ

© MacDiego


ESTÁ claro: el negocio es el negocio y la pela es la pela (que, en el fondo, viene a ser lo mismo). Y cuando se trata de dinero, ni Arte, ni cultura, ni leches. Lo que importa es el maldito parné... ¿Y por qué digo todo esto? Pues porque a través del diario El País pude saber hace unas semanas que, mediante una triquiñuela legal, los herederos de Hergé tienen pensado evitar que los derechos sobre Tintín y sus aventuras caduquen y pasen a ser de dominio público. Una situación que ha debido parecer intolerable —una verdadera herejía— en Moulinsart, sociedad gestora que controla (férreamente) y explota con gran aprovechamiento los suculentos droits d'auteur surgidos al amparo de la obra creada por el gran dibujante belga. ¿Y cómo piensan conseguir su objetivo? Pues quebrantando, nada menos, que la voluntad de Hergé y sacando, un año antes de 2053 —fecha en la que se cumple el septuagésimo aniversario de la desaparición de Georges Remi (fallecido el 3 de marzo de 1983)— una obra que vuelva a poner en marcha el contador de la propiedad intelectual. ¡Por intentarlo que no quede...! La noticia saltó a los medios de comunicación el pasado día 21, merced a las declaraciones conjuntas que representantes de la editorial Casterman y de la sociedad Moulinsart hicieron ese mismo día por la mañana, en una entrevista concedida a los periódicos Le Soir y Le Monde.

© Paco Roca


No obstante, desde ambas entidades —gestoras y beneficiarias únicas, hasta el momento, de tales derechos de autor— la maniobra ha sido presentada como un plan encaminado a mantener la calidad de la creación hergeiana y el buen nombre de éste y de sus personajes (de "proteger y promover" su legado, han hablado en la entrevista citada). El objetivo —según ha dicho Nick Rodwell, segundo marido de la viuda de Hergé (Fanny Vlamynck, luego Remi y ahora Rodwell), y quien controla con mano de hierro el tema de los derechos desde Moulinsart— es impedir que cualquiera pueda ponerse a hacer aventuras de Tintín libremente: «nuestra misión es proteger la obra. En 2052 se publicará una novedad, si no todo el mundo se pondrá a hacer Tintín de cualquier forma». No se ha precisado el formato que adoptará este nuevo e inesperado lanzamiento (álbum de historieta, película de dibujos animados, novela...), pero parece que el objetivo es claro: neutralizar cualquier intento de reinterpretación sobre el personaje y la serie.

© Aitana Carrasco Inglés


Por nuestra parte, recomendamos a Moulinsart y Casterman que busquen otras vías para poder seguir manteniendo el negocio que tienen montado con los derechos de autor, sin necesidad de quebrantar tan violentamente el deseo expreso de Hergé, quien manifestó que no quería perpetuar la vida de su criatura tras su muerte. En este sentido, pensamos que podrían lanzar una línea de cosméticos y productos de belleza —llamada Castafiore Volume Redux, o Tintin Hard Brillantine por ejemplo—, o bien una marca de comida basura al estilo McDonald o Burguer —cuyo nombre podría ser Sanzot Fast Food—, con los que seguro que obtenían un gran éxito y enormes beneficios económicos, además de diversificar considerablemente su potencial mercado y de respetar así, mucho mejor, la citada voluntad de Hergé. Total, como sólo se trata de que Tintín no caiga en manos de cualquier mindundi desaprensivo...

© Álvaro Nofuentes


De todas formas, y dejando aparte las bromas, yo me pregunto: ¿quién lo es más (desaprensivo, quiero decir)? ¿El que, desde el respeto y la admiración por la obra de Hergé la reinterpreta —incluso en clave paródica, burlona o, incluso, erótico-pornográfica (como hicieron, por ejemplo, el irreverente Jan Bucquoy en la irregular, desilusionante y previsible La vida sexual de Tintín, o Antonio Altarriba en ese evocador libro lleno de entusiasmo que es El loto rosa)—, o quien, con el único objetivo de no perder la gallina de los huevos de oro, está dispuesto a traicionar la última voluntad de Hergé, haciendo vivir a su personaje después de muerto el autor, o a dar una vuelta de tuerca más para intentar orillar con triquiñuelas legales dicho problema?

© Esteban Hernández


Hay otro aspecto que llama poderosamente la atención en todo este asunto y da un poco de repelús, y es la enorme previsión que han demostrado quienes, como el británico Rodwell, controlan —al igual que Cerbero las puertas del Hades— los derechos de autor, tomando medidas casi cuatro décadas antes de que el plazo de vencimiento legal llegue. Ya lo ha dicho la viuda de Hergé (actual Señora de Rodwell) en la entrevista citada al principio: «Tenemos 40 años para pensar lo que hacemos». ¡Eso es tomarse las cosas en serio y ser previsor! ¡Ya lo creo que sí...! ¡Pensando en lectores que todavía no han nacido...!



A pesar de todo lo dicho hasta ahora, quiero dejar clara una cosa: personalmente, no soy un defensor beligerante de la libertad absoluta de acceso a la creación intelectual, ni considero que la Cultura se aborte o se obstaculice porque existan derechos de autor moderados y lógicos. En la mayoría de los casos, quienes defienden una postura tan maximalista son, precisamente, aquellos que no han creado nunca nada y ven bien poder utilizar con total libertad y desparpajo lo que han hecho los demás con su esfuerzo y tesón. En este sentido, pienso que ha de haber algún tipo de control sobre la propiedad intelectual. Ahora bien, esto no quiere decir tampoco que sea partidario de la propiedad intelectual perpetua —que es la dirección hacia la que parece derivar la norma y la costumbre en muchos lugares (y la que, al parecer, le gustaría que rigiera a Moulinsart y Casterman)—, al menos aplicada en todos los casos y a cualquier tipo de creación. Y me explico: no veo mal, por ejemplo, que la perpetuidad en la protección se mantenga sobre aquellas obras cuyos autores cedieron sus derechos sobre ellas con una finalidad filantrópica. Por ejemplo: la cesión de los derechos sobre todas sus óperas que Giuseppe Verdi hizo para el sostenimiento de su Casa del Riposo o Casa per Musicisti, esto es la residencia para músicos que el genial compositor mandó construir y dotar económicamente a sus expensas. O el régimen de perpetuidad excepcional que el gobierno británico aplicó a los derechos de autor sobre el Peter Pan de J. M. Barrie, que el escritor había cedido para el mantenimiento del colegio para niños enfermos de Great Ormond Street, en Londres. Sin embargo, tampoco termina de gustarme la idea de que alguien pueda controlar los derechos de autor sobre una obra determinada de manera indefinida. Ante todo si pensamos que se trata fundamentalmente de ideas, pues tales son, a la postre, cualesquiera de las creaciones intelectuales que se pretenden bunkerizar tras las leyes del copyright. ¿Y hasta qué punto es lícito que una idea sea controlada por sólo un grupo específico de personas durante tiempo indefinido o perpetuo? ¿Qué habría sido del saber humano, de la Cultura, de la tecnología (en el caso de las patentes) si este veto inflexible sobre la creación se hubiera impuesto desde el principio de los tiempos, aplicando la idea —defendida por algunos teóricos— de que el derecho de propiedad intelectual forma parte inalienable del Derecho Natural y, por ende, ha de ser protegido de manera perpetua? ¿Qué habría ocurrido si tal cosa se hubiera hecho con La Ilíada, El Quijote, la Quinta Sinfonía de Beethoven, el Rigoletto de Verdi o Die Walküre de Wagner, Las Meninas de Velázquez, la Capilla Sixtina y tantas otras obras creadas por el ser humano?

© Nic Baró


En resumen: ciertamente pienso que la actividad de todo creador ha de estar protegida por las leyes para que se le reconozca, moral y materialmente, el derecho de autoría sobre su obra y la propiedad de la misma, así como el poder disfrutar de los beneficios (directos o indirectos) obtenidos y derivados de ella. Incluso, si me apuran, hasta podría comprender que tales beneficios y derechos alcancen a los herederos más directos del creador. Pero entonces llega el momento de plantearse la pregunta del millón: ¿y a partir de ellos (cónyuges e hijos) cuál debería ser el plazo en que tales derechos permanecieran vigentes? ¿Ha de haber necesariamente un plazo? ¿Debería ser indefinido? ¿Debería existir siquiera? Yo creo que los setenta años posteriores al fallecimiento del autor (o el último de ellos, en caso de haber más de uno) que contempla la mayor parte de la legislación europea y mundial es un plazo más que aceptable. Estaría dispuesto, incluso, a revisarlo al alza otorgando unos años más. Pero por encima de eso...

© Xavi Selles


En el caso concreto de Tintín y Moulinsart (también Casterman, podríamos añadir), lo que molesta a gran parte de los aficionados y seguidores del personaje es el modo, un tanto estricto, beligerante, agresivo y matonil con que los actuales detentadores de los derechos —y muy especialmente el antipático Rodwell— han afrontado la cuestión. El británico, incluso, hace unos años llegó a enfrentarse públicamente y de malas maneras contra estudiosos y periodistas que le criticaban por el exceso de celo y el mercantilismo con que ha venido gestionando todo lo relativo a la creación de su antecesor. También es recordado por el malestar que causó a toda la prensa europea, convocada para cubrir la inauguración del Musée Hergé de Lovaina la Nueva en mayo de 2009, cuando prohibió a los reporteros hacer fotografías o tomar imágenes de cualquier tipo. Todo esto ha hecho que Rodwell goce de muy mala fama entre los aficionados y seguidores de Tintín en todo el mundo, que ven en él a un individuo siempre dispuesto a coartar la libertad de expresión, espoleado por el exceso de celo y por un desaforado deseo de hacer caja a toda costa con la creación de Hergé.

© Juan G. Oller (Milimbo)


Yo, por si acaso y como pueden ver, he ilustrado la mayor parte de esta entrada con imágenes que no son estrictamente de Hergé (aunque tengan relación con Tintín) (*). No vaya a ser que, al tratarse de una crítica, los de Moulinsart —con el padrastro de Tintín al frente— quieran meterme un paquete, como ya intentaron con Altarriba y Ediciones de Ponent (por citar sólo dos de los casos más recientes y conocidos por estos lares). ¡¡Mil rayos!!

© Marisa Gallén


Para finalizar les pongo una imagen con la página de la entrevista origen de la noticia. Pertenece a Le Soir y la he encontrado aquí:


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(*) Todas ellas pertenecen al homenaje que un grupo de artistas realizó en marzo de este año, para conmemorar el trigésimo aniversario de la muerte de Hergé. Apareció publicado en el suplemento cultural Quadern de la edición valenciana de El País, acompañando un artículo de Carlos Gámez y puede verse pinchando en el siguiente enlace.

viernes, 8 de noviembre de 2013

BREVE HISTORIA DEL SALÓN DE LUCCA (1)



APROVECHANDO que el pasado domingo día 3 se produjo la clausura de una nueva edición del festival Lucca Comics & Games —uno de los certámenes más importantes de esta temática (historieta, animación, juegos de rol, vídeojuegos, ciencia ficción, etc.) y, en cierto modo (1), heredero del prestigioso y clásico Salone Internazionale dei Comics, del Film di Animazione e dell'Illustrazione, he decidido traer al Nibelheim un interesantísimo y amplio artículo firmado por Rinaldo Traini, conocido teórico y guionista italiano que, además, fue uno de los fundadores de este último evento y director del mismo entre 1968 y 1993. En dicho texto se resume la historia de sus primeros veintisiete años —esto es, los que fueron de febrero de 1965 a octubre de 1992—, antes de que una serie de crisis y de desavenencias en el seno de su staff organizador dieran lugar a la escisión, la ruptura y el inicio de una nueva andadura bicéfala del que había sido antiguo Salón, convertido ahora en dos realidades distintas. Por una parte, la que aparece representada en la Sociedad Immagine —creada en los primeros tiempos para gestionar la organización del viejo Salone y propietaria tanto de la imagen y de las marcas comerciales de éste, así como de sus valiosos archivos y del famoso premio Yellow Kid—, cuyos integrantes establecieron su sede en Roma, desde la cual han venido organizando eventos historietísticos con cierta regularidad en distintas ciudades italianas. Por otro lado, los actuales responsables del nuevo Salón —aglutinados primero en el ente Max Massimino Garnier y desde 2004 en la sociedad Lucca Comics & Games—, con Renato Genovese, actual director del evento, y representantes del Ayuntamiento de Lucca a la cabeza (2).

Rinaldo Traini, autor del artículo, en la actualidadComic Art)


Como casi siempre ocurre en las empresas humanas, las causas que llevaron a esta lamentable ruptura y pusieron el punto final bajo su antigua forma a uno de los eventos historietísticos más trascendentes del mundo parece ser que estuvieron en las envidias, los recelos y las maquinaciones de ciertas personas, entre las que habría que contar —según Traini— a los responsables políticos de la Región Toscana, que no perdonaron a Lucca su éxito con el Salone y la preponderancia (mediática y económica) conseguida con ello. También debió de jugar un importante papel el citado Renato Genovese, antiguo miembro de Immagine que se ofreció a organizar el 18º Salón precisamente al margen de esta sociedad, cuando ya se había producido una primera crisis entre sus miembros y los del Ayuntamiento de Lucca, porque estos últimos no aseguraron la financiación adecuada para llevar adelante el evento. Genovese, que como ya he dicho arriba es el actual director de Lucca Comics & Games, no aparece demasiado bien parado en los textos de Traini (ver, por ejemplo, en este artículo), y ha tenido con él algún intercambio público de opiniones (bastante duras, como puede verse pinchando aquí y aquí). Un tercer elemento que también se mostró decisivo para la escisión fue el giro que los nuevos responsables del evento querían dar al viejo Salone (que los primeros organizadores habían planteado con un carácter más pedagógico, expositivo y cultural), orientándolo hacia una línea más comercial y mercantil para convertirlo, como dice Traini en uno de sus artículos, en una "mostra mercato", que es lo que podemos encontrar en la actual Lucca Comics & Games. Genovese, se ha defendido de esta acusación señalando que él y su equipo siempre han intentado mirar hacia el futuro y adaptarse a los nuevos tiempos, con el objetivo de llegar al mayor número posible de público. Un público que, por otra parte (y ello no puede negarse), es bien distinto al de hace treinta o cuarenta años y mucho más ecléctico. Para ello han optado por potenciar todas las vertientes cercanas al cómic (juegos de rol, vídeojuegos, etc.), renunciando al modelo de Salón que defiende Traini (más elitista y centrado, sobre todo, en la historieta y la ilustración). Este sería, más o menos, el resumen apresurado de los hechos.

Los llamados cosplayers —paradigma de ese tono friqui y comercial que Traini repudia— cada vez inundan más
los salones y festivales comiqueros de todo el mundo, hasta acaparar un protagonismo que, servidor,
considera excesivo. Estas imágenes pertenecen a Lucca 2008, 2010 y 2011, respectivamente


Yo, desde luego, no me siento capacitado para decidir quién defiende la posición acertada en esta disputa, pues ambos interlocutores parecen tener sus razones de peso para justificar lo que dicen. Da la sensación, en todo caso, de que tras el enfrentamiento que llevó a la escisión dentro del viejo Salone di Lucca, así como tras el intercambio (duro intercambio) de opiniones y acusaciones entre Traini y Genovese existen y se esgrimen dos concepciones bien distintas (y divergentes) de la historieta y del modo en que ésta debe ser divulgada. Una visión más romántica, académica, culturalista y añorante de los buenísimos viejos tiempos —en el caso del primero— y una concepción mucho más comercial, lúdica, populista, ecléctica y posibilista en la de Genovese. De todas formas, personalmente y por razones obvias (no hay más que ver este blog y los intereses de quien les escribe), yo me siento bastante más inclinado hacia la posición de Traini. Principalmente porque despierta en mí grandes simpatías —al coincidir bastante con mi idea de lo que ha de ser la actividad divulgativa en torno a los tebeos— y luego (last but not least), porque me trae muy buenos recuerdos de una época maravillosa de la historieta, en la que se podía encontrar pululando por las calles de Lucca y de su Salone a autores como Battaglia, Toppi, Pratt, Crepax, De Luca, Gattia, Bonvi, Jacovitti, Sió, Hernández Palacios, Crane, Schulz, Hogarth, Mezières, Fred, Jacobs, Martin, Mandria, Giraud, Franz, Gigi, Hermann, Feiffer, Franquin, Uderzo, Breccia, Del Castillo y otros muchos. ¡¡Casi nada...!! Por otro lado, es evidente que en el actual Lucca Comics & Games (a pesar de la prelación de términos en el nombre) cada vez han ido cobrando mayor protagonismo esas otras realidades distintas a la historieta, como los vídeojuegos, el cine, los juegos de mesa y rol y todo lo relacionado con el merchandising, dejando a aquélla en un lugar casi secundario, con todo lo que esto tiene de negativo. Y no es que esto lo diga yo, sino que en su momento lo denunciaron personas tan autorizadas y bien informadas como Luca Boschi, Sergio Bonelli o la periodista Anna Benedetto —estos dos últimos en el diario Il Nuovo Corriere di Lucca, ya desaparecido (2a)—, denunciando este apartamiento de la historieta, en beneficio de las otras manifestaciones antes señaladas.

Tres prestigiosos recipiendarios del premio Yellow Kid: Dino Battaglia (1970),
Antonio Hernández Palacios (1975) y Arturo del Castillo (1980)


Pero vayamos ya con el texto que les anunciaba al principio de la entrada. Se trata de un larguísimo artículo que, a modo de auténtica crónica, traza con detallada minuciosidad y gran acúmulo de datos y anécdotas toda la historia del viejo Salone luqués (cuyo punto de partida se encuentra en la mítica reunión de Bordighera de febrero de 1965, que más fue congreso que otra cosa). Se titula Tanto per ricordare il Salone y fue redactado en julio de 2007 por el citado Rinaldo Traini, apareciendo publicado, por vez primera, en la revista Living Lucca y, posteriormente, en el boletín informativo on-line Araba Fenice News (más conocido como afNews), que dirige y coordina Francesco Goria (de quien obtuve, en su momento, el preceptivo permiso para realizar mi traducción).



Puesto que se trata de un testimonio importante, bastante jugoso y, sobre todo, muy amplio, he creído conveniente publicarlo dividiéndolo en varias partes, que iré ofreciendo sucesivamente en las próximas semanas (aunque no de manera correlativa, puesto que tengo pendientes otros artículos que no querría retrasar demasiado, por miedo a que pierdan actualidad). Espero que les resulte tan interesante como me lo pareció a mí cuando lo leí y tomé la decisión de traducirlo para todos ustedes.


SÓLO PARA RECORDAR EL SALÓN
 (1ª parte)
(traducción española) (3)

Por Rinaldo Traini


Un día de abril de 1966, creo que fue a las ocho de la mañana, Romano me telefonéo para decirme: «me voy a Lucca. El alcalde quiere hablarme de la oportunidad de organizar el 2º Salón del Cómic en aquella ciudad. ¿Quieres venir?». Me excusé poniendo algunas objeciones: «Conoces mi trabajo... Tengo obligaciones... ¿Cómo hago para ausentarme sin avisar antes? Y, además, Nanda (mi paciente esposa), ¿qué va a decir?». Romano fue perentorio: «¿Quieres venir? Si no voy yo solo». Una hora más tarde estábamos viajando por la autopista en dirección a Lucca. Siempre me ha quedado la duda de saber si este viaje a la ciudad de la Toscana, con las oportunidades que siguieron al mismo, se me ofreció por mi conocimiento sobre la historia de los cómics, o si también intervinieron otros factores como el deseo de Romano de no viajar solo, o la comodidad de mi nueva y flamante Giulia 1300.

Calisi (izquierda) y Volpicelli (derecha)
en Bordighera (1965)
El relato de este episodio, que tendría grandes consecuencias también en mi vida vida, fue seguido, aproximadamente un año después, por una de tantas sensacionales iniciativas nacidas de la imaginación de Romano Calisi (4), jovencísimo profesor de la Universidad de Roma, docente en la Facultad de Pedagogía, asistente del mítico Luigi Volpicelli, indiscutible "barón" de la estructura que en aquellos tiempos acogía a los estudiantes provenientes del curso de "magisterio" o de otras especialidades y que formaba, en general, a los futuros profesores de letras de la escuela italiana. En efecto, hacía unos años ya que Romano Calisi, con el apoyo del iluminado Volpicelli, había inaugurado en la Facultad de Pedagogía —en aquellos años ubicada en la Piazza dell'Esedra— una sección especial dedicada a las comunicaciones de masa que profundizaba, entre otros, en la investigación y el estudio del "fenómeno historietístico". Esta iniciativa revolucionaria, por cuanto yo sé, era absolutamente única en el mundo para la época. En este cuadro la Facultad había instituido un Archivo Internacional de historietas impresas que tenía la intención de archivar y clasificar todas las publicaciones del género, con particular referencia a las italianas. La Facultad, de acuerdo con este proyecto, había iniciado una serie de reuniones y simposios universitarios para abordar el fenómeno internacional de la producción de cómics bajo el perfil histórico, antropológico, pedagógico, sociológico, psicológico, estético y del lenguaje. A las intenciones siguieron los hechos porque desde 1961 a 1965 la Facultad publicó una serie de conferencias por parte de los docentes universitarios italianos y extranjeros sobre el tema "historieta" y llegó incluso a dedicar a él los números especiales de I quaderni di Pedagogia. Los estudios conducidos por el grupo de Calisi hicieron ruido en el ambiente universitario y suscitaron también descontento, porque hasta entonces el cómic había sido considerado más un subproducto cultural que un medio de comunicación digno de atención crítica y científica, similar al cine, la televisión o la narrativa escrita.

Una de las primeras publicaciones realizadas por el Archivio Internazionale
della Stampa a Fumetti e dell'Umorismo grafico (1971), debida a Traini


Los tiempos, ciertamente, le parecieron maduros a Romano Calisi para organizar en Bordighera —risueña ciudad de la "riviera" ligur—, el 21 y 22 de febrero de 1965 un grandioso "simposio" de carácter universitario sobre el tema de los "comics" (el término americano de las páginas de historieta). Tanto es así que la iniciativa tomó el nombre de 1º Salón Internacional de los cómics.

El éxito fue estrepitoso. Acudieron a la reunión jóvenes intelectuales —en su mayor parte de extracción universitaria, pero también periodistas y estudiosos de la comunicación—, que propusieron al público presente, pero sobre todo a los lectores de los artículos que la prensa de todo el mundo había dedicado al evento, un análisis histórico del mundo de los cómics completamente renovado respecto a los juicios negativos del pasado. A través de una serie de conferencias y de debates se destacó por vez primera, y a nivel internacional, el papel jugado por los cómics en la sociedad moderna y, sobre todo, cómo este moderno medio de comunicación podía ser un sistema de evaluación —junto con otros— para conocer mejor las tendencias y el estado de ánimo de una gran masa de lectores que no estaba limitada sólo a los jóvenes. Obtuvo mucho éxito mi exposición histórica dedicada a los cómics: me enteré después de celebrarse de que había sido la primera en Europa, y una de las primeras en el mundo, a la hora de tratar de manera sistemática y totalizadora la historia del cómic.

Umberto Eco y nuestro compatriota Luis Gasca, dos de los "pioneros" que estuvieron
presentes en la histórica reunión de Bordighera


Lucca nos acogió con su plácida belleza: era una ciudad que ya conocía, pero no pude imaginar entonces hasta qué punto este lugar sería importante en mi vida. El encuentro con el alcalde, Giovanni Martinelli, me deparó otra sorpresa: el personaje no tenía ciertamente el aspecto tradicional del político al uso y tuve de inmediato la impresión de que poseía una perspicaz inteligencia y de que era un profundo y atento conocedor de los hombres. Después supe que era un médico muy apreciado por sus cualidades humanas y profesionales. Martinelli mostraba en aquellos tiempos una edad imprecisa entre los cuarenta y los cincuenta años. Hablaba poco y escuchaba con atención a sus interlocutores, aunque tal vez diera la impresión de que estar ausente y pensando en otras cosas. A menudo masticaba una corta boquilla de color negro en la cual se intuía que, tarde o temprano, habría un cigarrillo. Y así era: sacaba uno, que cortaba con cuidado por la mitad, poniendo una de las dos partes en la boquilla y dejando la otra para fumarla después. Encendía el cigarrillo y afrontaba con satisfecha bonhomía los problemas que se le exponían. Asistí fascinado, como testigo, al diálogo que el alcalde mantuvo con Calisi. En el curso de pocos minutos se decidió la fecha de celebración del II Salón y fue aprobado el programa que Romano había elaborado durante el viaje, aceptando mis improvisadas sugerencias. Decidido el destino del "Salón de los cómics" (5), que pasaría de Bordighera a Lucca, el alcalde nos llevó a admirar las bellezas de "su" Lucca. Advertí que Martinelli adoraba su ciudad y que los lugares que nos llevó a visitar eran las etapas que habían dado lugar a su enamoramiento, probablemente iniciado en los años más jóvenes. Nos confesó que había realizado el hermanamiento internacional con otras ciudades europeas rodeadas de murallas como Lucca y que había puesto las bases para un museo dedicado al perímetro amurallado de la ciudad. Llevado por un entusiasmo siempre calmo pero lleno de fervor, nos dijo que estaba disponible para todas aquellas iniciativas que pudieran promover su ciudad, en aquellos años un poco al margen de los itinerarios turísticos tradicionales. He aquí la razón de por qué había creído tan rápidamente en el Salón, pese a no tener muy claro aún —estoy convencido de ello— qué cosa podían ser los "cómics". En cualquier caso es evidente que aquel día, gracias a él y también a la audacia de Romano —e incluso a la mía propia— se tomó la decisión por la cual se transfirió a la ciudad de Lucca una manifestación que terminaría haciéndose famosísima en el mundo y que serviría de ejemplo a otras iniciativas similares posteriores.

Vista aérea del centro histórico de la ciudad de Lucca


La fecha del 2º Salón Internacional de los cómics se fijó para el 24 y 25 de septiembre de 1966. El "Teatro del Giglio" fue destinado a alojar las mesas redondas y el baluarte "San Regolo" acogió las muestras expositivas. Se propuso un análisis de la historieta italiana de 1930 a 1950 (incluyendo, por tanto, el período "fascista), se abrió un debate sobre la censura y se inició el análisis comparativo entre cómics y cine. Promovido por el diario romano Paese Sera, se anunció un concurso para "un nuevo personaje de tebeo". Se dio amplia cobertura a la historieta brasileña y la revista Comics se convirtió en el órgano oficial de la manifestación. Se inauguró una "muestra-mercado" abierta no sólo a los editores participantes, sino también a los coleccionistas y a los vendedores de material de segunda mano. Aunque en tono menor respecto a la deslumbrante primera edición de Bordighera, la nueva sede de Lucca dio rápidamente la impresión de poder convertirse en la casa ideal para los tebeos o, al menos, para aquel grupo de entusiastas que puso en pie la iniciativa.

En esta ocasión mi papel fue el de principal colaborador de Romano y se me otorgó la pomposa cualificación de vicedirector (naturalmente el director era Calisi).

Fachada del Teatro Comunal del Giglio, sede de las "mesas redondas" en el II Salón de Lucca


El Salón, no obstante, ya estaba definido y había adoptado una funcionalidad específica: jugar un papel de investigación sistemática en el fenómeno historietístico y de evaluación de aquellas obras tebeísticas que por su densidad narrativa, la representación gráfica y la importancia de los contenidos sobresalían por encima de otras. De ello se desprendía que el interés del grupo que daba vida a la iniciativa estaba dirigido, sobre todo, a la investigación historiográfica y al análisis crítico y científico de los cómics, así como a la revalorización de aquellos autores que, por encima de otros, habían demostrado ser los más capacitados para representar o anticipar mejor las costumbres, el lenguaje y las expectativas de la sociedad contemporánea. Una orientación que sería durante muchos años la filosofía del Salón, incluso en las brillantes ediciones pertenecientes a la época del gran reconocimiento internacional.

El 3º Salón de los cómics se desarrolló el 30 de junio y el 1 y 2 de julio de 1967. Tres días —en lugar de los dos de las pasadas ediciones—, de encuentros y de debates para confirmar la intención de hacer cada vez más tangible el evento. Nacen los premios de Lucca: el "Torre Guinigi" (por el nombre de una antigua casa señorial cuyo torreón se elevaba sobre la ciudad). Una iniciativa quizá necesaria, pero seguramente presagio de grandes polémicas. La revista Comics se transforma en un catálogo que tiene el mérito de haber dado a conocer a Guido Buzzelli y de proponer una relectura de las tiras diarias del Mickey Mouse de los años 30. La Mesa Redonda adquiere una estructura menos divagante: de todas sus secciones obtiene un resultado muy válido la historiográfica dedicada al tema de "la guerra en los cómics". El tema de los "tebeos para adultos" es diseccionado con una multitud de documentos, y dará para discutir largamente también en los años siguientes. El Salón rinde homenaje a algunos nombres del tebeo italiano de los años heroicos y David Pascal descubre la nueva oleada del underground americano. El programa del Salón está lleno de iniciativas y el nivel de las intervenciones es extremadamente cualificado.

Guido Buzzelli en una imagen de finales de los años 70


El 4º Salón Internacional de los cómics se desarrolló el 16 y 17 de noviembre de 1968 (un regreso a las ediciones "pobres", llevadas a cabo en sólo dos días) y el fatídico 68 regaló también a la manifestación luquesa la protesta, en esta ocasión llevada adelante por los operadores del sector dirigidos por Pier Carpi. El Corriere dei Piccoli celebra su sexagésimo aniversario y el Salón lo recuerda con gran pompa. El tema central de la edición es el de los mitos y los prejuicios que el cómic impreso trajo consigo. Discuten de ello los congresistas en la Mesa Redonda y el público hace suyo el tema visitando la exposición montada en el baluarte "San Paolino". El espíritu del "mayo" francés da pie a una controversia, quizá no demasiado pertinente, por obra de los autores y los profesionales del sector. El objetivo de la queja es la presencia de los docentes universitarios y de los especialistas que son acusados de ocuparse demasiado de la "cultura" y muy poco de la promoción de las iniciativas editoriales (naturalmente de aquellas que muestran mayor adhesión al mercado). Una pequeña revuelta que, quizá sin pretenderlo, intenta alterar la finalidad institucional de un Salón que, no obstante, quería seguir siendo de la cultura y del análisis crítico. Siguiendo los dictámenes de la moda del tiempo son eliminados los premios y se constituyen asambleas para organizar y sugerir los temas para el futuro Salón. Los coleccionistas se reúnen en cónclave y los entusiastas de Tarzán cantan alabanzas sobre Burne Hogarth y sus inimitables creaciones. El Almanacco Comics 1968, catálogo del evento editado por mí, sitúa en primer plano el nombre olvidado e ignorado de Ub Iwerks co-creador de Mickey Mouse y después responsable, en primera persona, de buen número de films animados. El concurso de "Paese Sera" promociona a Bonvi y a Schiaffino.

El gran Iwerks, reivindicado en Lucca 4. Italia es un país en el que caló con gran fuerza
el personaje de Mickey Mouse (llamado allí Topolino) y es normal que
se promocionara el nombre de quien fue su co-creador


Hogarth en Lucca 7 (1971) (la foto, de Vasco Granja, está tomada del blog de
Joan Navarro y procede de la revista Bang!, nº 7/8, 1972)


La edición del 68 generó una serie de acontecimientos también dentro de la propia organización. Nace Immagine-Centro di Studi Iconografici, una organización cultural privada con el patrocinio de la Universidad de Roma, y a la cual se adhirieron los componentes del grupo histórico que dio vida al Salón y que tiene la función específica de promover el cartooning con una serie de iniciativas y, sobre todo, de organizar el Salón de los Cómics que desde ahora tiene su sede permanente en Lucca. Romano Calisi, fundador de Immagine, asume un prestigioso encargo de la UNESCO y parte para Etiopía. El Salón queda sin director y, me supongo, tras una serie de consultas en las cuales participan también Martinelli y Volpicello soy nombrado director. Una designación que halaga mi vanidad pero que descarga sobre mis espaldas —muy lejos de allí Romano Calisi— una gran responsabilidad. Las dificultades son enormes: después de la cuarta edición, la de las protestas, pocos creen ahora que el Salón tenga un futuro. La financiación por parte del Ayuntamiento —que ha quedado ahora como el único promotor de la manifestación, al margen del papel de patrocinador del Instituto de Pedagogía de la Universidad de Roma— no es segura. Sin embargo, después de un encuentro con el alcalde Martinelli —que me ofrece todo su apoyo— me pongo a trabajar y con la ayuda de los viejos amigos de siempre —entre los cuales están Claudio Bertieri, Ernesto G. Laura y otros voluntariosos que acabarán convirtiéndose en las columnas del Salón, introduzco en los programas todas aquellas modificaciones que el pequeño comité sugiere. Para empezar la fecha: los primeros días de noviembre parecen los más adecuados para aprovechar la superposición de varios días de fiesta (y ese período será el mismo en los años siguientes); una gráfica homogénea para toda la actividad; la asignación de los premios por parte de un jurado internacional; la subdivisión de la actividad cultural en tres secciones (la didáctica, la estrictamente científica y, finalmente, la divulgativa); los programas cinematográficos (estructurados en estrecha sintonía con las diferentes iniciativas); las exposiciones, sobre las cuales se concentrarán esfuerzos también económicos para ofrecer un material impecable, enriquecido por un escenario espectacular y coreográfico; y, finalmente, la demarcación de un área comercial (por el momento ubicada en la entrada del Teatro del Giglio) abierta a la participación de los editores y de los operadores del sector.

Un joven Traini (izquierda) con Ernesto G. Guardia en una edición del Salón de Lucca


El 5º Salón Internacional de los Cómics (denominado sintéticamente Lucca 5) tuvo lugar en 1969, durante los días 1, 2 y 3 de noviembre, y pese a tantas novedades se desarrolló con gran éxito, representando la base de partida para las ediciones que siguieron y fueron asumiendo, año tras año, la configuración de un verdadero y propio festival.

El Salón recuerda la llegada del hombre a la Luna con una espectacular exposición en la que se da un amplio repaso a la anticipaciones o precogniciones sobre el tema realizadas por ilustradores y cartoonist. La reestructuración organizativa ofrece un nuevo impulso a las exposiciones: se dispone la celebración de dos muestras monográficas de autores italianos (una para los del pasado y otra para los actuales), se recuerda a los humoristas, se tejen relaciones cada vez más estrechas con los otros medios de comunicación. El cine, sobre todo, mucho más presente que en ediciones anteriores, desde ese momento estará destinado a jugar, junto con los cómics, un papel que se irá haciendo cada vez más importante. Y las artes figurativas —con una exposición monográfica de Gianpistone: El continente hombre—, desarrolla una función no secundaria que en el futuro ampliará las temáticas del Salón a la ilustración. Claude Moliterni y Pierre Couperie comienzan la serie de sus "montajes sonorizados", un nuevo modo de leer tebeos en la pantalla y hacerlos también espectaculares. Nace el "premio de la crítica" para una obra ensayística y el underground USA conoce ahora su momento mágico.

Traini pasándoselo bomba en otro Salón de Lucca


El 6º Salón Internacional de los Cómics (Lucca 6) siguió las sugerencias de la edición anterior copiando el esquema organizativo que ya había asegurado consensos y buenos resultados. El evento tuvo lugar el 31 de octubre y el 1 y 2 de noviembre de 1970. Siguiendo una convicción personal mía decidí dar un "carácter" a los premios del Salón. Me pareció que para poner en marcha un premio que fuese el "Óscar" de los tebeos no había personaje mejor que el Yellow Kid para prestar su nombre al mismo. Nació así la estatuilla que iba a acompañar durante años tantas decisiones de los jurados —aunque fueran discutidas— y que fue realizada por un intrépido orfebre romano que se inspiró en las planchas dominicales de Outcault. Pero la sexta edición trajo otras novedades: después de los humoristas italianos estaban los cubanos, una escuela que acabará por dejar su impronta en toda el área occidental. El interés hacia los diversos aspectos del cartooning, del cual los cómics son sólo un aspecto, se extiende con amplio espacio de horizonte al cine de animación italiano. Las obras de Bozzetto, Luzzati, Manfredi, Gomas, Bignardi, Zac, Cingoli, Zanotti, Cavandoli, Campani, Massimino-Garnier, Piccardo y otros ponen las premisas para una obligada ampliación del encuentro al cine de stop-motion (6). Algunas experiencias televisivas advierten que un nuevo medio está a punto de entrar en juego: el tema, entonces actual, del cine y la cinta de vídeo es analizado en una sección especial de la Mesa Redonda. Lo "insólito" y la crisis de la familia [son los dos temas principales que] ocupan espacios en los debates y las comunicaciones, pero entretanto fueron adquiriendo relieve los informes de las delegaciones nacionales (doce en concreto) sobre la situación de la producción historietística en cada uno de sus países.

La celebérrima estatuilla-premio de los salones de Lucca: el Yellow Kid


De 1964 a 1970 el Salón había sido organizado en la Secretaría de Romano Calisi, en Via Torino, en los locales ofrecidos por la Facultad. Con las crecientes necesidades que el aumento de la población universitaria imponía la Secretaría del Salón, que estaba compuesta al principio por cuatro lujosísimas estancias, se fue reduciendo a una habitacioncita que, por dimensiones, era casi como el cuarto de las escobas. Sin embargo, en aquel cuchitril se habían organizado dos ediciones fabulosas. Pero en 1971 la actividad relacionada con el Salón se fue haciendo cada vez más compleja y por ello alquilé, a mis expensas, una magnífica oficina —aunque nada lujosa, ciertamente— en Via Flavio Domiciano, en la zona de Via Cristoforo Colombo. Me ayudaron a amueblarla la profesora Tarroni, que me hizo llegar un camión cargado de muebles prestados por la Universidad, y mi mujer Nanda que me regaló, aparte de tantas otras cosas, un magnífico e imponente escritorio (evidentemente propio de un director) que habría sido más adecuado para colocar en el despacho de un notario. Y así, en la nueva sede organizamos el Salón desde 1971 a 1992.


CONTINUARÁ...


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(*) Ilustrando la cabecera de esta entrada una imagen del logo realizado en 1997 por el blogger de Cartoonist Globale. Fue eliminado un poco después de la disolución del ente Max Massimino Garnier, a fin de hacer más hincapié en el componente "juegos" del Salón (la información pinchando aquí).

(1) Digo "en cierto modo" porque como casi todo buen aficionado sabrá, en la década de los noventa del siglo pasado se produjo una importante crisis en el seno del "viejo" Salón. Enseguida hablaremos de todo ello con más detalle.

(2) Puede verse un completo resumen de todo el proceso en el artículo que Rinaldo Traini firmó en noviembre de 2012 para puntualizar una serie de inexactitudes halladas en la versión italiana de la entrada Lucca Comics & Games, publicada en la Wikipedia. Por lo que he podido ver, en las versiones inglesa y española de esta misma voz aún no se han hecho eco de las precisiones realizadas por Traini en el artículo mencionado, pues siguen haciendo al actual festival Lucca Comics & Games continuador de los viejos salones de Bordighera (1965) y de Lucca entre los años 66 y 92.

(2a) Razón por la que me ha resultado imposible obtener los enlaces a los textos correspondientes (que existieron en su momento). En este caso se trataba de una entrevista con Sergio Bonelli donde el gran editor ya fallecido criticaba el modelo de la actual Lucca Comics & Games y un artículo de Benedetto titulado, muy significativamente, I comics si sentono circondati (esto es, Los cómics se sienten rodeados).

(3) En mi traducción, y de modo general (aunque con alguna excepción), he respetado todas las peculiaridades que pueden encontrarse en el documento original: enlaces, letras en negrita, en cursiva, etc. Incluso los links a ciertas páginas de consulta (por ejemplo la Wikipedia) son los de la versión italiana que Traini utiliza y no los correspondientes españoles. No obstante, y por mor de una mayor exhaustividad —además de porque lo considero un complemento perfecto al texto de Traini, he añadido al éste algunos enlaces que remiten a los datos completos de cada uno de los salones de Lucca, información utilísima que encontramos en la página web de la Sociedad Immagine.

(4) Añado aquí una nota —que tampoco aparece en el texto original de Traini— para remitir a un vídeo de Youtube donde se recoge el homenaje que en el Albissola Comics de este año 2013 dedicaron a Romano Calisi. Está en italiano, pero no es difícil de seguir.

(5) En el original italiano Traini escribió, con toda intencionalidad, "Salone dei comici", que deberíamos traducir como "Salón de los cómicos". Parece evidente que se trata de un guiño, en tono de burla, a los modestos orígenes del Festival de Lucca, en un momento en que la historieta no gozaba del aprecio que tiene actualmente.

(6) En el italiano original «cinema passo-uno», que hace referencia al cine de animación fotograma a fotograma (o frame to frame).

lunes, 28 de octubre de 2013

NECROLÓGICAS: JOSÉ LUIS BELTRÁN COSCOJUELAS "TRAN" (1931-2013)


ANDO estos últimos días trajinando con la Escuela de Bruguera y sus autores —a propósito de una compra de originales que me traigo entre manos de este tipo de material— y, para ponerme un poco al día, decidí sumergirme en la relectura de los dos gruesos y completos volúmenes que Antonio Guiral dedicó al tema y que publicó El Jueves Ediciones. Pues bien, no había empezado a expurgar, aún, el segundo de los tomos —correspondiente a la historia de Bruguera desde mediados de los años 60 a nuestros días—, cuando me enteré, por la siempre bieninformada Entrecómics, que uno de los creadores que formó parte de dicha escuela historietística durante ese preciso período falleció, a la venerable edad de 82 años, el pasado día 21 en Sitges, la ciudad en la que residía desde hace años. Me refiero, claro está, a José Luis Beltrán, más conocido por el sobrenombre de "Tran".

No era nuestro hombre uno de los autores más célebres de la factoría brugueril, ciertamente, pero la verdad es que fue el responsable de algunos personajes de los que conservo un recuerdo nítido y agradable. Sobre todo de Plurilópez (Constancio Plurilópez) —del que siempre me atrajo el dibujo— y, en menor medida, de Purita y su agencia matrimonial. De otros caracteres, que los hubo y muchos, por cierto, la verdad es que ya no me acordaba.

La redacción de Bruguera en el año 1980, según una caricatura de Jaume Rovira.
Tran aparece en el centro, vestido con una chaqueta de color rojo


Tran (*) inició su carrera artística a principios de los años 50, haciendo sus pinitos en la prensa local de Barbastro, ciudad a la que sus padres se habían trasladado con la familia desde Zaragoza, cuando él todavía era un niño. Allí, en el diario El Cruzado Aragonés, el joven Beltrán empezó a publicar chistes, caricaturas y pequeñas colaboraciones que acabarían dando sus frutos, pues con parte de este material organizó una exposición en 1954 en la que consiguió vender toda la obra expuesta. Quizá fuera a raíz de esta experiencia "galerista" primeriza cuando a Tran se le despertó su enorme afición a la pintura. Lo cierto es que desde bien pronto empezó a compaginarla con el trabajo historietístico y de humorismo gráfico, de modo que ya no la abandonaría nunca y terminaría dedicándose a ella por completo a partir de la segunda mitad de su carrera y hasta el final de su vida. De hecho, ahora mismo y hasta el próximo 4 de noviembre, hay organizada en la ciudad de Sitges (donde vivía) una exposición en la que puede admirarse una parte de su obra pictórica.

 El joven Tran


A principios de los años 60, y después de diversas tentativas artísticas —llegó a tomar, incluso, los trastos de la Música, aunque no de modo profesional—, Tran empezó a trabajar para Bruguera. Allí se hizo cargo de un variado número de series —La familia Repanocha, Don Renato, Ringo, Cándido Palmatoria—, la mayoría de las cuales eran encargos de la propia editorial. No así la primera de ellas, que fue una idea propia de Tran, el cual realizó varias páginas que entregó a Peñarroya —con quien le unía una buena amistad— para que las presentara en la redacción. Posteriormente, ya en los años 70, daría inicio a sus series más conocidas: los citados Plurilópez (1977), Purita, agencia matrimonial (1977) y Tete Gutapercha (en una fecha que desconozco. ¿Lo sabes tú, querido lector?).


Uno de los muchos trabajos realizados por nuestro hombre a lo largo de su dilatada carrera.
Estas tiras publicitarias aparecieron en los números 209 y 210 de Hazañas Bélicas (1965)


Constancio Plurilópez —el personaje de Tran que más llegó a calar en la cultura popular y en el imaginario de los lectores españoles de tebeos (como puede verse aquí)— era un joven voluntarioso y un tanto gafe que representaba al sector más humilde de la emergente clase media española, que empezaba a afianzarse como una realidad en nuestro país por aquellos años. Con el objeto de poder salir adelante económicamente, Constancio se veía obligado a contratarse para los más diversos y peregrinos empleos, llegando a reunir hasta cinco ocupaciones en alguna historia, como bien recuerda Guiral en el estudio citado (p. 272). Así, en cada una de sus aventuras le veíamos correr de un lado para otro, saliendo de un trabajo y entrando en otro sin apenas tiempo para dormir. Con su permanente cara de cansancio —ojos entreabiertos, espalda encorvada, cigarrillo colgando del labio inferior, pelo un poco despeinado—, y su buena voluntad, Plurilópez pasaba la vida trabajando y a la espera de reunir el dinero suficiente para poder casarse con su novia Pepita. Todas las historias estaban presididas por un permanente y aplastante halo fatalista, de modo que la mayoría de las veces se producía algún desastre o perjuicio que terminaba afectando a su desdichado y estoico protagonista, siempre agotado de cansancio a causa de la hiperactividad laboral derivada de sus diferentes y numerosos empleos. La mayoría de las veces los guiones corrieron a cargo del propio Tran, aunque en ocasiones se vio auxiliado en ese ámbito por Leonardo Díaz, Matías Guiu, F. Serrano o Julio Fernández.




El personaje de Purita estaba pensado para ser publicado en las revistas femeninas de Bruguera. Efectivamente, su primera aparición se produjo en Christie y en Esther, dos publicaciones destinadas a las jóvenes de la época. La historia presentaba a una bella muchacha que estaba al frente de una agencia matrimonial y a la cual ayudaba un joven botones que, pese a ser un personaje secundario, era utilizado como motor para crear muchas situaciones. Purita se movía en un mundo con cierto glamour, en ambientes donde la moda o el interiorismo jugaban un importante papel. El look con que Tran perfiló a su personaje intentaba sintonizar con la estética, un poco hippi y popera, que se llevaba en la época, presentando a una muchacha rubia, de grandes ojos oscuros muy maquillados, esbelta figura y pechos redondos y firmes como dos melocotones. Creada en una época de mayor relajación censora, Purita lucía biquinis y sugestivas minifaldas con botas de caña sin inmutarse, desplegando un desparpajo y un savoir faire que rompía bastante con la imagen tradicional y sumisa que de la mujer se había venido dando en años anteriores.




Con Tete Gutapercha Tran creó una parodia de la figura del decorador de interiores, un mundo que conocía bien, puesto que también se había dedicado profesionalmente a él. En buena medida la serie seguía una estructura parecida a la de Purita, sólo que aquí el protagonista era un hombre (Tete) y estaba auxiliado por una mujer: su secretaria Irma. Todas las aventuras giraban en torno a los diferentes encargos que el protagonista recibía por parte de clientes del más variado pelaje. Y todas acababan como solía ser habitual en los personajes de Bruguera: con los protagonistas escaldados e intentando salvar como podían los trastos y su integridad física.


Nuestro homenajeado fue un autor muy prolífico —según declaraciones propias, su jornada de trabajo habitual era de doce horas— y publicó en numerosas cabeceras de Bruguera (Tío Vivo, DDT, Can Can, Mortadelo Gigante, Lily, Pulgarcito, Bruguelandia, Esther, etc.) y de otras editoriales como Mateu (Pepe Cola), Ferma (Tele-Cómico), Íbero Mundial de Ediciones (Mata Ratos), Zeta (Emmanuelle), Fundación Cavall Fort (Cavall Fort), etc.

El estilo de Tran se caracterizaba por su limpieza, inmediatez y eficacia. Un dibujo agradable y muy correcto daba cobertura gráfica a unas historias caracterizadas por el humor amable y costumbrista, aunque no exento de cierta crítica social (como era habitual en la mayoria de las series que fueron publicadas por Bruguera). En el caso concreto de su serie más popular —y como bien indica el propio título de la misma— se ponía el foco en la extendida práctica del pluriempleo, que fue bastante habitual en la España del desarrollismo. Una práctica muy frecuente de Tran consistía en caricaturizarse y ponerse como personaje dentro de sus historias, donde le encontramos en bastantes ocasiones, llegando al extremo de convertirse en verdadero demiurgo de la acción de la página ante los ojos de los lectores.


Ejemplos de autorretrato en tres historias distintas de Cándido Palmatoria


A la vez que su actividad historietística en Bruguera —por la que le estamos homenajeando aquí—, Tran realizó diversos trabajos en el campo de la publicidad, la animación y la decoración, haciendo también encargos para el extranjero a través de la agencia Bardon Art, para la que colaboraron asimismo otros prestigiosos artistas de Bruguera (por ejemplo, ahora mismo me acuerdo de Raf). Bajo el nombre de Humberto Tran, tampoco dejó de practicar la pintura, a la que se dedicó de llenó a partir de los años 80, después de la quiebra y cierre de Bruguera, desarrollando un estilo propio y abstracto al que denominó "neoformismo", muy ligado al mundo del diseño y de la decoración, y al que llegó desde la pintura figurativa, para seguir evolucionando hasta la post-neoforma. Toda esta maduración teorética tuvo, asimismo, su aplicación en la escultura, a la que también dedicó su atención Tran. Un personaje, por tanto, inquieto como pocos y siempre ligado a la creación artística.




Hay ocasiones, demasiadas quizá, en que el esfuerzo realizado a lo largo de toda la vida en una actividad concreta no da los frutos que uno habría esperado. Tal parece ser lo que ha ocurrido con Tran y la historieta: un autor que trabajó mucho y durantes muchos años produciendo tebeos, pero que ha sido preterido a un rincón oscuro de nuestra memoria artística. Digo esto, porque al buscar algo de información para redactar la entrada que acaban de leer me topé con un documento bastante revelador, en el que el hijo de Tran —Luis José Beltrán Estop— denunciaba, el 23 de septiembre de 2010 en carta abierta a El periódico de Cataluña, la ausencia del nombre de su padre en un reportaje que dicho diario dedicó a la Escuela Bruguera. Ignoro si este reproche iba dirigido contra el único texto al que he tenido acceso —un breve artículo firmado por Anna Abella y titulado Bruguera cumple 100 años, demasiado sucinto como para reclamar la mención de Tran en él—, o si se refería a un dossier más completo en el que se mencionara a diferentes autores de Bruguera y se silenciara el nombre de su padre. En cualquier caso, este desprecio hacia nuestro patrimonio historietístico es algo que conocemos bien los aficionados a la historieta y que no debería haber sorprendido demasiado a la familia de Tran, dado el analfabetismo y menosprecio generalizados que ha habido siempre en nuestro país en torno a los tebeos. Por fortuna, están los blogs, los aficionados de toda la vida y la red en general, de modo que Beltrán Estop habrá tenido la ocasión de ver ahora —aunque haya sido a raíz de un hecho tan luctuoso como el de la muerte de su padre— que su obra y su figura no estaban tan olvidadas como él creyó en su momento al redactar aquella nota reivindicativa y aclaratoria.

Por los buenos ratos que nos hizo pasar cuando fuimos chicos... vaya esta entrada en recuerdo y homenaje a la memoria de Tran.

Sit tibi terra leuis.

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(*) Para redactar este perfil biográfico he seguido, básicamente, lo que se dice de Tran en el trabajo de Guiral sobre la Escuela Bruguera (Los tebeos de nuestra infancia. La Escuela Bruguera, 1964-1986, Barcelona, 2008, 2ª ed.), un conciso pero muy detallado comentario de Jesús Cuadrado en el maravilloso blog Lady Filstrup (que también puede verse aquí), así como un largo artículo de la blogosfera al que remiten en Entrecómics y donde el propio hijo del artista confirmó el fallecimiento de éste en los mismos comentarios.