lunes, 28 de noviembre de 2011

NECROLÓGICAS: MONTSERRAT FIGUERAS (1942-2011)



ANDO desde hace un tiempo ajetreado y tan ensimismado con mis asuntos, que no ha sido hasta después de consultar una página web especializada en música clásica cuando he sabido de la luctuosa noticia: Montserrat Figueras, la dulce soprano que fue la voz de la Sibila como nadie antes que ella, la hermosa mujer que nos deleitó con innúmeras melodías de la diáspora sefardí, la infatigable investigadora de bellas músicas redescubiertas en manuscritos olvidados, la compañera de toda la vida del violagambista y director de orquesta Jordi Savall falleció el pasado día 23, después de luchar durante un año contra un terrible cáncer que, a la postre, ha terminado derrotándola. Tenía sólo 69 años y deja una honda huella (así como un hueco igual de profundo) en el panorama de la música antigua española e internacional.



La noticia me ha impactado sobremanera, no sólo por el hecho de que una persona relativamente joven se haya ido de forma tan prematura a causa de esa plaga de nuestro tiempo, o porque admirase la labor artística que Figueras desarrollaba desde hacía años junto a su marido, sino porque hace bien poco —concretamente el pasado día 17— acudí al Auditorio Nacional de Música de Madrid para presenciar un concierto de La Capella Reial de Catalunya y Hespèrion XXI y, al ver los intérpretes, eché de menos a Figueras, por lo que se lo comenté a mi acompañante. No podía ni imaginarme yo, al recordarla entonces, la situación por la que estaban atravesando en ese momento los dos artistas. Gran entereza, en todo caso, la de Jordi Savall, cuyo gesto en aquellas circunstancias le confirman como un gran profesional, además de como un enorme artista.


Nacida en el seno de una familia profundamente melómana, Montserrat Figueras se sintió inclinada desde muy joven hacia el repertorio de la música antigua, por lo que entró a formar parte del mítico grupo Ars Musicae de Barcelona, donde interpretaría todo el repertorio de los polifonistas españoles del siglo XVI. Allí iba a conocer, además, a quien sería su marido y compañero toda la vida, Jordi Savall, que también pertenecía a esa formación musical. Tras su matrimonio, acaecido en 1968, la pareja se instaló en Basilea, con el objeto de profundizar en sus estudios y de prepararse en la mítica Schola Cantorum Basiliensis y en la Musikakademie Basel, bajo la dirección de prestigiosos especialistas en ese período musical, como Kurt Widmer, Andrea von Rahm y Thomas Binkeley. En Suiza permanecerían hasta el año 1986, momento en que regresaron a España. Para entonces —y como ocurrió con otros intérpretes y estudiosos europeos (Hogwood, Koopmann, Paniagua, Herreweghe, Harnoncourt, Pinnock)— ya habían desarrollado una conciencia plena de que la música anterior a 1800 necesitaba un nuevo enfoque técnico y estilístico. Lo cierto es que el matrimonio Savall-Figueras consiguió plenamente sus objetivos, pues no sólo han llevado a cabo durante todos estos años una importante actividad como instrumentistas —entre 1974 y 1989 fundaron los grupos Hespèrion XX (luego rebautizado, por razones obvias, como Hespèrion XXI), La Capella Reial de Catalunya y Le Concert des Nations—, sino que además han realizado una fundamental labor de recuperación de obras que permanecían enterradas en bibliotecas, archivos y tumbos de todo el mundo y lo han hecho en familia —sus hijos Arianna y Ferrán hace años que tocan con ellos—, consiguiendo cierto alcance mediático e interpretando obras que han gozado de una relativa popularidad, lo que, en buena medida, se explica por su indudable calidad musical, por el hermoso acabado de sus ediciones discográficas y por el hecho de estar distribuidas a través de un sello propio (Alia Vox), lleno de personalidad y de encanto.




Sirvan, en todo caso, estas líneas como un modesto homenaje al arte de Montserrat Figueras y sean, también, una especie de abrazo solidario, consolador (y virtual) para su marido, que ahora ha quedado solo.



Y ahora les dejo con cuatro vídeos que sirven para mostrar el canto de Figueras. En el primero la soprano interpreta un hermosísimo poema de Teresa de Jesús, adaptado a una melodía de Móxica, hallada en el Cancionero Musical de Palacio, de los siglos XV-XVI. En el segundo pueden ver un extracto de la obra que, quizá, haya hecho más famosa a la soprano ahora fallecida: El Cant de la Sibil·la, drama litúrgico con música gregoriana que suele interpretarse durante la Misa del Gallo en las iglesias de Mallorca, y que hunde sus raíces en las tradiciones y la liturgia relacionadas con el tema de El Juicio Final. El tercero incluye una pequeña muestra del que, según creo, es el trabajo más reciente del matrimonio Savall (y el que tuve la ocasión de ver en el Auditorio): un espectáculo dramático-musical organizado en torno a la familia Borgia, donde se hace un recorrido por la música de la época, comenzando por los orígenes de la que iba a ser todopoderosa dinastía (allá por los comienzos del siglo XV) y concluyendo con la canonización de uno de sus miembros más célebres: Francisco de Borgia (o Borja), acaecida en 1671. El último vídeo nos muestra a una bellísima Figueras en el papel alegórico de la Música, personaje que abre esa obra maestra de la ópera que es L'Orfeo, de Claudio Monteverdi. Que los disfruten.










Sit tibi terra leuis.

2 comentarios :

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  2. Saudades...se le echará mucho de menos, gran e insuperable talento.

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