domingo, 18 de agosto de 2019

EL PANFLETO POLÍTICO HECHO HISTORIETA: "TERRA CREMADA", DE PAU PÈRRIM



EN un grupo de Google al que pertenezco, y en el que participa gente de alto copete tebeístico, uno de sus miembros —ilustre teórico y estudioso de la historieta española— nos dio a conocer ayer, muy efusivamente, la existencia del que parece ser el primer tebeo dedicado al peliagudo y manoseado tema del procès en Cataluña. Terra cremada se titula, su autor es Pau Pèrrim y el lector interesado puede hacerse una buena idea del contenido del mismo en el siguiente enlace. El informante, por lo demás, nos hacía el siguiente resumen de su contenido:

«La idea temática se narra recurriendo a una distopia futurista: Si en un presente próximo el Presidente del Gobierno del Reino de España fuese —elegido democraticamente, claro— el hoy Presidente del partido político Ciudadanos, ¿que haría ante el problema del desenlace de Catalunya en el Estado español?. Pau Perrim cree que optaría por la fuerza maxima... y a partir de ahí se inicia el relato de "TERRA CREMADA"... El resto, lo que ocurre,... es cosa de leer el álbum».




El estudioso al que me refiero nos describió el trabajo en términos muy elogiosos y efusivos, señalando incluso que debería haber un ejemplar del mismo nada menos que en «Ateneos, Centros Culturales, Librerias de Prestigio y lugares similares». Consideraba, además, que no podía faltar «en las Bibliotecas públicas, autonómicas y estatales», y que también sería "muy útil" que se organizara, en torno al mismo, nada menos que «un Seminario de trabajo en diversas Universidades».



Espoleado por la curiosidad que habían despertado en mí unas palabras tan laudatorias, y guiado por la autorizada opinión del susodicho teórico, pensé que nos hallábamos ante una obra maestra cuya lectura no podía dejar pasar. Así es que me dispuse a buscar por internet para comprarla, pero tuve la fortuna de encontrar una página web (ya citada arriba) en la que se anunciaba el libro en cuestión y se ofrecía gratuítamente para su lectura una parte del mismo. Y cual no fue mi sorpresa al comprobar que sólo se trataba de un burdo panfleto político proindependentista, con un contenido de escaso vuelo dramático y ayuno por completo de imaginación, lleno de ideas simplonas planteadas con trazo grueso y escasa gracia allá donde pretende tenerla. Un libro que, en definitiva, forma parte de un proyecto con clara intencionalidad política —al presentarse como destinado a financiar, con lo que recaude, el sostén de los políticos catalanes golpistas que están a la espera de sentencia en el juicio del procès por sus actos— y que no tiene nada de inocuo, desde el momento en que determinados medios (aquí y aquí, por ejemplo) ya han empezado a informar como si lo que hiciera Terra cremada es constatar una realidad y no reflejar una cacotopía ficcional. Evidentemente, más de uno dirá que todo esto que digo es cuestión de gustos, y que mi criterio se encuentra viciado por los prejuicios ideológicos. ¿Pero es así, o no? Vamos a verlo...



La obra, como he tenido ocasión de comprobar en dicha página web, no está completa, de modo que si alguien quiere deleitarse con ella en su totalidad ha de comprarla en formato de papel. Ahora bien, lo que yo pude leer en la webcómic a la que remito arriba fue suficiente para hacerme una idea de por dónde discurre el tebeo... Y al hacerlo, sentí que retrocedía a la oscura y triste España de los años 40-50 del siglo pasado, con ese Guerrero del Antifaz matando moros a diestro y siniestro, o el viril Roberto Alcázar y el travieso Pedrín pegándole de hostias al hipermalvado de turno, o los juveniles flechas y pelayos velando por la pureza del patriotismo. Sólo que en Terra cremada los "buenos" no llevan máscara, ni traje de chaqueta, sombrero y corbata, ni gorro legionario, ni están creados para servir de evasión a gente que vive una cruel postguerra. No, nada de eso, son personas del siglo XXI, van tocados con la barretina, cubiertos por la estelada y se hacen las víctimas permanentemente (cosa, por cierto, que no le ocurría a los viejos héroes tebeísticos). Pero, en el fondo, son lo mismo: criaturas de un tiempo ya caduco y pasado (o que debería haber pasado, al menos). Con el agravante de que, en el caso del tebeo catalán (que cuenta con apoyo oficial, si no estoy equivocado), esos "buenos" trabajan al servicio del poder y de una causa política concreta —la independentista—, cosa que tampoco hacían nuestros antañones héroes de papel.



Con todo, lo que más me ha sorprendido es que haya quien considere que un panfleto como Terra cremada sea útil para algo o alguien —salvo para los independentistas más radicales y quienes los apoyan, porque creen que ser de izquierda es defender el derecho de determinadas minorías, frente a la mayoría y las leyes—, o que, cosa aún más alucinante, pueda llegar a contribuir, de alguna manera, a abrir un debate y reflexión serenos en torno al problema del llamado procés. No niego que para seguir adoctrinando a los futuros maulets —esos que aparecen como héroes en la historieta de Pèrrim—, el tebeo que comento sea un manual inmejorable. ¿¡Pero tanto como para llegar al extremo de distribuirlo en todos aquellos lugares que propone el erudito crítico del que hablo!? Ya puestos, ¿por qué no repartirlo, en todo el "Estado español", como regalo por cada barra de pan que compremos? Pero mejor lo digo bajito, no vaya a ser que la Generalitat independentista de Torra —que gobierna sólo para una parte de los catalanes— haga suya la propuesta que sugiero aquí irónicamente.


Ahora bien, basar mi crítica en argumentos presentistas y políticos, sólo porque me encuentro en las antípodas ideológicas de lo que plantea Pèrrim en su tebeo —que no es sino defender, de manera un tanto simplona y pueril, la postura de aquellos que intentaron vulnerar y quebrar por la fuerza del factum el estado de derecho que rige en España y que ha servido, precisamente, para que no ocurra nada de lo que él denuncia en su tremendista tebeo—, tampoco tendría mucho interés para los lectores de un blog que, como éste, viene dedicándose preferentemente a hablar de tebeos. Hacerlo así sería caer en el puro debate político, y no es eso lo que pretendo. Por ello, y aunque resulte harto difícil dejar a un lado el marco político-ideológico —que es en el que el autor catalán nos quiere situar claramente con su obra—, para defender mi postura quiero esgrimir sólo argumentos de tipo técnico y artístico que intentaré esbozar a continuación de modo muy somero (para no aburrir demasiado a los posibles lectores).



Y empiezo por preguntarme lo siguiente: ¿de verdad que una obra tan mediocre, facilona, parcial y poco elaborada sobre un tema político tan candente, complejo, problemático y actual como el del procès puede despertar interés alguno, más allá de las filas del independentismo? ¿De verdad lo cree el erudito estudioso que nos la recomendó? Imagino que sí pues, en caso contrario, no lo habría afirmado tan efusivamente, y tampoco habría tenido la necesidad acuciante de aconsejarnos su lectura de modo tan perentorio, ni de proponer su publicidad a los cuatro vientos. En fin, lo cierto es que la vida no deja de darme sorpresas, a pesar de la edad que uno va acumulando...


No entro ya en el maniqueísmo extremo del que hace gala Terra cremada al plantear las diferentes situaciones de la acción. Un maniqueísmo tan radical, soez, facilón y estúpido que quiebra todas las reglas de verosimilitud mínima que han de presidir cualquier trabajo narrativo que, a día de hoy, quiera parecer serio, adulto y de cierta profundidad o alcance. Quiero decir que no estamos ya en aquellas épocas de verdades absolutas, donde la gente creía realmente que existían malos malísimos y buenos de toda bondad (imagino que me entienden). Pensamiento éste, por cierto, muy propio del nacionalismo/independentismo, que siempre ha de fomentar la alteridad y buscar enemigos donde no los hay. Pero retomo el hilo de mi exposición: no es ya por el maniqueísmo con que Pèrrim enfoca la historia, como digo, sino que se trata, más bien, de la simpleza argumental, del tratamiento infantiloide que se la ha dado a las escenas y los diálogos de la historia, de la ramplona construcción de unos personajes que resultan tan pueriles, arquetípicos, planos y poco creíbles que llegan a provocar la risa, del vergonzoso y descarado posicionamiento político que hace el autor. Un posicionamiento, por cierto, que sería perfectamente lícito si la obra —financiada, en origen, a través de un proyecto de crowdfunding— no contara con la cobertura (¿y subvención?) de la Fundaciò Reeixida (entidad relacionada con el entramado institucional independentista), o si se tratara de un trabajo abiertamente propagandístico, y no supuestamente artístico y de denuncia. En resumen: Terra cremada reúne una serie de características que si se presentaran reunidas en cualquier otra historia —desprovista del contenido político y polémico que esta encierra— despertarían el sonrojo de más de un lector, por la puerilidad y el infantilismo de sus propuestas (dramáticas, narrativas e ideológicas). Es verdad que se trata de una obra de ficción, sí, pero a la que le falta por completo la perspicacia, la intuición, la finura, la originalidad, la madurez, la profundidad y el alcance de tantas distopías (literarias o no) que todos conocemos: La máquina del tiempo, 1984, Farenheit 451, Un mundo feliz, El planeta de los simios, Soylent Green y ¡Hagan sitio, hagan sitio!, Alphaville, V de vendetta, etc. Y que, además, carece de la objetividad, inteligencia y compromiso de éstas, al estar pensada para hacerle el juego a la intelligentsia independentista de Cataluña (gente que, por cierto, mayoritariamente forma parte de los grupos conservadores y más pudientes de la sociedad). ¿Hay algo más triste, patético y menos transgresor que una obra de supuesta denuncia del poder hecha para defender, precisamente, a un poder que viene perpetuándose, generación tras generación, en aquellas tierras desde hace siglos? ¡Y que luego tengamos que oír hablar de la España fascista y totalitaria...!



Por eso, cuando leemos el pretencioso prólogo —supuestamente crítico, contestatario y radical— que Jair Domínguez firma al principio de la obra para hacernos creer que tanto él como Pèrrim están de vuelta de todo, y comparamos sus manifestaciones allí contenidas con lo que verdaderamente encierra la obra, enseguida nos damos cuenta de que nos hallamos ante un suflé cocinado por un mal chef, o frente a un globo que se desinfla porque está lleno de agujeros. Todo es aire, impostura, seguidismo de paniaguados... Pues los supuestos reproches generalizados contra el sistema y el poder de que habla Domínguez —que otorgarían, precisamente, ese carácter inconformista y rebelde a la obra—, en realidad van dirigidos sólo a una parte del mismo: el no independentista. Y lo mismo ocurre con las recriminaciones lanzadas contra el poder, pues quienes aparecen representados como ególatras, psicópatas y demagogos son, exclusivamente, los políticos, banqueros, empresarios y periodistas del bando que podríamos denominar "españolista" (Aznar, Rivera, Arrimadas, Pedro J. Ramírez), pero no aquellos pertenecientes a una burguesía catalana que se ha perpetuado en el poder siglo tras siglo y por culpa de la cual Cataluña se encuentra en el punto actual. En este sentido, no hay la menor crítica contra el prófugo Puigdemont —que aparece representado con toda la dignidad de "president" que ya no ostenta—, ni contra un político del "sistema" como es el diputado Gabriel Rufián, al que Pèrrim caracteriza como una especie de Clint Easwood redivido y justiciero, portando un pistolón y al lado de las CDR (comités de defensa de la república).



Hay quien ha sugerido que el tono radical y maniqueo con que se tratan las situaciones en Terra cremada es completamente buscado y responde a la idea de querer emular determinadas corrientes contestatarias que encontraron en el comix underground su vía de expresión. Pero es que en el tebeo que comentamos el tratamiento tan parcial que se le da al asunto tratado lo aleja por completo de la irreverencia generalizada y el contestatarismo característicos de la contracultura, elementos ambos que encontramos en la mayoría de las obras surgidas al calor de esa corriente artística, pero que no aparecen en el trabajo de Pèrrim, que sólo "dispara" en una dirección.


Terra cremada, en realidad, es un tebeo propagandístico que parece haberse realizado desde el odio y el desprecio más radical. No hay más que ver cómo retrata Pèrrim a los españoles (de hecho, sólo aparecen matando, golpeando, insultando, como una masa informe e irracional, al ciego servicio de un poder opresor que dejaría en pañales al de los propios nazis). Y, desde luego, le hace un flaco favor a la tarea de reflexión profunda y seria del problema que trata, por lo que dudo mucho que pueda despertar curiosidad, más allá de al teórico que nos lo recomendó y a los círculos independentistas.


De hecho, el mensaje de Terra cremada está tan lleno de tópicos manidos y llega a ser tan burdo, simplista, maniqueo, pueril y poco elaborado, me he llegado a plantear si, acaso —y puesto que no he tenido ocasión de leer la obra completa impresa en papel—, cabe la posibilidad de que, en la segunda parte, el autor le haya dado al guión un giro radical, bien para expresar todo lo contrario de lo que parece transmitir el tebeo en su contenido público —es decir, que España y los españoles no son tan abominables como se pintan—, bien para presentar situaciones de mayor enjundia dramática, profundidad psicológica y alcance narrativo. Es decir, algo que vaya más allá del mero panfleto gritón. Por eso, si alguien tiene a bien conseguirme un ejemplar de la obra para corroborar esas posibilidades, no tendría ningún problema en introducir los cambios necesarios a esta reseña crítica para modificar mi posición. Lo que no haré es comprar yo mismo Terra cremada, por la sencilla razón de que ese dinero sirve a una causa política con la que estoy completamente en desacuerdo.



Por último, y para concluir, añadiré que el valor gráfico del trabajo analizado, aunque vistoso, resulta más que discutible, pues se trata de una historia realizada completamente a base de fotografías modificadas con un programa de retoque digital para hacerlas parecer dibujos, sobre las que se ha calcado la línea, y a las que se les ha añadido algunos colorines (que no era, precisamente, lo que hacían Enric Siò y otros artistas que el teórico citado puso como antecedentes).



En fin. Si algo tienen los nacionalistas e independentistas es que enredan más que el diablo cojuelo. Parece que sólo vivieran para la "causa", pues siempre están dándole vueltas al magín y pergeñando el modo de hacer realidad política sus anhelos utópicos. Es decir, han hecho de "su" ideal su vida, de manera que confunden con facilidad realidad y ficción. Por eso decía Albert Boadella, refiriéndose a los nacionalistas catalanes, que se caracterizan por ver el mundo de una manera tan desconfiada que, cuando se levantan por la mañana, lo primero que hacen es pensar: "¿Qué estarán maquinando en Madrid para jodernos el día?". ¡Como si el resto de los mortales no tuviéramos otras preocupaciones que hacerles la vida imposible a ellos...! Claro que, como asevera el famoso dicho: "cree el ladrón que todos son de su misma condición"... No deja de ser penoso, en todo caso, que piensen de este modo y no se den cuenta de que los únicos obsesionados por el "tema" son, precisamente, ellos, que tienen en la alteridad y en el crear enemigos imaginarios su razón de ser para seguir existiendo.



Por todos estos motivos, no me sorprende que el primer tebeo realizado en España sobre el manoseado tema del procès provenga, precisamente, de un entorno nacionalista/separatista, esté apoyado o subvencionado por una entidad que defiende y promueve tal ideología, y presente los hechos de una manera tan parcial, burda y torticera. Y ello aunque sus autores —siguiendo la misma retórica usada por el nacionalismo catalán, de presentarse como algo moderno, europeo, democrático y transversal— intenten vendernos Terra cremada como un relato distópico, antisistema y crítico, o insistan, bien que en tono irónico y pretendidamente gracioso, en que lo narrado en el libro nada tiene que ver con la realidad: «Una de les curiositats del muntatge final del projecte és que genera un estrany “dejà vu” gràfic. Les imatges i els personatges hi podrien tenir quelcom a veure, però l'autor ho nega rotundament: “Això són fakenews dels lectors més polititzats”, ha dit en una entrevista en un diari local novaiorquès».



No me cabe duda de que la Fundaciò Reeixida y los organismos oficiales  de Cataluña —que vuelven a trabajar sin cortapisas al servicio del independentismo, por culpa de una precipitada suspensión del artículo 155 de la Constitución— aprovecharán el formato tebeístico de Terra cremada y la supuesta "amabilidad" que éste ha tenido tradicionalmente en nuestro país, para seguir adoctrinando a los niños y jóvenes en guarderias, escuelas y otros centros de enseñanza. De hecho, es posible que, gracias a la ayuda oficial, el tebeo de Pèrrim termine siendo uno de los de mayor tirada de nuestra industria. Y si sale la correspondiente réplica desde el sector constitucionalista, seguramente el independentismo pondrá el grito en el cielo, acusando a sus promotores de ser unos fascistas, fascismo, defender la represión del pueblo catalán y otras lindezas retoricas a las que nos tienen acostumbrados.



Yo, en todo caso, sólo pido una cosa: si alguien realiza o apoya la creación de una obra que intente dar respuesta a la de Pèrrim —el nacionalismo lo que tiene es que contamina todo lo que toca, así es que no sería raro que algún partido político o entidad cívica respondiera con el correspondiente tebeo "españolista"— que lo haga, por favor, con una obra más inteligente, audaz, profunda, enjundiosa, elaborada, reflexiva y comprometida (de verdad) que la de Terra cremada. Los aficionados a la historieta se lo agradeceremos.

Un saludete.

Cubierta de la edición en papel


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NOTA: todas las imágenes que ilustran este artículo lo hacen a título meramente informativo y sin ánimo de lucro. Están tomadas de la webcómic Terra cremada, de donde se pueden bajar abiertamente. Quedan sometidas, no obstante, a las leyes habituales de copyright y son, por tanto, propiedad de sus autores, que podrán solicitar su retirada, si así lo estiman oportuno.

3 comentarios :

  1. Los recientes acontecimientos en Cataluña me han hecho recordar esta reseña que no comenté cuando la publicó porque no me gusta tocar, ni siquiera tangencialmente, asuntos políticos.
    Sí le afeo que comparara este panfleto que tiene el claro fin de adoctrinar y alimentar el odio y la desafección a todo lo que suene a España, con tebeos publicados en la posguerra como "Roberto Alcázar y Pedrín" y " El Guerrero del Antifaz", que, aunque influenciados ideológicamente por su contexto social e histórico, tenían, en mi opinión, el único fin de entretener.
    Recientemente escuché al actor José Sacristán decir que la O.M.S. ha llegado a la conclusión de que cuando alguien agita una bandera, sea del signo que sea, experimenta una automática y dramática suspensión de sus capacidades intelectuales. Creo que esa frase refleja bien lo que estamos viviendo.
    En otro orden de cosas, Caldas va a publicar 2 nuevos volúmenes de su edición del Tarzán de Manning. Me sumergiré en esa África de fantasía hasta que amaine el temporal; aunque, visto lo visto, igual tengo que quedarme allí lo que me reste de vida.
    Un cordial saludo.

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    1. Creo, JPL, que no ha llegado a entender bien el sentido de mi referencia a nuestros clásicos del cuadernillo de aventuras. Si vuelve a leer el texto verá: 1º) que destaco la finalidad esencialmente lúdica de dichas series; y 2º) que, en ningún momento, hago una comparación de las obras per se, sino de los tiempos en que se han creado, para resaltar que la más actual (la de Pérrim) parece, sin embargo, haber surgido en los años oscuros, maniqueos y reaccionarios que vieron aparecer las series clásicas.

      Un saludete.

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    2. Entiendo lo que quiere decir.
      Releo mi comentario y me percato de que su redacción puede dar lugar a una interpretación que está muy lejos de mis intenciones.
      Evidentemente, la cita de las palabras de José Sacristán no va dirigida a usted ni a su artículo, sino a la sinrazón de los nacionalismos fanáticos y extremistas de cualquier signo, de los cuales la publicación que reseña es un claro ejemplo.

      Un saludo.

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