viernes, 31 de octubre de 2014

SOBRE EL PROYECTO "HOME": INCIDENTE Y ADVERTENCIA DE UN MECENAS AFECTADO



HOY me veo en la necesidad de abordar un asunto harto desagradable y peliagudo, relacionado con un proyecto historietístico que promocioné y defendí públicamente en este Nibelheim, pero que ha terminado dejando muy mal sabor de boca a una persona cercana a mí, quien me ha pedido ayuda y publicidad para denunciar su problema. Como habrá podido suponer el lector, a juzgar por el título de la entrada, todo se refiere al proyecto Home, que se financió a través de crowdfunding y que difundí aquí en su momento. No resulta agradable tratar un asunto así —sobre todo por mi implicación tan directa—, pero ocurre que esa persona conocida —a la que llamaremos "J" (porque tal es la primera letra de su nombre)—, además de lector del blog, es un buen amigo mío y me ha pedido el favor de utilizar este Nibelheim como escaparate para dar testimonio de lo que él considera un trato injusto y una experiencia muy desagradable. Para ello, me ha enviado un larguísimo escrito, que yo iré resumiendo, en el que se relata, con pelos y señales, todo lo que desea hacer público y al que ha añadido el texto de los numerosos correos electrónicos que ha estado cruzando con uno de los dos responsables principales del proyecto —Raúl Arnáiz—, hasta el momento de discutir con él por las razones que enseguida se expondrán. Quiero precisar, siguiendo las indicaciones de "J", que en esta exposición no se van a citar nunca literalmente los correos de Arnáiz (salvo alguna frase esporádica), puesto que éste no dio el consentimiento preceptivo a mi amigo para que pudiera utilizarlos como fuente de cita, si fuera necesario. Pero pasemos a resumir los hechos que "J" desea exponer a la consideración de todos ustedes...

Este amigo mío, tal y como hizo un servidor, decidió participar como mecenas y colaboró en el proyecto Home aportando una cantidad correspondiente al interés que éste había despertado en él. A cambio de ello, y como el resto de los mecenas, se hizo merecedor de una de las recompensas ofrecidas; en concreto aquella que proporcionaba la edicion especial del cómic (objeto principal del proyecto), su versión digital (consultable online), un pack de 13 postales con la biografía de todos los personajes de la serie y una dedicatoria dibujada en el álbum físico. En total cuatro recompensas por 36,00 eurillos que pagó religiosamente, siguiendo todas las indicaciones que se le iban (se nos iban) enviando por parte de los responsables. La campaña, como todos ustedes pueden ver en el site de Verkami, terminó con un éxito insospechado, incluso para los propios organizadores, pues habían pedido una cantidad inicial de 2.999 EUR. y llegaron a recaudar hasta 4.879; es decir, dinero más que suficiente —e insisto en esto por lo que luego señalaré— para cubrir los gastos previstos al principio y prever, incluso, cualquier contingencia o eventualidad que pudiera surgir.

La campaña se cerró el pasado 22 de enero y los envíos con las recompensas comenzaron a realizarse en el mes de mayo. Pero en julio de ese mismo año mi amigo "J" aún no había recibido su pack. Decidido a aclarar la cuestión, el 30 de julio se puso en contacto con Raúl Arnáiz a través del correo electrónico para preguntarle si había habido algún problema con las entregas, pues él no había recibido ningún paquete en la dirección proporcionada. En este punto conviene aclarar, porque tiene gran importancia, que dicha dirección postal era la de un centro oficial donde mi amigo suele recibir habitualmente y sin problemas todo tipo de envíos y correspondencia desde hace años. Es decir, su centro de trabajo. En su respuesta de ese mismo día, Arnáiz expresó a "J" su tristeza por lo ocurrido y le aseguró que iba a ponerse en contacto con la agencia de transportes (TIPS@) para preguntar qué había ocurrido, porque constaba por el albarán que la entrega se había hecho correctamente. Dos días después, el 1 de agosto, Arnáiz volvía a responder a mi amigo adjuntándole una imagen del comprobante de entrega y comentándole que en la agencia de mensajería le habían dicho que el paquete fue entregado en la secretaría del centro. "J" respondió ese mismo día asegurando que iba a preguntar allí para ver qué había ocurrido y se comprometió a mantener informado a Arnáiz. Pudo comprobar también que el paquete se había entregado (aunque no sabía dónde) el pasado 5 de junio (es decir, hacía ya casi dos meses), aunque él no había recibido nada. Empezó, entonces, a sospechar que el repartidor se había equivocado de centro, pero prefirió proseguir la búsqueda antes de pedir a Arnáiz nada más. Cuatro días después —esto es, el 5 de agosto— mi amigo volvió a ponerse en contacto con su interlocutor para decirle que la búsqueda en el lugar indicado había sido infructuosa. Estos fueron los términos (y cito literalmente):
«Hoy he preguntado en el trabajo pero, según me dicen las personas de Secretaría, allí no se entrego nada a mi nombre, porque me lo habrían dado en su momento (recordemos que la fecha de entrega fue a principios de junio). De hecho, siempre que llegan mensajeros (los carteros de Correos ya lo saben y no hay que decírselo) se les indica que pasen por Conserjería, que es donde se recogen todos los paquetes que llegan [...]. Así es que no hay pérdida posible (por eso pongo siempre la dirección del trabajo para mis entregas). ¿Serías tan amable de enviarme una copia algo más grande y nítida del albarán de entrega que te han enviado de la empresa de transportes? Es que los bedeles no identifican bien la firma que se ve en ella».

A la vista de este correo, el mismo día 5 de agosto Arnáiz le aseguró a "J" que iba a volver a preguntar en la agencia. Y curiosamente, un día después (esto es, el 6 de agosto) le respondía dándole otra información distinta de la primera: ahora, los de TIPS@ aseguraban que el paquete lo habían entregado en la garita de control para la entrada al recinto del centro oficial, y no en una secretaría (como habían afirmado antes). Arnáiz proporcionó a mi amigo un número de teléfono y de albarán de entrega para que éste se pusiera en contacto directamente con la agencia de reparto y, a juzgar por el contenido de su correo electrónico (que no podemos citar sin autorización) no puede decirse que mostrara la menor extrañeza por la contradictoria información que le había proporcionado la empresa, considerando como cosa ciertísima que el paquete se había entregado en la dirección proporcionada por "J", aunque éste no lo hubiera recibido y asegurara que se había perdido.



Pasado el mes de agosto y parte del de septiembre "J" recibió un correo de Arnáiz (fechado el 13 de septiembre) en el que éste mostraba interés por ver cómo se había desarrollado todo. No hace falta decir que, en el entretiempo, mi amigo se había puesto en contacto varias veces con la agencia de transporte, cuyos interlocutores le torearon en todos los casos, diciéndole que ya habían comunicado el problema al chico de los repartos, y que éste se pasaría por el Centro cuando retornara de las vacaciones. Ese mismo día 13 mi amigo respondió a Arnáiz ya algo cabreadillo y en los siguientes términos:
«Pues no, aún no ha aparecido el libro y tengo la sensación de que la empresa de transportes se está quedando conmigo: buenas palabras, muy educados, pero nada de nada... Llevo con esto desde antes del verano y aún no se ha resuelto. La última fue el viernes, cuando volví a hablar con ellos y quedaron en ponerse en contacto conmigo esa misma tarde, pero aún estoy esperando a que me llamen... Yo ya hace tiempo que sé que el libro no se entregó en mi Escuela, sino en otra diferente por equivocación. He preguntado y buscado, por activa y por pasiva, y estoy convencido de que las personas que deberían haberlo recogido —los bedeles— no iban a engañarme, porque suelo poner esa dirección para todo y no he tenido nunca ningún problema. Por las diferentes versiones que me han ido dando los de la agencia de reparto —que si entregaron el paquete en la Secretaría del Centro, que si en una garita— estoy convencido de que hicieron la entrega en otro centro, pues lo que dice el repartidor que le obligaron a hacer (dejarlo en una garita, ya que no le dejaron entrar en el Centro) no ocurre nunca en mi Escuela. En fin, estoy un poco hartito ya del tema, porque según la imagen del albarán que me enviaste por correo electrónico la entrega se hizo el pasado 5 de junio».

El mismo día 13, por la noche, Arnáiz contestó a "J", pero lejos de adoptar una posición más comprometida —por ejemplo, diciéndole a mi amigo que no se preocupara más, que le enviaría otro ejemplar del pack completo, dado que ya había perdido bastante tiempo intentando localizar el paquete perdido— lo único que se le ocurrió es pedir al afectado que le mantuviera informado. "J" se muestra bastante indignado por esta forma de actuar, según puede verse en esta parte de su largo escrito:
«¿Qué te parece? ¡¡Habían pasado ya más de tres meses desde que la entrega tenía que haber llegado a su destino (y desde que el resto de los mecenas disfrutaban de sus recompensas) y lo único que se le ocurrió es pedirme eso. ¡¡Como si no pudiera hacer algo más y no me hubiera tenido ya bastante tiempo liado con el tema del paquete!! ¿Hasta cuándo habría querido que hubiera seguido intentando conseguirlo? Y encima yo era el único afectado, porque si hubiera muchos más pues se entendería la prevención. ¿Pero por una sola persona? ¿Es eso saber estar? Es eso comportarse bien con alguien que te ha dado su ayuda adelantando dinero para tu proyecto? Porque —y esto es lo más sangrante de todo— el único afectado por una pérdida de paquete, al parecer, he sido yo (según me ha dicho varias veces el propio Arnáiz). Y claro, uno piensa si no habría sido mucho mejor haber cerrado el problema enviando ese nuevo pack. Salvo que no tengan ninguno más para enviar, claro (posibilidad que ya empiezo a considerar muy en serio, pues de otro modo no se entiende su postura)».

En el largo dossier que me ha enviado "J" refiere que, pese a comprar muy a menudo por Internet (como yo mismo hago), sólo recuerda haber tenido problemas dos veces en todo ese tiempo. La primera vez —y me consta que así ocurrió, pues me lo contó en su momento— fue en una de las primeras compras que le hizo a Manuel Caldas, cuando tuvo la mala fortuna de no recibir el paquete con el libro adquirido. Se puso en contacto con el portugués y éste, como un auténtico caballero, le envió otro ejemplar pidiéndole perdón. Luego, en respuesta a una carta de "J" en la que éste le preguntaba qué debía hacer si aparecía el ejemplar perdido, Caldas le añadió que disfrutara de ambos tebeos, y que uno de ellos se lo regalara a un amigo si así lo deseaba. «¡Eso es saber estar —dice mi amigo—, y no lo de otros!». Y algo parecido le pasó con Enrique Fernández, en cuyo proyecto Brigada participó para el primer volumen. Tuvo la mala suerte de que también se perdiera su paquete, y Enrique le envió otro ejemplar completo del pack por el que había contribuido como mecenas. En cuanto le contó el problema y sin tener que esperar, vamos. En uno de los dos casos cree recordar que el paquete no iba a la dirección del centro oficial, sino a su domicilio particular (donde también pueden perderte los paquetes, aunque algunos crean que no). Pero sigamos con la denuncia...



Tres días después del último correo cruzado entre ambos corresponsales —esto es, el 16 de septiembre—, "J" escribió a Arnáiz intentando cerrar, de una vez por todas, el engorroso problema que se traía entre manos (todo ello, por cierto, sin dejar de contactar entretanto con la agencia de transportes para ver si allí le solucionaban el problema). Y puesto que no salía del propio Arnáiz la idea de enviar a mi amigo otro pack para finiquitar la cuestión, fue él mismo quien decidió pedírselo, haciéndolo en estos términos:
«Hola de nuevo Raúl, Mira, la verdad es que ya estoy un poco harto de tratar con la agencia de reparto. Se están riendo de mí claramente y mi tiempo vale tanto como el de cualquier otro. Quedaron en que iban a llamarme el viernes pasado o ayer lunes y las dos veces he tenido que ser yo el que les llame. Ayer, la chica me volvió a decir que iba a pedirle al repartidor —responsable único de que no me haya llegado el paquete— que se pusiera en contacto conmigo y todavía estoy esperando su llamada. Me he cansado, francamente. ¿No sería posible que me enviárais otro ejemplar del pack que compré para acabar con este problema y pasar a otra cosa? Es que no quiero empezar a preguntarme ciertas cosas, como por ejemplo por qué motivo dejaron el paquete a otra persona, cuando tendrían que habérmelo entregado exclusivamente a mí, que era el destinatario».
En el correo de respuesta que ese mismo día le remitió Arnáiz a "J", aquél volvía a dejar claro —por el contexto así se entiende, y mi amigo lamenta no tener autorización para citar el pasaje, pues se ve mucho mejor— que el paquete había sido entregado donde correspondía y ponía en duda que los bedeles del centro le hubieran entregado el paquete, cosa que han hecho siempre desde hace años. De todas formas, Arnáiz se daba por vencido y le comunicaba a "J" que iba a enviarle otro ejemplar, pues lo estaba pasando muy mal por él. Pero al hacerlo, le pedía (y aquí si tengo que citar literalmente) que le proporcionara «otra dirección postal más personal y segura [...]. No vayamos a meter la pata de nuevo». Es decir, que a pesar de las reiteradas afirmaciones de mi amigo sobre la perfecta validez de la dirección postal proporcionada al principio, en todo momento Arnáiz estuvo creyendo que era mi amigo el que, en el fondo, se había equivocado por aportar esa dirección que, como ya digo, es a la que le envían siempre todas las cosas y con la que nunca ha tenido ningún problema. E insisto en ello, porque una vez que el conflicto estalló entre ambos (como ahora veremos), Arnáiz llegó a reprochar esto a "J" abiertamente, haciéndole responsable de lo que ocurría por ese hecho. Pero sigamos...



El 14 de octubre, es decir, casi un mes después de que se le dijera a mi amigo que le iban a enviar de nuevo un paquete con el pack éste aún no lo había recibido. Ese mismo día se puso en contacto con Arnáiz, que le respondió asegurándole que justamente lo había enviado el día anterior. Pues bien, la sorpresa vino para "J" cuando días después abrió el paquete recibido y pudo comprobar que dentro venía sólo el libro con la dedicatoria dibujada, pero no las 13 postales con las biografías de los personajes protagonistas del cómic. El mismo día de recoger el paquete en Correos (esto es, el 22 de octubre por la tarde), mi amigo, desesperado ya, volvió a escribir a Arnáiz para preguntarle qué había ocurrido y por qué faltaban dichas postales. Estos fueron los términos:
«Está claro que mi colaboración en el proyecto Home está gafada y no hay manera de enderezarla. Verás, te cuento: ya tengo en mi poder el tebeo (así como la lámina en blanco y negro que sacásteis en el último momento como regalo especial), pero veo que falta el lote de las 13 postales con las biografías de los personajes, que también pagué (yo colaboré con 36,00 EUR.). ¿Qué ha ocurrido? ¿Ha habido algún problema?».

La respuesta de Arnáiz, siempre correcta eso sí, incluía ya un tono de victimismo que no gustó nada a "J". Es una lástima no poder citar su texto completo (por la falta de permiso de que ya hemos hablado), pero resumiendo podríamos decir que Arnáiz no sólo malinterpretó a mi amigo —considerándole decepcionado, cuando lo que estaba es harto del asunto—, sino que enseguida planteó el problema en términos de "solidaridad" y le recordó que como la pérdida del paquete no había sido culpa suya, tampoco lo era "la responsabilidad de hacer nada", a pesar de lo cual había decidido enviarle el tebeo (sólo el tebeo) a sus expensas. Visiblemente molesto por esta última respuesta, al día siguiente (el 23 de octubre) "J" dirigió un nuevo mensaje, más beligerante, que fue el que desató la disputa (ya insoluble) y que vuelvo a citar de manera íntegra y literal, para que ningún detalle escape a la consideración del lector. Helo aquí:
«Lo que, de verdad, ni se me había pasado a mí por la cabeza es que llegaría a leer un mensaje como el último que me has enviado y encontrarme en una situación como la actual. Aunque tampoco debería sorprenderme demasiado, la verdad, porque si ahora mismo tengo el libro en mis manos no ha sido precisamente por tu premura en solucionar la cuestión, dado que fui yo el que te sugerí que, quizá, ya había llegado el momento de que me enviaras un nuevo pack. Tampoco podía imaginarme, la verdad, que me ibas a regatear con lo de las fichas de los personajes, por eso te escribí pensando que se trataba de un error. ¿Dices que estoy decepcionado? Hombre, decepcionado, decepcionado, pues tampoco. No es ése mi estado de ánimo, precisamente... Lo que, de verdad, estoy es hasta los cojones de este tema, porque llevo con él desde el mes de julio pasado y ya resulta algo cansino. Y encima el remate ha sido leer tu último correo. ¿O sea, que después de financiar vuestro proyecto, de adelantar el dinero, de poner mi confianza en vosotros, de andar tres o cuatro meses detrás de un paquete que la agencia de transportes no entregó donde debía (ni a quien debía, ojo, porque no sé a quién se lo dejó, pero desde luego no fue a mí), de estar perdiendo mi tiempo —que es tan valioso como el de cualquier otro— en cruzar mensajes contigo, me sales con que el tebeo que me has enviado es un "regalo solidario" que me haces por la mala suerte que he tenido y no una reposición por el paquete perdido? Pues mira, yo no quiero solidaridad —que, no obstante, te agradezco—, sino que quiero el pack completo que financié como mecenas. Ni más, ni menos... Y luego, como puntilla, me añades que la responsabilidad no es tuya. ¡Ah! ¿Y mía sí? ¿Es mía la responsabilidad de que la agencia de transporte que "vosotros" contratásteis no haya hecho la entrega como debía? Y eso que no quiero entrar mucho en el tema de las posibles ilegalidades, porque ¿qué es eso de entregar los paquetes a personas distintas del destinatario? ¿Si el envío iba dirigido a mí, personalmente a mí, por qué se lo dejaron a otro individuo? ¿Y si éste ha decidido quedarse con el paquete sin hacérmelo llegar (cosa que no creo en absoluto tratándose de mis compañeros, pero que sería más que probable si lo que el repartidor hizo fue entregar en otro centro donde no me conocen)? ¿Entonces qué hacemos...? ¿Debo entender que como la responsabilidad no es tuya el pato lo termino pagando yo...? Pero bueno, esta cuestión ya la dilucidaré, si llega el caso, con la agencia de transporte.

Vamos a ver: yo nunca me he embarcado en un proyecto de crowdfunding, pero imagino que a la hora de elaborar el presupuesto necesario para llevarlo a cabo se ha de tener en cuenta que puede haber problemas de tipo logístico como el que nos atañe, con extravíos y pérdidas a la hora de realizar envíos y entregas, de modo que se harán algunas copias más de las estrictamente necesarias. En dicho caso, y como me imagino que vosotros lo habréis hecho así, no entiendo esa cicatería para conmigo y tanta prevención a la hora de enviarme el pack completo que financié y que no he recibido. ¡¡Máxime cuando además me dices que mi caso ha sido el único!! ¡¡Coño!! Que no os vais a arruinar por enviármelo.. Pero dado que no ha sido ése el caso, pues sólo me queda pensar dos cosas:

a) Que no fuisteis lo suficientemente previsores y ya no tenéis más ejemplares para enviar.
b) Que no te fías de mí ni un pelo y crees que quiero conseguir otro pack por la patilla (es decir, gratis), lo cual no tiene mucho sentido, la verdad, porque tampoco merece la pena perder tanto el tiempo para conseguir un nuevo ejemplar cuando ya tienes el tebeo.

Mira, recibo continuamente compras por correo, bien de plataformas de Internet (como Amazon, Todocolección, eBay, Marelibri, Abebooks), bien de particulares (como Manuel Caldas, vendedores de arte original de cómic, etc.), y siempre hacen las entregas en la Escuela. Pues bien, nunca, nunca, nunca, nunca ha habido el menor problema. Bueno no, miento: una vez no me llegó un tomo de PV de Caldas y el portugués, sin yo decirle ni mu (sólo que no me había llegado), me envió otro ejemplar (por cierto, que el problema fue en mi dirección particular, no con la del centro de trabajo). Participé también en  el proyecto de crowdfunding de Enrique Fernández para Brigada y tuve la misma mala suerte que con el vuestro. Pues bien, Enrique me envió otro pack sin ningún problema. No hizo falta ni preguntarle. En cuanto le comuniqué lo que había pasado me lo envió. Este incidente con vosotros es el primero que me ocurre y, desde luego, creo que será el último, pues he salido bastante escaldado con el tema del crowdfunding. Ahora, lo que sí tengo clarísimo es que no pienso seguir apoyando el proyecto de Home. Lo siento, pero no me ha gustado nada la forma de actuar tan precavida y recelosa que habéis demostrado.

Por cierto: tampoco hace falta que te molestes en hablar con la agencia (deberías haberlo hecho mucho antes y bastante más en serio). Ya me he dirigido yo a ellos esta misma tarde y me han asegurado que el lunes (¡eso está por ver, pero bueno!) enviarán a mi centro de trabajo al repartidor para encontrarme con él personalmente y que me diga si fue en mi Escuela donde entregó el paquete y a quién. A ver quién tiene razón. En cualquier caso, será demasiado tarde para nuestra colaboración, que queda rota desde ahora mismo.

Un saludo».
Y aquí empezaron ya los problemas de verdad para ambos (no es que antes no existieran, aunque sólo habían sido reales para mi amigo), pues la siguiente respuesta de Arnáiz ya no fue ni tan amistosa, ni tan comprensiva como las precedentes. Con todo, lo que más molestó a "J" —según precisa en la larga carta explicativa que me envió— es que en dicha respuesta se adivinaba ya una forma de ver el problema que desenfocaba la cuestión de fondo: 1º) porque Arnáiz se tomaba la cosa como una cuestión de solidaridad a la que no estaba obligado (según él, había vuelto a enviar el tebeo a mi amigo incluso sin tener que hacerlo y éste, lejos de agradecerlo, se mostraba ingrato. De este modo eludía su responsabilidad como organizador del proyecto Home y dejaba a "J" en la estacada); 2º) se sorprendía de que éste exigiera lo que había pagado —es decir, el pack completo— y le acusaba, por ello, de egoísta e insolidario, además de mísero, porque los supuestos 11,00 euros que costaban las postales no eran cantidad para ponerse así y montar, según él, «este pifostio»). Es decir, que en una cuestión de principios, según mi amigo, Arnáiz se mostraba quisquilloso y parecía no enterarse de nada.



Considerando estos errores de percepción, "J" escribió de nuevo a Arnáiz para intentar aclararle cuál era la perspectiva que, en su opinión, debía de adoptarse en esta cuestión. He aquí el texto del mensaje:
«Que no Raúl, que no es cuestión de dar penita, de mostrarse solidario, de hacerse querer, de agradecer nada, de ser o no ser egoísta... Que esto es un negocio en el que yo he puesto parte del dinero —efectivamente, tendría que haber dicho "ayudaros a financiar el proyecto", porque como bien señalas mis modestos 36,00 euros no daban para más (aunque imagino que en algo ayudaron, ¿no?)— y vosotros os comprometisteis a entregar un producto en una fecha y unas condiciones determinadas. Y eso es todo. No hay más. Deja los sentimientos aparte, la solidaridad, lo buenos o malos que somos y todas esas zarandajas. En medio del proceso ha ocurrido algo que ha impedido llevar a buen puerto el objetivo principal. Algo de lo que un servidor, desde luego, no es responsable en absoluto. ¿Que vosotros tampoco lo sois? Bien, de la pérdida del paquete no —yo no he dicho nunca lo contrario—, pero sí de andar racaneándome y haciéndome perder el tiempo. ¿O por qué, si no, hemos llegado a la discusión que ahora nos traemos entre manos después de más de tres meses mareando la perdiz? Porque yo creo que ya ha pasado tiempo más que suficiente para que esto estuviera arreglado (aunque no, precisamente, por tus gestiones ante la Agencia de transporte, vamos, pues todas las veces que hemos intercambiado correos ha sido porque yo me he puesto en contacto contigo, no porque tú estuvieras solucionándome el problema). Mira, ya te he dicho cómo actuaron otras personas en dos casos idénticos a éste. En el vuestro, sin embargo, la teórica solución viene arrastrando desde hace más de tres meses y, a pesar de tus "incansables" gestiones, mira adónde hemos ido a parar finalmente. Tanto dar vueltas para acabar así... Te vuelvo a repetir que a la hora de elaborar el presupuesto para sacar el proyecto adelante imagino que habríais previsto posibilidades como la que me ha afectado a mí (pérdidas de envío). Pues bien, si es así (y no me has contestado a ello, por cierto), habría bastado con enviarme otro pack completo de lo que pagué (tebeo con dedicatoria más fichas). Y si no lo es, pues debo deciros que la cosa estaba mal planificada (como bien se ve). Pero bueno, ya poco se puede hacer...

Me hacen también mucha gracia tus continuas referencias —de bastante mal gusto, la verdad, considerando que soy el cliente en este asunto— a mi solicitud de algo (las fichas) que sólo valía unos míseros once euros. Bueno, pues dándole la vuelta a la tortilla te pregunto: ¿si tan miserable era la cantidad, por qué no incluiste las fichas en el envío? Así yo habría tenido el pack que pagué —no veo que sea de mal gusto pedir a cambio de lo que se ha pagado— y nos habríamos ahorrado este mal trago.

En cuanto a lo de los plúmbeos y larguísimos e-mails, no te preocupes; no hace falta que te pongas el parche antes de que salga el grano, pues no pienso perder ni un minuto más con todo esto. Aunque sí te digo que veré la forma de divulgar lo que ha ocurrido, para que los futuros mecenas de Home y de otros proyectos estén al tanto de cómo se actúa en algunas ocasiones cuando no se sabe estar a la altura.

Insisto para finalizar: esto no es cuestión de caerse bien, ni de ser simpáticos o solidarios; se trata de un negocio en el que servidor actuó como cliente y mecenas. Y ya sabes: el cliente, si ha cumplido con su parte del contrato (y yo lo hice al pagar) siempre tiene la razón (o debería) y hay que tratarle bien. Muy al contrario de lo que has hecho en tu correo, llamándome rácano, maleducado y recordándome, poco menos, que mi contribución tampoco fue para tanto y no me da derecho a exigir. ¿Cómo que no? Confío, eso sí, en que no tratéis igual a todos los mecenas».
Bueno, y estamos llegando al final... No sigo hablando de la restante correspondencia que ambos interlocutores han cruzado, porque el nivel de cerrazón de Arnáiz (pensando que había hecho lo correcto) y su convencimiento de que "J" había sido corresponsable de todo lo ocurrido —por proporcionar la dirección de un centro oficial, y no la de su domicilio particular—, fueron aumentando y tampoco aportan mucho más al debate. En todo caso, confiesa mi amigo que después de todos los mensajes cruzados con Arnáiz, aún no sabe muy bien por qué motivo éste no le envió las fichas de los personajes desde el principio. Si fue porque se le olvidó (cosa que no parece probable, pues en el correo donde "J" le pregunta por ellas por vez primera Arnáiz responde que no las había adjuntado porque no se trataba de una restitución propiamente dicha de todo el pack), porque no tenía más fichas (en cuyo caso hay que pensar que el proyecto Home no estaba planificado todo lo bien que habría sido deseable, pues sus responsables deberían haber previsto que pudiera hacer falta algún ejemplar más de las mismas por si pasaban cosas como ésta), o porque no le salió de los huevos (lo que significa que le sisó a "J" una parte del pack que éste había pagado como mecenas). Más bien cree que se trata de la segunda posibilidad, puesto que en todo momento Arnáiz le ofreció devolverle el dinero, pero no las fichas de los personajes. En cualquier caso mal, muy mal. Rematadamente mal.



Mi amigo "J" concluye su largo escrito con las siguientes palabras, que vuelvo a transcribir íntegramente:
«Quiero decirte a ti y a todo el mundo que lea mi queja —si es que te decides a publicarla— que con ello no busco sino cierto reconocimiento por el modo en que he sido tratado y para mostrar que todo se ha reducido a una cuestión de no "saber estar", de no comportarse con la caballerosidad y amabilidad que correspondía al caso. Pues imagino, como ya le dije al propio Arnáiz, que imprevistos como el que me ha sucedido a mí deberían haber sido considerados por los organizadores del proyecto Home a la hora de elaborar el presupuesto. En dicho caso, no puedo entender por qué no se me envió inmediatamente otro pack, máxime cuando he sido el único —según testimonio del propio Arnáiz— al que le ha pasado esto.

De modo que ya sabéis: si vais a participar como mecenas en el siguiente proyecto Home, aseguraos primero de cómo tienen planificado el tema de los envíos. Y si tratáis con Raúl Arnáiz rezad a la Virgen María para que el paquete no se pierda, pues en dicho caso os costará Dios y ayuda recibir las recompensas por las que pagásteis. Es un hueso duro de roer».

Cree mi amigo que todo este incidente podría servir para reflexionar sobre la vía del crowdfunding, como medio de financiación de proyectos, y sus posibles fallas. Pero me temo que el problema de fondo, más que con este novedoso sistema de microfinanciación propiamente dicho, está relacionado con la forma de actuar de las personas (en este caso Raúl Arnáiz que, como corresponsable del proyecto y remitente, no supo manejar bien la crisis, ni estar a la altura de lo que se le pedía) y, sobre todo, con la empresa de mensajería, cuyo repartidor no hizo bien su trabajo y terminó entregando el paquete donde no debía. No obstante, pienso que todo lo dicho hasta el momento sí podría valer para denunciar una serie de abusos que casi todos nosotros, como sufridos compradores de bienes por correo, hemos padecido alguna vez por parte de las empresas de reparto. Porque ¿a quién no le ha ocurrido que le dejen un paquete a su nombre en casa de un vecino, cuando no tienen que hacerlo (el correo siempre hay que entregarlo a la persona destinataria y exclusivamente a ella)? ¿O quién no ha tenido que acudir, alguna vez, a un punto de recogida establecido por la empresa de transporte, cuando son ellas las que están obligadas —todas ellas creo— a hacer varios intentos antes de acudir a esa vía? Pero claro, así sus repartidores se ahorran viajes y ellas gasolina, siendo el cliente-destinatario quien hace su trabajo. En fin, malas praxis que, unidas a una mala percepción de la responsabilidad, han terminado llevando a que se produzca este lamentable incidente (1).



Y hasta aquí el testimonio de "J". No hace falta decir que los dos autores del proyecto Home —el dibujante Raúl Arnáiz y el guionista Óscar Herrero—, si leen esta entrada y desean participar, tienen abierto el Nibelheim como canal de expresión para aclarar su postura y rebatir al amigo denunciante. Sólo ruego a todo el mundo que mantenga las formas y se digne a debatir (si llegara el caso) de manera educada y cordial. Se puede discutir de todo —incluso de política o religión (aunque algunos crean que no)— pero siempre con educación y respetando al interlocutor.

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(1) Que no ha sido único, a juzgar por lo que puede leerse en la propia página web del proyecto Home (por ejemplo aquí), con los comentarios que cierto mecenas llamado Cybernapya cruza con Arnáiz.

lunes, 27 de octubre de 2014

RECITAL DE PIOTR BECZALA EN MADRID



Concierto-Conmemoración del 15º aniversario de la muerte de Alfredo Kraus.— Dirección musical: Marc Piollet.— Intérprete: Piotr Beczala (tenor). Orquesta Titular del Teatro Real.— Teatro Real de Madrid. Sala Principal. Viernes, 24 de octubre de 2014.


NO ha sido Polonia tradicionalmente un país que haya dado muchas grandes voces de tenor, al estilo de lo que ha ocurrido con Italia, España o Alemania, por ejemplo. Los ha habido, y muy grandes, pero no puede afirmarse que hayan sido abundantes. Entre los más significativos deberíamos citar al mítico Jean de Reszke —el más grande de su tiempo—, a Julián Dobrski —que estrenó el papel de Stefan en La casa embrujada (Straszny dwor), de Stanislaw Moniuszko (una de las piezas más interesantes de las que pretendo hablar a continuación)— (1), al célebre Ignacy Dygas y a su casi contemporáneo, el exquisito Jan Kiepura.

Los artistas mencionados arriba


En la actualidad podemos disfrutar, afortunadamente, con otro representante de dicha cuerda y nacionalidad que está haciendo las delicias de los aficionados por todo el mundo. Me refiero, claro está, a Piotr Beczala (Czechowice-Dziedzice, Polonia, 1966), intérprete con gran proyección internacional en la actualidad que lleva ya bastantes años de carrera a sus espaldas (creo que debutó en 1992), pero al que apenas si hemos tenido la ocasión de ver por los Madriles. De hecho, su última (y única) participación en el Teatro Real fue en una Damnation de Faust del año 2009, donde interpretó el papel titular de la obra. Desde entonces nada. Por ese motivo, no podemos sino felicitar a los responsables del coliseo madrileño por la idea de haberlo traído a Madrid e incluirlo en el programa del ciclo "Las voces del Real", aunque fuera con la excusa del homenaje que durante dos días se ha hecho en honor de Alfredo Kraus, consistente en este recital de Beczala (día 24) y en un concierto de cantantes que estudiaron con el legendario tenor canario (sábado 25) (2). Y digo "excusa" porque parece un poco cogida por los pelos esa vinculación entre ambos cantantes, dado que si bien es cierto que Beczala ha mostrado siempre su admiración por Kraus y tiene en repertorio algunos de los papeles que éste bordó a lo largo de su longeva carrera (Duca di Mantova, Faust, Roméo...), también lo es que ha cantado otros que nada tienen que ver. Y el hecho es que está planteándose incursionar en un repertorio (Lohengrin, por ejemplo, que cantará en Bayreuth el próximo año 2016) que el canario no pensó en abordar ni en sueños. De hecho, en el programa del concierto se incluyeron algunas arias de papeles que Kraus nunca tuvo en repertorio (don José de Carmen, Cavaradossi de Tosca, Rodrigue de Le Cid, etc.). Así es que no puede decirse, precisamente, que las carreras de ambos cantantes hayan discurrido en paralelo. Por este motivo, entre otros más, me parece muy injusta una opinión como la de Gonzalo Alonso, quien en la crítica sobre el espectáculo que publicó en Beckmesser el mismo sábado 25, comienza destacando que la impresión obtenida al comenzar el concierto fue el de "añoranza" por Kraus. Injusto digo, porque no era momento de hacer esas comparaciones —que tampoco proceden, pues se trata de cantantes con personalidad e instrumento bien distintos—, y sí de disfrutar, por vez primera y desde hace mucho tiempo, de una atractiva voz de tenor, cosa poco habitual en el Real, donde parece que se van recuperando las grandes voces, después del lamentable "desierto" que en este terreno se impuso durante la etapa Mortier, merced a su concepto de la ópera (en el que primaba siempre mucho más lo escénico que lo vocal).

Al concierto propiamente dicho le precedió un acto de presentación en el que intervinieron Arturo Reverter —que glosó las cualidades canoras de Alfredo Kraus—, Gonzalo Alonso —que leyó una carta "imaginada" supuestamente escrita por el tenor canario y dirigida al Teatro Real (y cuyo texto puede consultarse íntegramente aquí)—, Joan Matabosch —que se limitó a dar las gracias a todo el mundo— y la hija mayor de Kraus —Rosa— que volvió a agradecer el recuerdo hacia su padre en este acto de dos jornadas. Pero pasemos ya a comentar cómo discurrió el concierto.

El programa —variado, completo, amplio y muy exigente— reunió piezas instrumentales de empaque y arias conocidísimas para al gran público. Repertorio italiano y francés en su totalidad —si exceptuamos uno de los dos bises—, con el añadido de una auténtica maravilla absolutamente desconocida por estos lares: el aria de Stefan de la ópera La casa embrujada (Straszny dwor, 1865), del compositor polaco Stanislaw Moniuszko, que me pareció magnífica y de la que hablaré enseguida.

Se inició el concierto con una versión algo plúmbea y falta de nervio de la obertura de Les Vêpres Siciliennes, de Verdi, con un Marc Piollet empeñado en marcar bien las dinámicas entre las diferentes secciones de la pieza a base de tempi muy contrastados, aunque lo único que consiguió fue que la parte más melódica de la misma sonara pesante, lenta, aburrida y sin chispa, en contraste con la más marcial, que fue conducida con mayor gracia y energía. En todo caso ya se percibió aquí el defecto principal de Piollet durante el concierto: el abuso de los decibelios, que perjudicaron claramente a Beczala en algunas de sus intervenciones, como luego señalaremos. Interesante la obertura de Le Carnaval Romain, de Berlioz, así como la del Guillaume Tell rossiniano (donde el volumen fue también lo más destacable) y muy bonita la lectura del preludio del acto III de Carmen, donde las flautas tuvieron ocasión de lucirse.

El director francés en una imagen de archivo


Y llegó el momento de Beczala. El tenor polaco es dueño de una bella voz de lírico, rica de armónicos, suave, cálida, de bello timbre, pero sin demasiado volumen y con ciertos problemas en el fiato. Por otro lado, posee un punto mate que le roba algo de squillo, aunque no carezca de él en absoluto en la zona alta, a la que llega con facilidad, si bien el sonido se blanquea un poco y se estrecha en esa franja. Lo que más destacaría, por encima de todo, es su cuidada línea de canto, la emisión más o menos franca (excepto en el agudo) y una dicción nitidisima, que permite entender, en todo momento, cada una de las palabras que el cantante emite. Ello se debe, sin duda, a su magnífica vocalización, que aparece materializada de manera ostensible en un movimiento de la boca muy marcado, con el que dibuja cada una de las vocales y consonantes que pronuncia en cada momento, y que fue perfectamente visible para los espectadores gracias a las pantallas de vídeo que hay instaladas en la sala del Teatro Real. Es un intérprete muy elegante, que tiene controlado en todo momento lo que está haciendo y al que se nota seguro. Esto en cuanto a virtudes. En el "debe" pondría yo, básicamente, la falta de expresividad —todo suena muy en su lugar, pero algo falto de vida y de nervio—, la ausencia de un legato más rico y variado, que ennoblecería considerablemente su línea de canto y daría mayor calidad dramática a sus intervenciones, así como cierta monotonía en las dinámicas y el color de la voz. Todo suena un poco igual; bien, agradable, en su sitio, pero falto de imaginación. Su dominio del repertorio francés —tanto por idiomatismo (perfecto), como por estilo— me parece extraordinario (de hecho fue lo mejor del recital) y creo que es por ahí por donde el intérprete debería profundizar y seguir desarrollándose. Pero pasemos al análisis somero de su prestación en cada una de las arias con que nos deleitó durante la velada.



Comenzó el concierto con una versión algo sosita del "Di tu se fedele", de Un ballo in maschera. Era el principio y creo que sería de achacar a la falta de calentamiento de la voz el hecho de que ésta sonara algo opaca y se clareara en la zona aguda en los primeros momentos. Con todo, Beczala se mostró valiente y entregado, pues optó por solucionar con el difícil canto di sbalzo esas notas graves en saltos interválicos que Verdi pide en la partitura (en "sfidar" y "cor") y que casi ningún tenor se atreve a ofrecer, prefiriendo irse hacia arriba.

Vino luego una de las arias más comprometidas para tenor del repertorio belcantista, auténtico fetiche de Alfredo Kraus y en la que Beczala difícilmente podía superarle: la romanza "Tombe degli avi miei", del acto III de Lucia di Lammermoor, cuyo recitativo expuso bien el tenor polaco, aunque le faltó imaginación y variedad expresiva en el conjunto, que escanció de manera un tanto monótona. La dicción, en todo caso, fue perfecta y precisa, como a lo largo de todo el concierto.

Con la siguiente pieza el recital empezó a remontar, según mi modesta opinión, pues entraba de lleno el tenor en el repertorio francés, que fue lo que mejor cantó a lo largo de la velada. Al tenor se le vio algo más cómodo y la emisión apareció más liberada y ortodoxa (sobre todo en la zona aguda). Una correcta versión del aria del balcón que canta Roméo en la escena primera del acto II de Roméo et Juliette de Gounod ("L'amour!... Ah! lève-toi, soleil!") fue lo mejor en esta primera parte del concierto, por idiomatismo, expresión y estilo.

Y se llegó al Ecuador del concierto con otra pieza francesa que fue auténtico fetiche en el repertorio de Kraus: "Pourquoi me réveiller" del Werther de Massenet, en la que Beczala volvió a mostrar sus mejores cualidades, pero a cuya lectura faltó intensidad dramática e incisividad expresiva. La voz estuvo en su sitio, el canto fue correcto, pero faltó carne, cuerpo e intensidad para hacer creíble del todo un papel tan romántico como el del joven y enfermizo enamorado creado por Goethe. Algo parecido a lo que ocurrió en su versión del "aria de la flor", del acto II de Carmen ("La fleur que tu m'avais jetée"), que el tenor polaco interpretó muy correctamente al principio de la segunda parte, pero sin la enjundia o el peso vocal que, en mi opinión, hace falta a la hora de encarnar el papel de Don José, un tenor lírico spinto cuya vocalidad no se asemeja, creo yo, a la que posee Beczala. Al menos de momento, aunque sabemos que el tenor está haciendo pequeñas y progresivas incursiones en un repertorio algo más dramático y que tiene menos rodado (como se vio en el hecho de ayudarse con la partitura sólo en el caso de Carmen y Le Cid).

Interesantes observaciones de Luis Gago sobre Beczala en el programa de mano del concierto


Al aria de Bizet siguió otra de Gounod que acabó erigiéndose en la mejor interpretación de toda la velada: una estupenda versión de "Salut! demeure chaste et pure", de Faust, que el polaco cantó con un gusto exquisito, un idiomatismo insuperable y una expresividad fuera de toda duda. Extraordinaria interpretación que marco el punto álgido del concierto, haciendo que la siguiente pieza resultara menos convincente. Me refiero a la hermosa plegaria de Rodrigue en Le Cid, de Massenet ("Ah! Tout est bien fini... Ô Souverain!"), en la que Beczala volvió a mostrar su facilidad y sintonía con el repertorio francés, pero donde sus características vocales resultaron insuficientes de nuevo, pues se trata de un papel que requiere —como algunos otros de los ya citados— un instrumento de mayor peso y caudal sonoro.

Se llegó luego al momento inesperado del recital: el aria de Stefan de la ópera La casa embrujada, de Moniuszko, que resultó muy interesante. La verdad es que Beczala está haciendo el lógico proselitismo por colocar en primer plano este repertorio absolutamente desconocido entre nosotros y es algo que debemos agradecerle, pues piezas como la indicada tienen una calidad considerable y merecen ser difundidas. Esta misma romanza ya la grabó en un disco que publicó en el año 2010 (Slavic Opera Arias, de Orfeo), pero yo no lo había oído y debo decir que me causó una impresión muy favorable. No puedo hablar del idiomatismo de la pieza, pues desconozco el polaco, pero es de suponer que la interpretación debió de ser perfecta en este sentido (los numerosos compatriotas del tenor que había en el teatro seguramente podrían corroborarlo). Sería, quizá, por la seguridad que da el saber que el público está escuchando una música desconocida y en la que resulta difícil establecer comparaciones con otras versiones, pero lo cierto es que Beczala se mostró aquí especialmente entregado, ofreciéndonos una lectura muy efectista de la pieza (que es muy ambiental y ensoñadora) desde el punto de vista dramático. Muy bien. El segundo gran acierto de este concierto.

A la sorpresa de la noche le siguió una pieza bien conocida de todos: el aria "E lucevan le stelle", del acto III de la Tosca pucciniana. Buena interpretación, correcta factura, pero con un canto spianato poco generoso y escaso slancio para este tipo de repertorio, en el que la voz de Beczala no aporta el dramatismo y el peso necesarios. Poca personalidad en una pieza tan celebérrima y una interpretación que en algo debería diferenciarse de todas las demás (habiendo antecedentes tan gloriosos al cantarla).

El recital se cerró con dos bises de buena factura, pero en la línea conservadora de toda la velada: el primero de ellos consistió en el aria "Dein ist mein ganzes Herz" —interpretada por el personaje del príncipe chino Sou-Chong en el acto II de la opereta El país de las sonrisas (Das Land des Lächelns), de Franz Lehár— que Beczala tuvo que cantar intentando sobreponerse y superar el enorme torrente sonoro que Piollet le echó encima, hasta el extremo de ahogar prácticamente su voz y afear con eso la interpretación. La segunda pieza de regalo —que dedicó especialmente a su esposa— fue la conocida napolitana Core 'ngrato, en la que no faltaron ganas, pero sí idiomatismo e italianità. Sonó demasiado sinfónica. Inadecuada, por tanto. Pero no se puede decir que el tenor polaco no pusiera ganas.



Al final todo el mundo aplaudió muchísimo (yo braveé, de hecho, su interpretación ya señalada del aria de Faust) y se fue a casa satisfecho al saber que las voces están empezando a llegar al Teatro Real. ¡Ya iba siendo hora!

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(1) Sobre Dobrski podemos leer en el siguiente enlace: «Er begann sein Studium am Konservatorium von Warschau im Alter von 13 Jahren und brachte es 1832 zum Abschluss. 1832 debütierte er an der Warschauer Oper als Graf Almaviva in Rossinis Barbier von Sevilla und hatte direkt einen großen Erfolg. Er besaß eine hervorragend schöne lyrische Tenorstimme, voll Wärme und Ausdruckskraft und war dabei ein hoch begabter Schauspieler. Für viele Jahre blieb er als gefeierter erster Tenor an der Oper von Warschau. Hier sang er auch am 1.1.1858 in der Uraufführung der Neufassung der polnischen Nationaloper Halka von Moniuszko die Partie des Jontek, während Pauline Rivoli die Halka kreierte. Im Februar des gleichen Jahres feierte der Sänger sein 25jähriges Bühnenjubiläum und wurde nach einer Galavorstellung von Verdis Ernani mit einem goldenen Lorbeerkranz dekoriert, dessen Blätter die Titel der Opern trugen, in denen er sein Publikum begeistert hatte. Er wirkte an der Oper von Warschau in weiteren Uraufführungen von Opern Moniuszkos mit, so in Flis (Der Flößer, 24.9.1858) und in Straszny Dwór (Das Gespensterschloss, 28.9.1865 als Stephan), beide unter der Leitung des Komponisten. Er trat 1846-48 an italienischen Opernhäusern auf, u.a. in Turin und in Genua. 1848 musste er wegen seiner Teilnahme an der polnischen Revolution sein Heimatland Polen verlassen, konnte aber später wieder dorthin und an die Oper von Warschau zurückkehren. Moniuszko fügte für ihn im 4. Akt der Oper Halka bei deren Aufführung 1858 in Warschau die Arie des Jontek Szumia jodly (im Mazurka-Rhythmus) ein. Von den Bühnenpartien des Sängers sind zu nennen: der Pollione in Norma, der Edgardo in Lucia di Lammermoor, der Gennaro in Lucrezia Borgia von Donizetti, der Manrico im Troubadour, der Lyonel in Flotows Martha und der Fra Diavolo in der Oper gleichen Namens von Auber. 1861 wurde er wegen seiner offen gezeigten patriotischen Haltung von der russischen Verwaltung aus dem Ensemble der Warschauer Oper entlassen. Er beschränkte sich jetzt auf eine pädagogische Tätigkeit in Warschau, darunter mehrere Jahre als Professor am Warschauer Konservatorium, kam aber 1865 nochmals an die Große Oper in der polnischen Hauptstadt. Im gleichen Jahr sang er dort als letzte Partie den Eleazar in Halévys La Juive. Er wurde auch als Komponist von Liedern bekannt. Er starb 1886 in Warschau».

(2) Acto al que se ha preferido llamar "conmemoración", pasando como de puntillas por la vergonzosa situación que se ha dado de no haber realizado aún, a quince años de la muerte de Kraus, ningún homenaje en condiciones (después del fallido que no llegó a materializarse en el año 2000). Matabosch, no obstante, ha prometido que pronto el tenor canario tendrá el homenaje que merecía.

sábado, 25 de octubre de 2014

UNA DE DONIZETTI CÓMICO... ¡¡MARCHANDO!! "LA FILLE DU RÉGIMENT" EN EL TEATRO REAL DE MADRID (*)



Gaetano Donizetti, La fille du régiment, Opéra-comique en dos actos, con libreto de J. H. Vernoy de Saint-Georges y Jean-François-Alfred Bayard.— Dirección musical: Jean-Luc Tingaud.— Dirección de escena y figurines: Laurent Pelly.— Escenografía: Chantal Thomas.— Iluminación: Joël Adam.— Coreografía: Laura Scozzi.— Dirección del coro: Andrés Maspero.— Intérpretes: Desireé Rancatore (Marie), Antonino Siragusa (Tonio), Luis Cansino (Sargento Sulpice), Rebecca de Pont Davies (La Marquesa de Berkenfield), Ángela Molina (La duquesa de Crakentorp), Luis Galán (Hortensius), Mathieu Bettinger (Un notario), Pedro Quiralte-Gómez (Un caporal), Enrique Lacárcel (Un campesino), Pablo Oliva (Un campesino). Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. Coproducción de la Metropolitan Opera House de Nueva York, la Royal Opera House "Covent Garden" y la Wiener Staatsoper. Teatro Real de Madrid. Sala Principal. Martes 21 de octubre de 2014.


PRIMERA representación operística a la que asisto en esta nueva temporada que acaba de iniciarse, pues renuncié a la función de Las bodas de Fígaro del pasado 22 de septiembre por tres razones: Mozart no es autor que me apasione, la producción que se ha repuesto este año en el Real ya estaba más vista que el tebeo (aunque fuera interesante, como casi todas las que suele firmar Emilio Sagi) y, sobre todo, porque el elenco vocal no era como para tirar cohetes, la verdad.

Una vieja postal de finales del siglo XIX, con actores encarnando a los personajes
principales y las palabras de Marie en el ensemble de la escena 3ª del acto I


En esta ocasión, y al contrario de lo que suele ser habitual en mí, fui al teatro más interesado en el montaje escénico que en el apartado musical, porque la producción de Pelly —archiconocida en todo el mundo y popularizada en 2007 por Natalie Dessay, Juan Diego Flórez y nuestro Carlos Álvarez— me parece muy atractiva en lo conceptual y, sobre todo, porque estamos ante una obra que, desde el punto de vista musical, francamente resulta muy, muy normalita, si exceptuamos algunos pasajes de notable inspiración que son, no por casualidad, los más conocidos de la misma y los que más popularidad le han dado (así, por ejemplo, el celebérrimo "Ah! mes amis, quel jour de fête!... Pour mon âme" —conocidísimo por los famosos nueve dos de pecho con que lo remata el tenor de turno— y la emotiva aria "Il faut partir mes bons compagnons d'armes", que interpreta la soprano arropada por una bellísima y nostálgica melodía liderada por el corno inglés). Y efectivamente, no puedo decir que saliera demasiado satisfecho, aunque la función discurrió por cauces bastante correctos. Todo estuvo en su sitio, pero sin ir mucho más allá, ni descollar por nada en concreto. Una velada amena, sin más, porque la intrascendencia y levedad del argumento, así como lo agradable de la música, impiden que sea de otra forma. Y es que, como ya digo, la obra en sí tampoco es como para tirar cohetes, a pesar de la popularidad de la que siempre ha gozado y del éxito que estas funciones están cosechando. Lo cual demuestra, una vez más y pese a todo lo que se haya podido decir a raíz de los experimentos que se realizaron durante la etapa del desafortunado Mortier, que el público madrileño prefiere las obras más populares y, por encima de todo, las del repertorio italiano, del que siempre ha sido un gran admirador.

Gaetano Donizetti, en un retrato bien conocido
La composición de La fille du régiment —que es una revisión (y reaprovechamiento, por tanto) de la partitura incompleta de una ópera titulada L'ange de Nisida— se enmarca en una época vital y profesional de profundos cambios para Donizetti. Cuando en octubre de 1838 llegó a París, habiendo abandonado Nápoles después de los desagradables acontecimientos vividos con los responsables del Conservatorio de esa ciudad y con los del teatro San Carlo —donde se había prohibido las representaciones de Poliuto por presiones del rey Fernando II—, el maestro bergamasco acababa de vivir una auténtica tragedia con la muerte de sus padres, su esposa e hijos ocurridas durante el año precedente. Quería, pues, pasar página e iniciar una nueva etapa en su vida. Pero con él habían viajado los problemas de salud, en la forma de una sífilis que terminaría llevándole a la locura y acabando con él sólo diez años después. No obstante París se ofreció como una nueva oportunidad y en ella Donizetti iba a cosechar grandes éxitos. La fille du régiment sería la primera ópera que el maestro escribiera ex profeso en francés para la ciudad parisina, después de revisar y traducir a la lengua de Molière Poliuto (que acabó titulándose Les martyrs) y Lucia di Lammermoor, que pasó a denominarse Lucie de Lammermoor y sufrió profundos cambios en su estructura dramática y musical. En La fille, y tal como señala Jaume Radigales en el articulito publicado en el programa de mano de estas funciones madrileñas (1), Donizetti asumió los principios de la ópera francesa —al igual que haría con sus óperas serias estrenadas en la capital parisina (La favorite, Don Sébastien), donde jugó con los elementos característicos de la grand opéra—, pero sin renunciar, en ningún momento, a ser él mismo como compositor:
«Donizetti no hizo música italiana ni francesa, porque se limitó a ser Gaetano Donizetti. Es cierto que asumió y heredó estilísticamente los postulados de la tercera generación de la ópera napolitana (la de Cimarosa y Paisiello, para entendernos), pero, como Rossini, siempre fue él mismo. A la hora de escribir una ópera como La fille du régiment tampoco renunció a mostrar su personalidad, aunque formalmente se amoldó a las líneas maestras de la opéra-comique, que pedía la combinación de partes habladas (como el Singspiel alemán) con otras cantadas. Estas debían poseer espontaneidad y sencillez melódicas, números de conjunto con coro, escenas marciales y estructuras cerradas como los couplets» (2).

Al frente de la Orquesta del Teatro Real, el director francés Jean-Luc Tingaud estuvo correcto, pero poco más. Dirigió con brío y alegría una partitura que destila ambas cualidades por igual y que ha supuesto su debut en el coliseo madrileño. Lástima no haber podido ver a los integrantes del primer reparto, pues todas las críticas coinciden en señalar que el maestro Bruno Campanella estuvo mucho más fino y adecuado en estilo que el francés. Y algo parecido podríamos decir del resto de intérpretes principales. Veámoslo...



El papel de la joven Marie, en el entorno de una historia tan intrascendente, podría parecer algo vacuo o insustancial, pero se trata de un rol con encarnadura y, sobre todo, endiabladamente difícil desde el punto de vista vocal, puesto que Donizetti confió al bel canto más absoluto casi toda su caracterización. No es extraño, por ende, que haya llamado la atención de las más grandes sopranos de coloratura a lo largo de la historia desde el momento de su composición y, sobre todo, a partir de la "Donizetti Renaissance" que se produjo a mediados de los años 50 del pasado siglo, de modo que terminó convirtiéndose en caballo de batalla para muchas prime donne: Giulietta Borghese, que lo estrenó; Jenny Lind, Henriette Sontag, Pauline Lucca o Adelina Patti, que lo convirtieron en un rol fetiche dentro de su repertorio; Marcella Sembrich, Luisa Tetrazzini, Frieda Hempel, Maria Callas, Beverly Sills, Johan Sutherland, Mariella Devia, Natalie Dessay, Patrizia Ciofi, etc. En el plano de lo actoral también resulta exigente, sobre todo en este montaje de Pelly, que pide a la soprano protagonista un continuo moverse por el escenario haciendo gracietas variadas que no todas las cantantes están preparadas para realizar con el suficiente desenfado. Es el caso de Desireé Rancatore quien, pese a su simpatía, juventud y belleza, no pudo competir en dicho ámbito con el recuerdo de la soprano que estrenó esta producción y que estaba anunciada como primera opción: me refiero, claro está, a la ya citada Natalie Dessay, que siempre ha sido considerada un auténtico "animal escénico". A pesar de ello, Rancatore no estuvo nada mal en el papel desde el punto de vista dramático. En lo vocal me pareció también muy aceptable, porque se preocupó en todo momento de matizar su línea de canto y de crear las dinámicas necesarias para un papel tan belcantista como el suyo. Además se mostró casi perfecta en la coloratura. No obstante, la voz, que es bonita pero pequeña, transmitió cierta falta de apoyo y un problema de estrechamiento en la zona sobreaguda, sonando algo mate y apagada en esa franja. En cualquier caso, y a juzgar por las críticas que he podido leer relativas al primer reparto, parece ser que Rancatore ha estado mucho mejor que Aleksandra Kurzak. Por todo ello, creo que podríamos evaluarla con un notable.

Desirée Rancatore © Outumuro Fidelio Artist


El papel del juvenil y desenfadado Tonio también ha sido frecuentado por grandísimos tenores a lo largo de la historia: Cesare Valetti, Alfredo Kraus, Luciano Pavarotti, Rockwell Blake, Juan Diego Flórez... El italiano Antonino Siragusa se mostró también muy correcto y seguro en la piel del joven soldado tirolés. Por timbre me recordó en algunas ocasiones al de Juan Diego Flórez, aunque su prestación poco tuvo que ver con las que nos ha ofrecido el peruano en muy diversas ocasiones, ni por estilo, ni por expresividad, ni por voz (que es algo más rica y homogénea, así como segura en la zona aguda). Y eso que Siragusa no tuvo dificultad alguna para sortear los momentos más complicados de su particella (me refiero en concreto a ese endiablado canto di sbalzo con los nueve dos sobreagudos que Donizetti le puso al poco tiempo de empezar la obra, cuando el cantante aún no ha calentado suficientemente la voz). Mostró línea ajustada de canto y buen gusto en el fraseo, construyendo un Tonio refrescante, enamorado y simpático. Junto a la Rancatore, fue el más aplaudido (y lo mereció, ciertamente, por entrega y desenvoltura). Otro notable para él (pero en este caso notable alto, pues nos gustó más que la soprano).



El Sulpice de Luis Cansino resultó, a todas luces insuficiente. No desde el punto de vista escénico —donde se mostró muy simpático y activo—, pero sí en lo vocal, con un instrumento cortito, de poca pegada y escaso alcance. Y es una lástima, porque sin ser papel de un barítono estrella (no exige demasiado, sólo hasta un Fa3), cuando se pone en la voz de un cantante con más recursos vocales es un rol cómico que gana muchos enteros (baste recordar a Carlos Álvarez en la produccion compartida con Dessay y Flórez ya citada). Estuvo correcto, en todo caso, pero poco más. Le endilgo, por tanto, un aprobado raspón.



La Marquesa de Berkenfield es un papel para mezzosoprano o contralto que no requiere de una gran prestación vocal, aunque tenga exigencias de agilità. Si exceptuamos su aria de presentación ("Pour une femme de mon nom", del acto I, y el dúo paródico "Le jour naissait dans la bocage", del acto II) no resulta especialmente complicado, aunque la cantante que lo asuma ha de tener una vis cómica importante y dotes actorales sobradas para poder sacarlo adelante con la suficiente holgura. La británica Rebecca de Pont Davies estuvo correcta, pero poco más. Por eso le doy un aprobado.



Muy normalito, también, el Hortensius de Isaac Galán. El resto de intérpretes cumplieron con sus respectivas partes y cabría destacar, una vez más, a los miembros del coro (en este caso los masculinos), que estuvieron francamente bien en el papel de "padres" adoptivos de la joven y alegre Marie, realizando en todo momento a la perfección las indicaciones escénicas que Pelly pido para su simpático montaje, y siendo un complemento perfecto para el Sargento Sulpice. Un notable alto para todos ellos. La presencia de Angela Molina como Duquesa de Crakentorp no fue más que una curiosidad, pues tampoco podemos decir que la actriz sea, precisamente, la alegría de la huerta...

Ángela Molina, bien guapa como estirada duquesa de Crakentorp


Una velada disfrutable, pero nada más. Lo cual no es poco, por otro lado, dados los tiempos que corren. Ya veremos, en todo caso, lo que está por venir...

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(*) Abriendo la entrada un grabado con los dos primeros intérpretes de los personajes de Marie y el Sargento Sulpice: Juliette Borghèse y Henry Deshaynes "Henri", durante el estreno en la Opéra Comique de París el 11 de febrero de 1840 (ilustración procedente de la obra Chronique des Theâtres, París, 1840, que puede consultarse en Gallica, de la Bibliothèque Nationale de France).

(1) Siguiendo adelante con una política de recortes que ha afectado de lleno a las publicaciones, los responsables del Teatro Real han decidido eliminar definitivamente los antiguos libretos que se publicaron hasta la llegada de Mortier al frente de la dirección artística. En la actualidad, lo único que se entrega es un cuadernillo de veintitantas páginas en el que se incluye toda la información relativa al espectáculo y un artículo escrito por algún especialista. Es gratuito, ciertamente, pero bien poco aporta a los aficionados curiosos y con ganas de profundizar en las óperas representadas. En fin, Serafín... ¿Qué se le va a hacer...?

(2) J. RADIGALES, «Luz y simpatía», en La fille du régimen, programa de mano del Teatro Real, Madrid, 2014, pp. 7-10 (la cita en pp. 8-9).

miércoles, 22 de octubre de 2014

INOCENTADAS: MALDITA LA GRACIA...



NUNCA he llegado a entender muy bien cuál es el cruento mecanismo por el que los seres humanos disfrutamos tanto viendo sufrir al prójimo en situaciones extremas. Posiblemente sea el mismo hecho de nuestra "humanidad" —paradojas de esta peculiar y compleja naturaleza que se nos ha dado— el que nos lleva a gozar cuando vemos a nuestros semejantes pasándolas canutas. Una caída aparatosa, un buen golpe, un susto inesperado, una situación especialmente embarazosa, una tarta chocando contra la cara... La desgracia ajena nos hace reír, aunque no entiendo muy bien el porqué de esa falta de empatía con nuestro prójimo, así como nuestra incapacidad para ponernos en la piel del otro. Todo lo contrario, imagino —aunque tampoco lo sé con seguridad—, de lo que debe pasar por el cerebro de un ñu cuando ve que a su compañero de migración se lo están zampando los cocodrilos. O por el de una gacela cuando el guepardo se lanza a la carrera contra otra cualquiera de sus congéneres. O por el de las cebras vecinas cuando ven cómo una manada de leonas asaltan implacables a una compañera... Por algo somos el único animal sobre la faz de la Tierra —exceptuando las hienas, claro está— con sentido del humor. Nosotros, que "semos asín"...


© Birdboxstudio (por cierto, no os perdáis sus vídeos, porque son geniales)


En esta categoría de risas a costa del prójimo ocupan un lugar de primer orden las llamadas "inocentadas", bromas o chanzas que se gastan a una persona desprevenida, incauta muchas veces y desconocedora siempre de que es víctima de las mismas. Como casi todas las cosas que rodean a nuestra civilización occidental, también la inocentada ha experimentado su baño de religiosidad cristiana, hasta el punto de que dicha denominación proviene del famoso episodio hagiográfico neotestamentario (Mt 2, 16-18) en el que se relata la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén, que fue ordenada por el sanguinario rey de Judea Herodes el Grande para deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret. Episodio que, con el tiempo, dio lugar (dentro de la cristiandad católica) al nacimiento de la fiesta de los "Santos Inocentes" —en referencia a los niños muertos— y que ha servido para establecer el correspondiente vínculo entre lo religioso y lo lúdico. Es costumbre que en dicha conmemoración —fijada el 28 de diciembre ya desde el siglo V— se hagan bromas de todo tipo, siendo muy habituales las que realizan los medios de comunicación en todos los países donde la tradición ha calado, dando noticias que son falsas con total seriedad y colándolas a modo de gazapos para hacerlas pasar por verdaderas.

Ilustración de Paolo Eleuteri Serpieri, con el tema de la Matanza de los Inocentes,
que tuvimos la ocasión de analizar aquí en su momento


De la festividad religiosa, y por un fenómeno de extensión, el término "inocentada", aplicado en origen a los niños judíos asesinados por orden de Herodes, ha pasado a denominar a todo incauto que es víctima (sin saberlo) de una broma. Pues bien, de todas las inocentadas que un servidor ha tenido la oportunidad de conocer o ver hasta el día de hoy, la que les traigo en esta entrada es la más dura, estremecedora y cruel que puedo recordar. Debo confesarles que lo he pasado muy mal viendo el vídeo, pues no he tardado en empatizar con las pobres víctimas. Tan desagradable e intranquilizadora ha sido la sensación, tan fuerte y excesiva me parece la broma que, de hecho, enseguida empezó a circular por mi cabeza una sospecha que siempre me asalta cuando me enfrento a este tipo de vídeos: pensar que todo es un "montaje" y que las víctimas no son sino actores que conocen sobradamente todo lo que les está ocurriendo. De otro modo, no me explico cómo los responsables de la idea fueron capaces de llegar tan lejos, llevando a esas pobres personas a un nivel de estrés que —me estremezco sólo de pensarlo— habría podido poner en peligro incluso su vida, y arriesgándose, por tanto, a que terminaran sufriendo un colapso (o, lo que habría sido peor, un infarto o cualquier otro tipo de shock que acabara en una auténtica desgracia). Y es que me parece muy fuerte, pues todo está tan bien hecho y preparado, resulta tan realista y aterrador que cuesta creer que alguien pueda llegar tan lejos con una broma. Pero bueno... Vean ustedes, juzguen y díganme (si lo desean) qué piensan al respecto... A mí, desde luego, no me gustaría nada que me hicieran algo así y, por ende, la cosa me hace muy poca gracia, aunque reconozco que la "inocentada" es cojonuda y tiene un montaje alucinante (demasiado quizá).



Actualización realizada el 22/10/14, a las 18:51 h.: buscando, por curiosidad, algún dato más sobre el vídeo de marras por la blogosfera he podido saber que la inocentada (sea real o no) forma parte de la campaña de márketing para el estreno en Brasil de la película Annabelle, precuela de la exitosa El expediente Warren (The Conjuring), que fue todo un acontecimiento cinematográfico el pasado año 2013. Francamente, si todo es de verdad sólo puedo decir que, con tal de vender, los publicistas ya no saben qué hacer...

Actualización realizada el 23/10/14, a las 13:06 h.: bueno, pues por lo que he podido averiguar, al parecer hay muchos más gilipollas de estos que se dedican a pegar sustos de muerte al personal y a reírse a costa del terror pánico de la gente de los que yo pensaba. En Youtube pueden encontrarse algunos ejemplos que reúnen idénticas condiciones de dureza y de mal gusto que ya denuncié arriba hablando de la "inocentada" de Annabelle y que también se basan en mitos del terror cinematográfico, como la niña de El exorcista o el serial killer de La matanza de Texas. En este caso tienen de diferente con el anterior que no parecen discriminar a las víctimas, aunque lo peor de todo es que algunas de estas bromas han llegado a alcanzar visualizaciones verdaderamente millonarias (casi treinta millones la segunda de las citadas). ¿Somos masoquistas o unos auténticos cabronazos? Mejor no les respondo, aunque tengo mi propia idea al respecto...

domingo, 19 de octubre de 2014

EXPOSICIÓN SOBRE FRANCISCO IBÁÑEZ EN EL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID




DESDE el próximo martes, 21 de octubre, y hasta el 18 de enero del año que viene, el Círculo de Bellas Artes de Madrid acogerá una exposición, que podemos considerar histórica, dedicada a una de las figuras más señeras y representativas del panorama tebeístico patrio. Me refiero, claro está —como ya sabrán por el título de la entrada—, a Francisco Ibáñez, creador de personajes tan carismáticos y famosos como Mortadelo y Filemón, Rompetechos, El botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio, 13 Rue del Percebe y otras entrañables criaturas que han hecho las delicias de jóvenes (y no tan jóvenes) españoles durante varias generaciones.

La exposición, comisariada por Antonio Guiral (al que nunca le estaremos lo suficientemente agradecido por todo lo que está haciendo en pro del patrimonio historietístico español) y Elena Vergara, no sólo profundiza en la biografía del ilustre dibujante y en la génesis de sus principales obras y personajes, sino que además repasa —y este es un elemento bien curioso y original— el vínculo que Ibáñez ha tenido a lo largo de su trayectoria profesional con las diferentes editoriales en las que ha ido desarrollando su trabajo. Otro aspecto importante de la misma es que da repaso también a la evolución de su técnica y estilo, así como al contexto en que las historietas fueron creadas.



La muestra, titulada Francisco Ibáñez, el mago del humor, reúne más de cien revistas publicadas desde los años cincuenta hasta la actualidad, una amplia recopilación de artículos de merchandising y una serie de dibujos originales, que conforman el núcleo de esta exposición. Toda una oportunidad para reencontrarse con antiguos amigos de papel o para adentrarse en las profundidades de este genio de la ilustración.

Más información pinchando en el siguiente enlace y una bonita presentación animada pinchando en este otro.



Ignoro si se habrá editado catálogo para la ocasión, pero yo, que soy un fanático de este tipo de libros será una de las primeras cosas que pienso buscar...

Creo que es una ocasión única, y que no deberían dejar pasar la ocasión, pues no todos los días se organizan en nuestro país eventos de estas características dedicados a historietistas...