martes, 12 de julio de 2016

NOVEDADES DE PONENT MON PARA EL ÚLTIMO CUATRIMESTRE DE 2016



LA editorial de Amiram Reuveni —que tantas alegrías viene dándonos a los aficionados desde hace un tiempo— ha decidido acabar fuerte el año y presenta en sociedad un catálogo de novedades para este último cuatrimestre de 2016 que nos hace temblar de puro placer. No es sólo que sigan adelante las series que viene sacando con regularidad —Barbarroja, El Mercenario, El Gavilán, Tanguy & Laverdure, etc.—, sino que, además, ha logrado concluir con éxito la edición integral de Mac Coy —se anuncia el último volumen en este mismo catálogo, con lo que al fin veremos reeditado este célebre western clásico del tebeo europeo— y nos avisa sobre la publicación de verdaderas joyas que algunos estábamos deseando tener en nuestras manos desde hace muuuuuucho tiempo. Entre ellas, por ejemplo, un libro con relatos cortos de Sergio Toppi —titulado Pribiloff 1898 y otras historias septentrionales— que, con toda seguridad, será el primero de muchos más y abrirá el camino a la presencia, de nuevo en España, de otros grandes autores clásicos italianos.



Pero hay algo que me ha llamado la atención especialmente en este catálogo de novedades y que cualquier buen aficionado no debería pasar por alto. Me refiero, claro está, a lo que parece ser el afianzamiento de la colaboración entre Ponent Mon y Graphiclassic, que puede proporcionarnos momentos de enorme felicidad y que va a dar como resultado, ya mismo, la publicación de dos nuevos libros: en primer lugar, el segundo volumen que Graphiclassic dedica a la obra de Julio Verne —recordemos que el primero de ellos, también hecho en coedición (y que reseñamos brevemente aquí), se ocupaba de la vida del célebre literato francés— y, sobre todo, el primer estudio monográfico sobre Antonio Hernández Palacios que se publica en el mundo —titulado Antonio Hernández Palacios. Épica y corazón—, que da inicio a lo que será una nueva colección de la firma, titulada "Graphicómics. Grandes Maestros".



Recordemos, por si algún despistado aún no lo sabe, que tras el proyecto Graphiclassic se encuentra el ubicuo y casi omnipotente Carlos Uriondo —el Charles Caum de las redes que, junto al dibujante e ilustrador Horacio Díez, estuvo al frente del popular blog Cómics. Historietas. Tebeos, y editó la efímera (aunque magnífica) revista teórica del mismo nombre. Y junto a él, un impresionante plantel de amigos y colaboradores, entre los que destacan muy activamente Luis Conde y Vital García Tardón. Todos ellos están llevando a cabo una titánica labor recuperadora y promocional de los grandes clásicos de la literatura de aventuras —hasta el momento han centrado su atención en Stevenson, Melville y el citado Verne, pero los objetivos son mucho más ambiciosos (me consta)— y es un motivo de alegría el saber que la colaboración entre ellos y Amiram Reuveni sigue adelante y se profundiza. Seguro que todos nosotros acabaremos beneficiándonos de ello.

Muy de celebrar es, también, la recuperación de una serie española clásica, que se mueve a caballo entre el género negro puro y la ciencia ficción: Bogey, de Sánchez y Segura. Un título fundamental de nuestra tebeografía que ahora podremos volver a disfrutar en toda su integridad (y con alguna sorpresa extra).

Esta es la suculenta lista de novedades que nos esperan en los próximos cuatro meses, gracias a Ponent Mon. ¡A disfrutarlas...!

domingo, 22 de mayo de 2016

"THE WITCH", O UNA HISTORIA DE QUIERO Y NO PUEDO...




AYER tuve ocasión de ver, por fin, The Witch, la celebrada película del debutante Robert Eggers que tantos parabienes ha ido recabando en los últimos meses, desde que su director recibiera el premio a la mejor dirección en la categoría de Drama Estadounidense, en el Festival de Cine de Sundance. Pues bien, tras el visionado de la cinta he quedado tan perplejo que sólo tengo fuerzas para preguntarme: ¿cómo es posible que se haya dicho de ella que es una de las mejores películas de terror que se han hecho? ¿Cómo se puede acumular sobre un film así todos los halagos y parabienes que yo he leído en las críticas, cuando sólo se trata de una producción curiosa e interesante, como mucho, con cierto regusto a documental etnográfico y folclórico? Y todo ello con una historia que utiliza la idea del terror —más bien una de las múltiples caras que éste ofrece en la tradición occidental: la de la brujería y el diablo— para profundizar en una serie de temas —la familia, la sexualidad, la represión, la religiosidad, la intoleración, la superstición, la soledad— que poco o nada tienen que ver con el terror, propiamente dicho.



¿Acaso nos hemos vuelto locos? Siguiendo el principio de proporcionalidad, y si se ha dicho todo eso de esta película, ¿dónde tendríamos que situar, entonces, títulos como Häxan, The Rosemary's Baby o The Believers (por citar sólo tres de temática brujeril), estos sí, auténticas obras maestras del género? ¿Tan poco exigentes nos hemos vuelto con el cine actual que colocamos sobre un pedestal lo que no es sino una película estimable (con hallazgos visuales interesantes y alguna que otra idea aprovechable)? Debe ser el resultado, sin duda, de lo que podríamos denominar el "efecto erial", según el cual, dada la escasa calidad (generalizada) del cine de hoy día, cuando aparece una película algo más interesante que las demás, nos parece que ésta, por contraste con la mayoría, se acerca a la categoría de obra maestra. Porque de otro modo no me lo puedo explicar.



Ya digo que visualmente The Witch es estupenda; la fotografía de Jarin Blaschke —que es lo mejor de la película— da como resultado un ambiente onírico y sobrecogedor que consigue crear atmósfera (mucha atmósfera). Hay referencias y guiños constantes a la pintura holandesa y, más en concreto, a la pintura de género o costumbrista —tanto en su vertiente lumínica, como en la temática propiamente dicha—; el sublimado esteticismo de las imágenes da como resultado un goce visual indiscutible para el espectador. Hay también numerosas ideas buenas (que, sin embargo, no terminan de estar suficientemente desarrolladas) y la película no aburre en absoluto, pese a lo moroso del tempo empleado por el director. Pero le falta algo... Y, desde luego, está a años luz de otras películas de terror psicológico que se han hecho (especialmente de El resplandor, que es con la que más se la ha comparado). ¡Ni de coña, vamos...! Con la película de Kubrik te cagas las patas abajo de miedo y, sin embargo, The Witch se podría emitir perfectamente durante una sobremesa por La 2, en lugar de los documentales sobre ñúes y cocodrilos a que nos tienen acostumbrados...



Sabor agridulce, pues, el que le ha quedado a este servidor suyo después de ver la celebrada película de Eggers. Habrá que esperar a mejor ocasión para conocer esa obra maestra del terror que todos los aficionados llevamos aguardando, como agua de mayo desde hace muuuuuuuuuucho tiempo.