lunes, 18 de marzo de 2013

EL HISTORIETISTA COMO CREADOR FACTÓTUM



VEO en una entrada de Entrecómics que puede descargarse gratuitamente el número monográfico (88/89) que la revista Peonza dedicó a la historieta en marzo/junio de 2009. De su contenido me interesa especialmente una breve entrevista realizada a Vittorio Giardino (pp. 118-119), en la que el autor italiano reflexiona sobre las características y peculiaridades del oficio de historietista, intentando justificar con ello por qué cree en dicho medio. Entre sus observaciones, todas muy interesantes, hay una que me parece especialmente significativa, no sólo por su importancia intrínseca, sino porque me ha traído buenos recuerdos de otras épocas y personas. Es aquella que se refiere a las enormes posibilidades expresivas de la historieta, y a lo poco que hace falta para poder realizarla. Al contrario que el cine y otras disciplinas audiovisuales los tebeos están hechos por un individuo (o dos) en la soledad de su estudio y con unos materiales muy asequibles. Pero dejemos hablar al propio Giardino:
«La historieta es uno de los lenguajes más libres y anárquicos que podamos imaginar, un lenguaje muy complejo que se expresa con medios muy pobres.

»Para realizar un cómic solamente se necesita papel, lápiz y pluma o pincel: unos materiales realmente baratos. Además, naturalmente, del talento (¡y del tiempo!) del autor. Pero, igual que la literatura, no requiere grandes medios económicos, al contrario que los lenguajes audiovisuales. Estos últimos tal vez resultan más seductores y ciertamente gozan de mayor difusión pero son infinitamente más caros. Incluso aunque la informática tienda a reducir el coste, están bastante lejos de la simplicidad de medios del cómic. Además, el trabajo audiovisual necesita un equipo para ser realizado, con todos los problemas que ello puede comportar para la libertad artística; mientras que la historieta, como la literatura o la pintura, es básicamente una labor individual, lo que garantiza la libertad de expresión más absoluta».

Decía que esta opinión me ha traído buenos recuerdos porque es muy parecida (casi idéntica) a lo que pensaba mi querido y admirado Antonio Hernández Palacios sobre la profesión de historietista. Le recuerdo afirmando lo poco que necesitaba un dibujante para recrear mundos completos en toda su complejidad y me consta que también dejó dicha tal cosa en alguna entrevista. Por ejemplo en una breve pero suculenta que apareció publicada en el suplemento semanal del diario El País, dentro de un largo artículo dedicado a "Las autonomías, contadas en cómic" (nº 313 del domingo 10 de abril de 1983) puede leerse lo siguiente:
«Me encuentro a gusto haciendo historietas porque, como dice mi amigo Mur Oti [se refiere al realizador, guionista y escritor Manuel Mur Oti], yo soy la Metro Goldwyn Mayer: me escribo los guiones, elijo los actores, selecciono el paisaje y los temas, distribuyo los extras y me hago la película... En cine no podría hacer todo eso desde mi casa. Necesitaría un productor, dirigir un equipo de profesionales y responsabilizarme de todo ese montaje. Con la historieta, me rodeo de libros y documentación y no necesito más. ¡A funcionar!».



Pues eso: he ahí una de las ventajas (y no menor, ciertamente) implícita en el llamado Noveno Arte... ¡¡Maravilloso!!


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