domingo, 24 de junio de 2012

"LA REINA DE LAS HADAS" VISITA MADRID



The Fairy Queen (La reina de las hadas), Z. 629, semiópera en cinco actos sobre un libreto anónimo basado en El sueño de una noche de verano, de William Shakespeare.— Dirección musical: Paul McCreesh.— Intérpretes: Sophie Bevan, Katherine Manley, Helen-Jane Howells y Zoe Brown (sopranos); Nicholas Mulroy, Benedict Hymas y Joshua Ellicott (tenores); Peter Harvey y Ashley Riches (barítonos) y David Allsopp y Benjamin Turner (contratenores del coro).— Gabrieli Consort & Players.— Auditorio Nacional de Música de Madrid.— Miércoles, 20 de junio de 2012.


DELICIOSA velada la que pudimos disfrutar el pasado miércoles los aficionados madrileños con el último concierto de repertorio operístico incluido en el ciclo Universo Barroco, que el Centro Nacional de Difusión Musical ha programado exitosamente en esta temporada que ya finaliza. Quizá haya sido porque la crisis sacude ahora mucho más fuerte que hace seis meses o un año a nuestro país, pero lo cierto es que la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional presentaba una buena cantidad de sitios vacíos. Y ello resulta sorprendente, considerando que el grupo invitado era el prestigioso Gabrieli Consort & Players, dirigido por Paul McCreesh. Las cosas no van precisamente bien y el precio de las localidades para estos espectáculos —considerablemente superiores a los del repertorio instrumental que se celebra en la Sala de Cámara del mismo Auditorio— quizá haya hecho que la gente se retraiga bastante más a la hora de gastar. Y por cierto: no se crean que termino yo de entender muy bien a cuento de qué viene esa diferencia de dinero, puesto que las representaciones operísticas llevadas a cabo en la Sala Sinfónica no son escenificadas y tampoco ofrecen la posibilidad de seguir la interpretación con los correspondientes subtítulos, inconveniente del que se deriva que, o bien te llevas un libreto en español de cosecha propia, o bien no hay forma de saber con precisión lo que ocurre sobre el escenario. Así pues, sólo queda como explicación plausible para justificar esa diferencia en el importe de ambas entradas la mayor duración de los espectáculos operísticos (aunque tampoco me parece esta razón demasiado satisfactoria, por los motivos expuestos). Pero centrémonos en lo que importa, que me voy por las ramas...
El contenido de la obra, con indicación precisa de números e intépretes solistas


En el programa de mano tuvimos la conocida y popular The Fairy Queen (La reina de las hadas), del compositor británico Henry Purcell (1659-1695). Una obra que, pese al enorme éxito de que gozó tras su estreno, no tardaría en ir siendo postergada con el paso del tiempo. La razón de este olvido radica no sólo en el cambio de los gustos musicales del público, sino en el hecho de que la escritura de Purcell para las sopranos es, en algunas partes, muy aguda y en que compuso para voces de hombre (alto masculino, contratenor) que fueron cediendo protagonismo en beneficio de los famosos castrati, auténticos ídolos musicales durante el predominio absoluto de la ópera italiana que se dio en el siglo XVIII y las primeras decenas del XIX. Sin embargo, y pese a no formar parte del repertorio lírico más habitual —ni siquiera en las Islas Británicas (en Operabase aparece ocupando el puesto nº 148 de las representadas en el período 2005-2010, siendo la 14ª en el Reino Unido y la segunda de Purcel, con 21 representaciones en total)—, desde hace unos años The Fairy Queen ha ido ganando terreno progresivamente en el repertorio, y ya no es tan raro verla interpretada, incluso en versión escénica (como lo demuestra la misma base de datos citada, donde se ve que en la temporada 2010/2011 la obra se ha representado doce veces, en cuatro producciones distintas correspondientes a otras tantas ciudades).

Portada de la primera edición de la partitura (1692)
La reina de las hadas se estrenó el 2 de mayo de 1692, en el Queen's Theatre de los jardines de Dorset, en Londres, aunque debido al gran éxito cosechado esta primera versión fue revisada enseguida por Purcell, con vistas a su reposición en 1693. Durante el proceso agregó algunas escenas (por ejemplo, la del poeta borracho en el acto I), musicó partes que no lo estaban (el mismo acto I era sólo hablado) y compuso nuevas arias, como son "Ye gentle spirits of the air" (nº 24) y "The Plain" (nº 43). Partiendo de un libreto anónimo que adapta muy libremente la comedia teatral El sueño de una noche de verano, de William Shakespeare, Purcell construyó su obra amoldándose a los esquemas estructurales de la "semiópera", género musical lírico muy característico del Barroco inglés, que combinaba partes habladas con otros episodios llamados "mascaradas" (masques), en los que aparecen personajes que cantan y bailan. Un tipo de espectáculo que, pese a su popularidad, finalmente acabaría siendo desterrado en lo musical por la nueva ópera italiana surgida en pleno siglo XVIII. La obra de Purcell, como todas las de este género de la "semiópera", carece de unidad orgánica y continuidad dramática, ausencias que producen cierta perplejidad en el oyente actual, mucho más acostumbrado a óperas que sí poseen ambos elementos. En realidad, el músico británico no musicalizó ninguno de los textos shakespearianos que aparecen en el libreto, sino que construyó la obra por medio de esas mascaradas independientes ya citadas, relacionándolas sutilmente entre sí de manera metafórica y a través de la música, merced a pequeñas sinfonías que actúan como nexos de unión de cada uno de los actos.

La Sala Sinfónica del Auditorio Nacional


En el terreno interpretativo y como era de esperar, el reconocido y experimentado Gabrieli Consort & Players de Paul McCreesh no defraudó en absoluto, ofreciendo una lectura fresca, brillante y ajustada de la partitura purcelliana. Un pequeño número de músicos (apenas veinte) bastó para dar cuerpo, en esta lectura filológica de la obra, a las aventuras de los reyes Titania y Oberón y de la numerosa comitiva de personajes secundarios que los acompañan. La mayoría de ellos de carácter alegórico —como ocurre siempre en este tipo de obras que vuelven la vista a la mitología—, representando estados, estaciones o personajes míticos. Desfilaron, así, por delante de nuestros ojos y oídos figuras como el Sueño, la Noche, el Misterio, las cuatro estaciones del año y dioses como Febo, Juno o Himeneo. Y todo ello en un ambiente de ensueño mágico poblado por duendes, hadas y cisnes, aunque racionalmente ordenado merced a la pulcra y elegante música barroca de Purcell. No faltaron, sin embargo, los guiños a la cotidianeidad, que vinieron dados por la escena del poeta borracho (en el acto I) y las sucesivas escenas de los chinos y las mujeres, que fueron acompañadas por una "Danza del mono". En definitiva: el toque de terrenalidad necesaria dentro de tanta ensoñación poético-musical. La dirección de McCreesh, como ya digo, se mostró en todo momento vívida, alegre e inspirada, en una partitura que es vieja conocida del Gabrieli Consort, pues lleva tiempo en su repertorio y ha cosechado todo tipo de críticas favorables en los últimos años. Así, después de este concierto de Madrid, el grupo tiene pensado presentarse —prácticamente con los mismos cantantes solistas— en el Festival de Beaune, en Francia, el próximo 15 de julio. Especialmente destacables fueron las interpretaciones de Jan Waterfield en el continuo y los tiorbistas Paula Cheauneuf, Fred Jacobs y James Holland, que recogieron merecidos y personales aplausos al final de la representación, levantándose para saludar al público. Y otro tanto le ocurrió al trompeta solista David Hendry, por su buena labor acompañando a los cantantes (como ocurrió, por ejemplo, en la "Canción del chino" del acto V).

 McCreesh dirigiendo durante un concierto en el Barbican Center


Los cantantes solistas también resultaron excelentes en su conjunto. Un grupo de jóvenes intérpretes, británicos entre los que destacó muy por encima la soprano Sophie Bevan, dueña de una hermosa voz lírica, ancha, con cuerpo, de un color aterciopelado y muy rica de armónicos. Nos ofreció una "Canción de la Noche" (acto II) envolvente y llena de sonoridades sugestivas, así como un aria de Juno en la que pudo desplegar todas las cualidades mencionadas. En sus otras dos intervenciones solistas ("If Love's a sweet passion", del acto III, y "Now the night is chased away", del acto IV) brilló a gran altura, sobre todo en la segunda de ellas, que cantó alternándose con el tenor Nicholas Mulroy. El resto de las sopranos —dueñas de voces más ligeras y claras que la de Bevan (con excepción de Brown)— mantuvieron el listón bastante alto, destacándose la prestación de Helen-Jane Howells como "2ª mujer" en el conjunto que siguió a la Danza de los monos del acto V, especialmente en el pasaje "Hark now the echoing air a triumph sings", donde la intérprete nos deleitó con un canto florido de muy buena factura.

 Sophie Bevan, estupenda soprano


En el grupo de los tenores las voces fueron las habituales en este tipo de repertorio: instrumentos cortos, sin gran squillo, pero dúctiles y lo suficientemente flexibles como para cantar con la elegancia y contención que exigen estas obras. Destacar, sobre todo, la prestación de Nicholas Mulroy, cuya voz tiene un punto de veladura y opacidad en la zona aguda que se compensa con una buena proyección y un estilo de canto correcto y de mucho gusto. Más liviana aún es la voz de Benedict Hymas, aunque no tuvo problemas para correr con facilidad por la gran Sala Sinfónica del Auditorio, llegando sin dificultad a los oídos del público. Sus intervenciones solistas como Secreto (acto II) y Verano tuvieron una muy buena factura y su voz, más ligera, combinó a la perfección con la de Mulroy en el dúo "Let the Fifes and the Clarions", del acto IV. El tenor menos interesante, en mi opinión, fue Joshua Ellicott. Estuvo poco fino en el "Diálogo entre Coridón y Mopsa" —dúo cómico del acto III en el que el tenor gritó demasiado—, aunque se empeñó bien en la "Canción de Febo", del acto IV.

 El tenor Nicholas Mulroy


De las dos voces graves, la de Peter Harvey —conocido y reputado intérprete, a quien debemos la fundación (en 2008) del grupo Magdalena Consort— resultó la más interesante. Tres intervenciones destacables tuvo a lo largo de la representación, aunque la principal fue en la piel de Himeneo, al final de la obra. Voz timbrada y con facilidad para llegar a la zona alta, aunque algo débil en los graves (como se vio en la palabra "disturb" de su canción "Hush, no more, be silent all", haciendo de Sueño). Por su parte, Ashley Riches demostró que tiene un enorme vozarrón, pero lo empleó con demasiado ímpetu, gritando excesivamente en sus intervenciones como poeta borracho (acto I) y como Coridón en su "Diálogo" con el también en exceso chillon Mopsa de Ellicott. Mucho mejor estuvo como Invierno en la canción "Now Winter comes slowly", conocida por una célebre melodía que, en su momento, llegó a masacrar el cantante pop Sting (como bien puede oírse aquí) y que Riches interpretó haciendo gala de una voz oscura y unos graves bien apoyados, siempre con la complicidad de McCreesh, que desplegó un tempo muy, muy pausado pero acorde con el sentido de la pieza.

 El barítono Peter Harvey


En definitiva: una estupenda interpretación que el público asistente premió con numerosos aplausos y bravos, obligando a los solistas a saludar repetidas veces y haciendo que McCreesh decidiera bisar con sus músicos la Overture de la obra.

Con este concierto concluye el primer (y exitoso) ciclo Universo Barroco, que volverá a repetirse la próxima temporada (ya se abrió el plazo para renovar abonos) en su doble modalidad de música instrumental y ópera. En todo caso, me gustaría mandar mi más efusiva enhorabuena a Antonio del Moral —director del CNDM—, por la iniciativa (a la que auguramos un gran éxito y continuidad durante los próximos años).

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