IMAGINO que la mayoría de ustedes ya estarán incluso saturados de noticias relativas al nuevo
incidente que la revista
El Jueves —que por fin hizo honor a su nombre la semana pasada publicándose precisamente ese día, y no el miércoles— ha vuelto a protagonizar en los medios, a cuenta de la ilustración para la portada de ese número, que fue cambiada en el último momento por razones que no sé si alguna vez llegaremos a conocer de todo, pero que han llevado a la dimisión o al abandono de varios de los colaboradores más prestigiosos, conocidos y veteranos de la cabecera, como Albert Monteys, Paco Alcázar, Manuel Bartual, Bernardo Vergara o Manel Fontdevila, entre otros.

Precisamente este último es el autor del dibujo que habría dado pie a toda la zapatiesta: una ilustración (la tienen arriba) en la que aparece el rey Juan Carlos intentando colocar una apestosa corona llena de heces y rodeada de golosonas moscas sobre la cabeza solícita y humillada de un príncipe Felipe arrodillado que, no obstante, mira de reojo y algo precavido. Les juro por Snoopy que cuando vi, por vez primera, la portada objeto de la discordia —cuando la intuí, más bien, pues lo hice de refilón y a toda prisa en la pantallita de un teléfono móvil— pensé que era bastante buena y que metaforizaba a la perfección lo "candente" del actual panorama político, razón por la que, con bastante probabilidad, el rey Juan Carlos decidió proceder a la abdicación de manera tan abrupta e inesperada (adelantando, incluso, la fecha que parecía estar preparada para el próximo otoño). Yo me había fijado, sobre todo, en la columna de pestíferos vapores que asciende desde el regio objeto y, como no la había visto bien, lo primero que imaginé es que Fontdevila había representado al Rey a punto de imponer sobre la cabeza de su hijo una corona incandescente y humeante, al rojo vivo, como recién salida de una fundición. Es decir, toda una metáfora del estado de desgaste y tensión al que está sometida ahora mismo la institución monárquica en nuestro país y un ejemplo bien gráfico de lo que coloquialmente se llama "pasar el muerto". Luego tuve oportunidad de comprobar que no era así —que en lugar de incandescencia se trataba de pura mierda— y he de confesarles que quedé algo decepcionado con la solución tan explícita adoptada por el dibujante. Pero bueno, no sería ésta la primera vez que los excrementos hacen acto de presencia en un chiste. Sin ir más lejos, yo mismo los utilicé como ingrediente básico y principal en uno de los
dibujillos publicados en este Nibelheim hace ya un par de años, aunque fue en un contexto algo más impersonal y generalista.
El padre de la criatura: Fontdevila por Fontdevila
De todas formas, no ha sido Manel Fontdevila el único humorista gráfico que, al hilo de la reciente abdicación de don Juan Carlos, ha echado mano a esta idea de la coronación "estigmatizada" por la suciedad: Miquel Ferreres, en
El Periódico de Catalunya, y Morten Morland en
The Times, han acudido a soluciones parecidas, aunque se debe al manresano la versión más explícita y guarrilla. Primero por recrearse en lo escatológico de la escena de manera un tanto gratuita (dibujando con toda precisión la mierda con moscas revoloteando y ese vaho tan característico de lo recién cagado, cosa que no aparece en los otros dos chistes); segundo por lo directo y facilón de la idea, sin explicaciones ni textos que refuercen o enriquezcan su carácter satírico (cosa que sí ha hecho, por ejemplo, Ferreres, con un diálogo entre el Rey y el Príncipe que resulta la mar de gracioso y que, además, acentúa lo que vemos en la imagen, ridiculizando la situación, pero sin mostrar ese tono faltón que aparece en el dibujo descartado de
El Jueves).
© Miquel Ferreres y El Periódico de Catalunya
© Morten Morland & The Times
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Portada alternativa |
Aunque en un principio todo fue bastante confuso —difusión de la portada en las
redes sociales, retirada de la misma y
petición de excusas por parte de la dirección de la revista, justificación que resultó ser mentira,
anuncio de abandono por parte de los dibujantes, rumores sobre presiones ejercidas desde La Zarzuela (que finalmente no parecen haberse dado)—, con el paso de la semana las cosas se fueron aclarando. Si repasamos los hechos, resulta que la portada objeto de discordia sí llegó a utilizarse —contra lo que dijo en un primer momento la dirección de
El Jueves—, imprimiéndose en 60.000 ejemplares cuya distribución fue parada en el último momento por decisión de los responsables de RBA, la empresa propietaria del semanario satírico y de otras muchas revistas de gran tirada en nuestro país (entre las cuales encontramos, por cierto, algunas de la llamada "prensa rosa", en las que se da bastante cobertura a la Casa Real y que cuentan con un público muy partidario de ella y que poco tiene que ver con los lectores de
El Jueves). Pues bien, se dio marcha atrás y en lugar de la polémica ilustración de Fontdevila decidió emplearse una portada alternativa con la caricatura de Pablo Iglesias Turrieno, líder del partido
Podemos, que estaba pensada para esta semana que ya camina hacia su final. Los dibujantes "dimitidos" han dejado claro, tanto en las redes sociales como en los medios de comunicación, que la dirección del semanario —encabezada por Mayte Quílez— no fue la responsable de una decisión que ellos achacan exclusivamente a RBA, desde donde habría partido la consigna de no dedicar en el futuro más portadas a la Corona. Un acto de autocensura que, a la postre, ha llevado a la renuncia de los artistas referidos, quienes han destacado en todo momento que lo hacen por dignidad y coherencia. Algo que les honra, ciertamente, pero que no ha de ser convertido en dogma de fe, ni en categoría moral absoluta para el resto de trabajadores del mundo (y así lo han reconocido ellos mismos, solidarizándose con los compañeros que no han querido imitar su ejemplo y se han quedado trabajando en
El Jueves). Quizá la que sí debería haber dimitido, en última instancia, es Mayte Quílez, pues como directora de la publicación y como responsable directa de la misma es a ella —más que a nadie— a la que han desautorizado los accionistas de RBA que presionaron para la retirada del polémico dibujo.
Quílez en una caricatura que puede verse en su cuenta de Twitter
Lo cierto es que después de saber lo ocurrido, un servidor se puso a darle vueltas al magín intentando dilucidar qué pudo ser lo que impulsó a los jerifaltes de RBA a tomar su decisión, ordenando la retirada de la "sutil" portada de Fontdevila. Y tras mucho cavilar —bueno, tampoco demasiado, la verdad— he llegado a la conclusión de que todo el problema está en las heces (como diría un médico hipocrático). O, mejor dicho: en el componente crítico que lo escatológico adquiere en este caso concreto. No hay otra explicación. Y es que si echamos una ojeada a las numerosas portadas que
El Jueves ha ido dedicando a la Corona a lo largo de los años, comprobaremos que se han publicado chistes más bestiajos que este último y la empresa no ejerció nunca presiones sobre los humoristas. Recuerdo, por ejemplo, el publicado a raíz de unas declaraciones del periodista Jaime Peñafiel en las que éste aseguraba que el monarca tenía un solo testículo, y donde se le dibujó con los pantalones bajados y apoyando sus regios atributos genitales sobre una bandeja de plata sostenida por un lacayo con librea, guantes y peluca dieciochesca. O aquel otro en el que se aludía abiertamente a sus relaciones sexuales con la famosa Corinna, con un expresivo titular muy poco diplomático.

E incluso ha habido ejemplos bastante más discutibles, pues presentaban elementos que quizá podían rozar lo delictivo, como la famosa portada en la que se representó a los Príncipes de Asturias fornicando —para ilustrar la noticia de los famosos 2.500 euros por niño nacido que el demagogo Zapatero prometió en su momento—, o una bien reciente (del 15 de mayo pasado) en la que el Rey aparecía metido en la cama con una mujer que simbolizaba la Justicia, y a la que está magreando mientras le pide que su hija Cristina sea desimputada en el "Caso Nóos", insinuándose abiertamente la posibilidad de que el Jefe del Estado hubiera influido de modo personal sobre los tribunales para lograr dicho objetivo. En resumen: que se han dado otras ocasiones más propicias para que se intentara aplicar la censura, pero ha sido ahora cuando ésta se ha manifestado de modo abrupto. ¿Por qué?
Bueno, comencemos precisando —como hace Antonio Ortiz en un
artículo muy lúcido— que éste no ha sido un caso de censura
stricto sensu, desde el momento en que —y esto es algo que parecen haber confirmado definitivamente incluso los propios afectados en algunas entrevistas y declaraciones (por ejemplo
Fontdevila y
Bartual)— no ha habido presiones procedentes de instancias oficiales (Gobierno, Zarzuela, etc.) para que la portada se retirase. Son inexactas, por tanto, todas aquellas afirmaciones y comentarios que han podido verse (y leerse) en la blogosfera, acusando a prácticamente todas las instituciones (sobre todo la Corona) de falta de democracia, de silenciamiento y hasta de haber promovido el "secuestro" de la publicación (lo que es absolutamente falso). En este sentido, sería mucho más exacto hablar de "autocensura" ejercida desde la propia empresa propietaria de
El Jueves y dentro de su libertad de actuación
. ¿Pero por qué ahora, insisto, y a propósito de un tema que había venido siendo recurrente en la revista? Bueno, es muy probable que la delicada situación política actual —con el Rey recién abdicado, los republicanos más revoltosos dando gritos en las calles, el pulso lanzado desde Cataluña, los escándalos que han afectado a la propia Corona, etc.— haya hecho que los accionistas de RBA decidieran mostrarse más precavidos que en otras oportunidades. Más reservones y cautos. Más complacientes, por si las moscas. Más cortesanos, en definitiva. Se les podrá reprochar cuanto se quiera pero, al fin y al cabo, la revista es suya y con su dinero pueden hacer lo que deseen (por feo que esto pueda parecernos y aunque a algunos les resulte incomprensible). Conste, pues, que no defiendo este modo de proceder, sino que sólo me limito a decir lo que hay. Se ha insinuado también que la decisión de censurar la ilustración de Fontdevila ha podido estar motivada por los problemas judiciales en los que se halla incurso el propio presidente del Grupo RBA —Ricardo Rodrigo—, imputado desde 2011 en un caso de
fraude fiscal. Con su "buen gesto" hacia la Jefatura del Estado, es decir retirando la portada, habría intentado obtener algún tipo de ayuda o beneficio personales. Una posibilidad que, tal como funciona este asqueroso mundo, no hay que dejar de contemplar en absoluto.
El empresario argentino en dos imágenes de archivo. A la derecha junto
a una conspicua representación de prohombres de la nación catalana
Sea lo que fuere, no me cabe duda de que en estos últimos días los miembros de
El Jueves habrán maldecido más de una vez
aquella operación que, en diciembre de 2006, puso a la revista en manos de una gran empresa de comunicación como RBA. Un hólding que ya bajo la presidencia del citado Rodrigo estaba expandiéndose y buscaba una diversificación que le ha ido acercando, cada vez más, al poder político (como ha destacado el propio Fontdevila en una
entrevista concedida a propósito de lo ocurrido). En aquel momento, y por las razones que fueran —dificultades económicas, búsqueda de una consolidación, pretensiones de ampliar el negocio—, la operación pareció ventajosa y los antiguos propietarios (Óscar Nebreda y Jose Luis Martín) incluso vieron en ella una oportunidad para abrirse al campo de lo audiovisual. En todo caso, parece evidente que, desde el momento en que se produjo dicha absorción, la independencia de que pudieron gozar hasta ese instante los empleados y colaboradores de
El Jueves corría el riesgo de quedar hipotecada en buena medida, abriéndose la posibilidad no sólo de que los propietarios quisieran intervenir en la línea editorial sino de que, como ha ocurrido, sus intereses pudieran chocar abiertamente con los de la revista. Por no mencionar la circunstancia de que como el "capital" generalmente es precavido y conservador, apostará siempre sobre seguro y optará por suavizar contenidos y mensajes —contemporizando con la opinión mayoritaria— si desea ampliar el espectro de su público y los beneficios económicos. De modo que...
Nebreda (izquierda) y Martín (derecha) con el uniforme de la empresa
(creo que así es como van vestidos en la redacción de El Jueves)
Es desde esta perspectiva realista, pragmática y empresarial como, creo yo, ha de enfocarse el problema de lo que ha ocurrido en la redacción de
El Jueves la pasada semana. Y a partir de ella, por supuesto, denunciar actitudes censoras como las de RBA y, en el caso de que fuera posible, dilucidar ante los tribunales incumplimientos de contratos o de condiciones de trabajo previamente acordados (si los hubiera). Otro tipo de lecturas más exaltadas, pasionales, irreflexivas e incluso interesadas que han circulado por los medios de comunicación y la blogosfera creo que están fuera de lugar, descontextualizan lo sucedido y desenfocan los hechos. Algunos compañeros de blog, por ejemplo, han llegado a plantear la posibilidad, un tanto alarmista en mi opinión, de que con este incidente hayamos alcanzado, nada menos, que el fin del humorismo gráfico en España. Afortunadamente, y que se sepa,
El Jueves aún sigue vivo y nada indica que vaya a desaparecer. Bueno, de hecho quienes se han quedado en el semanario son la mayoría y tienen tantas ganas de seguir trabajando que es como si nada hubiera ocurrido (aunque la procesión vaya por dentro, cosa que entiendo). Ayer mismo salió la
nueva revista de esta semana, haciendo frente a los numerosos y durísimos comentarios de lectores y partidarios que les acusan de haberse bajado los pantalones (1). Pero aun en el peor de los casos, y aunque
El Jueves desapareciera —yo espero que no sea así, que conste—, todavía siguen quedando muchos y buenos reductos de humor gráfico, y algunos de ellos con ejemplos tan interesantes o más que los del semanario satírico (que, todo hay que decirlo, con el paso del tiempo se ha ido haciendo algo rutinario y parcial).
El Roto (El País) y Miquel Ferreres (El Periódico de Catalunya)
Gallego & Rey e Idígoras (El Mundo) y Peridis (El País)
La mayoría de los periódicos españoles incluyen su correspondiente sección de
humor gráfico (en algunos casos la mar de interesante). Sobre estas líneas
Ricardo & Nacho (El Mundo) y Juan Carlos (Diario Jaén)
Mongolia, una alternativa a El Jueves (para los amantes del humor más cafre y satírico)
Pero lo que me parece más reprobable, porque ofrece una visión interesada, tergiversadora y desproporcionada de los hechos y de la realidad política de nuestro país, es que la cuestión de
El Jueves se haya convertido en bandera de agitación para presentar las cosas como si estuviéramos ante una lucha dictadura
vs democracia, libertad de expresión
vs censura, o monarquía
vs república, España
vs Cataluña, etc. No creo que vayan por ahí los tiros, de verdad, aunque no falten interesados que quieren convencernos de lo contrario. Es el caso, por ejemplo, de esos republicanos más cañeros que uno se encuentra a menudo en los comentarios de internet haciento un
totuum revolutum en el que se mezcla todo sin ton ni son. O el de ciertos columnistas que utilizan el mismo argumento para llevarse el gato a "su" agua ideológica. Incluso alguno de los ya ex-colaboladores de
El Jueves ha hecho algo similar, elevando el problema de la portada censurada a categoría de alta política de Estado. Como Isaac Rosa, que el pasado día 5 publicó un
artículo en
El diario-e donde pone en relación este hecho —que considera, nada menos, la primera victoria del futuro rey Felipe VI contra la libertad— con los múltiples males que aquejarían a la izquierda "fetén" (no a la corrupta y colaboracionista) por causa del sistema y, sobre todo, de la abdicación del Rey (que habría sido una jugada maestra para tomar la iniciativa en estos momentos tan delicados para la Monarquía). Claro, que peor han sido algunos homenajes dedicados a los "dimitidos" por personas de las que cabría esperar algo más de cordura en base a su proyección social, como los que ha realizado el editor Joan Navarro quien, para solidarizarse con los que él llama "disidentes" de
El Jueves, ha colgado en su blog
Viñetas dos panfletos pro-etarras bastante asquerositos (vamos a dejar ahí su definición) publicados en los años 70 (
aquí y
aquí), en un ejercicio de opinión que, a tenor de la
legislación actual, podría bordear la
apología del terrorismo (no tanto por el contenido de los propios panfletos o su exhibición, cuanto por la intención laudatoria con que estos se han utilizado). Por no hablar de lo desmesurado e injusto que es comparar lo ocurrido en aquellos tiempos con la situación actual o lo sucedido con el caso de
El Jueves.
Brillantísimo El Roto, como siempre
En fin, Serafín... La larga trayectoria que
El Jueves ha recorrido —casi en paralelo con el reinado de Juan Carlos I— publicando lo que deseaba, las numerosas portadas dedicadas al monarca y su familia, así como aquellas otras en las que ha arremetido contra todo poder constituido bastarían sobradamente para contrarrestar las exageraciones que se han dicho o escrito estos días y demostrar que estamos en una democracia (por más perfectible que esta pueda ser, y lo es). Casos puntuales en sentido contrario —recuerdo básicamente el del secuestro del número 1573 ya citado arriba (donde aparecían los príncipes de Asturias copulando)— no justificarían las afirmaciones negacionistas que se están dando por aquí y por allá.
Conste, en cualquier caso, que si yo hubiera sido propietario o accionista de RBA nunca habría censurado la portada objeto de la discordia.
Aunque no me gustara nada. Primero porque creo, de verdad, en la libertad de expresión y en el valor crítico y ético del humorismo gráfico (aunque confieso que debe tener ciertos límites, cuestión de la que hablaré inmediatamente), y después porque en los países democráticos —y el nuestro lo es, aunque se niegue— hay tantos poros que la información termina exudando, de un modo u otro, por alguno de ellos. Y no digamos ya en esta era de telecomunicaciones y tecnología que vivimos, donde la informática y las redes sociales son unos aliados de primer orden para transmitir cualquier tipo de noticias. Esto es lo que le ha ocurrido a RBA con su postura censora, consiguiendo precisamente el efecto contrario a lo que buscaba: dar mucha más publicidad a la ilustración de Manel Fontdevila y perjudicar sus intereses empresariales debilitando a
El Jueves (aunque ya digo, que seguro sobrevivirá a este incidente, así como a los reproches —algunos muy duros— de los más fanáticos). Un gran error estratégico que podríamos definir como cagada (y nunca mejor dicho).
La "mascota" de El Jueves: su famoso bufón despelotado
Detrás de todo lo que ha ocurrido —esto es, los titulares, las opiniones, los mensajes, las cuentas de
Twitter, las cabeceras de periódico, el escándalo, la incertidumbre, etc.—, hay gente. Están los trabajadores de
El Jueves. Los que han preferido quedarse y los que se han ido. A los primeros les deseo un futuro estable y continuidad. Bueno, de hecho estoy convencido de que la revista seguirá adelante y continuará aplicando la misma cera que ha dado hasta ahora. Precisamente porque no veo que este episodio sea tan apocalíptico como se ha querido
presentar, tengo la seguridad de que la línea editorial de
El Jueves seguirá con un tono parecido al actual. Y no soy yo el único en pensar así: José Luis Ágreda (otro de los que se ha pegado el piro) también
considera que quienes han quedado en la revista continuarán luchando como habían venido haciendo hasta ahora. En cuanto a los "dimitidos", reconocer que han tenido valor y han sido consecuentes, eso no puede negarse. Pero tampoco vamos a convertirlos en los "17 mártires de junio" (tal es el número de los que, me parece, al fin se han marchado) (2). Quiero decir: han "levantado el vuelo" abandonando la empresa porque consideraban que era lo que debían hacer para ser coherentes consigo mismos y tener tranquilidad de conciencia. Nadie los ha presionado para que se fueran; nadie los ha despedido; no se han visto sometidos a ningún tipo de ERE forzoso, ni a
moobing intolerable, ni a reestructuraciones de plantilla de las que soportan a diario muchísimos (demasiados) trabajadores en España. Han actuado así porque consideraban que era su deber. En todo caso les deseo lo mejor. Pero si no arreglan las cosas con la empresa y al final no regresan —hay gente que ya está pidiéndolo, de hecho— confío en que saquen adelante otra publicación donde poder seguir dejando muestras de su talento. Si la hacen con su dinero y son capaces de autofinanciarse, o si encuentran un mecenas incontaminado y sin intereses de ningún tipo —Nacho Escolar, de hecho, ha corrido a ofrecerles el
medio digital que dirige y que se proclama del todo independiente— tendrán la oportunidad de decir y dibujar todo lo que quieran y les apetezca, sin que nada o nadie —salvo ciertos límites legales mínimos garantizados en cualquier país democrático— se interpongan ante ellos. ¿O también suprimimos estos últimos?
Los famosos "Diez de Hollywood" con sus abogados (segundo y tercero por la izquierda en la
primera fila). No es por nada, pero lo suyo sí que fue una verdadera "caza de brujas"
Se ha discutido hasta la saciedad sobre la cuestión de si el humorismo gráfico debe tener límites, cuáles pueden ser estos (si es que existen) y dónde tendrían que fijarse. Como en otros muchos ámbitos de la creación y el pensamiento humano hay opiniones para todos los gustos: desde quienes creen que todo debería ser permitido, hasta quienes —como un servidor— consideran que para conseguir una convivencia social aceptable, para que esto no termine siendo una jungla, es necesario poner unos límites a la libertad de expresión y opinión (cuanto menos rígidos y estrechos mejor, todo sea dicho). Por ello, personalmente no puedo estar de acuerdo con quienes, como Gerardo Vilches, aseguran que el humorismo gráfico tiene que "ofender". Lo ha hecho en dos excelentes artículos publicados en
Entrecómics —el
primero para reseñar el libro de Manel Fontdevila
No os indignéis tanto, y el
segundo para defender precisamente a los recién "dimitidos" de
El Jueves—, que, sin embargo, me hacen preguntarme: ¿ofender? ¿por qué? ¿Es esto realmente imprescindible? Y llego siempre a la misma conclusión: ¡no! Al contrario que Vilches —o no sé si al contrario, pero sí de modo distinto— creo, más bien, que la finalidad del humorismo gráfico es criticar, molestar, hacer pensar a la gente y tener siempre puesto el punto de mira en el "poder", para denunciar sus abusos y desviaciones; para meter el dedo en la llaga, retorcerlo y criticar lo que está mal, además de llamar la atención sobre toda la tontería que hay en el mundo. Pero todo esto ha de hacerse preferiblemente sin necesidad de ofender (que es una cosa muy fea y posiblemente entraría en los límites legales que conviene no traspasar nunca). Aunque tampoco me hagan mucho caso en esto último que les digo. Vilches es todo un especialista en humor gráfico (creo que realiza una tesis doctoral sobre el tema) y yo opino sin el refuerzo teórico que le supongo a él, simplemente a partir de intuiciones personales y del pudor o moderación que me dictan mi manera de ser. Por ello vuelvo a recomendarles encarecidamente la lectura de los dos artículos mencionados que enlacé arriba. Sobre todo el primero, pues plantea un montón de ideas interesantes que contradicen de plano lo que yo acabo de contarles aquí y arremeten contra todo ello. Aunque no me importa una higa. Así tendrán ustedes más información y el suficiente contraste de criterios para extraer sus propias conclusiones. Eso es lo bueno de poder escribir en un régimen democrático: que cada uno puede decir lo que quiera (con límites, claro está) y remitir, incluso, a la opinión de otros para rebatir la suya propia. Una locura, vamos...

Pero ya es hora de volver a las heces y, por ende, al principio del todo para ir acabando. Como dije más arriba, creo que los excrementos han sido el fulminante, la espoleta, el detonador, la catapulta, el disparadero, la carga, el percutor de todo lo que ha ocurrido. ¿Bastaría, entonces, con suprimirlos de la ilustración de marras para que todo volviera a su cauce? ¿Habría un modo de arreglar lo que ha pasado, limando diferencias entre los dimitidos y los propietarios de
El Jueves? Hummmm... No sé, no sé... Ahora mismo, desde luego, las posiciones están muy afianzadas y no parece factible. ¿Pero quién sabe...? Yo, por si las moscas (golosas revoloteadoras de la mierda), guiado por el espíritu conciliador y consesuante propio de la Transición —tan denostada por el propio
Jueves y sus colaboradores—, he querido hacer una propuesta gráfica, materializando en un dibujillo mi primera impresión cuando vi a vuelapluma la ilustración de Fontdevila. ¿Se acuerdan? ¿Lo de la corona incandescente y todo eso...? Y he aquí lo que puedo ofrecer para contribuir a limar asperezas: una lectura menos escatológica de la dichosa portada. ¿La habrían censurado también los de RBA? Es posible —si, como se ha dicho, no tienen pensado dedicar más portadas a la Corona—, pero tampoco estoy tan seguro. Creo que la mierda es la culpable de todo...
Aquí una comparativa (con permiso de Manel Fontdevila y de
El Jueves) para ver el efecto final:
De propinilla les dejo las imágenes con las fases previas del dibujo (blanco y negro y composición con el fondo):
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(1) Vuelvo a recordar aquí, por si acaso, que la mayor parte de la plantilla de El Jueves, así como algunos colaboradores muy conocidos (por ejemplo José Antonio Bernal)
han decidido seguir trabajando para la revista. De modo que todo el vendaval levantado se debe al desencuentro surgido entre los propietarios y aquella parte de los trabajadores más
directamente afectada por la censura de esta portada en concreto (o por quienes han querido solidarizarse con ellos por tal cuenstión). Es decir, que no se trata de una caza de brujas, ni ha habido despidos o venganzas de por medio. Se trata de la "renuncia" de unos trabajadores (muy respetable) por cuestiones de conciencia.
(2) Sus nombres son los siguientes (no sé si me dejo a alguno; en tal caso que me perdone): Albert Monteys, Manel Fontdevila, Paco Alcázar, Manuel Bartual, Guillermo Torres, Isaac Rosa, Bernardo Vergara, Mel, Malagón, Luis Bustos, Pepe Colubi, Bea Tormo, Carlos Azagra, Lalo Kubala, Miquel Gras, Iu Forn y José Luis Ágreda.